Cómo obtener revelación e inspiración en tu propia vida.

Por el élder Richard G. Scott

Cualquiera que se encuentre en este púlpito para dar un mensaje siente la fortaleza y apoyo de los miembros de todo el mundo. Estoy agradecido porque ese mismo apoyo puede provenir de una compañera amada del otro lado del velo. Gracias, Jeanene.

El Espíritu Santo comunica la información importante que necesitamos para guiarnos durante nuestra jornada terrenal. Cuando es nítida, clara y esencial, merece el título de revelación; y cuando constituye una serie de impresiones que tenemos con frecuencia para guiarnos paso a paso hacia un objetivo digno, para los fines de este mensaje, es inspiración.

Un ejemplo de revelación podría ser la dirección que el presidente Spencer W. Kimball recibió después de una larga y continua súplica al Señor acerca de proporcionar el sacerdocio a todos los varones dignos de la Iglesia en una época en que sólo estaba disponible para algunos de ellos.

Otro ejemplo de revelación es la guía que recibió el presidente Joseph F. Smith: “Creo que nos movemos en la presencia de mensajeros y seres celestiales y que nuestro ser se halla entre ellos. No estamos separados de ellos… estamos íntimamente relacionados con nuestros parientes, con nuestros antepasados… que han llegado antes que nosotros al mundo de los espíritus. No podemos olvidarlos; no cesamos de amarlos; siempre los tenemos en el corazón, en la memoria; así nos relacionamos con ellos y nos unen a ellos vínculos que no podemos quebrantar… Si así es con nosotros en nuestra condición finita, rodeados de nuestras debilidades carnales… cuánto más cierto… es creer que quienes han sido fieles, que están más allá de esta vida… nos ven mejor que nosotros a ellos; …vivimos en su presencia… ellos nos ven… están atentos a nuestro bienestar… nos aman ahora más que nunca. Porque ahora ellos ven los peligros que nos asechan, …su amor por nosotros y su afán por nuestro bienestar deben ser mayores de los que sentimos por nosotros mismos1.

La relación con las personas que conocemos y amamos se pueden fortalecer a través del velo. Eso se logra mediante un empeño firme para hacer lo correcto continuamente. Podemos fortalecer nuestra relación con la persona que ha partido, a quien amamos, al reconocer que la separación es temporal y que los convenios que hacemos en el templo son eternos. Cuando se obedecen constantemente, dichos convenios aseguran el cumplimiento eterno de las promesas inherentes a ellos.

Un caso claro de revelación en mi vida tuvo lugar cuando recibí la firme impresión del Espíritu de pedirle a una hermosa joven llamada Jeanene Watkins, con la que había estado saliendo, que se sellara a mí en el templo.

Una de las grandes lecciones que cada uno de nosotros debe aprender es la de pedir. ¿Por qué desea el Señor que oremos a Él y le pidamos? Porque así es cómo se recibe la revelación.

Cuando afronto un asunto muy difícil, esto es lo que hago para tratar de comprender qué hacer: ayuno y oro para encontrar y entender las Escrituras que serán de ayuda. Ese proceso es cíclico. Comienzo leyendo un pasaje de las Escrituras, medito sobre el significado del versículo y oro por inspiración. Después, medito y oro para saber si he entendido todo lo que el Señor desea que yo haga. A menudo vienen más impresiones, con un entendimiento mayor de la doctrina. He descubierto que ese modelo es una buena manera para aprender de las Escrituras.

Hay algunos principios prácticos que realzan la revelación. Primero, ceder a las emociones como la ira, el malestar o el ponerse a la defensiva alejará al Espíritu Santo. Esas emociones se deben eliminar o nuestra oportunidad de recibir revelación se verá reducida.

Otra regla es ser cautos con el sentido del humor. Las risotadas ofenderán al Espíritu. El buen sentido del humor ayuda a la revelación, las risotadas no. El buen sentido del humor es una válvula de escape para las presiones de la vida.

Otro enemigo de la revelación proviene de la exageración o de hablar en voz muy alta. Un hablar cuidadoso y calmo será favorable para recibir revelación.

Por otro lado, la comunicación espiritual mejora con buenos hábitos de salud. El ejercicio, dormir el tiempo razonable y los buenos hábitos de alimentación aumentan nuestra capacidad para recibir y entender la revelación. Viviremos durante nuestro período de vida asignado; sin embargo, podemos mejorar tanto la calidad de nuestro servicio como nuestro bienestar tomando decisiones apropiadas y prudentes.

Es importante que nuestras actividades diarias no nos distraigan de escuchar al Espíritu.

Se puede recibir revelación mediante un sueño, cuando hay casi una transición imperceptible entre el estar dormido y el despertar. Si te esfuerzas por aprehender su contenido de inmediato, podrás registrarlo con gran detalle; si no, se esfumará con rapidez. Por lo general, a la comunicación inspirada durante la noche la acompaña un sentimiento sagrado durante toda la experiencia. El Señor utiliza personas a quienes les tenemos un gran respeto para enseñarnos verdades en un sueño, puesto que confiamos en ellas y escucharemos su consejo. Es el Señor quien está enseñando mediante el Espíritu Santo; sin embargo, en un sueño, Él puede hacer que nos sea más fácil entender y que se conmueva más nuestro corazón enseñándonos mediante alguien que amamos y respetamos.

Cuando es para los propósitos del Señor, Él puede traer cualquier cosa a nuestra memoria. Eso no debe debilitar nuestra determinación de registrar las impresiones del Espíritu. La inspiración que se registra con cuidado demuestra a Dios que Sus comunicaciones son sagradas para nosotros. El registrarlas aumentará nuestra capacidad de recordar la revelación. Esos registros de la dirección del Espíritu deben protegerse para que no se pierdan y para evitar la intromisión de otras personas.

Las Escrituras confirman con elocuencia cómo el vivir la verdad constantemente abre la puerta a la inspiración a fin de saber qué hacer y, cuando sea necesario, que nuestra capacidad personal sea realzada por el poder divino. Las Escrituras describen cómo el Señor fortalecía la capacidad de una persona para conquistar la dificultad, la duda y los desafíos que parecían insuperables en momentos de necesidad. Al meditar sobre esos ejemplos, vendrá una serena confirmación por medio del Espíritu Santo de que esas experiencias son verdaderas. Llegarás a saber que una ayuda similar está disponible para ti.

He visto a algunas personas afrontar desafíos que sabían lo que tenían que hacer cuando ello estaba más allá de su propia experiencia debido a que confiaban en el Señor y sabían que Él los guiaría a encontrar las soluciones que tan urgentemente se requerían.

El Señor ha declarado: “Y a vosotros se os enseñará de lo alto. Santificaos y seréis investidos con poder, para que impartáis como yo he hablado”2. La palabra santificaos te puede parecer desconcertante. El presidente Harold B. Lee explicó una vez que uno puede reemplazar esa palabra con “guardad mis mandamientos”. Al leerlo de ese modo el consejo podría parecer más claro3.

Uno siempre debe estar mental y físicamente limpio, y tener una intención pura, para que el Señor pueda inspirar. El Señor confía en aquel que es obediente a Sus mandamientos. Esa persona tiene acceso a la inspiración de Él para saber qué hacer y, según sea necesario, tener el poder divino para hacerlo.

Para que la espiritualidad sea más fuerte y esté más disponible, se debe implantar en un entorno de rectitud. La altanería, el orgullo y la jactancia son como un pedregal que nunca producirá fruto espiritual.

La humildad es un terreno fértil donde la espiritualidad crece y produce el fruto de la inspiración para saber qué hacer; da paso al poder divino para lograr lo que debe hacerse. Una persona motivada por el deseo de elogios o de reconocimiento no será merecedora de las enseñanzas del Espíritu. El Espíritu no guiará poderosamente a alguien que sea arrogante o que deje que sus emociones influyan en sus decisiones.

Cuando actuamos como instrumentos en beneficio de los demás somos más fácilmente inspirados que cuando pensamos solamente en nosotros mismos. En el proceso de ayudar a los demás, el Señor puede agregar direcciones para nuestro propio beneficio.

Nuestro Padre Celestial no nos puso en la tierra para que fracasemos, sino para que triunfemos gloriosamente. Podría parecer paradójico, pero ésa es la razón por la que reconocer las respuestas a nuestras oraciones a veces puede ser muy difícil. A veces tratamos imprudentemente de afrontar la vida dependiendo de nuestras propias experiencias y capacidad. Es mucho más sabio procurar saber qué hacer mediante la oración y la inspiración divina. Nuestra obediencia nos asegura que, cuando se lo requiera, seamos merecedores del poder divino para lograr un objetivo inspirado.

Como muchos de nosotros, Oliver Cowdery no reconoció la evidencia de las respuestas a las oraciones que el Señor ya le había dado. Para abrir sus ojos, y los nuestros, se dio esta revelación mediante José Smith:

“…bendito eres por lo que has hecho; porque me has consultado, y he aquí, cuantas veces lo has hecho, has recibido instrucción de mi Espíritu. De lo contrario, no habrías llegado al lugar donde ahora estás.

“He aquí, tú sabes que me has preguntado y yo te iluminé la mente; y ahora te digo estas cosas para que sepas que te ha iluminado el Espíritu de verdad”4.

Si sientes que Dios no ha contestado tus oraciones, medita en estas Escrituras; después, busca detenidamente evidencias en tu propia vida, puesto que Él ya podría haberte contestado.

Dos indicadores de que un sentimiento o impresión provienen de Dios son que produce paz en tu corazón y un sentimiento calmo y cálido. A medida que sigas esos principios de los que he hablado, estarás preparado para reconocer la revelación en momentos críticos de tu propia vida.

Cuanto más cerca sigas la guía divina, más grande será tu felicidad aquí y en la eternidad; asimismo, más grandes serán tu progreso y capacidad para servir. Yo no entiendo en su plenitud cómo se hace, pero esa guía en tu vida no te quita el albedrío. Tú puedes tomar las decisiones que desees; pero recuerda que la disposición de hacer lo correcto brinda paz a la mente y felicidad.

Si tus decisiones son incorrectas, pueden rectificarse mediante el arrepentimiento. Cuando las condiciones se cumplen plenamente, la expiación de Jesucristo, nuestro Salvador, proporciona un alivio de las demandas de la justicia por los errores cometidos. Es maravillosamente sencillo y tan incomparablemente hermoso. Al continuar viviendo rectamente, serás siempre inspirado para saber lo que debes hacer. En ocasiones, descubrir qué decisión tomar requerirá un empeño significativo y confianza de tu parte; sin embargo, serás inspirado para saber qué hacer al cumplir con las condiciones que se requieren para tener esa guía divina en tu vida, o sea, obediencia a los mandamientos del Señor, confiar en Su plan divino de felicidad y evitar todo lo que sea contrario a él.

La comunicación con nuestro Padre Celestial no es un asunto trivial. Es un privilegio sagrado. Está basada en principios eternos que no cambian. Recibimos ayuda de nuestro Padre Celestial en respuesta a nuestra fe, obediencia y al uso apropiado del albedrío.

Que el Señor te inspire para comprender y usar los principios que conducen a la revelación personal y a la inspiración. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Conference Report, abril de 1916, págs. 2–3. Véase también, Joseph F Smith, Doctrina del Evangelio, págs. 424–425.
  2. Doctrina y Convenios 43:16.
  3. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2000, pág. 34.
  4. Doctrina y Convenios 6:14–15.
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Traducción de las Escrituras: En el idioma del corazón

Por R. Val Johnson

Revistas de la Iglesia

Innumerables experiencias muestran la mano del Señor en la obra de traducir Sus Escrituras.

Esa experiencia es familiar para aquellos que han participado en la traducción de las Escrituras del inglés a otros idiomas. Sucede una y otra vez.

Un joven armenio que sostiene un ejemplar del Libro de Mormón que se acaba de traducir en su idioma se acerca a un miembro del equipo que colaboró en la traducción: “Gracias”, dice. “He leído el Libro de Mormón en inglés; lo he leído en ruso, y lo he leído en ucraniano; pero hasta que pude leerlo en armenio, no lo entendí perfectamente. Cuando lo leí en armenio, por fin tuvo sentido; era como volver a casa”.

De regreso a casa

Si el evangelio de Jesucristo es nuestro hogar espiritual, entonces es justo que nos sintamos cómodos y que nos sea familiar. En casa descansamos y nos nutrimos; hablamos con nuestros seres queridos en el idioma que se nos enseñó en el regazo de nuestra madre. Ese es el idioma de nuestro corazón y, en vista de que el Evangelio debe tocar el corazón, el leer las Escrituras en el idioma de nuestro corazón es de suma importancia.

En Doctrina y Convenios se sugiere lo mismo. Allí, el Señor revela que por medio de las llaves del sacerdocio que posee la Primera Presidencia, “el brazo del Señor se manifestará con poder para convencer a las naciones… del evangelio de su salvación.

“Porque acontecerá que en aquel día todo hombre oirá la plenitud del evangelio en su propia lengua y en su propio idioma, por conducto de los que son ordenados a este poder, mediante la administración del Consolador, derramado sobre ellos para revelar a Jesucristo” (D. y C. 90:10–11).

Jim Jewell, quien trabajó en el equipo de traducción de las Escrituras en las Oficinas Generales de la Iglesia, relata una historia de cómo las Escrituras nos afectan personalmente cuando se traducen al idioma del corazón:

“En la traducción del Libro de Mormón al sesoto, la lengua de la nación africana de Lesoto, teníamos que encontrar a alguien que nos ayudara a evaluar el trabajo del equipo de traducción. El supervisor del proyecto, Larry Foley, encontró a una miembro de la Iglesia, de Lesoto, que era estudiante graduada de la Universidad Utah State. En Lesoto, la educación se imparte en inglés, por lo que esa hermana y sus hijos habían estudiado en inglés desde el primer grado, pero todavía conversaban en sesoto en su hogar.

“Ella accedió a trabajar en la traducción. La evaluación que hacía de los capítulos que le enviábamos era sumamente útil. Solíamos hacerle preguntas específicas sobre el vocabulario y la estructura de la lengua, para lo cual ella siempre proporcionó comentarios útiles. Sin embargo, notamos que había iluminado en amarillo muchos versículos que no estaban relacionados con nuestras preguntas. Cuando le preguntamos acerca de los versículos iluminados, dijo: ‘Ah, esos son versículos que me llegaron profundamente al corazón y que nunca había entendido completamente en inglés. Los iluminé para poder compartirlos con mis hijos’”.

Un modelo para la traducción de las Escrituras

La traducción de la Biblia tiene una historia larga y fascinante, comenzando con la traducción de partes del Antiguo Testamento del hebreo al griego. Más tarde, la Biblia fue traducida del griego al latín, y del latín, el hebreo y el griego al inglés y a un sinfín de otros idiomas1. Por consiguiente, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no traduce la Biblia a diferentes idiomas, sino que adopta versiones ya aceptadas como acreditadas por parte de los cristianos que hablan esos idiomas2.

De modo que la mayor parte de la traducción que la Iglesia hace de las Escrituras es del Libro de Mormón (el primero que se tradujo), Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. El idioma del que se traducen estos libros es el inglés, el idioma en el que el profeta José Smith los reveló, el idioma de su corazón. El proceso que se utiliza para traducir las Escrituras a idiomas distintos del inglés debe ser familiar para los estudiantes de la historia de la Iglesia. En su mayor parte, es el mismo proceso que el Profeta utilizó para traducir el Libro de Mormón al inglés.

José Smith era un humilde muchacho de granja con poca formación académica; pero tenía las cualidades y el potencial que el Señor necesitaba para la obra que tenía que llevarse a cabo. De hecho, José y su familia fueron preparados y colocados en el lugar preciso para efectuar exactamente esa obra3.

José también recibió ayuda, tanto divina como mortal, al traducir los anales nefitas. El ángel Moroni visitó a José cada año durante cuatro años antes de permitirle obtener los anales. No sabemos todo lo que Moroni enseñó al Profeta, pero, al parecer, sus visitas lo prepararon espiritual y mentalmente para la tarea que yacía por delante4.

El Señor también preparó con anticipación “intérpretes” como medio para traducir un lenguaje perdido. Esos intérpretes se describieron como dos piedras transparentes unidas con anillos de metal y, junto con un instrumento similar llamado piedra vidente, ayudaron al Profeta a traducir los anales nefitas al inglés. El Profeta no dio detalles sobre el proceso, simplemente declaró que tradujo el Libro de Mormón por “el don y el poder de Dios”5.

Además de la ayuda divina que se le brindó, José tuvo ayuda terrenal en la forma de escribas que produjeron la copia escrita que, al final, otras personas compusieron tipográficamente, imprimieron, costearon y distribuyeron al mundo.

De una manera similar a la preparación y a la ayuda que José recibió en su obra de traducción, el Señor prepara a las personas a quienes se ha delegado la tarea de traducir las Escrituras hoy día, y reciben ayuda en su trabajo, tanto divina como mortal.

Una obra de revelación

Al riguroso proceso de traducción lo acompaña una energía espiritual que quizás se describa mejor como “revelación por consejo”. Las dos o tres personas a quienes se selecciona como traductores forman un equipo con otros para efectuar el trabajo. Cuentan con supervisores de las Oficinas Generales de la Iglesia, correctores locales, un léxico o lista de palabras de referencia6, guías de traducción, programas de computadora y el apoyo eclesiástico que asciende hasta la Primera Presidencia. (Véase el cuadro adjunto). Cuando la Primera Presidencia da la aprobación final de una traducción, el trabajo entonces se compone tipográficamente, se imprime y se distribuye. Después de haberlo preparado en formato digital, también se publica en LDS.org y en la aplicación de Gospel Library.

Esa labor colaborativa es intensa e inspirada y requiere atención minuciosa a la calidad del contenido y a la calidad del formato en el que se entrega. Las traducciones se revisan a muchos niveles, especialmente a nivel eclesiástico, en el cual se procura la aprobación del Señor. Una traducción sigue adelante únicamente cuando se recibe esa aprobación. Si bien no es precisamente reveladora en la forma en la que el profeta José Smith tradujo el Libro de Mormón, el Señor claramente guía el proceso, tanto mediante Sus dones como por Su poder.

Eso no quiere decir que una traducción sea perfecta cuando primeramente se termina. Muchas veces, el tiempo y las revisiones adicionales que llevan a cabo aquellos que estudian las Escrituras sugieren mejoras en la gramática y el vocabulario, o encuentran errores de composición tipográfica o de ortografía. En raras ocasiones se realizan cambios en la explicación de la doctrina; en el caso de que se lleven a cabo, se hacen bajo la dirección de la Primera Presidencia.

El Señor proporciona los medios

El Señor también apoya esta obra de traducción de otras maneras. Con frecuencia, el equipo de traducción de las Oficinas Generales de la Iglesia comenta que, cuando surge una necesidad, el Señor proporciona los medios.

Uno de los muchos ejemplos es el caso en el que se necesitaba un traductor para la traducción y grabación de materiales de la Iglesia en mam (un idioma que desciende de la lengua maya y que se habla en Guatemala). Entre los primeros misioneros que se llamaron a servir en Guatemala había un élder cuyo abuelo hablaba mam. El misionero se había criado en la ciudad y solo hablaba español, pero todas las noches su abuelo lo visitaba en sus sueños y le enseñaba el idioma mam. Ese joven élder llegó a ser el traductor principal de mam en la Iglesia.

Muchas veces, la obra de traducción se realiza a expensas de un gran sacrificio personal. Dependiendo de su situación económica, algunos traductores donan su servicio y a otros se les paga para que puedan tener tiempo para dedicarse a la traducción.

El hombre que llegó a ser uno de los traductores de urdu se convirtió a la Iglesia en Pakistán, mientras trabajaba como profesor. Como resultado de su conversión, perdió su trabajo; perdió su casa, que la escuela donde enseñaba le proporcionaba; y sus hijos tuvieron que dejar la escuela. Un supervisor de traducción de la Iglesia le habló en cuanto a servir como traductor y le ofreció una modesta recompensa. Después de trabajar como traductor durante unos meses, el hombre habló con el supervisor y tímidamente le preguntó si le podría comprar un nuevo bolígrafo, porque al que había estado usando se le había acabado la tinta. Solo entonces el supervisor descubrió y corrigió un error administrativo que había causado que el traductor recibiera mucho menos de lo que se le debería haber pagado.

Sin embargo, así como el Señor bendijo a José Smith en maneras que le permitieron terminar su obra, el Señor bendice a Sus traductores. Por ejemplo, el traductor de las Escrituras en letón era un abogado que había estudiado Derecho en Rusia, donde se había convertido al Evangelio restaurado. Al volver a Letonia, trabajaba para establecer su propio negocio y también prestaba servicio como presidente de rama. Estaba sumamente ocupado, pero la Iglesia lo necesitaba a él y su facilidad con el idioma inglés.

Pidió tiempo para orar acerca de lo que se le pidió porque, como le dijo al representante de la Iglesia, el aceptar implicaría “quitar la comida de la boca de mis hijos”. Después de orar, decidió aceptar, pero pidió al Señor que lo bendijera con los medios para llevar a cabo una obra que es difícil, espiritualmente exigente y que requiere mucho tiempo.

Comenzó a ir todos los días al bufete una hora más temprano y utilizó esa hora para traducir el Libro de Mormón. Terminó en mucho menos tiempo que los cinco años que por lo general lleva el proceso. De hecho, esa fue una de las traducciones más rápidas desde que José tradujo el Libro de Mormón en aproximadamente sesenta días.

Se podrían relatar muchas experiencias más que ilustran la mano del Señor en la obra de traducir Sus Escrituras. Todas manifiestan claramente que esta es Su obra y que es sumamente importante para Él. Él prepara a las personas para llevar a cabo Su obra, prepara las herramientas que necesitan para apresurar la obra, y las inspira y las bendice a lo largo del camino.

El resultado de ello es un mundo enriquecido por la palabra de Dios que se da a Sus hijos en el idioma del corazón.

El proceso de la traducción de las Escrituras

Aprobación para traducir

  • La Presidencia de Área solicita la traducción de las Escrituras cuando el número de miembros de la Iglesia que hablan el idioma va en aumento y cuando los materiales básicos de la Iglesia se han traducido en ese idioma.
  • Varios comités de las Oficinas Generales de la Iglesia analizan la solicitud, entre ellos miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles y de la Primera Presidencia.

Fases de traducción

Fase inicial:
  • Se selecciona una traducción existente de la Biblia para uso de la Iglesia.
  • Los materiales básicos se traducen primero: Principios del Evangelio(incluye las doctrinas básicas, así como también el nombre de la Iglesia, las oraciones de la Santa Cena, la oración del bautismo, y los Artículos de Fe), El Testimonio del Profeta José Smith, folleto, y una página web en LDS.org.
  • Los discursos de la conferencia general también se pueden interpretar en el idioma.
Fase 1:
  • Libro de Mormón, Doctrina y Convenios, Perla de Gran Precio (aproximadamente diez años de trabajo).
  • Textos básicos tales como “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, himnos seleccionados, y Predicad Mi Evangelio.
Fase 2:
  • Se pueden solicitar muchos otros materiales, tales como la revistaLiahona, manuales de Seminario e Instituto, manuales para la instrucción los domingos, himnos y canciones para los niños, materiales para el templo y la historia familiar, y la interpretación para transmisiones de estaca y regionales.

Grupos clave

Equipo de traducción:
  • Dos o tres miembros de la Iglesia que sean dignos y tengan la madurez suficiente en el Evangelio.
  • Con la ayuda de una guía de traducción para cada versículo, un léxico o lista de palabras, y de un supervisor de traducción de las Oficinas Generales de la Iglesia.
Comité para la revisión eclesiástica:
  • De tres a cinco hombres y mujeres que sean líderes de la Iglesia en la región.
  • Llamados y apartados para ayudar a revisar la traducción en lo que se refiere a legibilidad y precisión doctrinal.
  • No se hacen cambios en la redacción hasta que el comité esté de acuerdo por unanimidad y los cambios estén en armonía con la guía de traducción.
Miembros revisores:
  • Miembros locales de la Iglesia también revisan la traducción.
  • Hacen comentarios y sugerencias sobre la claridad y el uso correcto de las palabras.
  • La claridad de la traducción asegura que el Espíritu Santo pueda dar testimonio de la veracidad de las enseñanzas.

Referencias

  1. Véase la serie de ocho partes “How the Bible Came to Be”, por Lenet H. Read, que se imprimió en la revista Ensign entre enero y septiembre de 1982.
  2. Véase, por ejemplo, “Church Edition of Spanish Bible Now Published”, mormonnewsroom.org
  3. Véase de Matthew S. Holland, “El sendero a Palmyra”, Liahona,junio de 2015, págs. 14–19.
  4. Véase de Kent P. Jackson, “Moroni’s Message to Joseph Smith”,Ensign, agosto de 1990, págs. 12–16.
  5. José Smith, en la introducción del Libro de Mormón. Para una descripción más amplia de la traducción que hizo José Smith del Libro de Mormón, véase Temas del Evangelio: “La traducción del Libro de Mormón”, topics.lds.org
  6. El léxico o lista de palabras define cada término de las Escrituras en inglés a fin de que los traductores puedan entender mejor su significado. Con frecuencia, las palabras tienen más de un significado, por lo que los traductores deben depender del contexto, de la inspiración y del trabajo en equipo para encontrar la solución adecuada. De vez en cuando, las preguntas sobre el significado las resuelve solamente la Primera Presidencia.