Una generación resistente al pecado.

Por Joy D. Jones

Mientras enseñen, guíen y amen a los niños, pueden recibir revelación personal que los ayudará a formar y preparar a niños valientes, resistentes al pecado.

Hace un año y medio, el presidente Russell M. Nelson habló de la necesidad de “… enseñar y ayudar a criar a una generación resistente al pecado”1. Esa frase, “una generación resistente al pecado”, tuvo un gran impacto espiritual en mí.

Honramos a los niños que se esfuerzan por vivir de forma pura y obediente. He sido testigo de la fortaleza de muchos niños en todo el mundo. Ellos permanecen resilientes, “… firmes e inmutables”2 en una variedad de circunstancias y ambientes desafiantes. Esos niños comprenden su identidad divina, sienten el amor del Padre Celestial por ellos y buscan obedecer Su voluntad.

Sin embargo, hay niños que luchan por permanecer “… firmes e inmutables” y cuyas delicadas mentes están siendo heridas3. Son atacados por todos lados por “… los ardientes dardos del adversario”4 y requieren refuerzo y apoyo. Ellos son una motivación contundente para que participemos y libremos una guerra en contra del pecado en nuestros esfuerzos de llevar a nuestros hijos a Cristo.

Escuchen las palabras del élder Bruce R. McConkie de hace casi 43 años:

“Como miembros de la Iglesia, estamos envueltos en un gran conflicto. Estamos en guerra. Nos enrolamos en la causa de Cristo para pelear contra Lucifer…

“La gran guerra que se lleva a cabo en ambos bandos y que, desafortunadamente, produce muchas bajas, algunas fatales, no es nueva…

“No hay ni puede haber neutrales en esta guerra”5.

Hoy la guerra sigue con creciente intensidad. La batalla nos afecta a todos, y nuestros hijos están en las primeras líneas de defensa enfrentando a las fuerzas opositoras. De este modo, la necesidad se intensifica para que fortalezcamos nuestras estrategias espirituales.

El fortalecer a los niños para que lleguen a ser resistentes al pecado es una tarea y una bendición para los padres, los abuelos, los miembros de la familia, los maestros y los líderes; cada uno tiene la responsabilidad de ayudar. Sin embargo, el Señor ha instruido en especial a los padres a enseñar a sus hijos “… a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo” y a “… orar y a andar rectamente delante del Señor”6.

Cómo “criar a [nuestros] hijos en la luz y la verdad”7 puede ser una pregunta desafiante, ya que se personaliza para cada familia y cada hijo, pero el Padre Celestial ha dado pautas universales que nos ayudarán. El Espíritu nos inspirará de las maneras más eficaces para que podamos inmunizar espiritualmente a nuestros hijos.

Para comenzar, el tener una comprensión de la importancia de esta responsabilidad es esencial. Debemos entender nuestro propósito e identidad divinos, y los de nuestros hijos, antes de que podamos ayudarlos a ver quiénes son y por qué están aquí. Debemos ayudarlos a saber, sin ninguna duda, que son hijos e hijas de un amoroso Padre Celestial y que Él tiene expectativas divinas para ellos.

Segundo, la comprensión de la doctrina del arrepentimiento es esencial para llegar a ser resistentes al pecado. El ser resistente al pecado no significa no pecar, sino que implica arrepentirse, estar atento y ser valiente continuamente. Quizás ser resistente al pecado ocurre como una bendición por resistirse al pecado reiteradamente. Como Santiago dijo: “… resistid al diablo, y huirá de vosotros”8.

Los jóvenes guerreros “eran… sumamente valientes en cuanto a intrepidez… mas he aquí, esto no era todo; eran hombres que en todo momento se mantenían fieles a cualquier cosa que les fuera confiada. Sí… se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él”9. Esos jóvenes fueron a la guerra llevando virtudes semejantes a las de Cristo para utilizarlas como armas en contra de sus adversarios. El presidente Thomas S. Monson nos recordó que “a cada uno de nosotros se nos llama constantemente a tener valentía. Todos los días se necesita valor, no solo para los acontecimientos importantes, sino, con más frecuencia, al tomar decisiones o al responder a las circunstancias que nos rodean”10.

Nuestros hijos llevan una armadura espiritual cuando establecen modelos de discipulado personal diario. Quizás subestimemos la capacidad de los niños para entender el concepto de discipulado diario. El presidente Henry B. Eyring nos aconsejó: “Comiencen con tiempo y perseveren”11. Así que la tercera clave para ayudar a los hijos a llegar a ser resistentes al pecado es comenzar a muy temprana edad a enseñarles con amor las doctrinas básicas y los principios del Evangelio —de las Escrituras, los Artículos de Fe, el folleto Para la Fortaleza de la Juventud, las canciones de la Primaria, los himnos y nuestros testimonios personales— que los guiarán al Salvador.

El crear hábitos constantes de orar, estudiar las Escrituras, hacer la noche de hogar y de adorar en el día de reposo llevan a la integridad, a la constancia interior y a los valores morales fuertes; en otras palabras, a la fortaleza espiritual. En el mundo de hoy donde la integridad está desapareciendo, nuestros hijos merecen comprender lo que es la verdadera integridad y por qué es tan importante, en especial mientras los preparamos para hacer y guardar convenios sagrados en el bautismo y en el templo. Como Predicad Mi Evangelio enseña: “El guardar los compromisos prepara a las personas [incluso a los jóvenes] para hacer y guardar convenios sagrados”12.

El élder Jeffrey R. Holland ha enseñado: “… cuando hablamos de guardar convenios, nos referimos al cuerpo y alma de nuestro propósito en la mortalidad”13. Hay un poder inusual al hacer y guardar convenios con nuestro Padre Celestial. El adversario sabe eso, así que ha confundido el concepto de hacer convenios14. El ayudar a los niños a comprender, hacer y guardar convenios sagrados es otra clave al formar una generación resistente al pecado.

¿Cómo preparamos a nuestros hijos para hacer y guardar convenios sagrados al entrar y progresar por el camino del convenio? El enseñar a los niños a cumplir promesas sencillas cuando son pequeños les dará el poder para guardar convenios sagrados más adelante en su vida.

Permítanme compartir un ejemplo simple: En una noche de hogar, un padre preguntó: “¿Cómo nos estamos llevando como familia?”. Lizzie, de cinco años, se quejó de que su hermano mayor, Kevin, la fastidiaba demasiado y que hería sus sentimientos. Kevin admitió renuentemente que Lizzie estaba en lo cierto. La madre de Kevin le preguntó qué podía hacer él para llevarse mejor con su hermana. Kevin pensó y decidió que le prometería a Lizzie no fastidiarla por un día entero.

Al final del día siguiente, cuando todos estaban reunidos para la oración familiar, el papá le preguntó a Kevin cómo le había ido. La respuesta de Kevin fue: “¡Papá, cumplí mi promesa!”. Con alegría Lizzie estuvo de acuerdo, y la familia felicitó a Kevin.

La madre de Kevin luego sugirió que si él podía mantener esa promesa por un día, ¿por qué no podía hacerlo por dos días? Kevin aceptó intentarlo de nuevo. Pasaron dos días, Kevin había cumplido su promesa con éxito y ¡Lizzie estaba aún más agradecida! Cuando su padre le preguntó por qué estaba cumpliendo sus promesas tan bien, Kevin dijo: “Cumplí mi promesa porque dije que lo haría”.

Una sucesión de promesas pequeñas y exitosas que se cumplen lleva a la integridad. La práctica constante de cumplir una promesa es la preparación espiritual para que los niños reciban su primer convenio del bautismo y el don del Espíritu Santo, donde hacen convenio de servir a Dios y guardar Sus mandamientos15. Las promesas y los convenios son inseparables.

En el libro de Daniel aprendemos que Sadrac, Mesac y Abed-nego se rehusarona adorar al ídolo del rey Nabucodonosor16. El rey les advirtió que si no cumplían, serían echados en un horno de fuego ardiente. Ellos se rehusaron y dijeron:

“Si es así, nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente…

“Y si no, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses”17.

“Y si no”. Consideren el significado de esas tres palabras y cómo se relacionan con guardar los convenios. Esos tres jóvenes no estaban basando su obediencia en ser liberados. Incluso si no los liberaban, ellos cumplirían su promesa al Señor porque dijeron que lo harían. El guardar nuestros convenios no cambia de acuerdo a nuestra situación. Esos tres jóvenes, como los jóvenes guerreros, son ejemplos maravillosos para nuestros hijos sobre la resistencia al pecado.

¿Cómo se aplican esos ejemplos en nuestros hogares y familias? “… línea por línea, precepto por precepto”18 ayudamos a los niños a probar el éxito en pequeños bocados. Cuando ellos cumplen sus promesas, sienten el Espíritu en su vida. El élder Joseph B. Wirthlin enseñó que “la recompensa máxima de la integridad es la compañía constante del Espíritu Santo”19. Entonces la “… confianza [de nuestros niños] se fortalecerá en la presencia de Dios”20. De esa fuente de integridad viene una generación poderosa, resistente al pecado.

Hermanos y hermanas, tengan a sus pequeñitos cerca, tan cerca que vean su comportamiento religioso diario y los observen guardar sus promesas y convenios. “Los niños son grandes imitadores, así que démosles algo grande que imitar”21. En verdad estamos ayudando a enseñar y criar una generación resistente al pecado para el Señor, promesa por promesa y convenio por convenio.

Testifico que Jesucristo guía esta Iglesia. Mientras enseñen, guíen y amen a los niños a la manera del Señor, pueden recibir revelación personal que los ayudará a formar y preparar a niños valientes, resistentes al pecado. Mi ruego es que nuestros hijos sientan las palabras de Nefi: “¿Harás que yo tiemble al aparecer el pecado?”22. Testifico que nuestro Salvador expió los pecados del mundo23, porque Él dijo que lo haría, y que nos ama más de lo que nosotros, simples mortales, podemos siquiera comprender24, porque Él dijo que nos amaría. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Russell M. Nelson, “Una súplica a mis hermanas”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 97.

  2. Mosíah 5:15.

  3. Véase Jacob 2:9.

  4. 1 Nefi 15:24; véase también Helamán 5:12.

  5. Véase Bruce R. McConkie, “Sé valiente en la batalla de la fe”, Liahona, abril de 1975, págs. 38–39.

  6. Doctrina y Convenios 68:25, 28.

  7. Doctrina y Convenios 93:40.

  8. Santiago 4:7; véase también Alma 19:33.

  9. Alma 53:20–21.

  10. Thomas S. Monson, “Esfuércense y sean valientes”, Liahona, mayo de 2014, pág. 67.

  11. Henry B. Eyring, “La preparación espiritual: Comiencen con tiempo y perseveren”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 37.

  12. Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 212.

  13. Jeffrey R. Holland, “Guardemos los convenios: Un mensaje para los que servirán en una misión”, Liahona, enero de 2012, pág. 48.

  14. Véase 1 Nefi 13:26–28.

  15. Véase Mosíah 18:10.

  16. Véase Daniel 3.

  17. Daniel 3:17–18.

  18. 2 Nefi 28:30.

  19. Joseph B. Wirthlin, “La integridad no tiene precio”, Liahona, noviembre de 1994, pág. 48.

  20. Doctrina y Convenios 121:45.

  21. Anónimo.

  22. 2 Nefi 4:31.

  23. Véase 3 Nefi 27:14–15.

  24. Véase Juan 15:13.

Anuncios

Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

 Lisa Ann Thomson

Las estadísticas pueden llegar a agobiar a los padres; Extremetech.com calcula que un treinta por ciento de todos los datos que se transfieren por internet son pornografía1. Se halla, literalmente, en cientos de millones de páginas web, hasta en los gigantes de las redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube. Puede accederse a ella a través de la televisión, las computadoras, las tabletas y los teléfonos inteligentes.

“El material al que el niño se ve expuesto sencillamente traumatiza el tierno y frágil cerebro de un pequeño”, señala una terapeuta, la Dra. Jill C. Manning, quien es una frecuente disertante sobre los efectos de la pornografía en el matrimonio y la familia.

Pero hay esperanza.

Aun con la aparente omnipresencia de la pornografía, los padres tienen el poder para proteger a sus hijos y prepararlos para afrontar y rechazar la pornografía.

A continuación se presentan ocho estrategias de líderes de la Iglesia y expertos para ayudar a los padres a fortalecer sus familias

1. Aborden la cuestión del acceso y de las reglas familiares

Comiencen con las defensas exteriores. “Salvaguardamos a nuestros hijos hasta el momento en que ellos pueden salvaguardarse a sí mismos”, dice Jason S. Carroll, profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young. Este explica que el tronco encefálico, que alberga los centros de placer del cerebro, se desarrolla primero. Solo después se desarrollan completamente la capacidad de razonar y tomar decisiones en la corteza frontal. “De modo que los niños tienen el pedal del acelerador, pero sin los frenos al completo”, dice. Por lo tanto, los filtros externos y la supervisión son cruciales para las personas jóvenes.

Hay pasos sencillos y reglas que pueden proteger a los niños (y adultos) de la exposición involuntaria, y ayudarlos a pensárselo dos veces en cuanto al contenido que deciden ver:

  • Utilicen los filtros de la computadora, del enrutador y de los niveles del proveedor de servicios de internet.

  • Activen el control parental y el de contenidos mediante los proveedores de televisión por cable y los servicios de medios de comunicación en línea.

  • Configuren la restricción de contenidos en los dispositivos móviles.

  • Mantengan las computadoras y tabletas en las áreas de uso compartido.

  • Pidan a los niños y adolescentes que les entreguen los teléfonos y dispositivos móviles por la noche.

  • Establezcan una política de transparencia: Los padres pueden ver los mensajes de texto y las cuentas de las redes sociales en cualquier momento.

    Enseñen a los hijos qué hacer si se encuentran con pornografía: (1) cerrar los ojos y apagar el dispositivo, (2) contarle a un adulto y (3) dirigir los pensamientos a otra cosa. Asegúrenles que no han hecho nada malo y que no se los regañará.

2. Prediquen de Cristo

“Los filtros son herramientas útiles, pero el mejor filtro en este mundo, el único que en última instancia funciona, es el filtro personal interno que proviene de un testimonio profundo y duradero del amor de nuestro Padre Celestial y del sacrificio expiatorio de nuestro Salvador por cada uno de nosotros”, dijo Linda S. Reeves, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro2.

Para ayudar a nuestros hijos a cultivar dicho filtro interno, la hermana Reeves destaca el consejo de Nefi: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, [y] profetizamos de Cristo… para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

Los expertos concuerdan con ello. Hay estudios que han confirmado que la religiosidad en el hogar, junto con una “forma de crianza afectuosa”, tiene un efecto protector contra la pornografía3.

“La mejor medida preventiva y la mejor medida reparadora ante la pornografía es la verdadera enseñanza del Evangelio en el hogar”, dice Timothy Rarick, profesor de Técnicas para la Crianza de los Hijos de la Universidad Brigham Young–Idaho, y miembro asesor de la Mesa Directiva de la United Families International [organización Familias Unidas Internacional]. “Lo mejor que podemos hacer es ayudar a nuestros hijos a establecer su propia conexión con los cielos”.

3. Enseñen a los hijos a usar un filtro interior

Los padres pueden enseñar estrategias específicas para filtrar los medios de comunicación mediante las normas del Evangelio. Para la Dra. Manning, el Artículo de Fe número trece es el filtro perfecto para todas las decisiones que se tomen en cuanto a los medios de comunicación.

“‘Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres [y mujeres]… Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículos de Fe 1:13). Hay mucho material en los últimos días que no se ajusta a dichos criterios; y si lo que hallamos no se ajusta, tenemos que seguir buscando”, dice la Dra. Manning.

No obstante, es ese esfuerzo lo que diferencia a los Santos de los Últimos, señaló el presidente Thomas S. Monson: “Conforme el mundo se aleja más y más de los principios y las pautas que nos dio un amoroso Padre Celestial, sobresaldremos de la multitud… Seremos diferentes al decidir no llenar nuestra mente con opciones de multimedia que son viles y degradantes y que harán que el Espíritu deje nuestro hogar y nuestra vida”4.

4. Enseñen a sus hijos una sexualidad sana

El principio de la “oposición en todas las cosas” [2 Nefi 2:11] se aplica a la pornografía. No basta con indicar que la pornografía es mala; los padres también deben enseñar a sus hijos lo que es bueno.

“Una de las defensas y protecciones más poderosas de nuestros jóvenes es que les enseñemos sobre la sexualidad, en el hogar y desde temprano”, dice la Dra. Manning. “Nuestros jóvenes sufren, puesto que crecen en un entorno de mensajes tóxicos con muy escasos mensajes positivos dentro del marco del Evangelio”.

El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young, Mark H. Butler, recomienda las explicaciones directas: “El ciclo de la respuesta sexual existe de forma natural en nosotros, los seres humanos. Los deseos e impulsos sexuales que tenemos son un don concedido por Dios, los cuales nos bendicen y nos atraen natural y afectivamente al sexo opuesto, al matrimonio y a la vida familiar”.

Las charlas apropiadas según la edad en cuanto a la sexualidad sana pueden comenzar desde una temprana etapa. El profesor Carroll señala que las conversaciones sobre el contacto físico bueno y el contacto físico malo, así como sobre la privacidad personal, junto con el uso de la terminología correcta de las partes del cuerpo, pueden empezar a enseñarse desde temprana edad. Para la edad de ocho años, el niño tiene la capacidad de lograr una comprensión básica del sexo en el contexto físico, espiritual, emocional y en el pertinente a las relaciones, dice.

Además, los jovencitos y las jovencitas valoran la forma de hablar correcta y directa. Un joven dijo: “Si se anda con rodeos, las personas pueden malinterpretar mucho. Se me enseñó acerca de la ley de castidad una decena de veces antes de que me diera cuenta de que hablaban de sexo”.

El profesor Carroll dice que los padres también deben prestar atención al contexto de dichas charlas. “Hagan todo lo posible para no hacer de esas conversaciones algo estructurado”, dice. “Llevamos a nuestro hijo a cenar, nos vestimos con ropa de domingo o lo conversamos en el estacionamiento del templo”, dice. Sin embargo, si los hijos reciben el mensaje de que solo puede hablarse de sexo bajo esas circunstancias, tal vez no sepan cómo recrear tales circunstancias cuando tengan preguntas.

En vez de eso, los padres deben generar un diálogo y oportunidades continuas para que los hijos hagan preguntas cuando las tengan. “Si la conversación se produce cuando están sentados en el suelo del dormitorio o en la camioneta, o mientras recogen fresas, sabrán cómo volver a hablar”, dice Carroll.

“La experiencia me ha enseñado que los adolescentes más activos sexualmente son, por lo general, los menos informados”, señala el profesor adjunto de BYU Bradley R. Wilcox. “Los jovencitos que reciben respuestas de los padres desde una edad temprana son, por lo común, los que evitan la experimentación sexual”.

5. Destruyan el mito de la pornografía

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) manifestó claramente la verdad sobre [el uso de] la pornografía. Dijo: “Es malsano. Es lujurioso e inmundo. Es tentador y crea hábito. [Los] llevará… directo a la destrucción, no les quepa la menor duda. Es abyecta sordidez que enriquece a los que lo explotan y empobrece a sus víctimas”5.

“El consumo de pornografía por parte de los adolescentes y adultos jóvenes con frecuencia conduce a una idea distorsionada de la sexualidad y su función de fomentar sanas relaciones interpersonales”, sostiene el American College of Pediatricians [Colegio Estadounidense de Pediatras]. “Tales distorsiones incluyen la sobrestimación de la frecuencia de la actividad sexual en la comunidad, la creencia de que la promiscuidad sexual es normal y la creencia de que la abstinencia sexual no es saludable”6.

En las conversaciones concernientes a la pornografía, los padres deben señalar que esta es ficticia en todos los aspectos. Los comportamientos que se describen en la pornografía no son ni normales ni un reflejo de lo que se debe prever ni esperar en una relación sana. “La pornografía es atractiva solo mientras se acepten sus mitos”, dice el profesor Carroll.

6. Cambien la conversación concerniente al problema

Los expertos y líderes de la Iglesia advierten en cuanto a concluir demasiado rápido que cualquier uso de pornografía indica necesariamente una adicción.

“No todo el que hace uso consciente de la pornografía es adicto a ella”, señala el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “De hecho, la mayoría de los jóvenes y las jovencitas que tienen problemas con la pornografía no son adictos, lo cual es una diferenciación importante que debemos hacer no solo los padres, los cónyuges y los líderes que desean ayudar, sino también quienes padecen el problema”7.

“Los jóvenes y las jovencitas se involucran con la pornografía debido a la curiosidad, debido a su accesibilidad y debido a, fundamentalmente, la falta de madurez”, dice el profesor Carroll. “Cada uno de nosotros experimenta el poder del ciclo de respuesta sexual que se despierta durante la pubertad mucho antes de que tengamos la madurez emocional o espiritual para entenderlo por completo”.

Richard Neitzel Holzapfel, profesor de Historia de la Iglesia en BYU y asesor docente del club estudiantil Remediar la Pornografía, indica que “el problema es real y tiene consecuencias terribles, pero hacer declaraciones generales sobre el problema a menudo lo arraiga más en el alma de quienes luchan contra él”.

El élder Oaks afirma que los problemas con la pornografía pueden oscilar entre “el uso ocasional o reiterado deliberado, el uso intensivo o el uso compulsivo (adictivo)… Si la conducta se clasifica incorrectamente como una adicción, el usuario podría pensar que ha perdido su albedrío y la capacidad de superar el problema… Por otro lado, tener una mayor comprensión de la gravedad de un problema —que tal vez no esté tan arraigado ni sea tan extremo como se temía— puede brindar esperanza y una mayor capacidad de… arrepentirse”8.

Al abordar los problemas, el profesor Butler sugiere que los padres adopten un método de evaluación: ¿Por cuánto tiempo ha estado ocurriendo? ¿Con qué frecuencia la consumen? ¿De qué manera acceden a ella? Luego, los padres pueden trabajar con los jóvenes para determinar el nivel de acción adecuado.

“Comprendan a las personas y quiénes son”, dice el profesor Holzapfel. “¿Cuán grave es su problema? ¿Qué es lo que sucede en realidad? ¿Cuál es la razón por la que ven pornografía y cómo podemos abordar los problemas más profundos?”

7. Enseñen a lidiar con las emociones

Es probable que el abordar problemas más graves también pueda ser clave para evitar problemas con la pornografía, dice Nathan Acree, un terapeuta que reside en Utah. Aparte de la curiosidad natural, la pornografía suele utilizarse como un modo de lidiar con las emociones, en particular, con las emociones agobiantes”.

El profesor Butler añade: “En cierto punto, el joven o la joven tiene alguna experiencia difícil o angustiosa en materia psicológica, en materia de relaciones o en materia espiritual”. Dice que las experiencias negativas pueden conducir el cerebro adolescente a tornarse a “las experiencias que le hacen a uno sentirse bien” como ver pornografía y a tener conductas relacionadas, como la masturbación. Entonces, las emociones que se crean en dichas conductas reemplazan o enmascaran las emociones estresantes. Y en ello yace el peligro: “La persona pasa de una experiencia que le hace sentirse bien a iniciar el tránsito a la dependencia psicológica. Ahora la persona se vale de esa conducta como un medio de lidiar con la vida”.

El hermano Acree dice que los padres deben enseñar a los hijos que tanto las emociones agradables como las desagradables son normales, y que está bien experimentar sentimientos negativos tales como tristeza, enojo, frustración o dolor. Con frecuencia, los padres sienten la necesidad de controlar las emociones de sus hijos, pero el permitirles experimentar y afrontar los sentimientos negativos fomenta un conjunto de capacidades cruciales.

Si existe un problema con la pornografía, los padres deben procurar no aumentar la carga emocional del hijo avergonzándolo. El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de BYU, James M. Harper, indicó que, mientras que la culpa es una reacción natural ante los errores que puede motivar el cambio, la vergüenza es un sentimiento destructivo que puede conducir a una sensación de desesperanza.

En otras palabras, generar o exacerbar el sentimiento de vergüenza en los hijos daña la capacidad de estos tanto de cultivar reacciones emocionales positivas como de reconocer la influencia del Espíritu, quien, en última instancia, es el aliado más poderoso en la prevención y la recuperación frente al uso de pornografía.

Un joven que luchaba contra la pornografía recuerda con claridad cómo reaccionaron sus padres cuando su problema salió a la luz: “Mi madre reaccionó severamente, con gritos y vociferando, y me hizo sentir peor al respecto en vez de sentir esperanzas de superarlo”, dice. “Quien fue de mayor ayuda fue mi padre, al decirme repetidamente cuánto me amaba”.

“Por favor, no los condenen”, ruega el élder Oaks. “no son malos, ni carecen de esperanza; son hijos e hijas de nuestro Padre Celestial”9.

8. Enseñen que la expiación del Salvador funciona

En discursos, lecciones y materiales de lectura, los jóvenes reciben el claro mensaje de que la pornografía es un mal peligroso, pero tenemos que dar más énfasis a la doctrina de la expiación de Jesucristo.

En el caso de los jóvenes, el profesor Butler cree que el cerebro de los adolescentes podría ser una de las principales razones para enseñarles acerca de la Expiación. “El cerebro adolescente no está formado por completo y eso conduce a ciertas dificultades como el control de los impulsos y una falta de pensamiento con previsión”, explica. “El adolescente espiritualmente sincero, que se esfuerza, puede llegar a quedar mutilado por una culpa abrumadora al afrontar debilidades ante las que que él es especialmente vulnerable al tener dicho cerebro aún en una fase adolescente. Es extremadamente crucial que, junto con la enseñanza de los mandamientos, enseñen a los adolescentes la Expiación; que existe a fin de ayudarnos a cultivar la paciencia y la perseverancia en la vida”.

“Todos necesitamos la expiación de Jesucristo… Mediante el arrepentimiento adecuado y completo, [todos] pueden llegar a ser limpios, puros y dignos de todo convenio y bendición del templo que Dios ha prometido”, dice el élder Oaks10. Eso incluye a quienes han utilizado pornografía.

Y es un mensaje esperanzador: Hay mucho que los padres pueden hacer a fin de preparar a sus hijos para rechazar la pornografía; y cuando flaqueen, la expiación infinita del Salvador hace posible el cambio y el arrepentimiento.

“Eso significa, que pase lo que pase, el Padre Celestial nunca dejará de amarlos, y que nosotros, sus padres, nunca dejaremos de amarlos”, dice el profesor Rarick. Para un hijo, no puede existir una esperanza mayor que esa.

Algunas estadísticas

El 30% de los datos de internet son pornografía.

En 2015 se vieron 136 miles de millones de videos pornográficos en teléfonos inteligentes.

La pornografía es una industria de $97 mil millones de dólares estadounidenses.

En contraste, los ingresos en conjunto de las 10 principales ligas deportivas de Norteamérica, Europa y Asia es de $45.800 millones de dólares estadounidenses.

La exposición a la pornografía comienza en los años de la preadolescencia.

Las plataformas de las redes sociales se han convertido en sitios de gran tráfico de intercambio de pornografía.

76%de los usuarios de internet de 40 países usan redes sociales.

Referencias

  1.  Sebastian Anthony, “Just How Big Are Porn Sites?”,ExtremeTech, 4 de abril de 2012, extremetech.com.
  2.   Linda S. Reeves, “Cómo protegerse de la pornografía: Un hogar centrado en Cristo”, Liahona, mayo de 2014, pág. 16.
  3.   Véase Sam A. Hardy et al., “Adolescent Religiousness as a Protective Factor against Pornography Use”, Journal of Applied Developmental Psychology, tomo XXXIV (mayo–junio de 2013), págs. 131–139, sciencedirect.com. La autora también entrevistó al investigador principal.
  4.   Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”,Liahona, noviembre de 2015, pág. 88.
  5.   Véase Gordon B. Hinckley, “Y se multiplicará la paz de tus hijos”, Liahona, enero de 2001, pág. 62.
  6.   “The Impact of Pornography on Children”, American College of Pediatrics, junio de 2016, acpeds.org.
  7.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, Liahona, octubre de 2015, pág. 52.
  8.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, págs. 52–53.
  9.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.
  10.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.