Familias amorosas, religiones diferentes.

Por el Élder Walter F. González

De los Setenta

Los principios del Evangelio —particularmente el respeto, el amor y la oración— han bendecido a mis propios familiares que no son miembros de la Iglesia

Muchos Santos de los Últimos Días, en particular los miembros nuevos, hacen frente a la importante labor de aprender a relacionarse de manera positiva con familiares que tienen una religión diferente.

Incluso el Salvador tuvo familiares que no compartían todas Sus creencias. En la Biblia leemos: “Porque ni aun sus hermanos creían en él” (Juan 7:5).

No es raro que los familiares tengan ideas erróneas sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Es mucho lo que la buena comunicación puede lograr para aliviar cualquier tensión que surja en esas situaciones. Yo me uní a la Iglesia cuando era adolescente; poco después de mi bautismo, me enteré de que mi abuela, que era católica, creía que yo ya no me consideraba su nieto debido a mi nueva religión. ¡Qué gran alivio fue aclarar aquel malentendido!

Podemos fortalecer los lazos que nos unen al demostrar que las enseñanzas del Evangelio tienen por objeto fortalecer a todas las familias, independientemente de las creencias de cada quien. Muchas de esas enseñanzas se encuentran en “La familia: Una proclamación para el mundo”, la cual afirma: “Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes” 1 .

Cualquier familia que se rija por esos principios recogerá los frutos de los mismos. He visto cómo esos principios —particularmente el respeto, el amor y la oración— han bendecido a mi propia familia, en la que no todos son miembros de la Iglesia.

Respeto

Después de la tensión y de los malentendidos iniciales que derivaron de mi conversión a la Iglesia, mis familiares y yo aprendimos a poner en práctica la tolerancia y el respeto en nuestras relaciones mutuas. Por ejemplo, al convertirme en Santo de los Últimos Días, comencé a participar en actividades diferentes los domingos; en vez de jugar al fútbol, iba a la Iglesia. Cuando mis familiares se dieron cuenta de por qué había cambiado mis actividades dominicales, demostraron comprensión y respeto. Del mismo modo, yo fui respetuoso con sus tradiciones. Por ejemplo, no critiqué a mis padres por no hacer la oración familiar. El respeto mutuo ha sido muy importante en nuestra familia.

En el Libro de Mormón se recalcan los principios de la tolerancia y el respeto. En Alma 1:21 leemos: “Ahora bien, había una estricta ley entre el pueblo de la iglesia, que ningún hombre que perteneciese a la iglesia se pusiera a perseguir a aquellos que no pertenecían a la iglesia, y que no debía haber persecución entre ellos mismos”.

Alma enseñó el siguiente principio en la gran ciudad de Zarahemla al preguntar: “…¿Hay entre vosotros quien se burle de su hermano, o que acumule persecuciones sobre él?” (Alma 5:30). Declaró después que quien lo hiciese, tiene necesidad de arrepentirse: “¡Ay de tal persona, porque no está preparada; y el tiempo está cerca en que debe arrepentirse, o no puede ser salva!” (Alma 5:31). El respeto por las diferentes creencias religiosas de nuestros familiares es esencial.

Amor

El principio del amor también contribuye enormemente a una buena relación de comunicación con los miembros de nuestra familia. Tal como se enseña en el Libro de Mormón: “…la caridad nunca deja de ser. Allegaos, pues, a la caridad, que es mayor que todo, porque todas las cosas han de perecer” (Moroni 7:46).

Podemos demostrar caridad cristiana por nuestros familiares al centrarnos en lo bueno que hay en sus vidas. Siento una profunda gratitud y un gran amor por mis padres, que no son miembros de la Iglesia. Ellos me enseñaron principios correctos mediante el ejemplo y el precepto, lo cual me permitió reconocer la veracidad del mensaje de los misioneros. El darme cuenta de ello me ha permitido amar a mis padres aún más.

Podemos ser una bendición para los integrantes de nuestra familia al compartir amorosamente con ellos aquellos principios que se podrían sumar a lo bueno que ya poseen. Si están en desacuerdo con algunas enseñanzas, debemos respetar sus creencias sin comprometer las nuestras. Cuando surjan diferencias de opinión, evitemos contender con nuestros familiares, teniendo presente que “la blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). La ira no hará sino dañar nuestra relación, mientras que el amor y la bondad ayudan a calmar el corazón. (Véase 3 Nefi 11:29.)

Oración

A veces lo único que podemos hacer es orar por nuestros amados familiares, del mismo modo que tal vez ellos oren por nosotros. Siempre tendremos el deseo de que aquellos a quienes amamos lleguen a ser miembros de la Iglesia. Podemos entender los sentimientos de Alma, padre, que oró por su incrédulo hijo. Cuando un ángel se le apareció a su hijo, el mensajero celestial le explicó que su padre había orado por él “con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad” (Mosíah 27:14). La oración es un poderoso instrumento para bendecir la vida de nuestras familias, y, en ciertos casos, es lo único que podemos hacer.

Los principios del amor, del respeto y de la oración son sólo algunos de los muchos principios del Evangelio que podemos llevar a la práctica para beneficio de nuestra familia. Ciertamente, las enseñanzas del Evangelio pueden bendecir a todos los hijos de nuestro Padre Celestial, sean o no miembros de la Iglesia de Jesucristo, pues Él los ama a todos profundamente.

Referencias

  1. Liahona, octubre de 2004, pág. 49. Redactada por la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles, esta proclamación profética dirigida a la Iglesia y al mundo explica la doctrina de la familia. Su primera lectura pública la realizó el presidente Gordon B. Hinckley en la reunión general de la Sociedad de Socorro de septiembre de 1995.

 

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Mormones y Hallowen.

Cuando mi esposo y yo nos unimos a la Iglesia en los primeros años de nuestro matrimonio, sentí una necesidad de mejorar nuestra conducta, incluyendo la forma en que celebrábamos las festividades. Hicimos de la Pascua y de la Navidad  algo más centrado en Cristo. La víspera del año nuevo llegó a ser más orientada a metas. ¿Y Halloween? Halloween fue un desafío.Hemos disfrutado vistiendo a nuestra hija pequeña en un vestuario negro de bruja, su pelo rubio con bastante fijador en toda su cabeza y un pedazo de hielo seco burbujeando  desde su olla. Pero comenzamos a preguntarnos si algunas de las prácticas del Halloween eran agradables ante el Señor, dado que los Santos de los Ultimos Días deben buscar lo que es “virtuoso, bello y de buena reputación” (Articulo de Fe 13)

Al crecer nuestros niños, llegamos a estar crecientemente en dudas de los modelos que les presentábamos. Reconocimos que la representación de la maldad podría ser necesaria al contar una historia, pero que experimentar con la maldad y su apariencia, aún por diversión, podría ser dañino. No quisimos personalizar la maldad animando a nuestros hijos a identificarlo con brujas, aún aquellas hermosas. Ni quisimos animar a nuestros hijos a pretender ser violentos, grotescos o morbosos, o emprender cualquier conducta que pudiera afligir el Espíritu.

Eliminar máscaras y, más bien, vistiendo nuestros hijos como calabazas, robots y vaqueros alivió nuestra preocupación. Frecuentemente he hecho vestuarios que promueven un papel dramático: vestidos de belleza sureña con faldas  o princesas vestidas con colas floreadas. Algunos años ayudamos a hacer el Halloween divertido para otros. Nuestros más memorables Halloween fueron aquellos en los cuales dimos un “trato” –un corto programa de música y poesía presentado a los ancianos, especialmente a aquellos que no tenían familiares cerca de ellos.

Algunos barrios, preocupados acerca de la seguridad del “truco o trato” después de oscurecer, han comenzado a  tener fiesta de Halloween, cenas, o desfiles de vestuarios en sus salones culturales. Otros barrios se reúnen en los estacionamientos, donde los miembros reparten “tratos” desde los autos y juegan juegos.

Cuando nuestros hijos llegaron a ser adolescentes, les desalentamos a participar de callejones de espectros u otras actividades donde los participantes, disfrazados o en mantas de oscuridad, se muestren conducta amenazante o grotesca y pretendan entablar actos violentos que frecuentemente estaban inspirados en escenas de películas violentas. También desanimamos a nuestros hijos a realizar “travesuras” maliciosos y de asistir a actividades popularizadas durante Halloween tales como decir la suerte, sesiones de espiritismo o satanismo teatral.

El élder Boyd K. Packer del Quórum de los Doce Apóstoles advirtió de tales actividades cuando le dijo a los hombres y mujeres jóvenes, “Una advertencia: hay un lado oscuro de las cosas espirituales. En un momento de curiosidad o bravuconería temeraria algunos adolescentes han sido tentados a jugar a adorar a Satanás. ¡Nunca hagan eso ustedes! ¡No tienen idea del peligro! ¡Dejen  eso! Y hay otros juegos y actividades imprudentes que están en el lado oscuro. ¡Déjenlas! (Ensign, Mayo 1989)

Hace treinta años el pequeño vestuario de bruja que nuestra hija vistió fue tan modificado de la realidad que ella nunca lo habría identificado con nada verdaderamente malévolo. Pero las cosas son diferentes hoy. Amigos nuestros recientemente se sintieron choqueados y entristecidos cuando al llegar a un jardín de matrimonios encontraron que era una ceremonia oculta. Las experimentaciones de su amado nieto con “el lado oscuro de las cosas espirituales” ya no eran meras curiosidades del Halloween.

Hemos encontrado que no es necesario evitar del todo las festividades del Halloween. Con un poco de planificación, el Halloween puede ser un tiempo de diversión familiar. Al calibrar nuestra conducta por la luz de las escrituras y de la revelación moderna, podemos establecer un ejemplo apropiado para nuestros hijos y otros al dar oído a la admonición del Señor de “echar fuera la oscuridad de nosotros” (D&C 50:25)

En la biografia de lideres de la Iglesia encontramos lo siguiente:

Durante Halloween [Ezra y sus hermanos] eran bien conocidos por exponer su suerte al límite. Usando caballos, designaban ciertas casas… En una de estas noches de Halloween, él y sus amigos entraron a un sembradío de sandias propiedad del shérif local, quien era conocido por tímido, El shérif al escuchar ruido tomó su revólver y disparo al aire. Uno de los chicos quien traía un revólver disparo de regreso al aire. Inmediatamente el shérif grito “disparo al aire, chicos. Eso es lo que estoy haciendo” “Eso fue lo más cerca que estuvimos a un conflicto de verdad” Dijo Ezra.

[Ezra Taft Benson Biography por Sheri Dew]

En un dia de Halloween Tommy (Thomas S. Monson) y sus amigos se hicieron de un muñeco de paja (espanta pájaros) vestido de ropa vieja. La historia dice que eñ muñeco fue hecho en la prision del estado para el baile de halloween. Los chicos estaban felices de haberse topado con el muñeco.

Capítulo 5 Becoming a Gentleman, de su biografía, To the Rescue

 

“Hace muchos años, en una noche de brujas, tuve el privilegio de ayudar a una persona que por un tiempo se había descarriado del camino y que necesitaba una mano de ayuda para regresar. Manejaba de regreso a casa desde la oficina; era bastante tarde; había estado haciendo tiempo para dejar que mi esposa se encargara de los visitantes que vendrían a pedir dulces. Al pasar el hospital St. Mark’s en Salt Lake City, recordé que Max, un buen amigo, yacía enfermo en ese mismo hospital. Cuando nos conocimos, años atrás, nos dimos cuenta de que habíamos vivido en el mismo barrio aunque en diferentes épocas. Cuando nací, Max y sus padres se habían mudado del barrio.

Esa noche de brujas, estacioné el auto y entré al hospital. Al preguntar el número de su cuarto al encargado, se me informó que cuando Max había ingresado en el hospital, había declarado que no era SUD, sino que era de otra Iglesia.

Entré al cuarto de Max y lo saludé. Le dije cuán orgulloso me sentía de ser su amigo y cuánto me preocupaba por él. Hablé de su carrera en el banco y de sus actividades fuera del trabajo como director de orquesta. Me enteré de que se había ofendido por un par de comentarios de otras personas y que había decidido asistir a otra Iglesia. Le dije: “Max, tú posees el sacerdocio de Melquisedec. Me gustaría darte una bendición esta noche”. El aceptó, y se efectuó la bendición; después, me informó que su esposa, Bernice, también estaba muy enferma y que, de hecho, se encontraba en el cuarto de al lado. Invité a Max para que me acompañara a darle una bendición. Me pidió que lo ayudara, le expliqué como hacerlo y él ungió a su esposa. Hubo lágrimas y abrazos por doquier después de que sellé la unción con Max, sus manos sobre la cabeza de su esposa junto a las mías; lo cual hizo de esa noche de brujas una que siempre recordaremos.” Thomas S. Monson en Conferencia General Oct 2006

“En Halloween, como muchos otros chicos del vecindario, Jim (James E. Faust) y otros chicos salían a poner papel de baño en arboles y se iban a la calle Higlan Drive donde tomaban el papel de baño de un extremo a otro de la calle simulando que fuese una barricada blanca y así detenían los carro que se acercaban. Recuerdo (dice Jim Faust) que solíamos esperar media hora por un carro. Ahora, estoy seguro que no esperan tanto tiempo. — Eramos jóvenes impacientes–”

(En la Fortaleza del Señor: La Vida y Enseñanzas de James E. Faust, Capitulo 2)

Ensing, 1996

 

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