La diversidad existente en la Iglesia rompe estereotipos

En Harlem, un obispo de raza negra dirige a su congregación en oración. En Miami, los vecinos entran en una capilla amarilla brillante y se saludan en haitiano. En Salt Lake City, un maestro enseña la clase sobre la Biblia en chino. Al mismo tiempo, en Florida, una congregación al completo canta empleando la poesía gestual de la Lengua de Señas Americana; y en California, un niño da su primer discurso en la Primaria en español.

Estas escenas contrastan con el estereotipo que muchos tienen al respecto de los miembros de la Iglesia en los Estados Unidos, que los sitúa como personas blancas de clase media de Utah. No obstante, representan adecuadamente la evolución de la composición de la Iglesia, la cual se está diversificando cada vez más y reflejando un amplio abanico de culturas y experiencias.

Dicha diversidad no ha pasado desapercibida para los medios de comunicación, que han sacado a la luz titulares como “Los mormones crecen en las zonas urbanas desfavorecidas: La Iglesia atrae a un mayor número de personas negras e hispanas”, en el Philadelphia Inquirer; “La Iglesia SUD halla miembros en las zonas urbanas desfavorecidas”, en el Denver Post; “Una fe que no distingue colores”, en el Chicago Reporter; y “Los mormones de Harlem se quedan cortos de espacio”, en el New York Times.

Jan Shipps, profesor emérito de historia y estudios religiosos de la Universidad de Indiana, dice que los reporteros le llaman a menudo, sorprendidos por el crecimiento de la Iglesia en este tipo de zonas. “‘¿Dónde están los mormones?’, preguntan, y les respondo: ‘Están por todas partes’”.

Por ejemplo, en los Estados Unidos, más de 150 congregaciones de los Santos de los Últimos Días hablan un total de 20 idiomas diferentes del inglés, como el polaco, el navajo, el ruso, el español y el alemán.

Gran parte del crecimiento de la Iglesia se atribuye al programa misional voluntario mundial, que es el mayor de su género en todo el mundo. Más de 52.000 misioneros se dedican a la enseñanza en 347 misiones distribuidas por más de 140 países.

“Nos esforzamos mucho por transmitir un mensaje que brinde esperanza”, dice el élder Earl C. Tingey, de la Presidencia de los Setenta. “Compartimos mensajes para ayudar a las familias. Aportamos la esperanza de cómo ser un buen padre, cómo ser una buena madre, y todo ello se basa en las enseñanzas de Jesucristo”.

Por otro lado, el élder Tingey no vacila en destacar la condición única de la fe de los Santos de los Últimos Días en el mundo cristiano. Explica que la Iglesia no es católica ni protestante, sino que es la restauración de la antigua Iglesia de Jesucristo.

La Iglesia también se está diversificando a escala internacional; más de la mitad de sus miembros se encuentran fuera de los Estados Unidos, un hito que se hizo realidad en febrero de 1996.

Los 13 millones de Santos de los Últimos Días que componen actualmente la Iglesia contrastan de manera impresionante con los seis miembros que había en abril de 1830, cuando José Smith organizó la Iglesia al norte de Nueva York.

Tal crecimiento entre diversas culturas y naciones supone el principal desafío actual de la Iglesia. Para afrontarlo, la Iglesia traduce las Escrituras, contenidos de las conferencias, transmisiones vía satélite, manuales de los cursos de estudio, revistas, programas informáticos, textos de sitios web y otros materiales a más de 100 idiomas diferentes. El sistema de traducción que esto requiere es uno de los más extensos del mundo entero.

En un mensaje pronunciado en 2000 al club de prensa nacional de la Ciudad de Washington, el Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley, dijo que el crecimiento de ésta trae aparejados desafíos muy considerables. “El primero es la capacitación de líderes locales”, destacó el presidente Hinckley. “El segundo… es proporcionar centros de culto en medio de este crecimiento vertiginoso”.

Con el fin de responder a la necesidad de más centros de culto, cada año se construyen cientos de nuevos edificios en el mundo entero.

Sin embargo, la capacitación de líderes en congregaciones compuestas por miembros recientes de la Iglesia supone desafíos muy particulares. En algunos países en que la Iglesia acaba de establecerse, algunos de los líderes reciben asignaciones de liderazgo sólo unos meses después de unirse a la Iglesia, y no tienen muchos ejemplos que seguir.

Consciente de este desafío, la Iglesia ha establecido oficinas de área por todo el mundo supervisadas por las Autoridades Generales. Se reúnen frecuentemente con los nuevos líderes locales y les capacitan en su lengua materna.

Por otro lado, el crecimiento vertiginoso también implica el reto de unificar a Santos de los Últimos Días de muchas culturas diferentes. El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo que la diversidad creciente entre los miembros es simplemente una condición, no una meta de la Iglesia. El auténtico objetivo es la unidad, no la diversidad. “Predicamos la unidad entre la comunidad de los santos y la tolerancia hacia las inevitables diferencias personales de creencias y conducta de una comunidad diversificada”.

Como resultado de ello, se procura enseñar a los Santos de los Últimos Días de todo el mundo la doctrina de la Iglesia, así como capacitar a los líderes locales, sin imponer la cultura estadounidense.

“En algunos aspectos, nuestra cultura difiere mucho de la cultura occidental”, dice Seung Hwun Ko, miembro de la Iglesia de Seúl, Corea del Sur, “pero cuando hablamos del Evangelio de Jesucristo, nos encontramos en terreno común”.

Prestar servicio al otro lado del Jordan

Por R. Val Johnson y Rachel Coleman

Revistas de la Iglesia y Servicios de Publicación

La necesidad era crítica.

A principios de 2013, aparecieron cinco casos de sarampión en el campamento de refugiados Za’atari en Jordania, país del Medio Oriente. Más de 100 000 refugiados sirios, que vivían hacinados, estaban en riesgo de contraer ese virus altamente contagioso y peligroso. El gobierno jordano planificó una campaña de vacunación masiva para prevenir que la enfermedad se propagase. El plan era vacunar al menos a 90 000 refugiados sirios entre las edades de seis meses a treinta años en un período de dos semanas.

Pero se presentó un problema: el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) tenía el suero y el Ministerio de Salud de Jordania tenía las clínicas; lo que no tenían eran artículos de suministro en cadena de frío —jeringas, recipientes para instrumentos afilados, refrigeradores para el suero— y el tiempo se estaba acabando.

Entonces entraron en juego Ron Hammond y su esposa, Sandi, misioneros de bienestar mayores que servían en Jordania como directores de LDS Charities de todo el país. En vista de que Ron y Sandi ya tenían relaciones de trabajo con UNICEF y con el Ministerio de Salud, se unieron rápidamente a las dos organizaciones en colaboración para determinar cómo LDS Charities podía ayudar.

Ron dice: “Preguntamos sobre el costo de la compra de artículos de suministro en cadena de frío, y cuando nos lo dijeron, dijimos: ‘Creemos que LDS Charities puede ayudar’. Nos preguntaron: ‘¿Qué tan pronto? ¡Tenemos que empezar lo antes posible!’”.

En veinte horas LDS Charities había aprobado la compra de los suministros en cadena de frío que se necesitaban. “Cuando le informamos al Ministerio de Salud y a UNICEF”, dice Ron, “quedaron impresionados. ¿Cómo pudo una ONG [organización no gubernamental] moverse tan pronto? No solo se llevó a cabo la campaña de vacunación conforme a lo programado, sino que también inspiró una campaña a nivel nacional en la que se inocularon a cientos de miles de refugiados jordanos y sirios”.

Se evitó la crisis.

Es más, esta asociación productiva entre UNICEF, el Ministerio de Salud de Jordania y LDS Charities creó el potencial para una futura colaboración.

La forma en que Ron Hammond y su esposa, Sandi, llegaron a ese importante momento en el Medio Oriente es un testimonio de la fe del matrimonio Hammond y de la inspiración detrás del programa de misioneros mayores de la Iglesia.

Se necesitan: matrimonios misioneros

En 2012, el matrimonio Hammond prestaba servicio como obreros de las ordenanzas en el Templo de Rexburg, Idaho, EE. UU. Ron tenía un consultorio dental próspero y enseñaba en el Departamento de Religión de la Universidad Brigham Young–Idaho; sin embargo, la rutina apacible de su vida cambió repentinamente al recibir una clara impresión espiritual de enviar inmediatamente una solicitud para servir en una misión. El momento [en que recibieron la impresión] los sorprendió. Sus hijos casados estaban en diferentes etapas de cambios profesionales y de traslados, y Ron todavía no estaba considerando jubilarse; pero el Espíritu les aseguró que se los necesitaba y que todo saldría bien.

Resultó ser que los líderes del sacerdocio de las Oficinas Generales de la Iglesia habían estado ayunando y orando a fin de encontrar el matrimonio correcto para que sirviera como directores de LDS Charities de todo el país en Ammán, Jordania.

“Era muy evidente”, dice Sandi, “que el Señor iba delante de nosotros preparando los detalles de la asignación específica que Él tenía para nosotros. Sabemos que Él hace lo mismo con cada misionero que sirve. Es un consuelo saber que el Salvador está organizando las cosas para que sirvamos mucho antes de que lleguemos a destino”.

“Al mirar hacia atrás”, dice Ron, “estamos agradecidos de que no fuimos específicos ni insistentes en cuanto a dónde queríamos servir. Dejar tales asuntos en las manos del Señor le permitió darnos una experiencia que de otra manera no hubiéramos tenido”.

Esa experiencia incluyó trabajar con la familia real de Jordania en proyectos humanitarios de interés para los miembros de la familia real. El matrimonio Hammond colaboró con hospitales y clínicas locales para brindar capacitación al personal médico jordano sobre destrezas en reanimación neonatal a fin de salvar vidas, lo que dio como resultado una reducción significativa en la mortalidad de los recién nacidos. Mediante su empeño y el empeño de otros matrimonios misioneros, LDS Charities ofreció capacitación y equipo a clínicas para la visión y a organizaciones que sirven a las personas con discapacidades físicas. Entre aquellos que el matrimonio Hammond y otros misioneros de bienestar apoyaban, había un centro en el que se enseña a las mujeres con discapacidades físicas la manera de diseñar y confeccionar ropa especializada y artesanías. Esas habilidades les dieron a las estudiantes la oportunidad de proveer mejor de lo necesario para ellas mismas y para su familia.

Otros proyectos consistieron en trabajar con otras ONG y el gobierno jordano en la forma de responder ante las emergencias y en la evaluación de alumnos jordanos para seleccionar quién recibiría cada año una de las dos becas para asistir a la Universidad Brigham Young. Una de las experiencias más satisfactorias que el matrimonio Hammond tuvo fue trabajar con la Iglesia Católica Latina en la construcción de aulas escolares para los iraquíes cristianos que no tenían ningún otro lugar donde reunirse.

Con el Señor en Su viña

Mientras estuvieron en Jordania, el matrimonio Hammond aprendió cuán verdadera es la promesa del Señor a quienes lo sirven: “… iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88).

“Dios participa en la obra”, dice Ron. “Él está en la viña con Sus siervos. El Señor de la viña acompaña en la viña a todo matrimonio que va a la misión. No solamente creemos que ocurren milagros en Jordania, los vivimos”.

Indiscutiblemente, los ángeles que sintieron “alrededor de” ellos incluyeron los de la clase celestial; pero también incluyeron los de la clase terrenal, en especial sus hijos, que los apoyaron en su decisión de servir tan lejos de casa.

A su vez, el poder sustentador y protector del Señor bendijo a la familia de ellos. Se tomaron importantes decisiones sobre carreras y traslados, y se resolvieron preocupaciones de posibles complicaciones con nacimientos conforme sus hijos se volvieron al Señor, se reunieron en consejo y oraron y ayunaron el uno por el otro.

Las bendiciones que recibieron sus hijos fueron tan extraordinarias que cuando se pidió al hermano Hammond y a su esposa que extendieran la misión de dos años a tres, cada uno de sus hijos expresó un apoyo entusiasta; sintieron que el Señor estaba haciendo algo muy especial por ellos como resultado directo del servicio de sus padres.

Sin embargo, la separación de la familia Hammond fue un sacrificio. Estar a medio mundo de distancia de aquellos a quienes amaban fue difícil, pero no fue tan difícil como habría sido en el pasado. La tecnología hizo posible que la familia participara en la vida de unos y otros tan a menudo como fuera necesario. Sandi dice: “Los matrimonios no pierden contacto con su familia. Mantuvimos contacto frecuente con la familia de nuestros hijos en casa. Gracias a FaceTime y a los correos electrónicos, los cuatro nietos que nacieron mientras servíamos nos conocían y nos recibieron con cariño y alegría cuando regresamos”.

Abrir la mente y el corazón

Entre las muchas bendiciones que el matrimonio Hammond siente que recibió de su servicio es que se les hayan abierto los ojos en cuanto a la generosidad y la cordialidad del pueblo jordano. Cuando el matrimonio Hammond recibió por primera vez su llamamiento, no estaban seguros de cómo sería la gente a la que servirían.

“Pero descubrimos que nuestros amigos musulmanes son amables y generosos”, dice Ron, “y estamos seguros de que si hubiesen creído que estábamos en peligro, habrían hecho lo imposible por protegernos.

“Su amor al prójimo es increíble. Los jordanos no soportan ver que otras personas pasen necesidades si ellos pueden ayudar; han estado recibiendo a refugiados desde antes de la época de David. La Biblia contiene muchas referencias de ‘al otro lado del Jordán’, y nosotros comenzamos a firmar nuestras cartas con ‘Al otro lado del Jordán’ como reconocimiento al servicio compasivo que tuvimos el privilegio de proporcionar en ese país históricamente compasivo. Durante siglos, Jordania ha sido un lugar de caridad, y el Señor ha bendecido a la gente por ello”.

Trabajar en estrecha colaboración con el pueblo jordano posibilitó al matrimonio Hammond establecer algunas buenas amistades. “Fuimos invitados a varias comidas Iftar, la comida que da fin al ayuno del Ramadán diario”, dice Sandi. “Nuestros amigos musulmanes también nos invitaron a asistir a fiestas de compromiso, a bodas y a otras ocasiones centradas en la familia”.

La Iglesia no hace proselitismo ni permite bautismos de musulmanes en Jordania ni en ninguna otra parte donde la ley lo prohíba, así que el matrimonio Hammond no compartió información sobre la Iglesia. En vez de ello, se centraron en establecer y mantener relaciones: con la familia real, con asociados locales en el servicio humanitario, con otros matrimonios misioneros que servían con ellos y con líderes religiosos y de gobierno. Cuando les preguntaban detalles sobre la Iglesia, el matrimonio Hammond instaba a las personas a que visitaran la página LDS.org.

El llamado a servir

Al considerar las extraordinarias experiencias que Ron y Sandi tuvieron, ¿sienten ellos que son de alguna manera especiales entre los matrimonios llamados a servir o entre los que podrían ser llamados a servir?

Sí, y no. “Servimos dónde y cuándo el Señor necesitaba un matrimonio con nuestras aptitudes y experiencias de la vida específicas”, dice el matrimonio Hammond. “Pero eso es cierto para todos los misioneros mayores. Todos los matrimonios con la capacidad de servir en una misión han sido preparados para servir en formas especiales para ellos. Solo deben ejercitar la fe suficiente para ir donde el Señor tenga necesidad de ellos, y Él los usará para marcar una diferencia en la vida de los demás”.

“Los matrimonios misioneros ejercen una gran influencia positiva”, dijo el élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “pueden lograr cosas admirables que nadie más puede hacer…

“Las formas en que pueden servir los matrimonios son prácticamente ilimitadas; desde ayudar en la oficina de la misión y hacer capacitación de liderazgo hasta trabajar en historia familiar, la obra del templo y el servicio humanitario; hay una oportunidad de emplear casi cualquier destreza o talento con que el Señor los haya bendecido.

“… y ustedes han recibido mucho en sus vidas; vayan y den libremente en el servicio a nuestro Señor y Salvador. Tengan fe; el Señor sabe dónde se les necesita. La necesidad es tan grande, hermanos y hermanas, y los obreros tan pocos”.