La palabra de Sabiduría

Jed Woodworth

Al igual que muchas otras revelaciones de la Iglesia en sus primeros tiempos, la sección 89, que hoy se conoce como la Palabra de Sabiduría, se recibió como respuesta a un problema. En Kirtland, muchos hombres de la Iglesia fueron llamados a predicar en diversas partes de los Estados Unidos; debían proclamar el arrepentimiento al pueblo y congregar a los elegidos del Señor. A fin de preparar a estos conversos recientes para su importante labor, José Smith estableció una escuela de capacitación llamada la Escuela de los Profetas, que se inauguró en Kirtland en el segundo piso de la tienda de Newel K. Whitney en enero de 1833.

Todas las mañanas después del desayuno, estos hombres se reunían en la escuela para escuchar la instrucción de José Smith. El salón era muy pequeño y había más de veinticinco élderes que ocupaban todo el espacio. Lo primero que hacían después de sentarse era “encender una pipa, comenzar a hablar acerca de las grandes cosas del reino y seguir fumando”, contó Brigham Young. Las nubes de humo eran tan gruesas que a duras penas los hombres podían ver a José. Una vez terminadas las pipas, “se ponían a mascar por un lado, y quizá por ambos, y después todo quedaba por el suelo”. En este lugar tan sucio, José Smith procuraba enseñar a estos hombres cómo ellos y sus conversos podían llegar a ser santos, “sin mancha” y dignos de la presencia de Dios.

El tabaco

Este episodio tuvo lugar en la tienda de Whitney, en medio de una enorme transformación de la cultura occidental. En 1750, la higiene y el aseo personal eran prácticas poco frecuentes, ocasionales y le interesaban sobre todo a los ricos y aristócratas. En 1900, el baño frecuente se había convertido en una costumbre para una gran parte de la población, especialmente en las clases medias, que habían adoptado los buenos modales como un ideal. El escupir tabaco pasó de ser una práctica públicamente aceptable entre la mayoría de los segmentos de población a ser percibido como un hábito inmundo e impropio de la dignidad de la sociedad bien educada. En medio de este cambio cultural, en el preciso momento en que las personas comunes y corrientes comenzaron a preocuparse por su propia higiene y salud corporal, la Palabra de Sabiduría llegó para iluminar el camino.

La escena de la Escuela de los Profetas habría bastado para preocupar a cualquier persona no fumadora como José Smith. Emma, la esposa de José, le dijo que ese ambiente le preocupaba. Emma y él vivían en la tienda de Whitney, y la tarea de limpiar los escupitajos del piso recaía sobre sus hombros cansados. Quizá se quejara de que se le pidiera realizar esta tarea tan ingrata, pero también había una consideración más práctica: “Ella no conseguía que el piso quedara decente”, recordaba Brigham Young. Las manchas eran imposibles de quitar. Toda esa situación no parecía la ideal para los que habían sido llamados por Dios, como estos élderes, especialmente si recordamos que el salón con el piso sucio era el “cuarto de traducción” de José, el mismo lugar donde recibía revelaciones en el nombre de Dios. José comenzó a preguntar al Señor qué se podía hacer, y el 27 de febrero, apenas un mes después de la inauguración de la escuela, recibió la revelación que más tarde formaría parte de las Escrituras como Doctrina y Convenios 89. La respuesta fue inequívoca. “El tabaco no es para el cuerpo ni para el vientre, y no es bueno para el hombre” (véase D. y C. 89:8).

Las bebidas fuertes

El tabaco era solamente una de las muchas sustancias relacionadas con la higiene y salud corporal cuyos méritos se debatían acaloradamente a ambos lados del océano Atlántico en el momento en que se recibió la Palabra de Sabiduría. Las deliberaciones eran sumamente frecuentes, ya que el abuso de estas sustancias estaba muy generalizado. Frances Trollope, la novelista británica, afirmó con desdén en 1832 que, en todos sus viajes recientes por los Estados Unidos, nunca había conocido a un hombre que no fuera “mascador de tabaco o bebedor de whisky”.

El consumo de alcohol y el mascar tabaco obviamente estaban ya fuera de control. Durante siglos, casi todos los estadounidenses habían consumido grandes cantidades de bebidas alcohólicas, como también hacían los europeos. Los puritanos llamaban al alcohol la “buena creación de Dios”, una bendición del cielo para ingerir con moderación. Se consumía alcohol en prácticamente todas las comidas, en parte debido a que el agua no purificada de aquel tiempo era muy insalubre. La cerveza casera era una de las bebidas preferidas y, después del año 1700, los colonos británico-americanos comenzaron a tomar jugo de durazno (melocotón) fermentado, sidra y ron importado de las Indias occidentales o destilado de la melaza que se preparaba allí. Para 1770, el consumo por persona de licores destilados, sin contar la cerveza ni la sidra, alcanzaba los catorce litros al año.

La Revolución de los Estados Unidos no hizo sino exacerbar esta dependencia al alcohol. Una vez que se suspendieron las importaciones de melaza, los estadounidenses buscaron sustituir el ron por el whisky. Los agricultores que cultivaban cereales en la zona oeste de Pensilvania y Tennessee encontraban más barato fabricar whisky que enviar y vender granos, los cuales no se conservaban bien. Como consecuencia, el número de destilerías creció con rapidez a partir de 1780, impulsado por el establecimiento del cinturón maicero en Kentucky y Ohio, y por las grandes distancias que lo separaban de los mercados del este de los Estados Unidos. Ante el asombro de observadores como Trollope, todos los estadounidenses, tanto hombres como mujeres y niños, tomaban whisky todo el día. El consumo de licores destilados en los Estados Unidos creció sin freno, de casi diez litros por persona en 1790, a más de veintiséis en 1830, alcanzando el tope máximo de toda la historia estadounidense y triplicando la tasa de consumo actual.

Ese elevado consumo de alcohol ofendía a las sensibilidades religiosas. Ya en 1784, los cuáqueros y los metodistas aconsejaban a sus miembros que se abstuvieran de todas las bebidas fuertes y evitaran participar en su venta y fabricación. Un movimiento más firme en pos de la sobriedad comenzó a arraigarse entre las iglesias de las primeras décadas del siglo XIX. El alcohol pasó a verse más como una peligrosa tentación que como un don de Dios. En 1812, las iglesias congregacionales y presbiterianas de Connecticut recomendaban leyes estrictas de licencia para limitar la distribución de alcohol. Lyman Beecher, un líder de este movimiento reformista, defendió medidas aún más extremas y fomentó la abstinencia total de las bebidas alcohólicas. La idea pronto se convirtió en un componente central de la sociedad estadounidense para la sobriedad (ATS, por sus siglas en inglés), que se organizó en Boston en 1826. A las personas se les instaba a firmar una promesa de sobriedad, no sólo para moderar su consumo de alcohol sino para abstenerse totalmente. Junto a los nombres de aquellos que lo hicieron se inscribió una “T” mayúscula, de la palabra “temperance” en inglés, y de allí surgió la palabra “teetotaler”, que significa abstemio. A mediados de la década de 1830, la sociedad ATS había crecido hasta alcanzar más de un millón de miembros, muchos de ellos abstemios.

Alentados por la ATS, aparecieron miles de sociedades locales para la sobriedad por todo el ámbito rural de los Estados Unidos. Kirtland tenía su propia sociedad para la sobriedad, al igual que muchos pueblos pequeños. Precisamente debido a que se debatía y analizaba tanto la reforma sobre el alcohol, y que cada uno de los habitantes tenía una opinión al respecto, los santos necesitaban una manera de determinar qué era lo correcto. Además de rechazar el consumo del tabaco, la Palabra de Sabiduría también se pronunció contra las bebidas alcohólicas: “Que si entre vosotros hay quien beba vino o bebidas fuertes, he aquí, no es bueno ni propio a los ojos de vuestro padre” (véase D. y C. 89: 5).

No obstante, se requirió tiempo para terminar con las prácticas que se encontraban tan profundamente arraigadas en la tradición familiar y cultural, sobre todo en vista de que se utilizaban con frecuencia bebidas fermentadas de todas clases para fines medicinales. El término “bebidas fuertes” ciertamente incluía los licores destilados como el whisky, y los Santos de los Últimos Días por lo general evitaron su consumo a partir de entonces. Adoptaron una postura más moderada en cuanto a bebidas alcohólicas más suaves, como la cerveza y el “vino puro de la uva de la vid, de vuestra propia hechura” (véase D. y C. 89:6). Durante las dos siguientes generaciones, los líderes Santos de los Últimos Días enseñaron la Palabra de Sabiduría como un mandamiento de Dios, pero toleraron diversos puntos de vista sobre hasta qué punto debía observarse estrictamente el mandamiento. Ese periodo de incubación dio tiempo para que los santos desarrollaran su propia tradición de abstinencia en el consumo de sustancias que crean dependencia. A comienzos del siglo XX, cuando los medicamentos científicos comenzaron a estar más ampliamente disponibles y la asistencia al templo se convirtió en un elemento más habitual de la adoración de los Santos de los Últimos Días, la Iglesia se encontraba lista para aceptar una norma más exigente de observancia que eliminaría los problemas como el alcoholismo entre los miembros obedientes. En 1921, el Señor inspiró al Presidente de la Iglesia, Heber J. Grant, a hacer un llamado a todos los santos para que obedecieran la Palabra de Sabiduría al pie de la letra, absteniéndose completamente de todo tipo de alcohol, café, té y tabaco. En la actualidad, se espera que los miembros de la Iglesia vivan esa norma más elevada.

Bebidas calientes

Los reformadores estadounidenses que fomentaban la sobriedad tuvieron éxito en la década de 1830 en gran medida gracias a haber encontrado un sustituto para el alcohol: el café. En el siglo XVIII, el café se consideraba un producto de lujo y se prefería el té producido por los británicos. Después de la Revolución de los Estados Unidos, el tomar té pasó a verse como un acto antipatriota y decayó en gran medida. La vía estaba abierta para que surgiera un estimulante rival. En 1830, los reformadores persuadieron al Congreso de los Estados Unidos a que eliminara las tasas de importación del café. La estrategia funcionó; el precio del café cayó a unos diez centavos por medio kilo, lo cual equiparó el costo de una taza de café con el de un vaso de whisky y marcó el declive de éste último. En 1833, el café había pasado “en gran medida al consumo diario de casi todas las familias, tanto ricos como pobres”. El periódico Baltimore American lo incluyó “entre las cosas necesarias de la vida”. Aunque el café gozaba de una amplia aceptación a mediados de 1830, incluso dentro de la comunidad médica, algunos reformadores radicales como Sylvester Graham y William A. Alcott predicaron contra el uso de estimulantes de cualquier tipo, incluso el café y el té.

La Palabra de Sabiduría rechaza la idea de que se utilice un sustituto para el alcohol. Las “bebidas calientes” (las cuales los Santos de los Últimos Días entendían que representaban el café y el té) “no son para el cuerpo ni para el vientre”, explicaba la revelación (véase D. y C. 89:9). En vez de ello, la revelación instaba a consumir los productos de primera necesidad que habían sostenido la vida durante miles de años. La revelación elogiaba “toda hierba saludable”. “Se ha dispuesto todo grano para el uso del hombre y de las bestias, como sostén de vida… así como también el fruto de la vid, ya sea dentro de la tierra, ya sea arriba de la tierra”. En armonía con una revelación anterior que respaldaba el consumo de carne, la Palabra de Sabiduría recordó a los santos que la carne de las bestias y las aves se habían dado “para el uso del hombre, con acción de gracias”, pero añadía la advertencia de que debía “usarse limitadamente” y no en exceso (véase D. y C. 89:10-12).

“Derramaré mi espíritu sobre toda carne”

Los Santos de los Últimos Días que se enteran de los movimientos de reforma sanitaria de las décadas de 1820 y 1830 a veces quedan perplejos al escucharlo por primera vez. ¿Qué relación guardan estos movimientos con la Palabra de Sabiduría? ¿Se limitó José Smith a utilizar ideas ya existentes en su entorno y declararlas como una revelación?

Esas preocupaciones carecen de base. Haríamos bien en recordar que muchos de los primeros Santos de los Últimos Días que participaron en sociedades para la sobriedad consideraban la Palabra de Sabiduría como un consejo inspirado, “adaptada a la capacidad del débil y del más débil de los santos, que son o que pueden ser llamados santos”. Por otra parte, la revelación no cuenta con ninguna analogía exacta en los libros de su época. A menudo, los reformadores para la sobriedad intentaban asustar a quienes los escuchaban, vinculando el consumo de alcohol con una serie de terribles enfermedades o males sociales. La Palabra de Sabiduría no presentó ningún argumento de ese tipo. En cuanto a las bebidas fuertes, la revelación dice simplemente: “no es bueno”. Del mismo modo, las explicaciones de los preceptos en contra del tabaco y las bebidas calientes son breves. La revelación se puede considerar más como arbitradora que como participante del debate cultural.

En vez de argumentar a partir de una postura de temor, la Palabra de Sabiduría argumenta desde una postura de confianza y fe. La revelación invita a quienes la escuchan a confiar en un Dios que tiene el poder de otorgar grandes recompensas, espirituales y físicas, a cambio de la obediencia al mandato divino. La revelación dice que los que cumplan la Palabra de Sabiduría “recibirán salud en el ombligo y médula en los huesos; y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos”. Esas líneas vinculan el cuerpo al espíritu, lo cual eleva el cuidado del cuerpo al nivel de un principio religioso.

En definitiva, es lógico que existan algunas coincidencias entre la Palabra de Sabiduría y el movimiento de reforma sanitaria del siglo XIX. Aquella fue una época de “refrigerio” (Hechos 3:19), un momento en la historia donde se derramaba luz y conocimiento de los cielos. Durante la noche en que José Smith recibió la visita del ángel Moroni por primera vez, en el otoño de 1823, el ángel citó una línea del libro de Joel y dijo que estaba a punto de cumplirse: “Derramaré mi espíritu sobre toda carne”, dice el pasaje (Joel 2:28; cursiva agregada). En la medida en que la reforma para la sobriedad hacía que las personas fueran menos dependientes de las sustancias adictivas, lo cual promovía la humildad y los actos justos, el movimiento ciertamente fue inspirado por Dios. “Lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente”, declara el Libro de Mormón (Moroni 7:13). En vez de preocuparse por las coincidencias culturales, los Santos de los Últimos Días pueden contemplar con alegría cómo el espíritu de Dios ha conmovido a tantas personas, con tanto alcance y con tanta fuerza.

Justo después de recibir la Palabra de Sabiduría, José Smith se presentó ante los élderes de la Escuela de los Profetas y les leyó la revelación. A los hermanos no les hizo falta que les explicaran el significado de las palabras. “Inmediatamente arrojaron sus pipas al fuego”, recordó uno de los participantes. Desde ese momento, la inspiración que contiene la Palabra de Sabiduría ha demostrado su autenticidad muchas veces más en la vida de los santos, y su poder y divinidad se han ido derramando a lo largo de los años. En cierto modo, el movimiento de reforma sanitaria estadounidense ha desaparecido, mientras que la Palabra de Sabiduría sigue vigente para iluminar nuestro camino.

Cuando lo malo parece bueno y lo bueno parece malo

Por el élder Quentin L. Cook

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso, “A Banquet of Consequences: The Cumulative Result of All Choices”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young, el 7 de febrero de 2017. Para leer el discurso completo en inglés, visite speeches.byu.edu.

La forma en la que el adversario trata de malinterpretar y socavar las bendiciones de vivir de acuerdo con el plan del Padre.

Uno de los aspectos más astutos de los esfuerzos del adversario para frustrar el plan de felicidad de nuestro Padre Celestial es su engañosa enseñanza de que no hay influencia maligna ni demonio (véase 2 Nefi 28:22) y su intento de redefinir lo malo como bueno y lo bueno como malo, la oscuridad como luz y la luz como oscuridad, y lo amargo como dulce y lo dulce como amargo (véase 2 Nefi 15:20).

A eso a veces se le llama cambio de paradigma—“cuando la forma habitual de pensar o hacer algo se reemplaza por una manera nueva y diferente1, y de esa forma representen las cosas para que sean exactamente lo contrario de lo que realmente son. En su novela clásica Cartas del diablo a su sobrino, C. S. Lewis escribió desde el punto de vista de un viejo diablo. Lewis invirtió los valores tradicionales usando la ironía y la sátira para que lo malo pareciera bueno y lo bueno malo2.

En cuanto a ese tema, hace unos meses tuve una reunión estimulante con un experto en publicidad reconocido internacionalmente. Hablábamos de la influencia del mal y de las consecuencias de las malas decisiones.

Imaginó un interesante relato hipotético de la reunión de Lucifer con una agencia de publicidad. El adversario describió su dilema: él y sus seguidores se habían rebelado y rechazado el plan del Padre y habían llegado a comprender que no podían prevalecer contra Dios. Lucifer entendió que si bien el plan del Padre era de alegría y felicidad, su propio plan resultaba en dolor y miseria. El problema, explicó Lucifer al ejecutivo de publicidad, era cómo atraer seguidores.

Se determinó que la única esperanza de éxito que tenía Lucifer era lograr un cambio de paradigma o una inversión de valores; en otras palabras, caracterizar el plan del Padre como algo que resultaba en angustia y miseria, y el plan de Lucifer como algo que resultaba en alegría y felicidad.

Esa reunión hipotética tiene un propósito útil. La verdad es que los enemigos del plan del Padre no solo intentan socavar la doctrina y los principios del plan, sino que también intentan tergiversar las bendiciones que fluyen del plan. Su esfuerzo básico es hacer que lo que es bueno, justo y alegre parezca miserable.

Analizaré algunos de los esfuerzos que lleva a cabo el adversario parar tergiversar y socavar las bendiciones de vivir de acuerdo con el plan del Padre.

Palabra de Sabiduría

En el transcurso de mi vida, he visto que el alcohol ha arruinado y a veces ha destruido la vida de muchos de mis amigos. La cultura del alcohol no solo tiene que ver con la doctrina de la Iglesia; también tiene que ver con la salud y la felicidad de todos. Los Santos de los Últimos Días pueden ser una voz importante en educar a la sociedad sobre las consecuencias de ese problema.

En el plan del Padre, la Palabra de Sabiduría —que se dio a causa de “maldades y designios… de hombres conspiradores”— proporciona principios de salud. Está “adaptada a la capacidad del débil y del más débil de todos los santos”. Establece cosas específicas, incluso que el “vino o bebidas fuertes [alcohol]… no es bueno”. El tabaco y las bebidas calientes (té y café) “no son para el cuerpo” (D. y C. 89:4, 3, 5, 8–9).

Esa revelación también favorece buenas prácticas de salud con una promesa. Promete que los que actúen en obediencia al mandato divino, “recibirán salud… y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento” (D. y C. 89:18–19)3.

La distorsión que utiliza el adversario se manifiesta claramente por su defensa del tabaco y del alcohol.

Incluso hoy en día, la agencia de publicidad hipotética tendría dificultades para arrojar luz favorable en el uso del tabaco. El profeta José Smith (1805–1844) recibió la Palabra de Sabiduría por revelación en 1833. En 1921, el presidente Heber J. Grant (1856–1945), por inspiración del Señor, exhortó a todos los santos a vivir más plenamente la Palabra de Sabiduría4. En ese momento, la publicidad masiva y la idealización en las películas hacían que el fumar cigarrillos pareciera moderno, sofisticado y divertido. No fue sino hasta 1964, cuarenta y tres años más tarde, que el Cirujano General de los Estados Unidos concluyó: “Fumar cigarrillos es un peligro para la salud de suficiente importancia en los Estados Unidos como para justificar medidas correctivas apropiadas”5.

Las estadísticas actuales con respecto al consumo de cigarrillos no se disputan. Las personas que fuman tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad cardíaca, un derrame cerebral y cáncer de pulmón. Se calcula que fumar aumenta el riesgo de cáncer de pulmón 25 veces6.

De modo que lo que el adversario presenta como de moda, sofisticado y divertido, de hecho, ha resultado en miseria y en la muerte prematura de millones de personas.

El alcohol es otro ejemplo. Durante muchos años, he seguido con interés un proyecto de investigación que comenzó en la década de 1940. Al principio, se estudió periódicamente a lo largo de toda su vida a 268 hombres que asistían a la Universidad de Harvard. Más adelante, otras personas, entre las que se incluyó a mujeres, también formaron parte del estudio. El objetivo del estudio original era descubrir todo acerca del éxito y de la felicidad.

Ese estudio contiene tres conclusiones significativas: Primero, la felicidad en las personas adultas tiene una alta correlación con la felicidad familiar durante la niñez, en particular, con el amor y el afecto de los padres7. Segundo, la importancia de un matrimonio saludable y estable brinda felicidad para toda la vida8; y tercero, el efecto negativo del alcohol en el éxito y la felicidad en el matrimonio y en la vida. El abuso del alcohol afecta a un tercio de las familias de los Estados Unidos y una cuarta parte tiene que ver con las admisiones en los hospitales. Desempeña un papel importante en la muerte, la mala salud y los logros truncados9.

Un artículo reciente que apareció en la primera plana del diario Washington Post informó que “las mujeres de este país están bebiendo mucho más y con más frecuencia que sus madres y abuelas lo hicieron, y que el consumo de alcohol las está matando en cantidades récord”. El artículo concluyó que “la ciencia actual y emergente no respalda los supuestos beneficios del consumo moderado” y que “el riesgo de muerte por cáncer parece aumentar con cualquier nivel de consumo de alcohol”10.

En los últimos años, muchas universidades en todo el mundo han estado tratando de disminuir el consumo de alcohol por parte de sus estudiantes debido a su relación a graves comportamientos antisociales, entre los que se incluye el abuso sexual y problemas serios de salud, en especial del consumo excesivo de alcohol. Ahora se ha establecido, desde el punto de vista médico, el terrible impacto del alcohol en el cerebro de muchos jóvenes11.

Al mencionar problemas de salud principalmente personales, no he intentado categorizar otras consecuencias graves del consumo de alcohol, como accidentes al conducir en estado de ebriedad, hombres que intentan excusar agresiones físicas y sexuales debido a la disfunción causada por el alcohol, y los efectos que tiene en el cerebro fetal el alcohol que las mujeres ingieren durante el embarazo12.

Como si fumar cigarrillos, abusar del alcohol y la epidemia de opiáceos13 no fuesen ya suficientemente perjudiciales para la sociedad, ahora vemos las fuerzas del mal abogar por la legalización de la marihuana para uso recreativo.

Opciones familiares

Las opciones familiares siguen un modelo similar. En el plan del Padre se establece claramente el papel de las familias.

En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” leemos: “La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad. La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”14.

Es bastante común en el mundo de hoy, en otro cambio de paradigma, pregonar opciones alternativas de una manera positiva que están en conflicto directo con ese plan y que son adversas para el matrimonio y la familia:

•La opción de mujeres y hombres de colocar la educación y las carreras antes que el matrimonio y la familia.

•La opción de no tener hijos o tener pocos hijos15 o interrumpir el embarazo cuando no sea conveniente.

•La opción de participar en una conducta inmoral como sustituto de la institución sagrada del matrimonio.

El adversario se ha centrado en las mujeres y ha descrito la maternidad como una vía sin salida de actos monótonos; se ha centrado en los hombres y ha representado la paternidad como algo poco importante y la fidelidad como “pasada de moda”. El aislamiento y la deshumanización que resultan de la pornografía son ejemplos de la conducta inmoral que está sustituyendo a la sagrada institución del matrimonio; subraya el terrible alejamiento de la verdad y de la rectitud que el adversario desea.

Las opciones alternativas inapropiadas se representan como apropiadas para ayudar a alcanzar los objetivos mundanos de libertad e igualdad. Como resultado de tales opciones, el promedio de hijos que una mujer tendrá en su vida está disminuyendo radicalmente. Se estima que el 46 por ciento de la población mundial vive en países donde la tasa de fertilidad es menor de 2,1 hijos, la tasa necesaria para que la población se mantenga estable. La mayoría de los países europeos y asiáticos están por debajo de ese nivel. Italia y Japón tienen tasas de aproximadamente 1,3 hijos por pareja. Se espera que la población de Japón disminuya de 120 millones a cerca de 100 millones para el año 205016.

Algunas personas han descrito esa disminución mundial en la población como un “invierno demográfico”17. Muchos países no están teniendo suficientes hijos para reemplazar a la generación que está muriendo.

Permítanme compartir otra realidad que me preocupa mucho. Tuve una conmovedora experiencia en Jerusalén en 2016 en el Children’s Memorial [Museo Conmemorativo de los Niños], que es parte del World Holocaust Remembrance Center [Centro Mundial de Conmemoración del Holocausto]. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y yo, junto con dos líderes judíos americanos, colocamos una corona funeraria conmemorativa. Se cree que más de un millón de niños judíos fueron muertos durante el Holocausto18.

Al pasar por el museo, me sentí sumamente conmovido. Mientras me encontraba afuera recobrando la compostura, reflexioné sobre el horror de la experiencia y de repente me di cuenta de que en los Estados Unidos solamente, hay tantos abortos cada dos años como el número de niños judíos que murieron en el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial19.

Los niños judíos fueron muertos porque eran judíos, y no hay nada análogo en toda la historia, pero la intensidad de mis sentimientos se debió a la pérdida de niños. Traer hijos al mundo es una parte sagrada del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Estamos tan insensibilizados e intimidados con la inmensidad de la práctica del aborto que muchos de nosotros lo hemos puesto en lo recóndito de nuestra mente y tratamos de mantenerlo fuera de nuestra consciencia. Claramente, el adversario está atacando el valor de los niños en muchos niveles.

El aborto se debe plantear con cuidado; es un problema que probablemente no se resolverá con la condena personal ni las acusaciones recriminatorias. Algunos han advertido que no se juzgue un barco, ni a hombres ni a mujeres, sin comprender la duración del viaje y las tormentas a las que se enfrenten20. Debo agregar que muchos que participan en esa conducta deplorable no tienen un testimonio del Salvador ni conocimiento del plan del Padre.

Sin embargo, para aquellos que creen que somos responsables ante Dios, e incluso para muchos de los que no son de nuestra fe, eso se ha convertido en una tragedia de proporciones monumentales. Cuando lo combinamos con el invierno demográfico que acabamos de explorar, es una seria mancha moral en nuestra sociedad.

El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) enseñó: “La felicidad máxima en el matrimonio la determina en gran parte un factor principal: el tener y criar hijos… La Iglesia no puede aprobar ni tolerar medidas que tan marcadamente pongan límites al tamaño de la familia”21.

Con respecto al número de hijos y la cantidad de tiempo entre uno y otro, se debe considerar la salud de la madre, y el esposo y la esposa deben tomar la decisión con espíritu de oración22. Terceras personas no deben juzgar tales decisiones. Algunos miembros fieles no pueden tener hijos ni la oportunidad de casarse. Recibirán todas las bendiciones en el banquete máximo de consecuencias23.

Sin embargo, Lucifer ha apoyado el aborto y, en un horrible cambio de paradigma, ha convencido a muchas personas que los hijos representan una pérdida de oportunidad y miseria, en lugar de gozo y felicidad.

Como Santos de los Últimos Días, debemos estar a la vanguardia de los corazones y las mentes que cambian sobre la importancia de los hijos. Los ataques a la familia que acabo de describir terminan en dolor y miseria.

El Señor ha declarado que Su obra y Su gloria es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). El plan se establece por medio de las familias. Cada miembro de la familia es importante y sus funciones son bellas, gloriosas y satisfactorias.

La proclamación sobre la familia no podría ser más clara acerca de las consecuencias de las opciones que no sean compatibles con el plan del Padre. Proclama inequívocamente: “… advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre las personas, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos”24.

Eso establece claramente el banquete máximo de consecuencias y el impacto cumulativo de las opciones que no son compatibles con el plan de felicidad del Padre.

En todos los matrimonios y en la crianza de los hijos hay desafíos y sacrificios, pero las recompensas por ambas en esta vida y en las eternidades son asombrosamente hermosas. Emanan de un amoroso Padre Celestial.

Prosperar en la tierra

Un conocido pasaje de las Escrituras a lo largo del Libro de Mormón consta de dos partes; dice: “… al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra”. La segunda parte dice: “… si no guardas los mandamientos de Dios, serás separado de su presencia” (véase, por ejemplo, Alma 36:30). Es claro que tener la bendición del Espíritu Santo por medio de la obediencia es un elemento principal para prosperar en la tierra.

Además, las enseñanzas sagradas de la Iglesia establecen que tener suficiente para nuestras necesidades es la mejor medida de prosperidad temporal. En este caso, el cambio de paradigma de Lucifer es agrandar la búsqueda de grandes riquezas y la adquisición de productos de lujo sumamente visibles. Algunos parecen sentirse impulsados a lograr el estilo de vida de los ricos y los famosos. El exceso de riqueza no se promete a los miembros fieles, ni suele traer felicidad.

Como pueblo, los Santos de los Últimos Días efectivamente han prosperado. Los principios financieros prudentes incluyen:

•Buscar primeramente el reino de Dios.

•Trabajar, planificar y gastar con prudencia.

•Planificar para el futuro.

•Utilizar la riqueza para edificar el reino de Dios.

El objetivo de Lucifer

Además de representar las bendiciones como miseria, Lucifer procura socavar el plan del Padre y destruir la fe en Jesucristo y Su doctrina. La agresión hacia la Biblia y la divinidad de Jesucristo nunca se ha visto más marcada en mi vida de lo que lo es en la actualidad. Como se predijo en las Escrituras, Lucifer está valiéndose de muchos dispositivos para lograr ese objetivo.

Una cosa es ser engañado por el adversario, y otra es ser uno de sus mercenarios. El élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, lo expresó hermosamente: “¡Qué trágico es que tantos mortales sean mercenarios para el adversario… y que… se compren a tan bajo precio! Un poco de nivel social, un poco de dinero, un poco de alabanza, un poco de fama fugaz, y están dispuestos a cumplir las órdenes de aquél que puede ofrecer todo tipo de ‘recompensas’ transitorias, pero que no tiene moneda celestial”25.

Probablemente no haya mejor ejemplo del impacto de los mercenarios que la visión de Lehi del árbol de la vida y del edificio grande y espacioso en el Libro de Mormón. Los que estaban en el edificio señalaron con el dedo a los que se habían asido a la vara de hierro e incluso habían comido del fruto del árbol. Los que comieron se “avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” (1 Nefi 8:27–28).

Por lo tanto, las malas opciones resultan en un banquete con resultados amargos, rancios, desagradables y miserables.

Comparen eso al glorioso banquete de consecuencias que se prometen a ustedes, los que son fieles. Ustedes “serán llenos de la gloria del Señor” y serán “santificados por el Espíritu para la renovación de” su cuerpo, y todo lo que el Padre tiene les será dado (D. y C. 84:32, 33; véanse también los versículos 34–38).

En un banquete de consecuencias como ese, la comida espiritual con la que nos deleitemos es deliciosa, sabrosa, dulce, suculenta, nutritiva y satisfactoria, y permitirá que nuestros corazones se regocijen. Cuando “[vengamos] al Santo de Israel y [nos saciemos] de lo que no perece ni se puede corromper” (2 Nefi 9:51), podremos seguir el camino estrecho y la vía derecha que nos llevará al Santo de Israel, “pues su nombre es el Señor Dios” (2 Nefi 9:41).

Referencias

  1. Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, edición nro. 11, 2003, “paradigm shift [cambio de paradigma]”, merriam-webster.com.
  2. C. S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Miguel Marías (trad.), 2004.
  3. Véase Jed Woodworth, “The Word of Wisdom”, enRevelaciones en Contexto: Los acontecimientos de trasfondo de las revelaciones de Doctrina y Convenios, editado por Matthew McBride y James Goldberg, 2016, págs. 195–203; “La Palabra de Sabiduría”, 1 de junio de 2013,history.lds.org.
  4. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant, 2003, pág. 203–213.
  5. Smoking and Health: Report of the Advisory Committee to the Surgeon General of the Public Health Service, PHS publication no. 1103 (1964), pág. 33; véase también The Health Consequences of Smoking—50 Years of Progress: A Report of the Surgeon General, 2014, surgeongeneral.gov.
  6. Véase “Health Effects of Cigarette Smoking”, Centers for Disease Control and Prevention, 15 de mayo de 2017, cdc.gov.
  7. Véase George E. Vaillant, Triumphs of Experience: The Men of the Harvard Grant Study, 2012, págs. 108–109.
  8. Véase Alvin Powell, “Decoding Keys to a Healthy Life”,Harvard Gazette, 2 de febrero de 2012, news.harvard.edu.
  9. Véase Vaillant, Triumphs of Experience, pág. 292. En comparación, un estudio separado a largo plazo de miembros activos de la Iglesia arrojó resultados positivos (véase James E. Enstrom y Lester Breslow, “Lifestyle and Reduced Mortality among Active California Mormons, 1980–2004”, Preventive Medicine, tomo 46, nro. 2 [febrero de 2008], págs. 133–136).
  10. Kimberly Kindy y Dan Keating, “For Women, Heavy Drinking Has Been Normalized. That’s Dangerous”,Washington Post, 23 de diciembre de 2016, washingtonpost.com; las citas al final Robert D. Brewer del programa sobre el alcohol de los Centers for Disease Control and Prevention [Centros para la prevención y el control de las enfermedades].
  11. Véase “Fact Sheets—Underage Drinking”, Centros para la prevención y el control de las enfermedades, 20 de octubre de 2016, cdc.gov.
  12. Véase Anne Schuchat, “The CDC’s Recommendations to Help Prevent Fetal Alcohol Spectrum Disorders”, American Family Physician, tomo 95, nro. 1 (1 de enero de 2017), págs. 6–7, aafp.org.
  13. Véase “Inside a Killer Drug Epidemic: A Look at America’s Opioid Crisis”, New York Times, 6 de enero de 2017, nytimes.com.
  14. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona,noviembre de 2010, pág. 129.
  15. “El porcentaje de personas de 25 a 34 años de edad que no tienen hijos que viven con ellos se duplicó desde 1967” (Emily Schondelmyer, “No Kids in the House: A Historical Look at Adults Living without Children”, U.S. Census Bureau, 20 de diciembre de 2016, census.gov).
  16. Véase World Fertility Patterns 2015, United Nations, Department of Economic and Social Affairs, Population Division, 2015, pág. 6, un.org; “Birth and Fertility of the Resident Population”, Istat (Italian National Institute of Statistics), 28 de noviembre de 2016, istat.it; “The Future of World Religions: Population Growth Projections, 2010–2050, Buddhists”, Pew Research Center, 2 de abril de 2015, págs. 6–12, 102–111, pewresearch.org; Adam Taylor, “It’s Official: Japan’s Population Is Dramatically Shrinking”,Washington Post, 26 de febrero de 2016, washingtonpost.com; and Ana Swanson, “Japan’s Birth Rate Problem Is Way Worse Than Anyone Imagined”,Washington Post, 7 de enero de 2015, washingtonpost.com.
  17. Véase The New Economic Reality: Demographic Winter,BYUtv, byutv.org.
  18. Véase “Plight of Jewish Children”, Holocaust Encyclopedia, United States Holocaust Memorial Museum, ushmm.org.
  19. Véase Reproductive Health: Data and Statistics: “Abortion”, Centros para la prevención y el control de las enfermedades, 10 de mayo de 2017, cdc.gov. Reconozco que el número de abortos ha disminuido en los últimos años, pero el número sigue siendo sumamente elevado.
  20. A veces se atribuye a Thomas Carlyle (1795–1881); véase Manual de Instrucciones 1: Presidentes de estaca y obispos, 2010, 17.3.1. Esta sección proporciona excepciones limitadas de aborto relacionadas con violación, incesto, salud de la madre y defectos graves del bebé.
  21. The Teachings of Spencer W. Kimball, ed. Edward L. Kimball, 1982, págs. 328–329; véase también El matrimonio eterno, Manual para el alumno (manual del Sistema Educativo de la Iglesia, 2003), pág. 80, LDS.org.
  22. Véase Gordon B. Hinckley, Cornerstones of a Happy Home (folleto, 1984), pág. 6, LDS.org.
  23. Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 1.3.3.
  24. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, 2.
  25. Neal A. Maxwell, Things As They Really Are, 1978, pág. 42.