Ustedes son de noble linaje

Julie B. Beck

Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Ustedes aprenderán más acerca de su vida y de su misión en la tierra si se preparan para recibir la bendición patriarcal y luego la estudian.

Durante el último año, he visto la luz de Dios brillar muchas veces en el rostro de ustedes, las mujeres jóvenes. La he visto en las grandes reuniones, desde Brasil hasta la República Dominicana. La he visto al tirar ustedes de carros de mano en las representaciones de las caminatas pioneras. He visto esa luz al cantar y jugar juntas en los campamentos. He visto esa luz de Dios brillar en el rostro de las jovencitas en los bautisterios de los templos, desde México hasta Utah. Su luz ha influido en mí y en muchas otras personas. Ustedes poseen esa luz porque literalmente son hijas espirituales de la Deidad, “progenie de padres exaltados” 1 con una naturaleza divina y un destino eterno 2 . Ustedes recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus de parte de sus padres celestiales 3 . Fueron enviadas a la tierra para ser probadas 4 .

Ustedes se encuentran en la etapa de la vida en la que han de tomar algunas de las decisiones más importantes. Debido a que de continuo las bombardean con un sinnúmero de mensajes incorrectos con respecto a quiénes son, precisan orientación adicional. Ustedes aprenderán más acerca de su vida y de su misión en la tierra y de la luz que llevan en su interior si se preparan para recibir la bendición patriarcal y luego la estudian.

Nunca se es demasiado joven para comenzar a aprender acerca de las bendiciones patriarcales 5 . Me alegro de haber recibido la mía antes de haber recibido el fuego nutrido de los mensajes confusos e incorrectos del mundo. Gracias a ella, recibí el consuelo y la certeza de que el Señor me ama y me conoce, y desde aquel día en adelante, comencé a pensar más en lo que tiene que ver con la eternidad que con la popularidad.

Ésta es la época para que las mujeres jóvenes se preparen para recibir la bendición patriarcal y después la reciban. Su obispo y sus padres las guiarán para decidir cuándo sea el momento indicado para recibirla, puesto que la edad y el estado de preparación para ello son diferentes para cada persona 6 . Cuando comprendan el significado y el propósito de la bendición patriarcal y sientan el deseo sincero de realizar la obra del Señor, contarán con la madurez suficiente para recibirla 7 . A veces, las personas esperan un tiempo más prolongado para recibir esa bendición, porque piensan que deben hacerse merecedoras de ellas de alguna forma especial. Si llenan los requisitos para recibir la recomendación para efectuar bautismos en el templo, entonces también los llenan para la bendición patriarcal. Es importante prepararse para recibir ésta con ayuno y con oración a fin de que su espíritu sea humilde y dócil a la enseñanza. Su preparación personal es muy importante.

Cuando reciban la bendición patriarcal, verán un destello de la eternidad; comenzarán a vislumbrar lo que yace en el futuro para ustedes por motivo de que su bendición se referirá a su trayecto y propósito eternos. El patriarca que les dé la bendición no sabrá lo que será su bendición sino hasta que la pronuncie. En la bendición, se les hablará de su linaje en la casa de Israel. Ésa es su línea familiar, y a ésta a veces se la llama tribu. Todas las tribus se remontan hasta el gran patriarca Abraham. Su linaje personal es importante, puesto que significa que están incluidas en las promesas que se le dieron a Abraham de que, por medio de él, todas las naciones de la tierra serían bendecidas 8 .

El linaje es un “parentesco consanguíneo” 9 y eso las hace literalmente “hij[as] de los profetas” 10 con un noble linaje. Por eso suele decirse que ustedes son jóvenes de linaje escogido 11 y que pertenecen a una “generación real y escogida” 12 .

Una amiga mía dijo: “Cuando me uní a la Iglesia a los 16 años, comencé a comprender quién soy yo en verdad. Recibí mi bendición patriarcal y se me dijo que era de la casa de Israel. En esa época no sabía lo que eso quería decir, pero con el correr de los años, llegué a aprender que es un gran privilegio ser descendiente directa de los profetas. Tengo un valioso patrimonio y las mejores oportunidades”.

Al igual que Abraham, busquen ustedes la bendición para que posean un conocimiento mayor y reciban instrucciones del Señor 13 . Al recibir esa bendición, se darán cuenta de que el Señor las conoce por su nombre. En los primeros tiempos de la Iglesia, muchas personas deseaban que José Smith le pidiese al Señor instrucciones concretas referentes a la vida de ellas. Algunas de esas revelaciones hoy día forman parte de Doctrina y Convenios. Al igual que los primeros santos, ustedes pueden considerar su bendición patriarcal como su sagrada “escritura personal” 14 , la que deben conservar sagrada y compartir sólo con los miembros más cercanos de su familia 15 .

El patriarca puede prever el desenvolvimiento y las condiciones de la vida de ustedes y darles una bendición que se relacione con esos aspectos. Como me contó una jovencita: “Se dijeron algunas cosas en mi bendición sobre mí, que ni aun mis padres sabían”. El presidente James E. Faust dijo que toda bendición patriarcal es una “revelación personal inspirada por Dios”. Es “una estrella a la que seguir y un ancla para nuestra alma”. Ella nos revela nuestra capacidad y nuestro potencial 16 .

El presidente Packer dice que nuestra bendición es un “párrafo del libro de nuestras posibilidades” 17 . El presidente Monson llama a nuestra bendición “una Liahona de luz” 18 .

Por motivo de que no se ha dispuesto que la bendición patriarcal sea una predicción de todo lo que ocurrirá en la vida de la persona que la reciba, debemos procurar y seguir la guía del Espíritu Santo a fin de recibir mayor entendimiento para el curso de nuestra vida. Las enseñanzas del Evangelio siempre son una guía para lograr un entendimiento cabal de nuestro destino y privilegios. Por ejemplo, en la bendición patriarcal tal vez no se mencione que una persona se casará o que tendrá hijos, pero en el Evangelio se nos enseña que debemos casarnos en el templo y tener familias. Por iniciativa propia, podemos seguir esas enseñanzas del Evangelio, sin que se nos dé dirección personal específica.

Mientras cursaba la escuela secundaria, una consejera vio los resultados finales de mis exámenes y me dijo que pensaba que no me iría bien en la universidad; sin embargo, después de leer detenidamente y con oración mi bendición patriarcal, sentí que no debía abandonar mi meta de toda la vida. Por tanto, debido a que tenía un conocimiento del plan del Señor con respecto a mí, me fue posible seguir adelante con confianza. Descubrí que me iba bien en los estudios, y recibí un título universitario. Cuando sabemos quiénes somos y lo que debemos hacer, resulta más fácil tomar decisiones importantes acerca de los estudios, de la carrera y del matrimonio. Es más fácil hacer brillar nuestra luz en el ámbito familiar, entre los amigos y en cualquier otro lugar.

El Salvador dijo: “En verdad, en verdad os digo que os doy a vosotros ser la luz de este pueblo. Una ciudad que se asienta sobre una colina no se puede ocultar.

“He aquí, ¿encienden los hombres una vela y la ponen debajo de un almud? No, sino en un candelero; y da luz a todos los que están en la casa;

“por lo tanto, así alumbre vuestra luz delante de este pueblo, de modo que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” 19 .

Cuando sepan quiénes son y lo que deben hacer en la vida, no desearán ocultar su luz.

Por ejemplo, no desearán “ocultar su luz” al usar ropa que disminuya el potencial real que tienen. No querrán utilizar un lenguaje indebido ni contar chistes inapropiados, ni desfigurarse el cuerpo con tatuajes ni con otros procedimientos degradantes para una hija de linaje real. No degradarán su noble linaje al consumir ninguna sustancia dañina o adictiva. Ni tampoco verán ningún proceder que sea inmoral y que rebaje su noble condición ni participarán en ello. Ustedes procuren todo lo que sea “virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza” 20 , puesto que saben que son de noble linaje.

Ustedes son las preciadas hijas de la promesa, y si guardan los estatutos y los mandamientos del Señor y escuchan Su voz, Él ha prometido que las exaltará sobre todas las naciones para loor, y fama y gloria 21 . Su bendición patriarcal las inspirará a enmendar el rumbo cuando sea necesario. Ésta contiene promesas que recibirán sólo mediante su fidelidad; pero, si no son fieles, no esperen que se cumpla su bendición.

En ocasiones, las jóvenes piensan que por haber cometido errores, no son dignas de recibir la bendición patriarcal o que se han hecho indignas de la bendición que ya han recibido. Recuerden, la enseñanza fundamental del Señor Jesucristo es la fe en Él y en Su poder para redimir nuestros pecados. “Satanás quiere hacer[las] creer que no puede[n] arrepentir[se], pero eso es absolutamente falso” 22 . Cada semana, al tomar la Santa Cena, nos comprometemos a mejorar. Debemos procurar siempre llegar a ser una nueva persona que sea más semejante a nuestro Salvador Jesucristo. El apóstol Pablo llama a eso andar “en vida nueva” 23 . Si han cometido errores graves que las hayan hecho indignas de su noble linaje, estén dispuestas a llevar sus lágrimas de pesar a su obispo. Él es amigo suyo en el proceso del arrepentimiento y ha sido apartado para actuar como juez aquí en la tierra en lugar del Salvador, que es el Juez Eterno. El arrepentimiento es como un borrador gigantesco que borrará ¡hasta la tinta permanente! No es fácil, pero es posible 24 . El Señor dijo: “He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más” 25 .

Jovencitas, mediante su bendición patriarcal, sabrán que son de noble linaje. Al avanzar en años, irán viendo que las profecías de su bendición irán adquiriendo forma. El Señor tiene cosas importantes y fascinantes para que ustedes lleven a cabo. Éste es el momento de “[levantarse y brilla[r], para que [su] luz sea un estandarte a las naciones” 26 ; “por lo tanto, así alumbre vuestra luz delante de este pueblo, de modo que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” 27 . En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, segunda edición, 1966, pág. 589.
  2. Véase: “La Familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 2004, pág. 49.
  3. Véase D. y C. 138:56.
  4. Véase Abraham 3:25; véase también “Elección”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 58.
  5. Véase “Teaching Children about Patriarchal Blessings”, Ensign, octubre de 1987, pág. 54. El presidente Spencer W. Kimball enseñó: “¿Preparan a sus hijos para recibir [sus bendiciones patriarcales], o los dejan que las descubran por casualidad?… Creo que toda madre debería empezar a hablarles a sus hijos sobre las bendiciones patriarcales cuando tengan sólo unos cuantos años de edad, a fin de que se preparen para recibirla” (en Conference Report, Conferencia de Área de Manchester, Inglaterra, junio de 1976, pág. 23).
  6. Véase Ezra Taft Benson, Sermons and Writings of President Ezra Taft Benson, 2003, pág. 149.
  7. Véase Ensign, octubre de 1987, pág. 55.
  8. Véase Génesis 26:4; Abraham 2:9.
  9. Véase Selecciones de Doctrina de Salvación, Discursos y escritos de Joseph Fielding Smith, pág. 291.
  10. 3 Nefi 20:25.
  11. Véase “A vencer”, Himnos, Nº 167.
  12. 1 Pedro 2:9.
  13. Véase Abraham 1:2–3.
  14. Sermons and Writings of President Ezra Taft Benson, pág. 149.
  15. Véase Leales a la Fe, pág. 33.
  16. Véase James E. Faust, “Las bendiciones del sacerdocio”, Liahona, enero de 1996, pág. 71.
  17. Boyd K. Packer, “El patriarca de estaca”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 44.
  18. Thomas S. Monson, “Vuestra bendición patriarcal: una Liahona de luz”, Liahona, enero de 1987, pág. 63.
  19. 3 Nefi 12:14–16.
  20. Véase Los Artículos de Fe 13.
  21. Véase Deuteronomio 26:17–19.
  22. Para la fortaleza de la juventud, pág. 30.
  23. Romanos 6:4.
  24. Véase Leales a la Fe, 19–23.
  25. D. y C. 58:42.
  26. D. y C. 115:5.
  27. 3 Nefi 12:16.

El cuerpo, un don sagrado.

Consideremos nuestros cuerpos a la manera del Señor y no a la manera del mundo.

Por Diane L. Spangler

¿Qué piensan de su cuerpo cuando se miran en el espejo? Si sienten una ola de pensamientos despreciativos, no son los únicos. Los estudios recientes muestran que aproximadamente el 63 por ciento de las mujeres y el 50 por ciento de los hombres de los Estados Unidos no están contentos con su cuerpo y lo miran de una manera negativa, estadísticas que se reflejan en la comunidad de los Santos de los Últimos Días 1 .

Al ejercer como psicóloga, he observado a mujeres talentosas, virtuosas que son Santos de los Últimos Días y que se menosprecian porque su cuerpo no se asemeja a los que ven en las películas o en las revistas. Muchas de ellas dicen que no valen nada a menos que se vean bien. Otros clientes han sido tan corrompidos por la pornografía, que ven al cuerpo como un objeto para ser consumido y para sacar provecho. Muchos se sienten finalmente engañados, atrapados y degradados ellos mismos, ya que junto con la pérdida del respeto por el cuerpo y por los demás, se pierde inevitablemente el respeto por uno mismo.

El mundo nos enseña que la apariencia física determina el atractivo y el valor individuales. Cuanto más “ideal” sea el tipo de cuerpo de una persona, mayor es su valor y mayores posibilidades tiene de vivir una vida feliz y realizada. Muchas veces se critica a las personas que no tienen el cuerpo ideal o nadie les hace caso, mientras que a aquellas con cuerpos ideales se las busca, se les tiene envidia o se les da autoridad.

¿Es ésta la forma en la que Dios desea que consideremos nuestro cuerpo? En las Escrituras Dios revela una perspectiva en cuanto al cuerpo, la cual es muy diferente a la del mundo. En las Escrituras y en otras revelaciones se ofrecen verdades incomparables acerca del cuerpo, que nos libran de las ideas del mundo y de las prácticas que nos agobian.

El cuerpo es sagrado y nos ayuda a progresar

Una verdad fundamental del Evangelio acerca del cuerpo es el principio de que el tener un cuerpo físico es un atributo divino: somos más como Dios con un cuerpo que sin él. Nuestra religión es virtualmente autónoma en la creencia de que Dios tiene un cuerpo tangible de carne y huesos, y que los nuestros fueron literalmente creados a Su imagen. En la Perla de Gran Precio leemos que “a imagen de su propio cuerpo, varón y hembra los creó” (véase Moisés 6:8–9). Para llegar a ser como Dios, se requiere obtener un cuerpo como Él lo tiene, y aprender a comprenderlo y a usarlo correctamente. A aquellos que escogieron no seguir a Dios en el estado preterrenal, se les negaron cuerpos mortales. El profeta José Smith declaró que el no tener cuerpo es un castigo para Satanás 2 .

El cuerpo, entonces, es necesario para el progreso y para obtener una plenitud de gozo. El tener un cuerpo mortal indica que tomamos una decisión correcta en la existencia preterrenal. Inherentes al cuerpo mortal hay poderes y capacidades que nos permiten continuar nuestro progreso hacia la divinidad. El cuerpo no es solamente una manera de transporte para la cabeza, ni tampoco una irritación carnal para el espíritu, como algunos creen. Sino más bien es un componente esencial y poderoso del alma, ya que “el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre” (D. y C. 88:15). El privilegio de saber que Dios literalmente tiene un cuerpo, y que el cuerpo sigue progresando, nos da una posición de ventaja única gracias a la cual podemos comprender y disfrutar su enorme potencial.

El cuerpo es un don sagrado

Una segunda verdad que las Escrituras nos ofrecen en cuanto al cuerpo es la de aclarar su naturaleza como un don sagrado de Dios. Aunque en esta vida todos vamos a morir, gracias a la expiación de Jesucristo todos seremos resucitados y reunidos con nuestros cuerpos para siempre (véase 1 Corintios 15:22). En realidad, uno de los propósitos esenciales de la expiación de Cristo era el de darnos la oportunidad de vencer la muerte. En un marcado contraste con la definición del mundo de un cuerpo “perfecto” está nuestra creencia en un cuerpo perfeccionado —el cuerpo junto con el espíritu— que ha vencido tanto la muerte espiritual como la física. Un cuerpo perfecto, o perfeccionado, puede obtenerse finalmente sólo por medio de Jesucristo.

Las Escrituras nos advierten de no tratar livianamente las cosas sagradas y de tener cuidado de no tratar el cuerpo de una manera irrespetuosa. Alma pregunta:

“…¿Podéis resistir estas palabras? Sí, ¿podéis desechar estas cosas y hollar con los pies al Santo de Israel? Sí, ¿Podéis inflaros con el orgullo de vuestros corazones? Sí, ¿persistiréis aún en usar ropas costosas y en poner vuestros corazones en las vanidades del mundo…?

“Sí, ¿persistiréis en suponer que unos sois mejores que otros?” (Alma 5:53–54).

Tales pasajes de las Escrituras nos enseñan cómo pensar en cuanto a nuestro cuerpo. Si no pensamos en otra cosa más que en manipularlo o adornarlo, ¿con qué propósito estamos utilizando nuestro don? Si no lo cuidamos debidamente, ¿hasta qué punto estamos limitando nuestro don? Si usamos nuestro cuerpo de una manera directamente opuesta a los mandamientos de Dios, ¿cuál será el propósito de ese don? En las Escrituras se recalca una pregunta pertinente: “…¿en qué se beneficia el hombre a quien se le confiere un don, si no lo recibe?” La sabia respuesta es: “He aquí, ni se regocija con lo que le es dado, ni se regocija en aquel que le dio la dádiva” (D. y C. 88:33).

El propósito del cuerpo es ayudarnos a aprender, a progresar, a prestar servicio y a glorificar al que nos dio ese don: Dios. Demasiadas veces, sin embargo, la gente equivocadamente supone que el cuerpo es para glorificarse a sí mismo. Cualquier forma de falta de respeto hacia nuestro cuerpo —exhibirlo, menospreciarlo, participar en un comportamiento inmoral o descuidarlo— constituye el rechazo del don. En cambio, un Dios amoroso y sabio nos aconseja estar agradecidos por el cuerpo que tenemos y llegar a ser mayordomos prudentes de él.

El llegar a ser un mayordomo prudente y agradecido del cuerpo a menudo requiere renunciar a algo mundano para obtener algo celestial. Para algunos, tal ofrenda quizás incluya dejar de aspirar a ser tan esbeltos como los modelos profesionales, mientras que para otros, quizás se trate de abandonar la costumbre de arreglarse por demás y de vestirse con ropa costosa o inmodesta. Y habrá otros para los que tal vez sea renunciar a los placeres de corto plazo como comer de más, eludir el ejercicio adecuado, o mirar al cuerpo de los demás como objeto para gratificación propia. Al abandonar las prácticas mundanas, recibimos un gran beneficio espiritual. El comprender y seguir la verdad en cuanto al cuerpo nos da libertad: libertad de la tiranía de la vanidad, de la moda, de la envidia, de la superficialidad, de la autocrítica, de las murmuraciones, de los efectos dañinos de comer demasiado o de no alimentarse bien, de la lujuria, de la pornografía, de la adicción a las drogas, de los tatuajes, y de una hueste de otras clases de cargas y opresiones mundanas. El llegar a comprender el verdadero propósito del cuerpo aumenta nuestra habilidad de usar el albedrío, de progresar y de encontrar dicha.

El cuerpo es un templo

Otra verdad que se nos enseña en las Escrituras es que el cuerpo es un templo (véase 1 Corintios 6:19). Un templo no es solamente un lugar sagrado, sino que también irradia luz y verdad.

Cuando el Señor mandó al profeta Samuel para ungir al nuevo rey de entre los hijos de Isaí, Samuel vio a uno de los ocho hijos de Isaí llamado Eliab y supuso, basado en su apariencia física, que él debía ser ungido rey. Pero el Señor le dijo que se había equivocado y le aconsejó lo siguiente: “…No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura… porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

Al igual que Samuel, debemos aprender que el cuerpo y las personas no deben ser juzgados utilizando el criterio del mundo. El valor de una persona no depende de su apariencia. Lo que hace que un templo sea valioso es lo que nos permite aprender y actuar. Muchos edificios son bellos por fuera, pero solamente dentro del templo se encuentran el esplendor y la magnificencia de las verdades y promesas eternas de Dios. Igualmente, el valor del cuerpo es grande a la vista de Dios, pero ese valor reside en lo que nos permite aprender y hacer y en lo que emana de su interior. Debemos permitir que nuestros templos, o cuerpos, emitan la luz, el amor y la verdad de Cristo. Alma nos pregunta: “…¿Habéis nacido espiritualmente de Dios? ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros?” (Alma 5:14). Tener en el rostro la imagen de Cristo que irradia verdad, caridad y esperanza constituye una belleza verdadera, belleza ante los ojos de la persona más importante: Dios. La verdadera belleza se basa en cómo y en quién es la persona. Tal belleza divina es algo que se siente y no que se ve, y no está limitada por la cultura, la edad, ni por otro criterio del mundo.

Confiar en Dios y no en el brazo de la carne

Debido a que a Satanás se le negó un cuerpo mortal, él sabe muy bien lo valioso que es. Busca la manera de confundirnos y tentarnos para hacer mal uso del cuerpo e incluso de desperdiciarlo para que seamos miserables como él (véase 2 Nefi 2:27).

En todas las culturas, hay diferentes maneras de maltratar el cuerpo. Entre dichas influencias, el tratarlo de la manera debida requiere reflexión deliberada y esfuerzo.

Si se encuentran preocupados con la apariencia de su propio cuerpo o del de los demás, o si tienen dificultad de sentirse a gusto con su cuerpo, pueden preguntar a Dios qué pueden hacer al respecto. Si hacen esa pregunta con verdadera intención, la fortaleza y la ayuda que necesiten les será dada a través de las Escrituras, el Espíritu Santo u otros medios. Nuestro Padre Celestial nos ayudará en las dificultades que enfrentemos con nuestro cuerpo mortal. Él nos creó a nosotros y nuestro cuerpo y pronunció que todas las cosas que Él había creado eran buenas en gran manera (véase Moisés 2:31).

Si luchan con una dificultad muy grave y tienen un problema como anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, obesidad excesiva o adicción a las drogas, es posible que necesiten la ayuda profesional de un psicólogo o médico. Sin embargo, ya sean los problemas de naturaleza física, ideológica, emocional o de comportamiento, los medios más eficaces para vencerlos son tratar de entender que el cuerpo es sagrado y aceptar el alivio que esa comprensión produce.

Mientras que Satanás conspira para que estemos descontentos y faltemos al respeto a nuestro cuerpo y al de otras personas, Dios nos inspira para que tengamos otro punto de vista. Por medio de la Expiación, Jesucristo puede sanar nuestra mente y nuestro corazón en lo que se refiere al cuerpo, si así lo deseamos. Al tratar nuestro cuerpo y el de los demás de una manera que concuerde con las Escrituras, la imagen que tenemos del cuerpo será transformada. Reconoceremos las ilusiones del mundo y estaremos liberados de las prácticas y opiniones mundanas. Tener fe en estos principios acerca del cuerpo contribuirá a nuestra salud física y mental.

Diane L. Spangler es un miembro del barrio Cedar Hills 5, Estaca Cedar Hills, Utah.

Consejos para los padres

Estos consejos les servirán para ayudar a sus hijos a desarrollar una sana imagen del cuerpo:

  • Enseñen a sus hijos que Dios nos valora por quienes somos, y no por el aspecto que tengamos.
  • Ayuden a sus hijos a entender la diferencia entre la perspectiva que tiene el mundo del cuerpo y la perspectiva que tiene el Evangelio.
  • Si sus hijos critican la apariencia de otra persona, enséñenles que este comportamiento no concuerda con las enseñanzas del Evangelio.
  • Enseñen a sus hijos que Dios creó nuestro cuerpo para ayudarnos a progresar y llegar a ser como Él. Pídanles que digan lo que su cuerpo les permite aprender y hacer.
  • Enseñen a sus hijos que podemos demostrar a Dios que apreciamos nuestro cuerpo al cuidarlo y al utilizarlo de acuerdo con los propósitos por los que fue creado.

Referencias

 

  1. Véase de AnnMarie Carroll y Diane L. Spangler, “A Comparison of Body Image Satisfaction among Latter-day Saint and Non–Latter-day Saint College-Age Students”, Journal of the Association of Mormon Counselors and Psychotherapists, otoño de 2001, págs. 6–18.
  2. Véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 217.