Lo que deben saber antes de ir: Los bautismos en el templo

Por Heather J. Johnson

Revistas de la Iglesia

No es necesario esperar. Ahora, todo miembro digno, incluso jóvenes y nuevos miembros, pueden prestar servicio en el templo.

“Debemos ser, en verdad, un pueblo que asista al templo y ame el templo”, dijo el presidente Howard W. Hunter (1907–1995). “Apresurémonos a asistir al templo con la frecuencia que… [nuestras] circunstancias personales lo permitan. No solo debemos ir para hacer la obra en favor de nuestros seres queridos que hayan fallecido, sino también para recibir las bendiciones personales que se obtienen mediante la adoración en el templo, y para sentir la santidad y la seguridad que reina dentro de esas sagradas y consagradas paredes” (véase “Un pueblo deseoso de asistir al templo”, Liahona, mayo de 1995, pág. 6).

Este consejo se aplica a todos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, incluso a los miembros recién bautizados. Siempre y cuando sean dignos, no hay un tiempo de espera para poder asistir al templo. En cuanto sea bautizado y confirmado, usted puede obtener una recomendación de uso limitado para ir al templo.

Esta recomendación le permite entrar al templo para efectuar bautismos y confirmaciones vicarios por antepasados que han fallecido. Al prestar servicio y adorar en el templo, usted fortalecerá su testimonio del Evangelio.

Natalia Lorena Figueroa, de Argentina, dijo acerca de su primera experiencia en el templo: “En el baptisterio del templo vi a un hermano bautizarse por mi abuelo y por mis tíos. Luego yo me bauticé por mi abuela y mis tías. El gozo que sentí fue increíble. Los ojos se me llenaron de lágrimas y sentí en el pecho un ardor que nunca antes había sentido”. Las bendiciones que aguardan a quienes cumplen los requisitos para tener y utilizar una recomendación de uso limitado para ir al templo son similares.

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Abran los cielos mediante la obra del templo y de historia familiar

Presidente Russell M. Nelson y Wendy W. Nelson

Tomado de un presentación que se llevó a cabo en la Conferencia de Historia Familiar RootsTech 2017 en Salt Lake City, Utah, EE. UU., el 11 de febrero de 2017. Para ver la grabación de la presentación en inglés, portugués o español, visite la página lds.org/go/1017Nelson.

Durante la presentación que hicieron en RootsTech 2017, el presidente Russell M. Nelson y su esposa, Wendy, invitaron a los Santos de los Últimos Días a considerar con espíritu de oración qué tipo de sacrificio pueden hacer a fin de llevar a cabo más obra del templo y de historia familiar.

Presidente Nelson: Cuando mi abuelo A. C. Nelson era un joven esposo y padre, con apenas 27 años, su padre murió. Alrededor de tres meses más tarde, su difunto padre, mi bisabuelo, vino a visitarlo. La fecha de esa visita fue la noche del 6 de abril de 1891. El abuelo Nelson estaba tan impresionado por la visita de su padre que escribió la experiencia en su diario para su familia y amigos.

“Estaba en la cama cuando papá entró en la habitación”, escribió el abuelo Nelson. “Él vino y se sentó al lado de la cama y dijo: ‘Bueno, hijo mío, ya que tenía unos minutos libres, recibí permiso para venir a verte unos minutos. Me siento bien, hijo mío, y he tenido mucho que hacer desde que fallecí’”.

Cuando el abuelo Nelson le preguntó qué había estado haciendo, su padre respondió que había estado ocupado enseñando el evangelio de Jesucristo en el mundo de los espíritus.

“No puedes imaginar, hijo mío, cuántos espíritus hay en el mundo de los espíritus que aún no han recibido el Evangelio”, dijo. “No obstante, muchos lo están recibiendo, y se está llevando a cabo una gran obra. “Muchos [espíritus] esperan ansiosamente que sus amigos que todavía viven lleven a cabo las ordenanzas por ellos en los templos”.

El abuelo Nelson le dijo a su padre: “Tenemos la intención de ir al templo y sellarnos a usted, padre, tan pronto como podamos”.

Mi bisabuelo respondió: “Eso, hijo mío, es en parte por lo que vine a verte. A’un seremos una familia y viviremos por toda la eternidad”.

Entonces el abuelo Nelson preguntó: “Padre, ¿es verdadero el Evangelio que enseña esta Iglesia?”.

Su padre señaló hacia el retrato de la Primera Presidencia que colgaba en la pared del dormitorio.

“Hijo mío, con la misma certeza con la que ves esa foto, es la certeza de que el Evangelio es verdadero. El evangelio de Jesucristo lleva implícito el poder de salvar a todo hombre y mujer que lo obedezca, y de ninguna otra manera pueden obtener la salvación en el reino de Dios. Hijo mío, aférrate siempre al Evangelio. Sé humilde, sé dedicado a la oración, sé sumiso al sacerdocio, sé verídico, sé fiel a los convenios que has hecho con Dios. Nunca hagas nada que desagrade a Dios. Oh, qué bendición es el Evangelio. Hijo mío, sé un buen muchacho”

Hermana Nelson: Me encantan esos consejos. “Sé humilde, sé dedicado a la oración, sé sumiso al sacerdocio, sé verídico, sé fiel a los convenios que has hecho con Dios… sé un buen muchacho”. Son consejos que te ha legado tu bisabuelo fallecido. Se parecen mucho a los consejos que dio el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) donde utilizó el verbo Ser1.

Presidente Nelson: Es muy cierto. Significa mucho para mí que mi abuelo dejara ese registro para nosotros. Supimos que los hijos de su padre fueron posteriormente sellados a él. De modo que se logró el motivo de su visita.

El espíritu de Elías el profeta

Presidente Nelson: Un nombre de gran importancia en las Escrituras explica por qué la familia es tan importante. Ese nombre es Elías. EL-I-JAH en hebreo significa literalmente “Jehová es mi Dios”2. ¡Piensen en eso! El nombre de Elías encierra los términos hebreos para el Padre y el Hijo.

Hermana Nelson: Elías el profeta fue el último profeta que poseyó el poder sellador del Sacerdocio de Melquisedec antes de la época de Jesucristo. La misión de Elías el profeta era volver el corazón de los hijos a los padres, y el corazón de los padres a los hijos, a fin de que pudiesen ser sellados, o si no “toda la tierra sería totalmente asolada a su venida” (José Smith—Historia 1:39; cursiva agregada). Son palabras sumamente fuertes.

Presidente Nelson: Me gusta pensar que el espíritu de Elías es “una manifestación del Espíritu Santo que da testimonio de la naturaleza divina de la familia”3. Según la Guía para el Estudio de las Escrituras, “El poder de Elías el profeta es el poder de sellar que corresponde al sacerdocio, poder mediante el cual todo lo que se ate o se desate en la tierra se atará o se desatará también en los cielos” (“Elías el profeta”).

Hermana Nelson: Así que cuando decimos que el espíritu de Elías el profeta actúa sobre la gente para alentarlos a buscar a sus parientes fallecidos, estamos realmente diciendo que el Espíritu Santo nos está impulsando a hacer las cosas que permitirán que las familias sean selladas eternamente.

Presidente Nelson: Es maravilloso volver el corazón de los hijos a sus padres al contarles importantes historias familiares de maneras que sean accesibles y memorables. Quizás el tener siempre ante nuestra vista documentos de historia familiar, historias, fotos y recuerdos puede fortalecer nuestros testimonios (véase Mosíah 1:5). Al colocarlas en nuestras paredes, mesas, computadoras, en nuestros iPads e incluso en nuestros teléfonos celulares, tal vez recibamos la impresión de tomar mejores decisiones y nos acerquemos más al Señor y a nuestras familias.

Sin embargo, si lo dejamos en ese nivel, en realidad no hemos hecho lo suficiente. Como miembros de la Iglesia, nuestro interés en la obra de historia familiar ha sido motivado por la instrucción del Señor de que nuestros antepasados no pueden ser perfeccionados sin nosotros y que nosotros no podemos ser perfeccionados sin ellos (véase D. y C. 128:15). Eso significa que debemos estar unidos mediante las sagradas ordenanzas de sellamiento del templo. Debemos ser eslabones fuertes en la cadena que va desde nuestros antepasados hasta nuestra posteridad. Si nuestras colecciones de historias y fotos algún día llegan a convertirse en el resultado final de lo que hagamos, si sabemos quiénes son nuestros antepasados y sabemos cosas maravillosas acerca de ellos, pero los dejamos abandonados en el otro lado, sin sus ordenanzas, tal distracción no será de ningún provecho para nuestros antepasados, quienes permanecen encerrados en la prisión de espíritus.

Hermana Nelson: El preservar las historias de los antepasados es importante, pero nunca deberá ser a expensas de realizar la obra de las ordenanzas por ellos. Debemos dedicar tiempo para poder encontrar la información requerida para realizar las ordenanzas de nuestros antepasados.

Presidente Nelson: Eso significa sacrificar tiempo que normalmente dedicaríamos a otras actividades. Necesitamos pasar más tiempo en el templo y en la investigación de historia familiar, que incluye la indexación.

Hermana Nelson: Ciertamente por sacrificios se dan bendiciones4. He sido bendecida al encontrar a muchos antepasados que estoy segura de que estaban listos para hacer convenios con Dios y recibir sus ordenanzas esenciales. Con el tiempo, me di cuenta de que si me encontraba trabajando en un proyecto abrumador y no disponía de tiempo, energía e ideas, si hacía un sacrificio de tiempo para encontrar la información requerida para realizar las ordenanzas para algunos antepasados o al ir al templo para actuar como representante de ellos, los cielos se abrían y la energía y las ideas comenzaban a fluir. De alguna manera encontraba el tiempo suficiente para cumplir con la fecha de vencimiento. Era totalmente imposible, pero sucedía cada vez. La obra del templo y de historia familiar me brinda una alegría incomparable en este mundo.

Historia familiar y la obra misional

Presidente Nelson: Si fuera un misionero hoy en día, mis dos mejores amigos en el barrio o la rama donde prestara servicio serían el líder misional de barrio y el consultor de templo y de historia familiar de barrio.

Las personas tienen un deseo innato de saber algo sobre sus antepasados. Eso se convierte en una oportunidad natural para nuestros misioneros. A medida que los misioneros aprenden a amar a las personas a quienes enseñan, de manera natural preguntarán por sus familiares. “¿Viven sus padres? ¿Viven sus abuelos? ¿Conocen a sus cuatro abuelos?”. Las conversaciones fluyen con facilidad cuando a aquellos que se sienten atraídos a hablar con los misioneros se les invita a hablar acerca de las personas a las que aman.

En ese momento, puede ser natural que los misioneros, incluyendo los miembros misioneros, pregunten: “¿Conocen a alguno de sus bisabuelos? ¿Conocen sus nombres?”. Es probable que los investigadores no conozcan los nombres de los ocho bisabuelos.

Entonces los misioneros pueden hacer esta sugerencia: “Tengo un amigo en nuestra Iglesia que puede ayudar. Si pudiéramos encontrar los nombres de algunos o quizás de todos sus bisabuelos, ¿valdría la pena un par de horas de su tiempo averiguar quiénes son sus bisabuelos?”. Por supuesto, ese amigo en la Iglesia es el consultor de templo y de historia familiar del barrio.

Hermana Nelson: Creo que puede ser reconfortante para los misioneros saber que nunca están solos cuando están buscando y enseñando a aquellos que son receptivos a las verdades del evangelio restaurado de Jesucristo. El presidente George Q. Cannon (1827–1901), quien fue consejero de cuatro Presidentes de la Iglesia, enseñó que en estos últimos días los que se unen a la Iglesia lo hacen precisamente porque sus antepasados han estado orando para que una persona de su posteridad se uniera a la Iglesia para que ellos, los antepasados, pudiesen recibir sus ordenanzas esenciales vicarias5.

La exaltación: un asunto de familia

Presidente Nelson: La exaltación es un asunto de familia. Únicamente mediante las ordenanzas salvadoras del evangelio de Jesucristo pueden ser exaltadas las familias. El principal objetivo al que aspiramos es ser felices como familias: investidos, sellados y preparados para la vida eterna en la presencia de Dios.

Hermana Nelson: Cada clase de la Iglesia a la que asistimos, cada vez que prestamos servicio, cada convenio que hacemos con Dios, cada ordenanza del sacerdocio que recibimos, todo lo que hacemos en la Iglesia nos lleva al santo templo, la casa del Señor. Un matrimonio y sus hijos tienen acceso a un gran poder mediante la ordenanza de sellamiento cuando guardan sus convenios.

Presidente Nelson: Cada día elegimos dónde queremos vivir eternamente según el modo en que pensamos, sentimos, hablamos y actuamos. Nuestro Padre Celestial ha dicho que Su obra y Su gloria es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos (véase Moisés 1:39), pero Él quiere que elijamos regresar a Él. Él no nos obligará de ninguna manera. La precisión con la que guardemos nuestros convenios le demuestra cuánto deseamos volver a vivir con Él. Cada día nos acerca o nos aleja más de nuestra gloriosa posibilidad de la vida eterna. Cada uno de nosotros necesitamos guardar nuestros convenios, arrepentirnos todos los días y procurar ser más como nuestro Salvador. Entonces y solo entonces las familias pueden estar juntas para siempre.

Hermana Nelson: Es mi testimonio que no importa cuán fabulosa sea la vida que llevan en este momento, o cuán desalentadora y dolorosa pueda ser, su participación en la obra del templo y de historia familiar la mejorará. ¿Qué necesitan en su vida en este momento? ¿Más amor? ¿Más alegría? ¿Más autodominio? ¿Más paz? ¿Más momentos significativos? ¿Una mayor sensación de que están marcando una diferencia? ¿Más diversión? ¿Más respuestas a los interrogantes de su alma? ¿Más conexiones emocionales con otras personas? ¿Más comprensión de lo que están leyendo en las Escrituras? ¿Más habilidad para amar y para perdonar? ¿Más habilidad para orar con fervor? ¿Más inspiración e ideas creativas para su trabajo y otros proyectos? ¿Más tiempo para lo que realmente importa?

Les ruego que hagan un sacrificio de tiempo al Señor al aumentar el tiempo que pasan llevando a cabo la obra del templo y de historia familiar, y que luego observen lo que sucede. Es mi testimonio que cuando mostramos al Señor que de verdad deseamos ayudar a nuestros antepasados, los cielos se abrirán y recibiremos todo lo que necesitamos.

Presidente Nelson: Podemos sentirnos inspirados durante todo el día sobre experiencias del templo y de historia familiar que otras personas hayan tenido. Sin embargo, debemos hacer algo para experimentar realmente la alegría por nosotros mismos. Quisiera extender un desafío a todos para que ese maravilloso sentimiento de esta obra continúe e incluso aumente. Los invito a considerar con oración qué tipo de sacrificio —de preferencia un sacrificio de tiempo— pueden hacer para dedicarse más a la obra del templo y de historia familiar este año.

Estamos embarcados en la obra de Dios Todopoderoso. Él vive. Jesús es el Cristo. Esta es Su Iglesia. Somos Sus hijos del convenio. Él puede contar con nosotros.

Referencias

  1. Gordon B. Hinckley, “El consejo y la oración de un profeta en beneficio de la juventud”, Liahona, abril de 2001, págs. 30–41.
  2. Guía para el Estudio de las Escrituras, “Elías el Profeta”.
  3. Russell M. Nelson, “Un nuevo tiempo para la cosecha”,Liahona, julio de 1998, pág. 36.
  4. Véase “Loor al Profeta” (Himnos, nro. 15).
  5. Véase Gospel Truth: Discourses and Writings of President George Q. Cannon, comp. de Jerreld L. Newquist, 2 tomos, 1974, tomo II, págs. 88–89.