Preciosas y grandísimas promesas

Por el élder David A. Bednar

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina.

Uno de los grandes retos que cada uno de nosotros afronta cada día es no dejar que los afanes de este mundo dominen tanto nuestro tiempo y energía que descuidemos las cosas eternas que más importan1. Podemos ser distraídos, con demasiada facilidad, alrecordar y centrarnos en las prioridades espirituales esenciales debido a nuestras muchas responsabilidades y ajetreadas agendas. A veces, tratamos de correr tan rápido que podemos olvidar hacia dónde vamos y por qué corremos.

El apóstol Pedro nos recuerda que, a los discípulos de Jesucristo, “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de Aquel que nos ha llamado por medio de Su gloria y virtud,

“por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia”2.

Mi mensaje pone énfasis en la importancia de las preciosas y grandísimas promesas que Pedro describe como verdaderos recordatorios de hacia dónde vamos en nuestra travesía terrenal y por qué. Además, trataré las respectivas funciones que cumplen el día de reposo, el Santo Templo y nuestro hogar para ayudarnos a recordar esas importantes promesas espirituales.

Ruego fervientemente que el Espíritu Santo nos instruya a cada uno de nosotros al considerar juntos estas importantes verdades.

Nuestra identidad divina

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina. Su plan define nuestra identidad eterna y la senda que debemos seguir para aprender, cambiar, crecer y al final morar con Él para siempre.

Como se explica en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”:

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado en espíritu por Padres Celestiales y, también como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos…

“En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por medio del cual Sus hijos podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna”3.

Dios promete a Sus hijos que, si siguen los preceptos de Su plan y el ejemplo de Su Hijo Amado, guardan los mandamientos y perseveran con fe hasta el fin, entonces, en virtud de la redención del Salvador, “[tendrán] la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios”4. La vida eterna es la preciosa y grandísima promesa suprema.

Renacimiento espiritual

Comprendemos más plenamente las preciosas y grandísimas promesas, y empezamos a ser partícipes de la naturaleza divina al responder de modo afirmativo al llamado del Señor a la gloria y a la virtud. Tal como Pedro lo describió, dicho llamado se cumple al esforzarse por huir de la corrupción que hay en el mundo.

Conforme seguimos adelante sumisamente y con fe en el Salvador, entonces, gracias a Su expiación y mediante el poder del Espíritu Santo, “un potente cambio [tiene lugar] en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente”5. Nacemos “otra vez; sí, [nacemos] de Dios, [somos] cambiados de [nuestro] estado carnal y caído, a un estado de rectitud, siendo redimidos por Dios”6; “[de] modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”7.

Por lo general, un cambio tan exhaustivo en nuestra naturaleza no ocurre de forma rápida ni todo de una vez. Al igual que el Salvador, nosotros tampoco recibimos “de la plenitud al principio, mas [recibimos] gracia sobre gracia”8. “Pues he aquí, así dice el Señor Dios: Daré a los hijos de los hombres línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí; y benditos son aquellos que escuchan mis preceptos y prestan atención a mis consejos, porque aprenderán sabiduría”9.

Las ordenanzas del sacerdocio y los convenios sagrados son esenciales en ese proceso continuo de renacimiento espiritual; también son los medios que Dios ha dispuesto mediante los cuales recibimos Sus preciosas y grandísimas promesas. Las ordenanzas que se reciben de manera digna, y se recuerdan de forma continua, abren los canales celestiales a través de los cuales el poder de la divinidad puede fluir a nuestra vida. Los convenios que se honran con firmeza y se recuerdan siempre brindan un propósito y la certeza de las bendiciones, tanto en la vida terrenal como para la eternidad.

Por ejemplo, Dios nos promete, de acuerdo con nuestra fidelidad, la compañía constante del tercer miembro de la Trinidad, sí, el Espíritu Santo10; que mediante la expiación de Jesucristo podemos recibir y retener siempre la remisión de nuestros pecados11; que podemos recibir la paz en este mundo12; que el Salvador ha quebrantado las ligaduras de la muerte y logró la victoria sobre el sepulcro13; y que las familias pueden estar juntas por toda la eternidad.

Como es comprensible, todas las preciosas y grandísimas promesas que el Padre Celestial ofrece a Sus hijos no pueden calcularse ni describirse por completo. Sin embargo, incluso la lista parcial de las bendiciones prometidas que acabo de exponer debería “darnos asombro”14 y hacernos “[postrar] y [adorar] al Padre”15 en el nombre de Jesucristo.

Recordar las promesas

El presidente Lorenzo Snow advirtió: “… somos demasiado propensos a olvidar el gran objetivo de la vida, el motivo por el que nuestro Padre Celestial nos envía aquí a vestirnos de mortalidad, así como el santo llamamiento al cual hemos sido llamados; y por consiguiente, en lugar de elevarnos por encima de las cosas pequeñas y transitorias… a menudo nos permitimos descender al nivel del mundo sin obtener provecho de la ayuda divina que Dios ha instituido, la cual es la única que puede facultarnos para [vencer] [esas cosas transitorias]”16.

El día de reposo y el Santo Templo son dos fuentes específicas de la ayuda divina que Dios ha instituido para ayudar a elevarnos por encima del nivel y la corrupción del mundo. Inicialmente, podríamos pensar que los propósitos principales de santificar el día de reposo y de asistir al templo están relacionados, pero son diferentes; no obstante, yo creo que esos dos propósitos son precisamente los mismos, y actúan juntos para fortalecernos espiritualmente como personas y en nuestro hogar.

El día de reposo

Tras crear todas las cosas, Dios reposó el séptimo día y mandó que un día de cada semana fuese un momento de descanso para ayudar a las personas a recordarlo a Él17. El día de reposo es tiempo de Dios, un tiempo sagrado específicamente apartado para adorarlo, y para recibir y recordar Sus preciosas y grandísimas promesas.

En esta dispensación, el Señor ha mandado:

“Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

“porque, en verdad, este es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo”18.

En el día de reposo, por tanto, adoramos al Padre en el nombre del Hijo al participar de las ordenanzas y al aprender sobre los convenios, recibirlos, recordarlos y renovarlos. En Su día santo, nuestros pensamientos, acciones y conducta son señales que damos a Dios e indicadores de nuestro amor por Él19.

Otro propósito más del día de reposo es elevar nuestra visión: de las cosas del mundo a las bendiciones de la eternidad. Durante ese tiempo sagrado, apartados de muchas de las rutinas cotidianas de nuestra ajetreada vida, podemos recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas mediante las que llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina a fin de “acudir a Dios para que [vivamos]”20.

El Santo Templo

El Señor siempre ha mandado a Su pueblo que edifique templos, lugares santos en los cuales los miembros dignos efectúan sagradas ceremonias y ordenanzas del Evangelio, por ellos mismos y a favor de personas fallecidas. De todos los lugares de adoración, los templos son los más santos. Un templo es literalmente la Casa de Jehová, un espacio sagrado que se ha apartado de forma específica para adorar a Dios, y para recibir y recordar Sus preciosas y grandísimas promesas.

El Señor ha mandado en esta dispensación: “Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios”21. El objetivo principal de la adoración en el templo es participar de las ordenanzas, y aprender sobre los convenios, recibirlos, recordarlos y renovarlos. En el templo pensamos, actuamos y nos vestimos de manera diferente que en otros lugares que tal vez frecuentemos.

Uno de los propósitos principales del templo es elevar nuestra visión: de las cosas del mundo a las bendiciones de la eternidad. Apartados durante un breve tiempo de los ambientes del mundo con los que estamos familiarizados, podemos recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas mediante las que llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina a fin de “acudir a Dios para que [vivamos]”22.

Tengan en cuenta que el día de reposo y el templo son un tiempo sagrado y un espacio sagrado, respectivamente, que se han apartado de forma específica para adorar a Dios, y a fin de recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas de Él a Sus hijos. Según lo ha instituido Dios, los propósitos principales de esas dos divinas fuentes de ayuda son exactamente las mismas: centrar potente y repetidamente nuestra atención en nuestro Padre Celestial, en Su Hijo Unigénito, en el Espíritu Santo y en las promesas relacionadas con las ordenanzas y los convenios del evangelio restaurado del Salvador.

Nuestro hogar

Es importante agregar que un hogar debe ser la máxima combinación de tiempo y espacio en los que las personas y las familias recuerden las preciosas y grandísimas promesas de Dios del modo más eficaz. Salir del hogar los domingos para pasar tiempo en las reuniones dominicales y entrar en el sagrado recinto de un templo es crucial, pero insuficiente. Solo cuando llevamos con nosotros el espíritu y la fortaleza procedentes de esas actividades santas a nuestro hogar podemos mantener nuestra atención centrada en los grandes propósitos de la vida terrenal y vencer la corrupción que hay en el mundo. Las experiencias que tengamos en el día de reposo y en el templo deben ser catalizadores espirituales que llenen a las personas, a las familias y al hogar con recordatorios continuos de las lecciones clave aprendidas, la presencia y el poder del Espíritu Santo, una conversión constante y creciente al Señor Jesucristo y “un fulgor perfecto de esperanza”23 en las promesas eternas de Dios.

El día de reposo y el templo pueden ayudarnos a establecer en nuestro hogar “un camino más excelente”24 al “reunir todas las cosas en Cristo… tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra”25. Lo que hacemos en nuestros hogares con Su tiempo sagradoy con lo que aprendemos en Su espacio sagrado es fundamental para llegar a ser partícipes de la naturaleza divina.

Promesa y testimonio

La rutina y los asuntos cotidianos de la vida terrenal pueden saturarnos con facilidad. Dormir, comer, vestirnos, trabajar, jugar, hacer ejercicio y muchas otras actividades habituales son necesarias e importantes. No obstante, en definitiva, lo que llegamos a ser es el resultado de nuestro conocimiento del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y de nuestra disposición a aprender de Ellos; no es simplemente la suma total de nuestras actividades diarias durante el curso de una vida.

El Evangelio es mucho más que una rutinaria lista de verificación de diferentes tareas a efectuar; más bien, es un magnífico tapiz de verdades “bien coordinado”26 y entrelazado, diseñado para ayudarnos a llegar a ser como nuestro Padre Celestial y el Señor Jesucristo, incluso participantes de la naturaleza divina. Ciertamente, quedamos cegados “por traspasar lo señalado”27 cuando las preocupaciones, inquietudes y descuidos del mundo eclipsan esa suprema realidad espiritual.

Conforme seamos prudentes e invitemos al Santo Espíritu a ser nuestro guía28, les prometo que Él nos enseñará lo que es verdadero; Él “[testifica] de Jesús y [nos] [guía] en santidad”29 a medida que nos esforzamos por cumplir con nuestro destino eterno y llegar a ser participantes de la naturaleza divina.

Les doy mi testimonio de que las preciosas y grandísimas promesas pertinentes a nuestras ordenanzas y nuestros convenios son infalibles. El Señor declaró:

“… os doy instrucciones en cuanto a la manera de conduciros delante de mí, a fin de que se torne para vuestra salvación.

“Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis”30.

Testifico que nuestro Padre Celestial vive y que es el autor del Plan de Salvación. Jesucristo es Su Hijo Unigénito, nuestro Salvador y Redentor; Él vive; y testifico que el plan y las promesas del Padre, la expiación del Salvador y la compañía del Espíritu Santo hacen posible la “paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero”31. De ello testifico, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Véase Doctrina y Convenios 25:10.

  2. 2 Pedro 1:3–4; cursiva agregada.

  3. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  4. Véase Doctrina y Convenios 14:7.

  5. Mosíah 5:2.

  6. Mosíah 27:25.

  7. 2 Corintios 5:17.

  8. Doctrina y Convenios 93:12.

  9. 2 Nefi 28:30.

  10. Véase Moroni 2:2; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Espíritu Santo”, scriptures.lds.org.

  11. Véase Mosíah 4:10–12.

  12. Véase Doctrina y Convenios 59:23.

  13. Véase Mosíah 16:7–8.

  14. Véase “Asombro me da”, Himnos, nro. 118.

  15. Doctrina y Convenios 18:40.

  16. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2012, pág. 108.

  17. Véase Éxodo 20:8–11.

  18. Doctrina y Convenios 59:9–10.

  19. Véase Russell M. Nelson, “El día de reposo es una delicia”, Liahona, mayo de 2015, pág. 130.

  20. Alma 37:47; véase también Alma 37:46.

  21. Doctrina y Convenios 88:119.

  22. Alma 37:47.

  23. 2 Nefi 31:20.

  24. 1 Corintios 12:31; Éter 12:11.

  25. Efesios 1:10.

  26. Efesios 2:21.

  27. Jacob 4:14.

  28. Véase Doctrina y Convenios 45:57.

  29. “Deja que el Espíritu te enseñe”, Himnos, nro. 77

  30. Doctrina y Convenios 82:9–10.

  31. Doctrina y Convenios 59:23.

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Recibe Las Bendiciones Del Templo

Elder Richard G. Scott

 Quórum de los Doce Apóstoles.

“Es un lugar de paz, retiro e inspiración; la asistencia regular enriquecerá tu vida dándole más propósito”.

Una de las más hermosas y reconfortantes doctrinas del Señor que brinda inmensa paz, felicidad y gozo ilimitado es ese principio llamado el matrimonio eterno Esta doctrina significa que un hombre y una mujer que se aman el uno al otro profundamente, que han progresado juntos a través de las pruebas, los gozos, los pesares y la felicidad de toda una vida compartida, pueden vivir juntos para siempre más allá del velo con los de su familia que merezcan esa bendición Eso no es tan sólo un sueño inmensamente satisfactorio, es una realidad. Todo marido y mujer que hayan compartido los gozos del matrimonio aquí en la tierra querrán tener tal bendición; pero solamente los que reúnan los requisitos que el Señor ha establecido recibirán ese don supremo Testifico que todas esas cosas que me han dado y que me traerán la mayor felicidad en esta vida tienen su raíz en las ordenanzas del templo Decídete ahora a recibir las ordenanzas del templo en cl momento apropiado No dejes que nada disipe esa resolución

Si ya estás preparado para recibir las ordenanzas del templo, prepárate cuidadosamente para ese grandioso acontecimiento Antes de entrar al templo, el obispo y el presidente de estaca te entrevistarán para darte la recomendación. Sé honrado y sincero con ellos Esa entrevista no es un examen que tienes que pasar, sino un paso importante a fin de confirmar que tengas la madurez y la espiritualidad para recibir en forma apropiada las ordenanzas supremas y para hacer y guardar los convenios ennoblecedores que se ofrecen en la casa del Señor. La dignidad personal es un requisito esencial para gozar de las bendiciones del templo cualquier persona que sea tan insensata como para entrar al templo indignamente, recibirá condenación.

El carácter digno se forja mejor con una vida de constantes elecciones correctas centradas en las enseñanzas del Maestro. Por un momento, hablo a quien se esté preparando para ese dulce período de descubrimiento que lleva al matrimonio eterno, que se conoce como el noviazgo Puede ser una época maravillosamente hermosa de progresar y de compartir; una época en que debes concentrar tus pensamientos, acciones y planes en dos personas los padres de tus futuros hijos Prepárate para tener éxito como padre o madre siendo completamente digno en todo pensamiento y acto durante el noviazgo

Los cimientos de un matrimonio eterno consisten en mucho más que una cara hermosa o una figura atractiva; es preciso considerar mucho más que la popularidad o la simpatía Al buscar un compañero eterno, considera a alguien que esté desarrollando los atributos esenciales que brindan felicidad amor profundo por el Señor y por Sus mandamientos, determinación de obedecerlos, comprensión bondadosa, deseo de perdonar y disposición a dar de sí, el deseo de tener una familia bendecida con hermosos hijos y la determinación de enseñarles los principios de verdad en el hogar. Una prioridad esencial en una futura esposa es el deseo de ser esposa y madre; debe estar en el proceso de desarrollar las cualidades sagradas que Dios ha dado a Sus hijas para que sobresalgan como esposas y madres la paciencia, la bondad, el amor por los niños y el deseo de atender a sus hijos en lugar de procurar satisfacciones profesionales Debe estar adquiriendo una buena educación a fin de prepararse para las exigencias de la maternidad Un futuro esposo debe también honrar el sacerdocio que posee y utilizarlo al servicio de los demás Busca a un hombre que acepte su función de ser quien provea lo necesario para vivir, que tenga la capacidad de hacerlo y que esté haciendo diligentes esfuerzos por prepararse para cumplir esas responsabilidades

Te sugiero que no pases por alto muchos candidatos que estén todavía en el proceso de desarrollar esos atributos por buscar a alguien que ya los haya perfeccionado. Probablemente no encuentres a esa persona perfecta, y si la encontraras, seguramente no estaría interesada en ti. Es mejor pulir juntos esos atributos como marido y mujer.

Puesto que muchos aspectos de la experiencia en el templo son totalmente diferentes de los servicios de adoración regulares, busca el consejo del obispo para prepararte; él puede hacer arreglos para que una persona especialmente capacitada te explique aspectos importantes del templo que te ayuden a entender y apreciar más plenamente la sagrada experiencia. Las ordenanzas de la investidura y el sellamiento del templo son tan gloriosamente llenas de significado que querrás dedicar considerable tiempo para recibirlas y para reflexionar sobre lo que significan. Quizás quieras dividirlas entre dos visitas al templo; en la primera, si es posible lleva contigo un miembro de tu familia o amigo cercano del mismo sexo, que haya recibido la investidura, para que te acompañe. Debido a la naturaleza sagrada de la experiencia en el templo, sería mejor permitir que sólo te acompañen unos cuantos miembros de tu familia o algunos de tus amigos más íntimos. No permitas que recepciones, festividades de boda, despedidas, o ninguna otra actividad tenga más importancia que la sagrada experiencia del templo. Y sobre todo, no te preocupes demasiado; amables obreros del templo que están completamente familiarizados con las ordenanzas te ayudarán en cada paso; estarán dedicados a hacer que tu visita sea la gloriosa experiencia que esperas.

Fuera del templo, no hablamos de los sucesos específicos y sagrados que tienen lugar allí. Sin embargo, dentro del templo habrá personas autorizadas para dar respuesta a tus preguntas. La primera vez que vayas recibirás instrucciones específicas de personas autorizadas sobre los asuntos de los que no se habla fuera del recinto del templo. Ojalá que tu primera experiencia allí sea tan conmovedora e inspiradora como lo fue para mí. Lo será si te preparas cuidadosamente.

Manténte digno. El incurrir durante el noviazgo en actos íntimos, reservados para realizarse dentro de los vínculos matrimoniales, es transgresión. El hacer esto ofende al Espíritu Santo, establece los cimientos para el pesar y la desilusión, y podría disimular rasgos o características que puedan resultar contrarias o incompatibles dentro del convenio del matrimonio. Muchas veces, debido a la violación de las leyes de pureza personal, se siembran semillas de desconfianza que maduran hasta producir el divorcio y la pérdida de las bendiciones del templo. No cometas ese error.

Cuando te sellas para siempre en la casa del Señor, se crea una nueva unidad familiar. Los padres, que han sido directamente responsables de ti desde tu nacimiento, pasan entonces a la función de asesores. Su consejo es preciado ahora, pero tú y tu compañero eterno ya son quienes toman juntos las decisiones. Como esposo y digno poseedor del sacerdocio, querrás emular el ejemplo del Salvador, cuyo sacerdocio posees. El dar de ti mismo a tu esposa e hijos será tu foco principal en la vida. De vez en cuando, un hombre intenta controlar el destino de todos los miembros de la familia; él es quien toma todas las decisiones, y la esposa está sujeta a SUS caprichos. El hecho de que esa sea la costumbre no tiene importancia. No es la manera del Señor. No es la forma en que un Santo de los Ultimos Días trata a su esposa y su familia.

Cuán agradecido estoy de que el presidente Hinckley haya sido inspirado por el Señor para construir nuevos templos a un paso sin precedentes, a fin de que las ordenanzas sean más accesibles para los miembros de todo el mundo. Si has recibido las ordenanzas del templo, pero no asistes regularmente aun si hay uno cerca, con toda la ternura de mi corazón te invito a regresar al templo. Las razones son muchas: es un lugar de paz, retiro e inspiración; la asistencia regular enriquecerá tu vida dándole más propósito; el asistir te permitirá proporcionar a tus antepasados fallecidos las ordenanzas de la exaltación que tú has recibido. Ve al templo. Sabes que eso es lo que debes hacer. Hazlo ahora.

Las ordenanzas del templo están tan impregnadas de significado simbólico que proveen toda una vida de contemplación y aprendizaje. Reflexiona sobre toda palabra y acción que tenga lugar en el templo; medita sobre la forma en que se relacionan entre sí. Al reflexionar sobre el significado de estos sucesos, contémplalos en el sentido de tu relación con el Salvador y de la Suya con nuestro Padre Celestial. Observa la forma en que la comprensión que recibes realza tu vida terrenal, haciendo destacar apropiadamente las cosas que son de crítica importancia. Haz arreglos para participar por tus antepasados fallecidos en las ordenanzas de sellamiento y otras, además de la investidura. Cuando recibo ordenanzas vicarias por otro hombre, encuentro que me es beneficioso tratar de acercarme a él específicamente; pienso en él y oro para que acepte la ordenanza y sea para él una bendición. Haz esto llevando en el corazón una oración para que el Santo Espíritu ensanche tu comprensión y te ennoblezca la vida. Recibirás respuesta a esas oraciones dignas.

Deseo contar una experiencia personal para ayudar a cualquiera que, al oír hablar del matrimonio eterno, sienta angustia pensando que su cónyuge no se preparará para ese suceso sagrado por tener características o hábitos profundamente arraigados. Cuando llevábamos unos cinco años de casados, tuvimos una experiencia que nos hizo crecer: Richard, nuestro precioso hijito de dos años, murió durante una operación que le hicieron para corregir un defecto congénito del corazón; a las seis semanas, nuestra hijita Andrea falleció al momento de nacer. Mi padre, que entonces no era miembro de la Iglesia, amaba entrañablemente al pequeño Richard y le dijo a mi madre, que era inactiva: “No entiendo cómo Richard y Jeanene pueden aceptar la pérdida de esos hijos”.

Mi madre, siguiendo una impresión que tuvo, le contestó: “Kenneth, ellos se han sellado en el templo y saben que tendrán a sus hijos en la eternidad si viven con rectitud. Pero tú y yo no tendremos a nuestros cinco hijos porque no hemos hecho esos convenios”.

Mi padre medito sobre esas palabras; después, empezó a reunirse con los misioneros de estaca y al poco tiempo se bautizó. Al año, mamá, papá y los cinco hijos nos sellamos en el templo. Más adelante, el presidente Kimball puso las manos sobre la cabeza de mi padre, le prometió el vigor y la fortaleza de la juventud y le confirió el poder para sellar; durante once años, él trabajó como sellador, con mi madre a su lado, en el Templo de Washington, D.C. Haz tu parte, y no abandones la esperanza de un matrimonio en el templo.

Si eres una persona soltera y aún no cuentas con un firme candidato para un matrimonio celestial, vive para lograrlo. Ora por ello. Espéralo en el debido tiempo del Señor. No transijas en tus normas de ningún modo que pueda impedirte esa bendición, ya sea de éste o del otro lado del velo. El Señor conoce los deseos de tu corazón; Sus profetas han dicho que obtendrás tal bendición si eres constante al vivir de manera tal que lo merezcas. No sabemos si sucederá en este lado o en el otro lado del velo. Pero vive para lograrlo. Ora por ello.

Conozco el gozo exquisito que proviene de un matrimonio eterno que se efectúa en el altar del templo y por medio del sagrado poder para sellar. Cuando hay rectitud, una determinación de dar de sí, la obediencia a los mandamientos de Dios y la resolución de juntos saber Su voluntad en todo, ese gozo es indescriptible. No tengo palabras para expresar la satisfacción y la paz que provienen de esa suprema experiencia, aun cuando haya una interrupción temporaria de la gloria de vivir juntos en la tierra. Esos son el gozo y la felicidad que deseo tanto para cada uno de ustedes. Y. lo más importante, eso es lo que tu Padre Celestial quiere para ti.

Ve al templo ahora. Eso te bendecirá grandemente y proporcionará las ordenanzas esenciales para los que están del otro lado del velo y que no pueden obtenerlas por sí mismos.

Testifico que, con sufrimiento y agonía inconcebibles y a un precio incalculable, el Salvador ganó Su derecho de ser nuestro Intermediario, nuestro Redentor y nuestro Juez final. Por medio de la fe en Él y de la obtención de las ordenanzas y los convenios requeridos, obtendrás tu derecho a las bendiciones del matrimonio eterno, que Él hizo posible mediante Su Expiación infinita. En el nombre de Jesucristo. Amén.