Del lado de los líderes de la Iglesia

Por el élder Ronald A. Rasband

¿Están del lado de los líderes de la Iglesia, en este mundo cada vez más oscuro, a fin de propagar la Luz de Cristo?

Extendemos una cordial bienvenida a las nuevas Autoridades Generales, Setentas de Área y a la magnífica nueva Presidencia General de la Primaria. Expresamos un profundo agradecimiento a quienes han sido relevados. Amamos a cada uno de ustedes.

Queridos hermanos y hermanas, acabamos de participar en una de las más benditas experiencias al levantar la mano para sostener a profetas, videntes y reveladores, y a otros líderes y Oficiales Generales llamados por Dios en estos días. Nunca he tomado livianamente ni a la ligera la oportunidad de sostener a siervos del Señor y ser guiado por ellos, y a solo pocos meses de haber sido llamado como nuevo miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, me siento muy humilde por su voto de sostenimiento y confianza. Atesoro su deseo de apoyarme a mí y a todos estos grandes líderes.

Poco después de ser sostenido el pasado octubre, viajé a Pakistán por una asignación y, durante mi estadía, conocí a los maravillosos y dedicados santos de ese país. Son pocos, pero su espíritu es grande. Al poco tiempo de regresar, recibí el siguiente mensaje del hermano Shakeel Arshad, un querido miembro que conocí en esa ocasión: “Gracias, élder Rasband, por venir a Pakistán. Quiero decirle que nosotros… los miembros de la Iglesia… lo sostenemos y lo amamos. Cuán afortunados [somos] por haberlo tenido entre nosotros y haberlo escuchado. Fue un día esplendoroso para mi familia el haber conocido a un Apóstol”1.

Conocer a santos como el hermano Arshad fue una experiencia conmovedora que nos llenó de humildad y, usando sus palabras, un “día esplendoroso” para mí también.

En enero, líderes de la Iglesia participaron en una transmisión Cara a Cara con los jóvenes de alrededor del mundo, sus líderes y sus padres. El evento se transmitió en vivo por internet a muchos lugares de ciento cuarenta y seis países. En algunos sitios había capillas con mucho público y en otros era un solo hogar en el que había un joven conectado; en total, participaron varios cientos de miles.

Al comunicarnos con ese gran público, la hermana Bonnie Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes; el hermano Stephen W. Owen, Presidente General de los Hombres Jóvenes; y yo, con la ayuda de jóvenes anfitriones, músicos y otras personas, contestamos las preguntas de los jóvenes.

Nuestro objetivo era presentar el lema de la Mutual para 2016: “Sigue adelante con firmeza en Cristo”, de 2 Nefi, capítulo 31, versículo 20, que dice: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna”2.

¿Y qué aprendimos al leer las cientos de preguntas de nuestros jóvenes? ¡Aprendimos que nuestros jóvenes aman al Señor, sostienen a sus líderes y desean una respuesta a sus preguntas! Las preguntas son una indicación de un deseo adicional por aprender, por aumentar las verdades que son parte de nuestro testimonio y por estar mejor preparados para “seguir adelante con firmeza en Cristo”.

La restauración del Evangelio comenzó con la pregunta de un joven, José Smith. Muchas de las enseñanzas del Salvador durante Su ministerio empezaron con una pregunta. Recuerden la pregunta que le hizo a Pedro: “… Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”3, a lo que Pedro respondió: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!”4. Necesitamos ayudarnos mutuamente para encontrar las respuestas del Padre Celestial mediante la guía del Espíritu.

Durante la transmisión, les dije a los jóvenes:

“Los líderes de esta Iglesia conocen los problemas, las preocupaciones y los desafíos de ustedes.

“Tenemos hijos; tenemos nietos; nos reunimos a menudo con jóvenes de todo el mundo y oramos por ustedes; hablamos de ustedes en los lugares más sagrados, y los amamos”5.

Quisiera compartir una de las muchísimas respuestas que recibimos de ese evento.

Lisa, de Grande Prairie, Alberta, Canadá, escribió: “Este evento Cara a Cara fue increíble. Fortaleció mi testimonio y convicción del Evangelio. Somos tan bendecidos por tener líderes inspirados que han sido llamados para prestar servicio en tantas funciones diferentes”6.

Liz, de Pleasant Grove, Utah, EE. UU., escribió en una publicación anterior: “Estoy agradecida por la fe que tengo y por la oportunidad de sostener a un profeta de Dios, y a los hombres y mujeres que prestan servicio junto a Él”7.

Hoy hemos sostenido a líderes que, por inspiración divina, han sido llamados a enseñarnos y guiarnos y quienes nos advierten que debemos cuidarnos de los peligros que enfrentamos cada día, desde la observancia informal del día de reposo hasta las amenazas a la familia, los ataques a la libertad religiosa e incluso el disputar la revelación moderna. Hermanos y hermanas, ¿damos oído a sus consejos?

Muchas veces, en conferencias, reuniones sacramentales y la Primaria, hemos cantado las tiernas palabras: “Guíenme; enséñenme la senda a seguir”8. ¿Qué significan esas palabras para ustedes? ¿Quién les viene a la mente cuando piensan en ellas? ¿Han sentido la influencia de líderes justos, discípulos de Jesucristo que, en el pasado y aún hoy en día, influyen en su vida y los acompañan en el camino del Señor? Quizá ellos se encuentren en el hogar de ustedes; quizás estén en su congregación local o hablando desde el púlpito en la conferencia general. Estos discípulos comparten con nosotros la bendición de tener un testimonio del Señor Jesucristo, el líder de esta Iglesia, el líder de nuestra alma misma, quien ha prometido: “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé”9.

Recuerdo al presidente Thomas S. Monson relatar la historia de cuando fue invitado a la casa de su presidente de estaca, el presidente Paul C. Child, en preparación para ser avanzado al Sacerdocio de Melquisedec. Qué bendición tan especial la de ese presidente de estaca, quien en aquel momento no sabía que le estaba enseñando a un jovencito del Sacerdocio Aarónico que un día sería el profeta de Dios10.

Yo también he tenido momentos de aprendizaje con nuestro amado profeta, el presidente Monson. No hay dudas ni en mi mente ni en mi corazón de que él es el profeta del Señor sobre la tierra; he sido el humilde receptor en ocasiones en que él ha recibido revelación y actuado en consecuencia. Nos ha enseñado a extender una mano de ayuda, a protegernos mutuamente, a rescatarnos unos a otros. Eso mismo se enseñó en las aguas de Mormón. Aquellos que deseaban “… ser llamados su pueblo” estaban dispuestos “… a llevar las cargas los unos de los otros”, “… llorar con los que lloran” y “… ser testigos de Dios”11.

Hoy estoy aquí como testigo de Dios el Eterno Padre y de Su Hijo Jesucristo. Sé que el Salvador vive y nos ama, y que dirige a Sus siervos, a ustedes y a mí, para cumplir con Sus grandes propósitos en esta tierra12.

Al seguir adelante y elegir seguir el consejo y las advertencias de nuestros líderes, elegimos seguir al Señor mientras que el mundo está yendo en otra dirección. Elegimos asirnos a la barra de hierro, ser Santos de los Últimos Días, cumplir el mandato del Señor y ser llenos “… de un gozo inmenso”13.

La pregunta que surge hoy es clara: ¿Estamos del lado de los líderes de la Iglesia, en este mundo cada vez más oscuro, a fin de propagar la Luz de Cristo?

Las asociaciones con los líderes son importantes y significativas. No importa la edad de los líderes, ni lo cerca o lejos que estén ni cuándo hayan influido en nuestra vida, su influencia refleja las palabras del poeta estadounidense Edwin Markham, que dijo:

Hay un destino que hermanos nos hace,

[nadie] vive solo para sí.

Lo que en la vida demos a otros,

ha de volver a nosotros14.

Shakeel Arshad, mi amigo de Pakistán, me dio su apoyo, a mí, su hermano y amigo. Lo mismo han hecho muchos de ustedes. Cuando buscamos elevarnos unos a otros, demostramos lo cierto de estas poderosas palabras: “Nadie vive solo para sí”.

Más que nada, necesitamos a nuestro Salvador, nuestro Señor, Jesucristo. Uno de los relatos de las Escrituras que siempre me ha conmovido espiritualmente es cuando Jesucristo caminó sobre el agua para reunirse con Sus discípulos que viajaban en una barca por el mar de Galilea. Eran líderes recién llamados, como muchos de los que nos encontramos en el estrado hoy. El relato está registrado en Mateo:

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario.

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar.

“Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron… Y dieron voces de miedo.

“Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo! ¡Yo soy, no tengáis miedo!”15.

Pedro oyó ese maravilloso llamado de aliento del Señor.

“Entonces le respondió Pedro y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

“Y [Jesús] dijo: Ven”16.

Muy intrépido. Pedro era pescador y conocía los peligros del mar; sin embargo, estaba comprometido a seguir a Jesús, día y noche, en barco o por tierra.

Imagino que Pedro saltó del barco sin esperar una segunda invitación y empezó a caminar sobre el agua. De hecho, las Escrituras dicen: “… anduvo sobre las aguas para ir a Jesús”17. Cuando el viento empezó a hacerse más fuerte y feroz y las olas se arremolinaban a sus pies, Pedro tuvo miedo “… y, comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

“Y al momento Jesús, extendiendo la mano, le sujetó”18.

¡Qué lección tan poderosa! El Señor estaba allí para ayudarlo, tal como lo está para ustedes y para mí. Extendió Su mano y llevó a Pedro hacia Él y a un lugar seguro.

Tantas veces he necesitado al Señor y Su mano salvadora. Lo necesito ahora más que nunca, como cada uno de ustedes. En ocasiones me he sentido seguro de saltar del barco, metafóricamente, para introducirme en lugares desconocidos, únicamente para darme cuenta de que no podía hacerlo solo.

Como dijimos durante el evento Cara a Cara, el Señor muchas veces se acerca a nosotros por medio de nuestra familia y líderes, y nos invita a venir a Él, como cuando se acercó a Pedro para salvarlo.

Ustedes también tendrán muchas oportunidades para responder a la invitación frecuente de “[venir] a Cristo”19. ¿No se trata de eso esta vida mortal? El llamado puede ser el de ir a rescatar a un familiar, a prestar servicio en una misión, a regresar a la Iglesia, a ir al santo templo; o, como oímos recientemente a nuestros maravillosos jóvenes decir en el evento Cara a Cara, vengan, por favor ayúdenme a responder mi pregunta. En el momento indicado, todos oiremos el llamado: “Ven a casa”.

Ruego que nos acerquemos, que tendamos la mano y tomemos la que el Salvador nos está extendiendo, muchas veces mediante sus líderes divinamente llamados y los integrantes de nuestra familia, y escuchemos Su llamado a “venir”.

Sé que Jesucristo vive; lo amo y sé con todo mi corazón que Él ama a cada uno de nosotros. Él es nuestro gran Ejemplo y el divino Líder de todos los hijos del Padre. De esto doy mi solemne testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Comentario en Facebook de Shakeel Arshad a Ronald A. Rasband, 2 de diciembre de 2015.

  2. 2 Nefi 31:20.

  3. Mateo 16:15.

  4. Mateo 16:16.

  5. Ronald A. Rasband en Cara a Cara, 20 de enero de 2016, lds.org/media-library.

  6. Respuesta para Cara a Cara, de Lisa Jarvis, de Grande Prairie, Alberta, Canadá.

  7. Tweet de Liz Darger, Pleasant Grove, Utah, EE. UU., 4 de abril de 2015.

  8. “Soy un hijo de Dios”, Himnos, nro. 196.

  9. Doctrina y Convenios 68:6.

  10. Véase de Thomas S. Monson, “Nuestra sagrada responsabilidad del sacerdocio”,Liahona, mayo de 2006, pág. 57.

  11. Mosíah 18:8–9.

  12. Véase Mosíah 18:8–9.

  13. 1 Nefi 8:12.

  14. Edwin Markham, “A Creed”, Lincoln and Other Poems, 1901, pág. 25, [traducción libre].

  15. Mateo 14:24–27.

  16. Mateo 14:28–29.

  17. Mateo 14:29.

  18. Mateo 14:30–31.

  19. Moroni 10:32.

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Cómo obtener revelación e inspiración en tu propia vida.

Por el élder Richard G. Scott

Cualquiera que se encuentre en este púlpito para dar un mensaje siente la fortaleza y apoyo de los miembros de todo el mundo. Estoy agradecido porque ese mismo apoyo puede provenir de una compañera amada del otro lado del velo. Gracias, Jeanene.

El Espíritu Santo comunica la información importante que necesitamos para guiarnos durante nuestra jornada terrenal. Cuando es nítida, clara y esencial, merece el título de revelación; y cuando constituye una serie de impresiones que tenemos con frecuencia para guiarnos paso a paso hacia un objetivo digno, para los fines de este mensaje, es inspiración.

Un ejemplo de revelación podría ser la dirección que el presidente Spencer W. Kimball recibió después de una larga y continua súplica al Señor acerca de proporcionar el sacerdocio a todos los varones dignos de la Iglesia en una época en que sólo estaba disponible para algunos de ellos.

Otro ejemplo de revelación es la guía que recibió el presidente Joseph F. Smith: “Creo que nos movemos en la presencia de mensajeros y seres celestiales y que nuestro ser se halla entre ellos. No estamos separados de ellos… estamos íntimamente relacionados con nuestros parientes, con nuestros antepasados… que han llegado antes que nosotros al mundo de los espíritus. No podemos olvidarlos; no cesamos de amarlos; siempre los tenemos en el corazón, en la memoria; así nos relacionamos con ellos y nos unen a ellos vínculos que no podemos quebrantar… Si así es con nosotros en nuestra condición finita, rodeados de nuestras debilidades carnales… cuánto más cierto… es creer que quienes han sido fieles, que están más allá de esta vida… nos ven mejor que nosotros a ellos; …vivimos en su presencia… ellos nos ven… están atentos a nuestro bienestar… nos aman ahora más que nunca. Porque ahora ellos ven los peligros que nos asechan, …su amor por nosotros y su afán por nuestro bienestar deben ser mayores de los que sentimos por nosotros mismos1.

La relación con las personas que conocemos y amamos se pueden fortalecer a través del velo. Eso se logra mediante un empeño firme para hacer lo correcto continuamente. Podemos fortalecer nuestra relación con la persona que ha partido, a quien amamos, al reconocer que la separación es temporal y que los convenios que hacemos en el templo son eternos. Cuando se obedecen constantemente, dichos convenios aseguran el cumplimiento eterno de las promesas inherentes a ellos.

Un caso claro de revelación en mi vida tuvo lugar cuando recibí la firme impresión del Espíritu de pedirle a una hermosa joven llamada Jeanene Watkins, con la que había estado saliendo, que se sellara a mí en el templo.

Una de las grandes lecciones que cada uno de nosotros debe aprender es la de pedir. ¿Por qué desea el Señor que oremos a Él y le pidamos? Porque así es cómo se recibe la revelación.

Cuando afronto un asunto muy difícil, esto es lo que hago para tratar de comprender qué hacer: ayuno y oro para encontrar y entender las Escrituras que serán de ayuda. Ese proceso es cíclico. Comienzo leyendo un pasaje de las Escrituras, medito sobre el significado del versículo y oro por inspiración. Después, medito y oro para saber si he entendido todo lo que el Señor desea que yo haga. A menudo vienen más impresiones, con un entendimiento mayor de la doctrina. He descubierto que ese modelo es una buena manera para aprender de las Escrituras.

Hay algunos principios prácticos que realzan la revelación. Primero, ceder a las emociones como la ira, el malestar o el ponerse a la defensiva alejará al Espíritu Santo. Esas emociones se deben eliminar o nuestra oportunidad de recibir revelación se verá reducida.

Otra regla es ser cautos con el sentido del humor. Las risotadas ofenderán al Espíritu. El buen sentido del humor ayuda a la revelación, las risotadas no. El buen sentido del humor es una válvula de escape para las presiones de la vida.

Otro enemigo de la revelación proviene de la exageración o de hablar en voz muy alta. Un hablar cuidadoso y calmo será favorable para recibir revelación.

Por otro lado, la comunicación espiritual mejora con buenos hábitos de salud. El ejercicio, dormir el tiempo razonable y los buenos hábitos de alimentación aumentan nuestra capacidad para recibir y entender la revelación. Viviremos durante nuestro período de vida asignado; sin embargo, podemos mejorar tanto la calidad de nuestro servicio como nuestro bienestar tomando decisiones apropiadas y prudentes.

Es importante que nuestras actividades diarias no nos distraigan de escuchar al Espíritu.

Se puede recibir revelación mediante un sueño, cuando hay casi una transición imperceptible entre el estar dormido y el despertar. Si te esfuerzas por aprehender su contenido de inmediato, podrás registrarlo con gran detalle; si no, se esfumará con rapidez. Por lo general, a la comunicación inspirada durante la noche la acompaña un sentimiento sagrado durante toda la experiencia. El Señor utiliza personas a quienes les tenemos un gran respeto para enseñarnos verdades en un sueño, puesto que confiamos en ellas y escucharemos su consejo. Es el Señor quien está enseñando mediante el Espíritu Santo; sin embargo, en un sueño, Él puede hacer que nos sea más fácil entender y que se conmueva más nuestro corazón enseñándonos mediante alguien que amamos y respetamos.

Cuando es para los propósitos del Señor, Él puede traer cualquier cosa a nuestra memoria. Eso no debe debilitar nuestra determinación de registrar las impresiones del Espíritu. La inspiración que se registra con cuidado demuestra a Dios que Sus comunicaciones son sagradas para nosotros. El registrarlas aumentará nuestra capacidad de recordar la revelación. Esos registros de la dirección del Espíritu deben protegerse para que no se pierdan y para evitar la intromisión de otras personas.

Las Escrituras confirman con elocuencia cómo el vivir la verdad constantemente abre la puerta a la inspiración a fin de saber qué hacer y, cuando sea necesario, que nuestra capacidad personal sea realzada por el poder divino. Las Escrituras describen cómo el Señor fortalecía la capacidad de una persona para conquistar la dificultad, la duda y los desafíos que parecían insuperables en momentos de necesidad. Al meditar sobre esos ejemplos, vendrá una serena confirmación por medio del Espíritu Santo de que esas experiencias son verdaderas. Llegarás a saber que una ayuda similar está disponible para ti.

He visto a algunas personas afrontar desafíos que sabían lo que tenían que hacer cuando ello estaba más allá de su propia experiencia debido a que confiaban en el Señor y sabían que Él los guiaría a encontrar las soluciones que tan urgentemente se requerían.

El Señor ha declarado: “Y a vosotros se os enseñará de lo alto. Santificaos y seréis investidos con poder, para que impartáis como yo he hablado”2. La palabra santificaos te puede parecer desconcertante. El presidente Harold B. Lee explicó una vez que uno puede reemplazar esa palabra con “guardad mis mandamientos”. Al leerlo de ese modo el consejo podría parecer más claro3.

Uno siempre debe estar mental y físicamente limpio, y tener una intención pura, para que el Señor pueda inspirar. El Señor confía en aquel que es obediente a Sus mandamientos. Esa persona tiene acceso a la inspiración de Él para saber qué hacer y, según sea necesario, tener el poder divino para hacerlo.

Para que la espiritualidad sea más fuerte y esté más disponible, se debe implantar en un entorno de rectitud. La altanería, el orgullo y la jactancia son como un pedregal que nunca producirá fruto espiritual.

La humildad es un terreno fértil donde la espiritualidad crece y produce el fruto de la inspiración para saber qué hacer; da paso al poder divino para lograr lo que debe hacerse. Una persona motivada por el deseo de elogios o de reconocimiento no será merecedora de las enseñanzas del Espíritu. El Espíritu no guiará poderosamente a alguien que sea arrogante o que deje que sus emociones influyan en sus decisiones.

Cuando actuamos como instrumentos en beneficio de los demás somos más fácilmente inspirados que cuando pensamos solamente en nosotros mismos. En el proceso de ayudar a los demás, el Señor puede agregar direcciones para nuestro propio beneficio.

Nuestro Padre Celestial no nos puso en la tierra para que fracasemos, sino para que triunfemos gloriosamente. Podría parecer paradójico, pero ésa es la razón por la que reconocer las respuestas a nuestras oraciones a veces puede ser muy difícil. A veces tratamos imprudentemente de afrontar la vida dependiendo de nuestras propias experiencias y capacidad. Es mucho más sabio procurar saber qué hacer mediante la oración y la inspiración divina. Nuestra obediencia nos asegura que, cuando se lo requiera, seamos merecedores del poder divino para lograr un objetivo inspirado.

Como muchos de nosotros, Oliver Cowdery no reconoció la evidencia de las respuestas a las oraciones que el Señor ya le había dado. Para abrir sus ojos, y los nuestros, se dio esta revelación mediante José Smith:

“…bendito eres por lo que has hecho; porque me has consultado, y he aquí, cuantas veces lo has hecho, has recibido instrucción de mi Espíritu. De lo contrario, no habrías llegado al lugar donde ahora estás.

“He aquí, tú sabes que me has preguntado y yo te iluminé la mente; y ahora te digo estas cosas para que sepas que te ha iluminado el Espíritu de verdad”4.

Si sientes que Dios no ha contestado tus oraciones, medita en estas Escrituras; después, busca detenidamente evidencias en tu propia vida, puesto que Él ya podría haberte contestado.

Dos indicadores de que un sentimiento o impresión provienen de Dios son que produce paz en tu corazón y un sentimiento calmo y cálido. A medida que sigas esos principios de los que he hablado, estarás preparado para reconocer la revelación en momentos críticos de tu propia vida.

Cuanto más cerca sigas la guía divina, más grande será tu felicidad aquí y en la eternidad; asimismo, más grandes serán tu progreso y capacidad para servir. Yo no entiendo en su plenitud cómo se hace, pero esa guía en tu vida no te quita el albedrío. Tú puedes tomar las decisiones que desees; pero recuerda que la disposición de hacer lo correcto brinda paz a la mente y felicidad.

Si tus decisiones son incorrectas, pueden rectificarse mediante el arrepentimiento. Cuando las condiciones se cumplen plenamente, la expiación de Jesucristo, nuestro Salvador, proporciona un alivio de las demandas de la justicia por los errores cometidos. Es maravillosamente sencillo y tan incomparablemente hermoso. Al continuar viviendo rectamente, serás siempre inspirado para saber lo que debes hacer. En ocasiones, descubrir qué decisión tomar requerirá un empeño significativo y confianza de tu parte; sin embargo, serás inspirado para saber qué hacer al cumplir con las condiciones que se requieren para tener esa guía divina en tu vida, o sea, obediencia a los mandamientos del Señor, confiar en Su plan divino de felicidad y evitar todo lo que sea contrario a él.

La comunicación con nuestro Padre Celestial no es un asunto trivial. Es un privilegio sagrado. Está basada en principios eternos que no cambian. Recibimos ayuda de nuestro Padre Celestial en respuesta a nuestra fe, obediencia y al uso apropiado del albedrío.

Que el Señor te inspire para comprender y usar los principios que conducen a la revelación personal y a la inspiración. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Conference Report, abril de 1916, págs. 2–3. Véase también, Joseph F Smith, Doctrina del Evangelio, págs. 424–425.
  2. Doctrina y Convenios 43:16.
  3. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2000, pág. 34.
  4. Doctrina y Convenios 6:14–15.