¿Están listos?

W. CHISTOPHER WADDELL

Segundo consejero del Obispado Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Devocional en BYU, Noviembre 05, 2019

Este discurso fue dado el 05 de Noviembre de 2019, en BYU, esta es una traduccion libre, espero lo disfruten

Hermanos y hermanas, es un honor estar con ustedes esta noche en este devocional. En realidad, hablar en un devocional es algo que nunca me hubiera imaginado creciendo en un pequeño pueblo en la orilla del mar al sur de California y después en como un no graduado en San Diego mientras tenia una beca en Voleibol. Eso fue hace  mucho tiempo. Eso fue antes del Internet, antes de los mensajes de texto, antes de Instagram. Los teléfonos móviles no podían llevarse en el bolsillo. Se miraban más como ladrillos y costaban cerca de $4000.00.

Tú escuchabas la música grabada en discos LP o cintas en casetes. Pong era el juego más popular – ustedes tendrán que buscar eso. El equipo varonil de voleibol de BYU eran aun un club deportivo y no ofrecía becas, por eso es por lo que finalice en San Diego. Sin embargo cuando finalizo mi elegibilidad finalizo, aun necesitaba algunas materias para graduarme.

Entonces conocí a una hermosa chica en BYU llamada Carol durante el verano, dentro un baile de adultos solteros en Los Ángeles (Esos bailes funcionan, así que no eviten esos bailes)

Mientras el equipo de Vóleibol de BYU era aún un club deportivo, ellos jugaban contra las mismas escuelas con las cuales yo había jugado en San Diego. Contacte al staff aquí en Provo y ellos me apoyaron para jugar, así que hice mi transferencia a BYU para poder jugar un año más, terminar mi carrera e intentar sellar mi compromiso con Carol.  Todo funciono tan bien como lo había pensado. Ame jugar en el Smith Fieldhouse – donde tenían un maravilloso apoyo. Fue divertido. Disfrute las clases que tome para graduarme y lo mejor de todo, me case con Carol después de que finalice la escuela. Esto fue hace 35 años.

Poco después del nacimiento de nuestro primer hijo, nos mudamos de regreso a San Diego donde pase mi carrera y donde crie a mi familia. ¿Quién pudiera haber supuesto que en este tiempo, nuestros 4 hijos – y también un yerno y una nuera – asistirían a BYU ?

Tres de nuestros hijos se han graduado y nuestro cuarto hijo está en su segundo año, después de haber servido en la misión Italia Roma. Brigham Young University ha tenido un impacto tremendo en mi familia y en mí y estoy agradecido por estar con ustedes esta mañana, gracias por tenerme con ustedes.

 

PREPARAR LA VIA

Para remarcar, permítanme comenzar compartiendo una poca información como para del obispado presidente, el cual no es usualmente comprendido por los miembros de la Iglesia. Como recordatorio, somos aquellas pequeñas fotografías que se encuentran en la última página en donde están las autoridades generales en la revista Ensign. Debajo de las fotografías de la Primera Presidencia, de los miembros del Quorum de los Doce Apóstoles y de los miembros de los Setenta, con muchos preguntándose qué es lo que hacemos.

La Obispado Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la presidencia del Sacerdocio Aarónico. Cada uno de nosotros es ordenado Obispo y tenemos las llaves asociadas al Sacerdocio Aarónico, como enseñamos en la sección 107 de Doctrina y Convenios, el cual establece “El segundo sacerdocio es llamado el Sacerdocio de Aarón…y tiene el poder para administrar las ordenanzas exteriores…El obispado es la presidencia de este sacerdocio, y posee las llaves o autoridad de este…el oficio de obispo consiste en administrar todas las cosas temporales”.

Las cosas temporales incluyen cosas como el bienestar y la ayuda humanitaria de la Iglesia. El Presidente Russell M. Nelson hablo brevemente sobre esto en la Conferencia General. Esto incluye el diseño, construcción y mantenimiento de los templos (lo cual agradecemos al Presidente Nelson por mantenernos muy ocupados); la responsabilidad de todas las finanzas e inversiones de la Iglesia, incluyendo  los negocios de la Iglesia, la publicación de todos los materiales de la Iglesia incluyendo las versiones en línea.  En total, catorce departamentos de la Iglesia, reportan al Obispado Presidente. Si tuviera que consolidar en una sola frase lo que he comentado, seria, “Preparar el camino”.

Con nuestra responsabilidad de los asuntos temporales de la Iglesia, con cada empleado alrededor del mundo que nos reporta, colectivamente cumplimos cabalmente el papel de Juan el Bautista cuando el ejerció sus llaves del Sacerdocio Aarónico y preparo el camino del Salvador.

Que agregare en esta mañana para tener que hacer con una declaración asociada con la palabra “preparar” encontrada en la bien conocida parábola de las 10 vírgenes. En esta parábola queda claro que 10 mujeres estaban ansiosas esperando la llegada del esposo, pero aprendemos que a la llegada solo las que estaban preparadas entraron con él. De antemano no sabemos si a la llegada del esposo las 10 vírgenes estuvieran preparadas, desafortunadamente solo 5 lo estuvieron.

¿Están ustedes listos? Esta es una pregunta que respondemos a través de nuestras vidas de una forma u otra. Podría ser de otra forma como ¿están ustedes listos para su examen final? ¿Están listos para su cita?

Desde una perspectiva del evangelio, existen una lista de eventos significantes que nos preparan, estos pueden ser ¿están listos para su ordenación? ¿Están listos para su misión? Y ¿están listos para ser sellados a su compañero eterno?

En el día a día cada uno de nosotros podemos preguntarnos si estamos listos para orar o si estamos listos para dar servicio o quizás dar una bendición o responder a una impresión.

Como saben, el Presidente Nelson frecuentemente ha hablado de la importancia de nuestro deber para el recogimiento de Israel. En la reciente conclusión de la Conferencia General, el enseño que “el recogimiento es una parte esencial para ayudar a preparar el mundo y su gente para la segunda venida del Señor”. Cuando el profeta dice “preparar al mundo y su gente“, él no está hablando de un grupo genérico – él está hablando de ustedes y de mí, es acerca de nosotros, individual y colectivamente.  En adición a esto, esta preparación no solo es exclusiva para el día cuando el Salvador regrese – no importando cuando sea – pero él se está refiriendo al día cuando cada uno de nosotros tendrá la oportunidad de estar de pie ante el para dar cuenta de nuestras vidas,  si cruzamos el velo antes de su regreso o si aún estamos en esta vida mortal cuando este extraordinario evento tome lugar. ¿Cuál de las vírgenes seremos? ¿Estaremos listos?

Estar preparados  y responder la pregunta ¿están ustedes listos? no significa ¿son ustedes perfectos? Esto no es una competencia con alguien más, esto no significa ¿son ustedes mejores que sus vecinos? Lo que importa es hacer nuestro mejor esfuerzo en nuestra vida – planeado o no planeado – y confiando en el Señor para hacer la diferencia para hacer aquello que nos falta.

La expiación de Jesucristo – la cual es infinita e individual – está diseñada para hacer la diferencia. El adversario por otro lado, hará todo lo posible y pondrá cada obstáculo que él pueda para impedir nuestro progreso y evitar que estén listos. Él quiere confundirte para evitar cumplir con tu destino divino y como heredero de la exaltación.

 

CONCÉNTRATE EN LO ESENCIAL

 

Como parte del obispado presidente y para preparar la manera de responder positivamente la pregunta ¿están listos? nos esforzamos siempre un principio en particular: concéntrate en lo esencial. Significa un esfuerzo dentro de lo varios departamentos  de nuestra administración para poder determinar lo que es bueno y lo esencial. Permítanme compartir una experiencia que me enseñó a distinguir entre ambas.

A principio de este año, tuve la oportunidad de viajar con Carol a Jerusalén por primera vez como una asignación del obispado presidente. Después de unos días de reuniones en el Centro de estudios de Jerusalén en BYU, un día fue posible visitar la ciudad y los sitios asociados con la vida del Salvador. Tengo una licenciatura en historia y estoy fascinado con aquellos lugares donde los eventos históricos tuvieron lugar, tratando de imaginar en mi mente como debieron haber sido en lugares muy específicos. Viajamos con un extraordinario profesor de BYU y estaba emocionado cuando nos acercábamos al primer lugar.

Cuando llegamos a cierto lugar, el profesor describió como fue un evento en específico de la vida del Salvador y como había ocurrido, entonces él dijo algo como “en algún lugar cercano”. Esto me puso un poco a la defensiva, yo quería saber exactamente donde había ocurrido. Quería ver la placa en la tierra que decía aquí el Señor bendijo, sano o enseño.

Un poco decepcionado, nos movimos al siguiente sitio, ¿y ustedes saben que sucedió? De nuevo escuche “en algún lugar cercano”. Comencé a sentirme un poco irritado, cuando esto sucedió por tercera vez. Comencé a sentirme molesto, pero en un instante, recibí en un instante una fuerte corrección del Espíritu. En mi mente claramente escuche las palabras “Cris, detente, detente ahora”. El Espíritu tuvo mi atención y continuo “No es donde sucedió lo importante, es que sucedió, ¿lo entiendes?”

Esta fue una experiencia que no he olvidado y la cual he reflexionado muchas veces desde entonces. Me ayudo a entender que algunas cosas pueden ser buenas o mejores conocer o hacer, pero hay otras que son absolutamente saber, en especialmente las que nos ayudan a estar preparados.

El Salvador enseño el mismo principio cuando el ceno con Martha y María, ustedes recuerdan el evento, en Lucas leemos:

 

38 Y aconteció que, prosiguiendo ellos su camino, Jesús entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.

39 Y esta tenía una hermana que se llamaba María, la que, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.

40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres; y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.

41 Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.

42 Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

 

Solo como el Salvador distingue entre lo bueno y lo necesario o lo esencial, estoy seguro que muchos de ustedes pueden pensar en muchas cosas que pueden ser esenciales para nosotros en  nuestra preparación para estar listo en cualquier momento. Permítanme compartir tres cosas que son esenciales – tal como es enseñado por los profetas vivientes – y que bendecirán nuestras vidas en tanto que las apliquemos.

 

  1. Adoración en el Templo.
  2. El Libro de Mormón.
  3. Participar de los Sacramentos.

 

1.Adoración en el Templo.

 

Desde su llamamiento como profeta, vidente y revelador y presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Presidente Nelson ha enseñado directa e indirectamente la importancia del Templo y las sagradas ordenanzas en las que participamos y los convenios sagrados que hacemos. Él ha enseñado directamente por lo que ha enseñado e indirectamente por los muchos templos que ha anunciado. Y esto no se va a detener. En la reciente Conferencia General, el enseño “La joya de la obra de la Restauración es el Santo Templo, Sus sagradas ordenanzas y convenios son fundamentales para preparar a un pueblo que este escogido para recibir al Señor en su segunda venida”.

En un mundo que está incrementando el secularismo y la confusión espiritual, la casa del Señor sirve como un oasis en el desierto. En su casa encontramos paz y seguridad de las distracciones del mundo y somos instruidos respecto a nuestra relación con nuestro Padre Celestial y su hijo Jesucristo y nuestra relación eterna con el plan de exaltación de su hijo. Cada vez que asistimos al templo – en todo lo que escuchamos, en todo lo que hacemos y en todo lo que decimos, en cada ordenanza que participamos y en cada convenio que realizamos – estamos apuntando hacia nuestro Salvador y Redentor. Tal como el Presidente Nelson explico “La base de cada ordenanza  y convenio del Templo – es la Expiación de Jesucristo”

Tal como el Señor mando a Nefi “levántate y sube a la montaña” – el cual fue el templo de Nefi en el desierto donde el Señor le enseño a Nefi como construir un barco para llevar a su familia a la tierra prometida – nosotros también, a través de las ordenanzas y convenios del templo, somos enseñados en el templo que debemos saber y que debemos hacer para prepararnos nosotros mismos para entrar a la presencia del Salvador y regresar completamente seguros a nuestro hogar celestial.

Todos nosotros entendemos que las respuestas a nuestras oraciones provienen de diferentes maneras. Esto puede ser cuando oramos a una lado de nuestra cama, cuando estudiamos las escrituras, cuando escuchamos un discurso de la conferencia general, o en otra varias formas de respuesta, pero el Señor ha dejado en claro que hay “grandes cosas” para aquellos que tienen la voluntad de pagar el precio y ser dignos de “subir al monte del Señor.”

Asistir al templo tan frecuente como sea posible – incrementa nuestra voluntad de aprender y aplicar lo que hemos aprendido en el Templo. Las grandes enseñanzas del Templo serán escritas en nuestros corazones y mentes, y las bendiciones asociadas a la asistencia al Templo será un recordatorio y de los convenios que hacemos.

El Presidente Nelson no pudo ser más claro sobre el papel del Templo en nuestras vidas cuando el aconsejo:

“Nuestra necesidad de estar en el Templo como algo básico nunca has sido tan grande…si ustedes tienen un acceso razonable, les animo a encontrar la manera de hacer una cita con el Señor – para asistir a su santa casa  – entonces mantengan esa cita con exactitud y gozo. Les prometo les brindara los milagros que él sabe que ustedes necesitan al hacer los sacrificios para servirle y adorarle en su templo”.

 

2 .El Libro de Mormón

 

En Predicar mi Evangelio, un manual que muchos de ustedes están familiarizados o que se familiciaran, somos enseñados que “como una parte esencial de la conversión es recibir un testimonio por parte del Espíritu Santo que el Libro de Mormón es verdadero”.

Leer el Libro de Mormón con verdadera intención para saber si es verdadero y recibir el testimonio del Espíritu Santo de su origen divino es bueno, pero mantener ese testimonio, eso realmente produce un impacto que todas las decisiones que hacemos es esencial. Hablando a los miembros de la Iglesia “establecidos en la ciudad de Zarahemla”, el profeta Alma hizo una pregunta que es digna de consideración.

Y ahora os digo, hermanos míos, si habéis experimentado un cambio en el corazón, y si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora? Alma 5:26

Para sentirlo ahora, requiere más que solo leer el Libro de Mormón una ocasión. El mundo está en un estado el cual necesitamos una constante renovación espiritual y conversión que la provee el Libro de Mormón, aun si ya experimentamos ese cambio en el corazón.

Nunca el amplio y espacioso edificio que Lehi describió en su sueño del árbol de la vida has sido más  concurrido o más ruidoso con sus ventanas abiertas, mas equivocado, burlón o confuso en nuestros días. En la visión de Lehi leemos que hay dos grupos de personas que responden a los gritos que salen del edificio. En 1 Nefi 8, leemos:

 

26 Y yo también dirigí la mirada alrededor, y vi del otro lado del río un edificio grande y espacioso que parecía erguirse en el aire, a gran altura de la tierra.

27 Y estaba lleno de personas, tanto ancianas como jóvenes, hombres así como mujeres; y la ropa que vestían era excesivamente fina; y se hallaban en actitud de estar burlándose y señalando con el dedo a los que habían llegado hasta el fruto y estaban comiendo de él.

28 Y después que hubieron aprobado del fruto, se avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron.

En el versículo 33, leemos de otros respondieron de diferente manera a las burlas del edificio, y de pie con el profeta, encontramos dos frases, primero, “después de haber probado” y segundo, “aquellos que participaron”.

El primer grupo había llegado al árbol y estando de pie junto al profeta, pero solo habían probado el fruto. Por causa de que ellos no continuaron comiendo el fruto, ellos permitieron que las burlas del edificio les afectaran, llevándolos a senderos prohibidos, donde se perdieron.

En contraste con el otro grupo, que habían probado el fruto y habían abandonado aquellos que fueron encontrados participando continuamente del fruto. Estos ignoraron la conmoción del edificio, de pie a un lado del profeta, disfrutaron la seguridad y la paz. El estudio frecuente del Libro de Mormón, nos permite continuamente participar, nos permite estar seguros espiritualmente y nos fortalece en nuestro compromiso con el Señor y sus siervos. El incumplimiento nos deja vulnerables para aquellos que buscan impedir nuestro progreso y destruir nuestra paz.

Hermanos y hermanas, el adversario es real. Él nos ofrece soluciones falsas que en ocasiones pueden parecer soluciones pero que nos alejan de la paz que buscamos. El ofrece un espejismo que tiene la apariencia de legitimidad y seguridad pero que al final es como el edificio grande y espacioso, el cual colapsara, destruyendo a todos aquellos que busquen protección dentro de él.

El Elder D. Todd Christoferson del Quorum de los Doce Apóstoles, nos recuerda, “El Libro de Mormón es un tesoro incomparable y es el instrumento de conversión que el Señor ha preparado y diseñado para nuestra dispensación”

Por último, no es cuantas veces leemos el Libro de Mormón de tapa a tapa, que es importante pero el cómo aplicamos lo que hemos estudiado en nuestro propósito de llegar a ser más como el Salvador, ese es el reto, nuestro estudio del Libro de Mormón debe ser nuestro propósito de toda la vida.

 

 3.Participar de los Sacramentos

 

En el Libro de Mormón, leemos, “Y se reunían con frecuencia para participar del pan y vino, en memoria del Señor Jesús. “Moroni 6:6. Las escrituras modernas reafirman eso.  “Conviene que la iglesia se reúna a menudo para tomar el pan y el vino en memoria del Señor Jesús”; DyC 20:75

El énfasis en cada uno de estos pasajes no es sobre el porcentaje de tiempo que gastamos en la Iglesia sino más bien el propósito principal de nuestra adoración: el participar de los emblemas del sacrificio de Cristo, el cual es y debe recordar, el elemento esencial y el “centro sagrado” del día de Reposo.

Cada domingo somos participes de tener una experiencia similar a la que tuvieron los sobrevivientes de la destrucción que ocurrió en el tiempo de la crucifixión del Salvador, la cual es descrita en el Libro de Mormón.  Después de “descender del cielo” y presentarse el mismo como “Jesucristo…la luz y la vida del mundo”, el Salvador extendió una invitación a la multitud, diciendo:

“Levantaos y venid a mí, para que metáis vuestras manos en mi costado, y para que también palpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo.” 3Nefi 11:14

Después de aproximarse al Salvador , uno por uno, viendo y sintiendo por ellos mismo que él era “del que habían escrito los profetas, que habría de venir” la multitud entera exclamo a una  voz diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito sea el nombre del Más Alto Dios! Y cayeron a los pies de Jesús, y lo adoraron.

Cada día de Reposo, en cada reunión sacramental, tenemos el privilegio simbólicamente de tomar en nuestras manos los emblemas de su muerte – recordando su gran sacrificio, hecho por cada uno de nosotros.

Podemos como aquellos que vieron y sintieron, gritar dentro de nuestros corazones “Hosanna, Bendito el nombre del más alto Dios. Participar en su sagrada ordenanza nos permite renovar y también hacer convenios, ser limpiados y santificados por el Espíritu, y para ser ayudados y enseñados a través de las oraciones sacramentales, tanto del pan como del agua, para “siempre recordarle”, para estar siempre listos.

Así que, cada cosa que realizamos nos llevara a nuestro día de Reposo en la iglesia, no solo con la habilidad y determinación de siempre recordarle, de guardar sus mandamientos y tener la voluntad de tomar sobre nosotros su nombre. Tendremos el más grande don que Dios nos puede dar en la mortalidad, la habilidad de siempre tener su Espíritu como nuestro compañero constante.

La importancia y la esencia natural del don de Espíritu es clara cuando escuchamos las palabras del Presidente Nelson, quien nos advirtió “vienen días, que no será posible sobrevivir espiritualmente sin la guía, dirección, consuelo y la constante influencia del Espíritu Santo”.

Conociendo el mundo en el que vivimos y la absoluta necesidad del Espíritu en nuestras vidas, nuestro Padre en los cielos nos ha provisto una manera de ser limpiados y santificados cada semana, haciendo posible regresar al mundo vestidos con el poder e influencia disponible que se tiene a través de la compañía del Espíritu.

Existen algunos que ven que los pocos minutos en se lleva a cabo al ordenanza de los sacramentos es una cosas pequeña, no valoran el poder y el significad de esta ordenanza establecida por el Salvador mismo por mandamiento “Y esto siempre procurareis hacer esto”.

El presidente Dallin H. Oaks nos recuerda acerca de las cosas simples y sencillas.

Aunque cada una de estas prácticas pueda parecer pequeñas y simples, con el tiempo dan el resultado de un poderoso elevamiento y crecimiento espiritual. Esto ocurre porque cada una de esas cosas pequeñas y simples, invitan a la compañía del Espíritu Santo, el cual nos testifica, nos ilumina y nos guía hacia la verdad.

El poderoso crecimiento espiritual mencionado por el Presidente Oaks, y la asociación con la compañía del Espíritu Santo hace esto posible para nosotros y realiza más de lo que nosotros podemos hacer por nosotros mismos, no importa los talentos y habilidades que poseemos.

Confíen en el Señor

En nuestros esfuerzos por prepararnos, en nuestros esfuerzos por estar listos, somos provistos con la dulce garantía por medio del profeta Alma en el cual nos recuerda que el Salvador “y que tiene todo poder para salvar a todo hombre que crea en su nombre y dé fruto digno de arrepentimiento.” Los resultados de nuestros esfuerzos traerán como resultado el fruto visible de nuestro comportamiento, pero las semillas de ese fruto, son típicamente sembrados en privado, en los quietos momentos de decisión. Más de lo que se ve en público, es lo que hacemos en lo privado – cuando nadie a excepción de nosotros y el Señor somos conscientes de nuestros pensamientos y de las decisiones que tomamos – lo que nos aparta del mundo.

Solo como los siervos de la parábola de los talentos, quienes fueron asignados sus talentos de acuerdo a varias habilidades, el Señor no nos pedirá más de que somos capaces de realizar.  Así que mientras que ustedes están aquí como estudiantes de BYU y más allá,  concentrándose en lo esencial y confiando en el Señor, ¡ustedes estarán listos!

Ustedes estarán preparados para tomar su lugar en una carrera y en su familia y también para servir en su reino porque ustedes fueron preparados para este tiempo en la historia de la creación, para ayudar a reunir a Israel y preparar el regreso de su Hijo, Jesucristo. El confía en ustedes.

Él también te probara, porque es la manera en que progresamos. No obstante las pruebas, les testifico tal como Nefi declaro “sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía para que cumplan lo que les ha mandado.”

Hermanos y hermanas, sé que Dios vive. Sé que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Sé que José Smith vio lo que dijo que vio en esa arboleda y que el Presidente Russell M. Nelson es el portavoz autorizado por Dios, que es un profeta, vidente y revelador. Que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es el reino de Dios sobre la tierra, testifico de estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amen

La última cena de Melva

Por Cheryl Harward Wilcox

La autora vive en Utah, EE. UU.

“¿Te gustaría intentar tomar la Santa Cena?”, pregunté a mi madre moribunda.

Mi madre vivió hasta los noventa y dos años; falleció hace poco. Ella estaba en el hospital cuando los médicos decidieron que no había nada más que se pudiera hacer, salvo mantenerla lo más cómoda posible hasta que falleciera.

Mientras hacíamos los preparativos para llevarla a casa, dos hermanos de un barrio local entraron en la habitación y me preguntaron si mi madre querría tomar la Santa Cena. Primero les dije: “No, gracias”; mamá apenas podía tragar. Luego dije: “Pensándolo bien, déjenme preguntarle”. Me incliné y le dije al oído: “Hay dos poseedores del sacerdocio aquí, ¿te gustaría intentar tomar la Santa Cena?”. Con una voz débil, pero clara, respondió: “Sí”.

Después de la bendición, tomé un pedazo de pan de la bandeja, partí una pequeña migaja y suavemente se la coloqué en la boca. La masticó por un rato y en voz baja me disculpé con los hombres porque tardaba tanto; ellos me aseguraron que estaba bien. Después de la segunda oración, tomé un pequeño vaso de plástico y lo sostuve sobre sus labios. Ella solo tomó un pequeño sorbo, pero me sorprendió lo bien que pudo tragar el agua.

Agradecí a los hermanos y se fueron a la próxima habitación. Alrededor de una hora después, mamá falleció tranquilamente.

En los días siguientes, me di cuenta del momento sagrado que se me permitió compartir con mi madre. Lo último que hizo en esta vida fue tomar la Santa Cena. La última palabra que dijo fue “Sí”; sí a recibir la Santa Cena, sí a ofrecer su sacrificio de “un corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20), sí a tomar sobre sí el nombre de Jesucristo y prometer recordarlo siempre, sí a recibir Su Espíritu. Lo último que sus labios tocaron fueron los emblemas de la Santa Cena.

¡Cuán dulce debe haber sabido para ella su última cena! Aunque demasiado débil para moverse o hablar, ¡cuán viva en Cristo debe haberse sentido! Cuán agradecida se habrá sentido por Su poder redentor y habilitador, el cual la ayudó a pasar los últimos momentos de su trayecto terrenal y le dio la esperanza de la vida eterna.

Cada semana, al participar de la Santa Cena, agradezcamos la oportunidad que tenemos de renovar nuestros convenios y sentir el perdón y la gracia a medida que nos esforzarnos por llegar a ser más como nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo. Entonces, el pan y el agua serán para nosotros, como deben haber sido para mi madre, “más dulce que todo lo dulce… más puro que todo lo puro” (Alma 32:42).