Cómo enfrentar los desafíos del mundo actual.

 Elder Robert D. Hales

Las decisiones que tomen con respecto a la misión, la educación, el matrimonio, la carrera y el servicio en la Iglesia moldearán su destino eterno.

Se ha escrito y se ha dicho mucho sobre la generación presente de jóvenes adultos solteros. Los estudios indican que muchos se resisten a la religión organizada y muchos están endeudados y sin trabajo. A la mayoría le gusta la idea del matrimonio, pero muchos tienen temor de dar ese paso. Cada vez más son los que no quieren tener hijos. Sin el Evangelio y la guía inspirada, muchos se desvían por senderos extraños y se pierden.

Felizmente, entre los jóvenes adultos miembros de la Iglesia esas tendencias inquietantes son mucho menores, en parte porque son bendecidos con el plan del Evangelio. Ese plan eterno incluye el asirse firmemente a la barra de hierro; adherirse a la palabra de Dios y a la de Sus profetas. Tenemos que asirnos con más firmeza a la barra que nos conducirá de regreso a Él. Ahora es el “día para escoger”1 para todos nosotros.

Cuando era niño y estaba a punto de tomar una decisión no muy bien pensada, mi padre a veces me decía: “Robert, ¡corrige el curso y vuela derecho!”. Ya saben cómo es. Con el mismo espíritu de claridad, quiero hablarles específicamente a los jóvenes, los nobles jóvenes y nobles jóvenes adultos, porque “mi alma se deleita en la claridad… a fin de que [aprendamos]”2.

Ustedes viven en un período crítico de la vida. Las decisiones que tomen con respecto a la misión, la educación, el matrimonio, la carrera y el servicio en la Iglesia moldearán su destino eterno; eso significa que siempre mirarán hacia adelante, hacia el futuro.

Cuando era piloto de la Fuerza Aérea, aprendí el principio de nunca volar deliberadamente hacia el medio de una tormenta eléctrica (no les diré cómo lo descubrí), sino, en cambio, bordearla, cambiar de ruta o esperar que la tormenta pasara antes de aterrizar.

Queridos jóvenes adultos, hermanos y hermanas, quiero ayudarles a “volar derecho” en las tormentas de los últimos días. Ustedes son el piloto. Tienen la responsabilidad de considerar las consecuencias de cada una de sus decisiones. Pregúntense: “Si tomo esa decisión, ¿qué es lo peor que puede suceder?”. Sus decisiones rectas les evitarán desviarse del curso.

Piénsenlo: Si deciden no tomar una bebida alcohólica, ¡nunca serán alcohólicos! Si deciden no endeudarse, ¡evitarán la posibilidad de una bancarrota!

Uno de los propósitos de las Escrituras es mostrarnos cómo reaccionan las personas de rectitud ante la tentación y la maldad: ¡las evitan! José huyó de la esposa de Potifar3; Lehi se fue de Jerusalén con su familia4; María y José huyeron a Egipto para escapar de la malvada trama de Herodes5. En cada una de esas ocasiones, el Padre Celestial advirtió a estos creyentes; de la misma manera, Él nos ayudará a saber cuándo debemos pelear, huir o aceptar nuestras circunstancias cambiantes. Nos hablará por medio de la oración, y cuando oremos, tendremos el Espíritu Santo, quien nos guiará. Tenemos las Escrituras; las enseñanzas de los profetas vivientes; la bendición patriarcal; el consejo de padres, líderes de las organizaciones auxiliares y del sacerdocio inspirados; y, sobre todo, la voz apacible y suave del Espíritu.

El Señor siempre cumplirá Su promesa: “… yo os guiaré”6. La cuestión es, ¿nos dejaremos guiar? ¿Escucharemos Su voz y la de Sus siervos?

Les testifico que si ustedes están a disposición del Señor, Él estará allí para ustedes7. Si lo aman y guardan Sus mandamientos, tendrán Su Espíritu para acompañarlos y guiarlos. “Pon tu confianza en ese Espíritu que induce a hacer lo bueno… por este medio sabrás, todas las cosas… que corresponden a la rectitud”8.

Con esos principios como base, permítanme darles algunos consejos prácticos.

Muchos de su generación tienen deudas aplastantes. Cuando yo era joven, el presidente de mi estaca era banquero de inversiones en Wall Street y me enseñó lo siguiente: “Si puedes vivir feliz con lo que tienes, eres rico”. ¿Cómo se hace eso? ¡Paguen el diezmo y luego ahorren! Cuando ganen más, ahorren más. No compitan con otros para tener cosas caras que no necesiten; no compren lo que no pueden pagar.

En el mundo, muchos jóvenes adultos se endeudan para obtener una carrera sólo para encontrar que el costo es mucho más de lo que podrán pagar. Busquen becas y otras subvenciones, consigan trabajo de medio tiempo, si es posible, para ayudar a pagar sus estudios. Eso requerirá sacrificio, pero les ayudará a tener éxito.

La educación los prepara para mejores oportunidades de empleo; los pone en una posición mejor para servir y para bendecir a quienes los rodeen; los colocará en un sendero de aprendizaje continuo y los fortalecerá para que luchen contra la ignorancia y el error. Como enseñó José Smith: “El conocimiento disipa las tinieblas, la incertidumbre y la duda, porque estas no pueden existir donde hay conocimiento… En el conocimiento hay poder”9. “Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios”10. La educación los preparará para el porvenir, incluso para el matrimonio.

Una vez más, les hablaré francamente. El recorrido que lleva al matrimonio incluye el salir en citas; eso les da la oportunidad de tener largas conversaciones. Mientras sean novios, traten de saber todo lo que puedan el uno del otro, y cuando sea posible, de conocer a la familia de ambos. ¿Tienen metas compatibles? ¿Piensan y sienten lo mismo sobre los mandamientos, el Salvador, el sacerdocio, el templo, la crianza de los hijos, los llamamientos de la Iglesia y el servicio a los demás? ¿Se han observado mutuamente en situaciones de tensión, al reaccionar frente al éxito o al fracaso, al resistir el enojo y al enfrentar contratiempos? La persona con quien están saliendo, ¿menoscaba a los demás o los edifica? Su actitud, lenguaje y conducta, ¿es algo con lo que querrían convivir a diario?

A pesar de lo dicho, nadie se casa con la perfección, nos casamos con el potencial. En el matrimonio correcto no se trata solo de lo que yo quiera, sino también de lo que ella quiere y necesita que yo sea.

Hablando claro, no pasen todos sus veinte años saliendo con jóvenes solo para “pasarlo bien”, postergando el matrimonio a favor de otros intereses y actividades. ¿Por qué? Porque el noviazgo y el matrimonio no son el destino final; son la puerta para llegar a donde finalmente quieren ir. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer”11.

La responsabilidad que tienen ahora es ser dignos de la persona con la que quieran casarse. Si quieren casarse con una persona digna, atractiva, honrada, feliz, trabajadora y espiritual, sean esa clase de persona; si son así y todavía no se han casado, sean pacientes. Esperen en el Señor. Testifico que el Señor conoce sus deseos y los ama por la fiel devoción que le demuestran; Él tiene un plan para ustedes, aquí o en la próxima vida. Escuchen a Su Espíritu. “… no procuréis aconsejar al Señor, antes bien aceptad el consejo de su mano”12. En esta vida o en la venidera, Sus promesas se cumplirán. “… si estáis preparados, no temeréis”13.

Si no tienen muchos recursos económicos, no se preocupen. Un excelente miembro de la Iglesia me dijo hace poco: “Yo no crie a mis hijos con dinero, los crie con fe”. Hay mucha verdad en ello. Empiecen a ejercer la fe en todo aspecto de su vida; si no lo hacen, sufrirán de lo que yo llamo la “atrofia de la fe”; y la fortaleza necesaria para ejercer su fe, disminuirá. Ejerciten la fe todos los días y serán “más y más fuertes… y más y más firmes en la fe de Cristo”14.

A fin de prepararse para el matrimonio, cerciórense de ser dignos de tomar la Santa Cena y de tener la recomendación para el templo. Asistan al templo con regularidad; presten servicio en la Iglesia; y, además de servir en los llamamientos de la Iglesia, sigan el ejemplo del Salvador, que sencillamente “anduvo haciendo bienes”15.

Tal vez les preocupe seriamente la incertidumbre de las decisiones que tendrán que tomar en el futuro. En mis días de joven adulto, busqué el consejo de mis padres y de asesores fieles y de confianza. Uno era un líder del sacerdocio; otro, un maestro que creía en mí. Ambos me dijeron: “Si quieres mi consejo, prepárate para aceptarlo”. Entendí lo que eso significaba. Oren para elegir consejeros que se interesen sinceramente en su bienestar espiritual; tengan cuidado de buscar consejos de sus amigos; si quieren más de lo que tienen ahora, búsquenlo en alguien que esté en un nivel superior, ¡no a su misma altura!16.

Recuerden, nadie puede elevarlos; solamente su fe y oraciones harán que se eleven y tengan un potente cambio en el corazón; sólo sudeterminación de ser obedientes puede cambiar su vida. Gracias al sacrificio expiatorio del Salvador por ustedes, el poder está en ustedes17. Ustedes tienen el albedrío; si son obedientes, tienen un fuerte testimonio y pueden seguir al Espíritu que los guía.

Hace poco, un joven cineasta comentó que se siente parte de una “generación de hijos pródigos”, una generación que “anda tras la esperanza y el gozo y los logros, pero los busca en lugares erróneos y de maneras erróneas”18.

En la parábola del Salvador del Hijo Pródigo, este tenía muchas bendiciones esperándolo; pero antes de poder reclamarlas tenía que analizar su vida, sus decisiones y sus circunstancias. El milagro que sucedió a continuación se describe en las Escrituras con una frase sencilla: “[volvió] en sí”19. Permítanme exhortarlos a volver en sí. En la Iglesia, cuando hay que tomar decisiones importantes, a menudo nos reunimos en consejo. Los consejos familiares tienen un propósito similar. Quizás quieran llevar a cabo lo que yo llamo “un consejo personal”; después de orar, pasen un tiempo solos; piensen en lo que tienen por delante; pregúntense: “¿qué aspectos de mi vida quiero fortalecer para poder fortalecer a otras personas?, ¿dónde quiero encontrarme dentro de un año?, ¿dentro de dos años?, ¿qué decisiones debo tomar para llegar allí?”. Recuerden, ustedes son el piloto, y están a cargo. Les testifico que, al volver en sí, su Padre Celestial se acercará a ustedes y, con la mano reconfortante de Su Santo Espíritu, los guiará a lo largo del camino.

Testifico que Dios vive. Doy mi testimonio especial de que el Salvador los ama. “… ¿no hemos de seguir adelante en [Su] causa tan grande? Avanzad, en vez de retroceder”20. A medida que lo sigan, Él los fortalecerá y los sostendrá. Él los traerá al hogar celestial. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Doctrina y Convenios 105:35.

  2. 2 Nefi 25:4.

  3. Véase Génesis 39.

  4. Véase 1 Nefi 2.

  5. Véase Mateo 2.

  6. Doctrina y Convenios 78:18.

  7. Véase Doctrina y Convenios 88:63.

  8. Doctrina y Convenios 11:12, 14.

  9. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 280.

  10. 2 Nefi 9:29.

  11. Génesis 2:24.

  12. Jacob 4:10.

  13. Doctrina y Convenios 38:30.

  14. Helamán 3:35.

  15. Hechos 10:38.

  16. Véase de Boyd K. Packer, Teach Ye Diligently, 1975, pág. 145.

  17. Véase Doctrina y Convenios 58:28.

  18. Nathan Clarkson, citado por Emma Koonse, en “‘Confessions of a Prodigal Son’ Writer Says ‘We Are All Prodigals,’ Modern Retelling of Story Aimed at Millennials”, Christian Post, 26 de enero de 2015; http://www.christianpost.com.

  19. Lucas 15:17.

  20. Doctrina y Convenios 128:22.

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Su Jornada Celestial.

Presidente Thomas S. Monson

“A cada una de ustedes les llegarán esos momentos de enseñanza en que serán testigos del amor de su madre, de la fortaleza de su padre y de la inspiración de Dios”.

Conferencia  General Abril 1998

Mis queridas hermanas, qué bendición tengo al estar frente a ustedes en esta tarde y pensar que además de todas las personas que están reunidas aquí en el Tabernáculo, hay muchas miles más observando y escuchando esta reunión por medio de la transmisión vía satélite. Ruego la ayuda del Señor.

Henry Wadsworth Longfellow, en un poema clásico, las describió a ustedes y su futuro. El dijo:

¡Cuán hermosa es la juventud

Cuán brillante su resplandor,

Con sus ilusiones, aspiraciones y sueños!

Un libro de nuevos comienzos, historia sin fin,

Cada jovencita una heroína, cada joven un amigo! 1 (traducción libre).

Preciosas jovencitas, sus madres, sus maestras y sus lideres de las Mujeres Jóvenes, permítanme dejar algunos pensamientos y sugerencias que guíen sus pasos a través de la vida mortal y hacia el reino celestial de nuestro Padre Celestial.

He elegido cuidadosamente cuatro objetivos positivos que las pueden guiar y que les darán gozo eterno. Estos son:

  1. Acudir al cielo,

  2. Evaluar con introspección,

  3. Servir a los demás y,

  4. Seguir adelante.

Primero, hablemos sobre el ruego: acudir al cielo.

Nuestro Padre Celestial ha puesto en cada uno de nosotros el deseo de regresar a Él; las palabras de las Escrituras lo dicen claramente: “[acude] a Dios para que vivas”2. Ningún problema es demasiado pequeño como para que Él no le preste atención ni demasiado grande como para que no pueda contestar la oración de fe. La oración es indudablemente el pasaporte para obtener poder espiritual. Ustedes pueden orar con un propósito cuando saben quiénes son y lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguen a ser.

No les será difícil dirigirse a Él en sus sinceras oraciones al recordar las palabras del apóstol Pablo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”3.

Si desean complacer a nuestro Padre Celestial, honren a su padre y a su madre, como Él lo ha mandado. Ellos les aman; el gozo de ustedes es el gozo de ellos y las penas de ustedes son las de ellos. Ellos desean para ustedes la guía celestial que proporciona el Señor.

He escuchado a algunos padres frustrados decir que una hija o un hijo están pasando por los terribles años de la adolescencia. Yo prefiero describirlos como los años fantásticos de la adolescencia.

Jamás se esperaba que la vida fuese sólo sonrisas y felicidad. A cada una de ustedes les llegarán esos momentos de enseñanza en que serán testigos del amor de su madre, de la fortaleza de su padre y de la inspiración de Dios.

Pedí autorización al élder Russell M. Nelson para compartir con ustedes una lección de dolor, atenuada por el conocimiento del plan de nuestro Padre Celestial.

El élder Nelson y su esposa han sido bendecidos con nueve hijas, seguidas por un varón. Son una familia feliz y muy unida. Cuando los hijos eran pequeños, cierta tarde se reunieron alrededor de la madre y del padre, y él procedió a enseñarles. Les dijo: “Se están llamando a muchos matrimonios a servir como misioneros y, en el caso de los presidentes de misión, deben llevar a sus hijos al país donde sean asignados”. Luego el padre hizo la pregunta critica: “Si su mamá y yo fuéramos llamados a ese tipo de asignación, ¿estarían dispuestos a ir con nosotros?”.

Esperó las respuestas. Una de las hijas dijo: “Papá, ¡a ti no te llamarían porque yo soy animadora de los eventos deportivos del colegio!”.

Una hija mayor dijo: “Yo no podría ir porque estoy en la universidad”.

Siguieron las respuestas de los adolescentes, hasta que la pequeña Emily, con la pureza de su alma, contestó: “Papi, si te llaman, yo iré contigo”.

En realidad, todos los hijos habrían estado dispuestos a ir, pero Emily hizo brotar lágrimas de ternura con su respuesta profunda pero simple.

Rápidamente pasaron los años; se casaron los hijos; llegaron los nietos.

Y luego el temido cáncer atacó a Emily, y después de una lucha valerosa y denodada, fue llamada al hogar [de nuestro Padre Celestial].

El élder Nelson habló en el servicio fúnebre. Jamás he escuchado un mensaje más excelente o más tierno. Habló del plan de salvación y describió las promesas de Dios que atañen a la naturaleza eterna de la familia. En voz calmada dijo: “Emily se ha graduado un poquito antes de la vida mortal”. ¡Qué enseñanza más propicia!

Cuando la numerosa familia caminaba tras el féretro, el élder Nelson llevaba en sus brazos a dos de los hijitos de Emily. Todos los presentes formaron parte de la verdad que se había enseñado y de la lección que se había aprendido. Todos fuimos inspirados a acudir al cielo.

Segundo, evaluar con introspección.

Quisiera suplicar a cada una de ustedes que se haga esta pregunta: ¿Sé a dónde deseo ir, lo que deseo ser, lo que deseo hacer?.

El Señor ha contestado tales preguntas: “Buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”4.

Las sagradas Escrituras, la guía que les dan SUS padres y la enseñanza diligente que reciben en la Primaria, en las Mujeres Jóvenes, en la Escuela Dominical, en la reunión sacramental y en seminarios, les fortificarán en su determinación de ser lo mejor que puedan.

Estudien con un propósito, tanto en la Iglesia como en la escuela. Escriban sus metas y lo que planean hacer para lograrlas. Aspiren a mucho porque tienen la capacidad de recibir bendiciones eternas.

No se debe esperar que el camino de la vida se abra en una vista despejada ante la persona que empieza su jornada. Ustedes deben prepararse para encontrar bifurcaciones y curvas en el camino, pero no pueden esperar llegar al final de la jornada deseada si no tienen un objetivo fijo, si andan sin rumbo fijo, de si habrán de ir al este o al oeste. Deben tomar sus decisiones con un objetivo en mente.

Como nos dice Lewis Carroll en la bien conocida obra Alicia en el país de las maravillas, Alicia seguía un sendero por el bosque cuando el sendero se dividió en dos direcciones. Indecisa, le preguntó al gato, que repentinamente había aparecido en un árbol cercano, qué sendero debería seguir. “¿A dónde deseas ir?”, preguntó el gato.

“No sé”, dijo Alicia.

“Entonces”, dijo el gato, “en realidad no tiene importancia, ¿verdad?”5.

Nosotros sabemos a dónde deseamos llegar. ¿Tenemos la resolución -incluso la fe-para llegar hasta allí?

“Venid … y aprended de mí,”6 dijo el Señor. “Ven, sígueme”7 nos exhorta. Al responder en forma afirmativa a Su gentil invitación, cada una de ustedes estará preparada para avanzar a nuestro próximo objetivo y servir a los demás.

El apóstol Pablo les proporcionó este sabio consejo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”8.

Jóvenes hermanas, las oportunidades que tienen de servir y de ser una bendición en la vida de los demás son ilimitadas. Piensen, por ejemplo, en el privilegio que tienen de asistir al santo templo, de servir a otras personas que están en el más allá y actuar como sus representantes para proporcionarles las bendiciones del bautismo.

Cierta mañana, al caminar hacia el templo, vi a un grupo de jovencitas que, temprano esa mañana, habían participado en bautismos para personas fallecidas. Tenían el cabello mojado; sus sonrisas eran radiantes, sus corazones estaban colmados de gozo. Una chica se volvió hacia el templo y expresó sus sentimientos. Dijo: “Éste ha sido el día más feliz de mi vida”.

Hay otras oportunidades para servir a los vivos. Pueden hacerlo y de ese modo brindarles gozo indescriptible. Los asilos y hospitales han llegado a ser el hogar de enfermos y ancianos que requieren cuidado especial. Anhelan los días de su juventud; añoran la compañía de familiares y las comodidades de sus hogares.

En un servicio sacramental al que asistí en un centro hospitalario, después de que los residentes que estaban en sillas de ruedas recibieron la Santa Cena, una jovencita de la edad de ustedes tocó un solo de violín. Las hermanas ancianas estaban tan agradecidas; declaraban en voz alta su gratitud con comentarios como “qué hermoso”, “qué maravilloso”, “te quiero”. Esas distracciones no disuadieron a la violinista, sino que, más bien, le permitieron alcanzar mayores niveles en SU presentación.

Ese día ella me dijo: “Jamás había podido tocar tan bien en mi vida. Algo parecía elevarme más allá de mí misma y de mis propias habilidades. Sentí la inspiración del amor de mi Padre Celestial”.

Yo le recordé: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios”9.

Respondió asintiendo con la cabeza, guardó el violín cuidadosamente en el estuche y, con lágrimas de gozo que le corrían por las mejillas, se dirigió a su asiento.

Ruego que recordemos servir a los demás.

Finalmente, sigan adelante. Eviten la tendencia de posponer una inspiración o una oportunidad de progresar y de servir. El dejar las cosas para más tarde es en verdad un robo de tiempo. Hagan frente a los desafíos diarios de su vida. ¿Cuánto hace desde que miraron a los ojos de su madre y, sin refrenarse, pronunciaron las palabras siempre esperadas: “Mamá, te quiero de verdad”?. ¿Y a su padre, que trabaja a diario para sostenerlas? A los padres les gusta escuchar esas mismas valiosas palabras que salen de los labios de un hijo: “Te quiero”.

Es muy fácil dejar de valorar a los padres y no darse cuenta de todo lo que en realidad significan para ustedes y ustedes para ellos. Una ilustración de este caso sucedió en un

salón de clases. Una de las preguntas que se hicieron después de haber realizado un estudio sobre el magnetismo en la escuela secundaria Olympus fue: “¿Qué palabra empieza con M y levanta cosas?”. Más de la tercera parte de los alumnos respondió: “Mamá”.

Aléjense de los problemas temporarios o de las obstrucciones que impidan su progreso.

Una bendición que pueden esforzarse por recibir es su bendición patriarcal. Sus padres y su obispo sabrán cuándo es el tiempo adecuado para que la reciban. La bendición patriarcal contiene capítulos de su libro de posibilidades en la vida. Será para ustedes como un faro en una colina, advirtiéndoles de los peligros y dirigiéndoles hacia la tranquilidad de puertos seguros. Es una pronunciación profética de los labios de una persona que ha sido llamada y ordenada para otorgar tal bendición.

Quisiera aprovechar la oportunidad para expresar de parte de cada una de ustedes, jovencitas, un sincero agradecimiento a sus padres, a sus maestras, a sus líderes. Ellos son ejemplos que deben seguir; ellos saben que habrá desilusiones, días de desalientos y frustraciones personales en la vida de ustedes. Ellos les mostrarán la forma de sobreponerse a tales experiencias y a seguir por ese camino de la vida que va hacia arriba y hacia adelante hasta la gloria celestial. Recuerden que una vez que hayan experimentado la excelencia jamás se conformarán con la mediocridad.

Hace algunos años, una amorosa jovencita llamada Jami Palmer, que en ese entonces tenía doce años de edad, fue a mi oficina en la silla de ruedas que empujaban sus padres. Le habían diagnosticado cáncer. Se requeriría cirugía y muchos tratamientos, y el tiempo de recuperación sería largo. Fue un momento solemne mientras conversábamos. El padre me pidió que me uniera a él para dar una bendición a su desanimada hija cuyos sueños, esperanzas y planes habían quedado en suspenso. Todos llorábamos. Se dio la bendición del sacerdocio.

Me he mantenido en contacto con Jami y su familia. Los años han pasado volando. Ella ha rendido servicio ilimitado a sus semejantes como vocero de la Fundación Un Sueño Hecho Realidad (Makea-Wish Foundation) que bendice a los jovencitos que sufren enfermedades incurables. Jami se ha convertido en una hermosa jovencita y ahora estudia en la Universidad Brigham Young. Goza de buena salud; ha pasado por el fuego purificador y se le ha prolongado la vida. Agradece a todos aquellos que le ayudaron durante esos difíciles años y, en forma especial, a su Padre Celestial por darle la vida misma.

Un momento decisivo en la vida de Jami ocurrió a principios de su tratamiento contra el cáncer. Ella y los jóvenes del barrio habían planeado una caminata a la Caverna Timpanogos. Aquellas de ustedes que han hecho esa caminata saben que es una subida muy pronunciada y que parece que jamás llegarán a la cumbre para entrar en la caverna. Muy triste, Jami dijo a sus amigos: “No me será posible hacer la caminata con ustedes”.

“¿Por qué no?”, le preguntaron.

Jami contestó: “Porque no puedo caminar”.

Hubo un momento de silencio y entonces uno de ellos contestó: “Jami, si no puedes caminar, nosotros te llevaremos en brazos”. Y así lo hicieron, ¡de subida y de bajada!

Mujeres Jóvenes: ¿acudirán al cielo, se evaluarán con introspección, servirán a los demás y seguirán adelante? Al hacerlo, grande será su galardón y eterna será su gloria10.

Dejo con ustedes, mis amadas hermanas, mi testimonio de que nuestro Padre Celestial vive, de que Jesús es el Cristo y de que estamos siendo guiados hoy por un profeta para nuestra época, el presidente Gordon B. Hinckley. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. “Morituri Salutamus”, en The Complete Poetical Works of Longfellow, 1922, pág. 311.

  2. Alma 37:47.

  3. I Corintios 3:16.

  4. D. y C. 88:118.

  5. Adaptado de Alice’s Adventures in Wonderland, 1929, pág. 76.

  6. Véase Mateo 11:28-29.

  7. Lucas 18:22.

  8. I Timoteo 4:12.

  9. Véase Mosíah 2:17.

  10. Véase D. y C. 76:6.