Nuestra característica más destacada.

Élder Jeffrey R. Holland

Del Quórum de los Doce Apóstoles

El sacerdocio de Dios… es tanto indispensable como único para la Iglesia verdadera de Dios.

Hace casi 70 años, el presidente David O. McKay, que en aquel entonces servía como consejero de la Primera Presidencia, preguntó lo siguiente a una congregación reunida para la conferencia general: “Si en este instante se le pidiera a cada uno [de ustedes] que resumiera en una frase… la característica más destacada de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ¿qué responderían?”.

“Mi respuesta”, dijo él, “sería: …la autoridad divina mediante revelación directa” 1 .

Esa autoridad divina es, en efecto, el santo sacerdocio.

El presidente Gordon B. Hinckley ha agregado su testimonio cuando dijo: “[El sacerdocio] es una delegación de autoridad divina, diferente de todos los demás poderes y autoridades que hay en la tierra… Es el único poder sobre la tierra que traspasa el velo de la muerte… Sin él podría haber una iglesia sólo de nombre, faltándole la autoridad para administrar los asuntos de Dios” 2 .

Hace sólo cuatro semanas, el presidente James E. Faust les dijo a los alumnos de BYU en su reunión devocional: “[El sacerdocio] activa y gobierna todos los asuntos de la Iglesia. Sin las llaves del sacerdocio ni su autoridad, no habría iglesia” 3 .

Comienzo mis palabras esta noche con estas tres breves citas (a las que podrían agregarse innumerables citas más) para recalcar enfáticamente un solo punto: que el sacerdocio de Dios, con sus llaves, sus ordenanzas, su origen divino y su capacidad para atar en los cielos lo que se ata en la tierra es tanto indispensable como único para la Iglesia verdadera de Dios, y que sin él no habría Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En este año en el que conmemoramos el bicentenario del nacimiento del profeta José Smith y el 175 aniversario de la organización de la Iglesia, deseo añadir mi testimonio de la restauración de este sagrado sacerdocio, de esta sagrada prerrogativa, de este supremo don, y del papel que desempeña en nuestra vida a ambos lados del velo, y expresar mi eterna gratitud eterna por él.

La función esencial del sacerdocio respecto a enlazar el tiempo y la eternidad la demostró claramente el Salvador cuando formó Su Iglesia durante su ministerio terrenal. A Pedro, Su apóstol mayor, le dijo: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” 4 . Seis días más tarde llevó a Pedro, a Santiago y a Juan a lo alto de una montaña donde se transfiguró en gloria ante ellos. Entonces se aparecieron profetas de dispensaciones anteriores, incluidos, por lo menos, Moisés y Elías el profeta 5 , quienes confirieron las diversas llaves y poderes que cada uno de ellos poseía.

Lamentablemente, poco después los apóstoles fueron asesinados o de otra forma fueron quitados de la tierra y las llaves que poseían del sacerdocio se fueron con ellos, lo que originó más de 1.400 años de privación del sacerdocio y de la ausencia de la autoridad divina entre los hijos de los hombres. Pero parte del milagro moderno y de la historia maravillosa que celebramos esta noche lo constituye el retorno de aquellos mismos mensajeros celestiales que vinieron a nuestra época, y la restauración de esos mismos poderes que poseyeron para bendición de toda la humanidad.

En mayo de 1829, mientras traducía el Libro de Mormón, José Smith encontró una referencia al bautismo. Comentó el asunto con su escriba, Oliver Cowdery, y ambos suplicaron anhelosamente al Señor respecto del asunto. Oliver escribió: “Nuestras almas se elevaron en poderosa oración a fin de saber cómo recibir las bendiciones del bautismo y del Espíritu Santo… Buscamos diligentemente… la autoridad del santo sacerdocio y el poder de administrar en el mismo 6 .

En respuesta a esa “poderosa oración” vino Juan el Bautista y restauró las llaves y los poderes del Sacerdocio Aarónico, el cual ha sido conferido a los jóvenes que nos acompañan esta noche. Pocas semanas después, Pedro, Santiago y Juan regresaron para restaurar las llaves y los poderes del Sacerdocio de Melquisedec, entre ellas las llaves del apostolado. Posteriormente, cuando se hubo construido un templo al que pudieran acudir otros mensajeros celestiales, el 3 de abril de 1836 tuvo lugar el equivalente actual del antiguo Monte de la Transfiguración, una parte de algo que el presidente Hinckley denominó una vez “la cascada de revelación de Kirtland”, donde el Salvador mismo, junto con Moisés, Elías y Elías el profeta se aparecieron en gloria al profeta José Smith y a Oliver Cowdery y les confirieron a estos hombres las llaves y los poderes de sus respectivas dispensaciones. Esta visita concluyó con esta resonante declaración que dice: “Por tanto, se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación” 7 .

No es de extrañar que el profeta José incluyera en los breves pero elocuentes artículos de nuestra fe: “Creemos que el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas” 8 . Obviamente, el obrar con autoridad divina requiere más que un mero contrato social. No es el fruto de una formación teológica ni una comisión de una congregación. No, en la obra autorizada de Dios debe haber un poder superior al que ya poseen las personas en los bancos de las iglesias, o en las calles o en los seminarios, un hecho que durante generaciones, hasta el momento de la Restauración, habían sabido y reconocido abiertamente los que buscaban la religión.

Es cierto que algunas personas de esa época no querían que sus ministros alegaran una autoridad sacramental especial, pero la mayoría de las personas añoraban un sacerdocio aprobado por Dios y se sentían frustradas al pensar a dónde podrían ir a buscarlo 9 . Con ese espíritu, el regreso de la autoridad del sacerdocio por conducto de José Smith habría mitigado siglos de angustia, en especial para aquellos que sentían lo que el célebre Charles Wesley tuvo el valor de decir. En la ruptura eclesiástica con su aún más célebre hermano John sobre la decisión de éste de ordenar sin tener la autoridad para ello, Charles escribió con una sonrisa:

Con qué facilidad obispos nombra
Del hombre o la mujer el antojo:
Wesley las manos a Coke impuso,
Pero, ¿quién a él lo ordenó? 10

Al responder a esa desafiante pregunta, nosotros, los de la Iglesia restaurada de Jesucristo, podemos seguir la línea de autoridad del sacerdocio que ejerce el diácono más nuevo del barrio, el obispo que lo preside, y el profeta que nos preside a todos. Esa línea se remonta, en una cadena inquebrantable, a ministros angelicales que vinieron de parte del Hijo de Dios mismo trayendo del cielo este don incomparable.

Y cuánto necesitamos sus bendiciones: como Iglesia, y como personas y familias dentro de la Iglesia. Permítanme un ejemplo:

Antes hablé del período de la historia de la Iglesia en Kirtland. Los años de 1836 y 1837 fueron los más difíciles que la joven Iglesia había enfrentado, financiera, política e internamente. En medio de esa tensa situación, José Smith recibió la magnífica impresión profética de enviar a varios de sus hombres más capaces (posteriormente a todo el Quórum de los Doce Apóstoles) a servir en misiones en el extranjero. Fue un movimiento audaz e inspirado que al final salvaría a la Iglesia de los peligros del momento, si bien a corto plazo imponía grandes cargas para los santos, dolorosas para los que partieron, aunque tal vez más dolorosas para los que permanecieron en casa.

Cito al élder Robert B. Thompson:

“Habiendo llegado el día señalado para que los élderes partieran para Inglaterra, [me detuve] en la casa del hermano [Heber C.] Kimball para determinar cuándo iba a iniciar él [su viaje], ya que esperaba acompañarlo durante doscientas o trescientas millas, porque tenía pensado trabajar en Canadá esa temporada.

“La puerta estaba entreabierta, así que entré y me quedé sorprendido por lo que vi. Pensé en retirarme, pues creí estar importunando, pero sentí que no debía moverme. El padre estaba derramando su alma a… [Dios, suplicándole] que como Él ‘cuida de los pajarillos y alimenta a los cuervos’, que velara por las necesidades de su esposa y de sus pequeños en su ausencia. Entonces, al igual que los patriarcas, y en virtud de su oficio, puso las manos sobre la cabeza de cada uno y les dio una bendición de padre… encomendándolos al cuidado y a la protección de Dios, mientras él estuviera predicando el Evangelio en otro país. Mientras así se hallaba [pronunciando estas bendiciones], su voz se tornó casi imperceptible entre los sollozos de los que le rodeaban y que [se esforzaban, en su manera juvenil, por ser fuertes, aunque les resultaba muy difícil]… Él continuó, pero su corazón estaba demasiado afectado para hacerlo con normalidad… y a veces se veía obligado a detenerse a intervalos mientras… las copiosas lágrimas bañaban sus mejillas, como muestra de los sentimientos que abrigaba en su interior. Mi corazón no fue lo bastante fuerte para refrenarse”, dijo el hermano Thompson. “A pesar de mis intentos, lloré y uní mis lágrimas a las de ellos. Al mismo tiempo, me sentí agradecido por haber tenido el privilegio de contemplar tal escena” 11 .

Esa escena se ha repetido de una u otra manera miles y cientos de miles de veces en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sea por un temor, una necesidad, un llamamiento, un peligro, una enfermedad, un accidente o una defunción. Yo he participado en momentos así. He contemplado el poder de Dios manifestándose en mi hogar y en mi ministerio. He visto que se ha reprendido el mal y que se han controlado los elementos. Sé lo que significa trasladar montañas de dificultades y dividir azaroso mares Rojos. Sé lo que significa que el ángel destructor “[pase] de ellos” 12 . El haber recibido la autoridad y el haber ejercido el poder del “Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios” 13 es para mí y para mi familia la mayor bendición que podría esperar en esta vida. Ése, en definitiva, es el significado del sacerdocio en palabras que todos podemos entender: una capacidad incomparable, interminable y constante para bendecir.

Con gratitud por esas bendiciones, me uno a ustedes y a un coro de vivos y muertos que cantan en este año conmemorativo: “¡Al gran profeta rindamos honores!” 14 y que conversó con Adán, Gabriel, Moisés, Moroni, Elías el profeta, Elías, Pedro, Santiago, Juan, Juan el Bautista y muchos más 15 . Ciertamente, “fue ordenado por Cristo Jesús” 16 . Ruego que todos, jóvenes y ancianos, niños y hombres, padres e hijos, atesoren el sacerdocio que fue restaurado por conducto de José Smith; que atesoren las llaves del sacerdocio y las ordenanzas mediante las que únicamente se manifiesta el poder de la divinidad y sin las cuales no puede ser manifiesto 17 . Testifico de la restauración del sacerdocio, la “característica más destacada” e indispensable de la Iglesia verdadera de Dios. En el nombre de Aquel a quien pertenece este sacerdocio, sí, el Señor Jesucristo. Amén.

Referencias

1. En Conference Report, abril de 1937, pág. 121.
2. “Priesthood Restoration”, Ensign, octubre de 1988, pág. 71.
3. “¿Dónde está la Iglesia?”, reunión devocional, Universidad Brigham Young, 1 de marzo de 2005, pág. 8.
4. Mateo 16:19.
5. Véase Mateo 17:1–3.
6. Citado en Richard Lloyd Anderson: “The Second Witness of Priesthood Restoration”, Improvement Era, septiembre de 1968, pág. 20; cursiva agregada.
7. D. y C. 110:16; véanse también los versículos 1–15.
8. Artículos de Fe 1:5; cursiva agregada.
9. Véase David F. Holland, “Priest, Pastor, Power”, Insight, otoño de 1997, págs. 15–22 para un exhaustivo examen de la situación del sacerdocio en Estados Unidos en la época de la Restauración.
10. Citado en Reverendo C. Beaufort Moss, The Divisions of Christendom: A Retrospect, pág. 22.
11. Citado en Orson F. Whitney, The Life of Heber C. Kimball, págs. 108–109.
12. D. y C. 89:21.
13. Véase D. y C. 107:1–3.
14. Himnos, Nº 15.
15. José Smith conversó con muchos profetas y mensajeros del otro lado del velo. Algunos de ellos se mencionan en D. y C. 128: 20–21.
16. Himnos, Nº 15.
17. Véase D. y C. 84:19–21.

Anuncios

Testigos de las Escrituras.

Élder Russell M. Nelson

Del Quórum de los Doce Apóstoles

Las Escrituras de la Restauración no compiten con la Biblia, sino que la complementan.

Expresamos amor y admiración al presidente Henry B. Eyring, al élder Quentin L. Cook y al élder Walter F. González y rogamos que las bendiciones del Señor los acompañen en sus nuevos llamamientos.

Expresamos sentimientos sinceros de gratitud a cada uno de ustedes, hermanos y hermanas. Sus ejemplos de servicio y compasión están recibiendo mucha atención por todo el mundo. Al mismo tiempo, muchos se preguntan en cuanto a la historia y las doctrinas de esta Iglesia; entre esos críticos están los que ponen en tela de juicio el Libro de Mormón 1 .

La indiferencia hacia el Libro de Mormón o hacia cualquier otra Escritura sagrada me preocupa profundamente. Al tratar esa preocupación, he intitulado mis comentarios “Testigos de las Escrituras”.

Definiciones

Definiré el término escrituras en lo que respecta a la Biblia y a las Escrituras de la Restauración 2 . Los miembros de la Iglesia “creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios” 3 . Las Escrituras de la Restauración también incluyen Doctrina y Convenios, así como La Perla de Gran Precio.

En el diccionario se define el sustantivo testigo como una “atestación” de un hecho o acontecimiento, o sea, un testimonio 4 . El término testigo encierra especial significado cuando se aplica a la palabra de Dios. En la Biblia leemos esta importante declaración: “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto” 5 . Esto asegura a los hijos de Dios que a las doctrinas divinas las ratifica más de un testigo de las Escrituras.

Las Escrituras testifican de Jesucristo

Tanto la Biblia como el Libro de Mormón son testigos de Jesucristo; enseñan que Él es el Hijo de Dios, que vivió una vida ejemplar, que expió por toda la humanidad, que murió en la cruz y se levantó de nuevo como el Señor resucitado. En ellas se enseña que Él es el Salvador del mundo.

Los testigos de las Escrituras se corroboran el uno al otro. Este concepto se explicó hace mucho tiempo cuando un profeta escribió que el Libro de Mormón se había escrito “con el fin de que creáis [la Biblia]; y si creéis en [la Biblia], también creeréis en [el Libro de Mormón]” 6 . En cada libro se hace mención del otro; cada libro es evidencia de que Dios vive y de que habla a Sus hijos mediante revelación a Sus profetas 7 .

El amor por el Libro de Mormón expande el amor que uno siente por la Biblia y viceversa. Las Escrituras de la Restauración no compiten con la Biblia, sino que la complementan. Estamos en deuda con mártires que dieron su vida para que pudiésemos tener la Biblia, la cual establece la naturaleza eterna del Evangelio y del plan de felicidad. El Libro de Mormón restaura y recalca doctrinas bíblicas como el diezmo 8 , el templo 9 , el día de reposo 10 y el sacerdocio 11 .

Un ángel proclamó que el Libro de Mormón 12 establecería la verdad de la Biblia 13 . También reveló que los escritos de la Biblia que tenemos hoy en día no están tan completos como cuando fueron originalmente escritos por profetas y apóstoles 14 . Declaró que el Libro de Mormón restauraría cosas claras y preciosas que se habían quitado de la Biblia 15 .

Una profecía del Libro de Mormón advirtió que algunas personas se opondrían al concepto de tener escrituras adicionales. A aquellos que piensan que “no [necesitan] más Biblia” 16 , consideren este consejo que Dios ha dado:

“¿No sabéis que hay más de una nación? ¿No sabéis que yo, el Señor vuestro Dios, he creado a todos los hombres… y que gobierno arriba en los cielos y abajo en la tierra; y manifiesto mi palabra a los hijos de los hombres, sí, sobre todas las naciones de la tierra?

“… ¿No sabéis que el testimonio de dos naciones os es un testigo de que yo soy Dios, que me acuerdo tanto de una nación como de otra? Por tanto, hablo las mismas palabras, así a una como a otra nación. Y… el testimonio de las dos se juntará también” 17 .

El relato de las Escrituras sobre Jesucristo es en verdad acerca de lo que ocurrió en dos hemisferios 18 . Mientras en el hemisferio oriental María y José hacían los preparativos para el nacimiento del santo niño en Belén 19 , Nefi, en el occidental, recibía instrucción del Mesías preterrenal. El Señor dijo a Nefi: “…sé de buen ánimo… mañana vengo al mundo para mostrar al mundo que he de cumplir todas las cosas que he hecho declarar por boca de mis santos profetas” 20 .

A los que dudan de ese segundo testigo —el Libro de Mormón— el Señor amonestó: “…por haber tratado ligeramente las cosas que habéis recibido… permanecerán bajo… condenación hasta que se arrepientan y recuerden… el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que les he dado [la Biblia, y obran] de acuerdo con lo que he escrito” 21 .

El Señor dio otras Escrituras de la Restauración 22 y declaró que esas palabras también se cumplirán 23 . Con esos testigos de las Escrituras, las doctrinas falsas serán confundidas 24 . Con esos testigos de las Escrituras, las doctrinas de la Biblia no sólo se corroboran sino que se aclaran.

Las Escrituras de la Restauración aclaran la Biblia

¿En qué forma las Escrituras de la Restauración aclaran la Biblia? Existen muchos ejemplos, pero cito sólo algunos, empezando con el Antiguo Testamento.

Isaías escribió: “…hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo” 25 . ¿Podrían otras palabras describir mejor al Libro de Mormón, que salió “de la tierra” para “[susurrar] desde el polvo” a la gente de hoy? 26 .

Pero Isaías no fue el único profeta del Antiguo Testamento que predijo el Libro de Mormón. Ezequiel escribió:

“…toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel… Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel…

“Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano” 27 .

Hoy día, los santos que viven en muchas naciones de la tierra sostienen agradecidos la Biblia (el palo de Judá) y el Libro de Mormón (el palo de Efraín) unidos como si fueran uno en sus manos.

¿Y qué del Nuevo Testamento? En el Libro de Mormón se atestigua también en cuanto a sus enseñanzas. Como ejemplos de ello están el milagroso nacimiento del niño en Belén 28 , Su sermón del monte 29 y el intenso sufrimiento del Salvador 30 . La doctrina de la Resurrección se menciona con más frecuencia en el Libro de Mormón que en la Biblia 31 .

Pablo mencionó la necesidad de tener el Espíritu Santo y preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo…? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo” 32 . Esa doctrina la aclara otro testigo de las Escrituras, transmitido por medio del Profeta del Señor para la Restauración, que nos enseñó a “creer en el don del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos” 33 . Ese valioso y potente don está de nuevo al alcance de los hijos de Dios.

Pablo hizo referencia a los tres grados de gloria después de esta vida, cuando enseñó que “una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas” 34 . Otro testigo de las Escrituras ha aclarado esa vislumbre de la gloria posmortal. El Señor reveló que “la gloria de lo celestial es una, así como la gloria del sol es una.

“Y la gloria de lo terrestre es una, así como es una la gloria de la luna.

“Y la gloria de lo telestial es una, así como la gloria de las estrellas es una” 35 .

El más alto de esos reinos, el celestial, está reservado para los que obedecen la ley de ese reino:

“Y aquellos que no son santificados por la ley… de Cristo, deberán heredar otro reino, ya sea un reino terrestre o un reino telestial.

“Porque el que no es capaz de obedecer la ley de un reino celestial, no puede soportar una gloria celestial” 36 .

Esos tres grados de gloria tienen que ver con la vida posmortal; tienen que ver con la inmortalidad del alma humana. Ese don de la inmortalidad se hizo realidad a causa de la expiación de Jesucristo 37 . Esta importante palabra —expiación— en cualquiera de sus formas, se menciona sólo una vez en la versión del Rey Santiago del Nuevo Testamento 38 ; ¡en el Libro de Mormón aparece 39 veces! 39 .

Juan, al escribir en el libro de Apocalipsis del Nuevo Testamento, vio “volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo” 40 . Un ángel específico poseía las llaves de la responsabilidad por el Libro de Mormón 41 . ¡Era el ángel Moroni! Éstos son tan sólo unos ejemplos de las muchas doctrinas bíblicas que se aclaran por medio de las Escrituras de la Restauración 42 .

El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo

De buena voluntad compartimos las Escrituras de la Restauración con la gente de todo el mundo. En el Libro de Mormón se encuentra registrado el ministerio personal del Señor resucitado a la gente de la antigua América. Reflexionemos en estas verdades eternas que Él proclamó:

“He aquí, soy Jesucristo, el Hijo de Dios. Yo creé los cielos y la tierra, y todas las cosas que en ellos hay. Era con el Padre desde el principio…

“…las Escrituras concernientes a mi venida se han cumplido…

“Yo soy la luz y la vida del mundo”.

El Salvador continuó:

“…al que venga a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, lo bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo…

“…he venido al mundo para traer redención al mundo, para salvar al mundo del pecado.

“Por tanto, al que se arrepintiere y viniere a mí como un niño pequeñito, yo lo recibiré, porque de los tales es el reino de Dios… he dado mi vida, y la he vuelto a tomar; así pues, arrepentíos y venid a mí… y sed salvos” 43 .

Esas declaraciones del Señor resumen quién es Él en realidad y lo que en verdad desea que seamos. Desea que vengamos a Él y, que al final, nos encontremos gloriosamente acogidos por los brazos de Su amor.

Expreso mi profunda gratitud por los testigos de las Escrituras. He visto el potente cambio que viene a las personas que aplican las enseñanzas del Señor a sus vidas. Esa transformación conduce a la bendición de la vida eterna 44 .

Sé que Dios vive. Jesús es el Cristo. Su evangelio ha sido restaurado en estos últimos días. El presidente Gordon B. Hinckley es Su profeta en esta época. De ello testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

1.El título completo es El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo.
2.La Restauración la previeron Pedro (véase Hechos 3:19–21), Juan (véase Apocalipsis 14:6–8) y Pablo (véase Efesios 1:10). Al profeta José Smith se le enseñó que, en esta última dispensación, habría una “restauración de todas las cosas… que se han declarado por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo” (D. y C. 27:6).
3.Los Artículos de Fe 1:8.
4.Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, décimo primera edición, 2003, “witness”, 1439.
5.2 Corintios 13:1. En Mateo 18:16 y Éter 5:4 aparecen declaraciones similares.
6.Mormón 7:9.
7.Al profeta de esta actual dispensación el Señor declaró: “…esta generación recibirá mi palabra por medio de ti” (D. y C. 5:10).
8.Véase Alma 13:15; 3 Nefi 24:8–10.
9.Véase 2 Nefi 5:16; Jacob 1:17; 2:2, 11; Mosíah 2:5–7.
10.Véase Mosíah 13:16–19; 18:23.
11.Véase 2 Nefi 6:2; Mosíah 18:18; Alma 6:1; 13:1–3, 6–11; 3 Nefi 18:5; Moroni 3:1–4.
12.El Libro de Mormón es para manifestar “a todas las familias, lenguas y pueblos que el Cordero de Dios es el Hijo del Eterno Padre, y es el Salvador del mundo; y que es necesario que todos los hombres vengan a él, o no serán salvos” (1 Nefi 13:40).
13.Véase 1 Nefi 13:40.
14.Véase 1 Nefi 13:28–29.
15.Véase 1 Nefi 13:40.
16.2 Nefi 29:6.
17.2 Nefi 29:7–8.
18.Debido a que Él es Creador de “incontables mundos” (Moisés 1:33), Escrituras adicionales de otros lugares son una clara posibilidad.
19.Véase Lucas 2:4–6.
20.3 Nefi 1:13.
21.D. y C. 84:54, 57.
22.Véase D. y C. 135:3.
23.Véase José Smith—Mateo 1:31–35.
24.Véase 2 Nefi 3:12; Ezra Taft Benson, “Un nuevo testigo de Cristo”, Liahona, enero de 1985, pág. 4.
25.Isaías 29:4.
26.Isaías vio que en los últimos días, Dios llevaría a cabo “un prodigio grande y espantoso” (Isaías 29:14). Esas palabras resonaron en los oídos de los habitantes de la antigua América: “…el Señor volverá a extender su mano por segunda vez para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído. Por tanto, él procederá a efectuar una obra maravillosa y un prodigio entre los hijos de los hombres” (2 Nefi 25:17). Esa obra maravillosa incluiría la salida a la luz del Libro de Mormón y la restauración del Evangelio. En el Libro de Mormón se cita a Isaías con frecuencia. El estudio de esas citas tal vez sea tedioso, pero no repetitivo. De los 433 versículos de Isaías que aparecen en el Libro de Mormón, 234 difieren de los de la Biblia.
27.Ezequiel 37:16–17.
28.Véase 1 Nefi 11:13–20; Alma 7:10.
29.Véase 3 Nefi 12–14.
30.Véase Mosíah 3:7. A Su profeta de los últimos días se le dio una versión directa de Su sufrimiento (Véase D. y C. 19:16–19).
31.La palabra resurrección aparece en 40 versículos de la Versión del Rey Santiago de la Biblia; aparece en 56 versículos del Libro de Mormón. Véase también Jeffrey R. Holland, Christ and the New Covenant: The Messianic Message of the Book of Mormon, 1997, págs. 238–41.
32.Hechos 19:2. Véase Hechos 2:38 en cuanto a la enseñanza de Pedro tocante a la necesidad de tener el don del Espíritu Santo.
33.History of the Church, Tomo 5, pág. 499.
34.1 Corintios 15:41.
35.D. y C. 76:96–98; véase también 131:1.
36.D. y C. 88:21–22.
37.Véase Mosíah 16:10; Alma 42:23; Mormón 6:21.
38.Véase Romanos 5:11.
39.En inglés: Expiación: 28 veces; expiar o expiando: 8 veces; expía: 3 veces. En varios versículos, la palabra expiación aparece más de una vez (véase 2 Nefi 9:7; Alma 34:9; 42:23).
40.Apocalipsis 14:6.
41.Véase D. y C. 27:5; 128:20.
42.El Nuevo Testamento se refiere a “otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10:16). Esa doctrina se aclara en el Libro de Mormón; da testimonio del Señor resucitado que se dirige a la gente de la antigua América. Allí, el Señor dijo: “…vosotros sois aquellos de quienes dije: Tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo yo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor” (3 Nefi 15:21).

En el Nuevo Testamento aparece un relato limitado del conocimiento que Pablo tenía del bautismo por los muertos (véase 1 Corintios 15:29). Únicamente en las Escrituras de la Restauración se aclara esa doctrina divina (véase D. y C. 124:29–30, 41; 128:1, 11–12, 16–18; 138:47–48).
43.3 Nefi 9:15–16, 18, 20–22.
44.Véase 3 Nefi 9:14; D. y C. 30:8.