Después del amor, entonces ¿qué?

Dieter F. Uchtdorf

Nuestro querido Profeta, el presidente Thomas S. Monson, ha enseñado que “el amor es la esencia misma del Evangelio”1.

El amor es tan importante que Jesús lo llamó “el primero y grande mandamiento”, y dijo que toda porción de la ley y de las palabras de los profetas dependen de él2.

El amor es el motivo primordial de todo lo que hacemos en la Iglesia. Todo programa, toda reunión, toda acción en la que tomamos parte como discípulos de Cristo debería derivarse de ese atributo, porque sin caridad, “el amor puro de Cristo”, no somos nada3.

Una vez que entendemos eso con la mente y el corazón, una vez que declaramos nuestro amor por Dios y por nuestros semejantes, ¿entonces qué?

¿Es suficiente sentir compasión y amor por los demás? El declarar nuestro amor por Dios y por nuestro prójimo, ¿satisface nuestra obligación para con Dios?

La parábola de los dos hijos

En el templo de Jerusalén, los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos se acercaron a Jesús con la intención de hacerlo caer en una trampa mediante Sus propias palabras. No obstante, el Salvador invirtió la situación al relatarles una historia.

“Un hombre tenía dos hijos”, comenzó. El padre fue al primero y le pidió que fuera a trabajar en la viña; pero el hijo rehusó hacerlo. Más tarde, ese hijo, “arrepentido, fue”.

Entonces el padre fue a su segundo hijo y le pidió que fuera a trabajar en la viña. El segundo hijo le aseguró que iría, pero nunca lo hizo.

Después, el Salvador se volvió a los sacerdotes y ancianos, y preguntó: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?”.

Ellos tuvieron que admitir que fue el primer hijo, el que dijo que no iría, pero más tarde se arrepintió y fue a trabajar en la viña4.

El Salvador utilizó esa historia para hacer hincapié en un importante principio: aquellos que obedecen los mandamientos son los que verdaderamente aman a Dios.

Tal vez por eso Jesús pidió a los del pueblo que escucharan y siguieran las palabras de los fariseos y los escribas, pero que no siguieran su ejemplo5. Esos maestros religiosos no hacían lo que enseñaban; les encantaba hablar de religión, pero tristemente ignoraban la esencia de la misma.

Las acciones y nuestra salvación

En una de las últimas lecciones del Salvador a Sus discípulos, les habló del juicio final. Los inicuos y los justos serían separados; los justos heredarían la vida eterna y los inicuos serían entregados a un castigo eterno.

¿Cuál era la diferencia entre los dos grupos?

Aquellos que demostraron su amor mediante sus acciones fueron salvos; aquellos que no lo hicieron, fueron condenados6. La verdadera conversión al evangelio de Jesucristo y a sus valores y principios se manifestará en las acciones de nuestra vida cotidiana.

Al final, una mera declaración de amor a Dios y a nuestros semejantes no nos hará merecedores de la exaltación. Porque, como Jesús enseñó: “[no] todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”7.

¿Qué viene después del amor?

La respuesta a la pregunta: “Después del amor, entonces ¿qué?”, puede ser sencilla y directa. Si en verdad amamos al Salvador, inclinamos nuestro corazón hacia Él y luego caminamos por el sendero del discipulado. Si amamos a Dios, nos esforzaremos por cumplir Sus mandamientos8.

Si verdaderamente amamos a nuestros semejantes, nos esforzamos por ayudar “a los pobres y a los necesitados, a los enfermos y a los afligidos”9, porque aquellos que realizan esos actos desinteresados de compasión y servicio10, tales son discípulos de Jesucristo.

Eso es lo que viene después del amor.

Esa es la esencia del evangelio de Jesucristo.

Referencias

  1. Thomas S. Monson, “El amor: La esencia del Evangelio”, Liahona,mayo de 2014, pág. 91.
  2. Véase Mateo 22:36–40.
  3. Véase Moroni 7:46–47.
  4. Véase Mateo 21:28–32.
  5. Véase Mateo 23:3.
  6. Véase Mateo 25:31–46.
  7. Mateo 7:21.
  8. Véase Juan 14:15.
  9. Doctrina y Convenios 52:40.
  10. Véase Mosíah 18:8–9.
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De regreso a casa antes de lo previsto

Por Destiny Yarbro

La autora vive en Arizona, EE. UU.

Hay muchas maneras de seguir sirviendo al Señor y de hallar sentido a la vida tras regresar a casa anticipadamente de la misión.

Tanto mi padre como mi madre sirvieron una misión. Desde temprana edad, escuchaba sus anécdotas de la misión y soñaba con el día en que yo pudiera servir al Señor como misionera de tiempo completo.

La preparación para la misión fue uno de los momentos más preciados de mi vida; me hallaba más cerca del Señor de lo que jamás me había hallado. Recibí mi llamamiento misional a la Misión Hungría Budapest e ingresé al Centro de Capacitación Misional (CCM) de Provo con la determinación de darlo todo de mi parte a mi Padre Celestial.

Estar en el CCM fue una experiencia increíblemente espiritual para mí. Conforme me acercaba más al Señor, oraba con sinceridad para pedir que estuviera dispuesta a hacer cualquier cosa que Él me pidiese, y prometí que amaría a los húngaros con todo mi corazón.

Hacia el final de mi estadía en el CCM, enfermé. Después de una breve temporada en casa para recuperarme, se me dio la oportunidad de continuar mi misión en Hungría. Se me asignó estar con una magnífica entrenadora, la hermana Sunshine Nestor, quien me enseñó a reconocer las tiernas misericordias y los milagros diarios del Señor.

Tras unos pocos meses, enfermé de nuevo. Aunque la hermana Nestor y yo seguimos trabajando lo mejor que pudimos, tuve que regresar a casa otra vez.

A mi parecer, yo había decepcionado al Señor, porque no había servido una misión “completa”. Estaba convencida de que aún había húngaros a quienes “debería haber” enseñado si no hubiera enfermado. Me preguntaba si acaso no tenía la fe suficiente para ser sanada, ya que, a fin de cuentas, el Señor protege a Sus misioneros. Nunca había considerado la alternativa de que mi sacrificio al Señor no fuera dar un año y medio de mi vida, sino más bien sacrificar la clase de misión que yo había imaginado.

Mi búsqueda de sentido en casa

Conforme descendía del avión al regresar a casa, no pude evitar pensar que había dejado la labor más importante de mi vida allá, en el campo misional. Requirió tiempo, pero descubrí que había una obra en casa que también daría sentido a mi vida.

Independientemente de la razón por la que regreses de tu misión antes de lo previsto, toma la decisión hoy mismo de hacer de esa experiencia un paso hacia adelante en tu progreso, no un paso hacia atrás. Yo regresé a casa por razones de salud, pero hay otras personas que regresan por diversos motivos, incluso transgresiones. Por lo tanto, quizás algunas de las siguientes ideas no se apliquen a tu situación. Ora al Señor para hallar maneras de servirle desde casa. Por ejemplo, si has regresado a casa debido a una transgresión y aún no eres digno de asistir al templo, aun así puedes encontrar sentido a tu vida al recorrer los jardines del templo con regularidad y comprometerte a volver a Su Santa Casa algún día.

Además de leer las Escrituras, orar y asistir a la Iglesia, cada uno de los siguientes pasos de mi camino fue imprescindible para sanar.

1. Mantenerse en contacto

Mi primer paso para encontrar sentido en mi vida fue mantenerme en contacto con los santos y los misioneros de Hungría. Durante algún tiempo, viví esperando los días de preparación, en los que recibía mensajes de correo electrónico de la hermana Nestor y mis compañeras del CCM. No obstante, debo admitir que en ocasiones no era sencillo leer sobre la misión de mis compañeras ni hablar con los húngaros, a quienes extrañaba tanto. Sin embargo, en retrospectiva, ahora comprendo que fue fundamental para mi sanación conocer los milagros que sucedían allá.

2. Indexar en línea

Mi hermano menor, alentado amablemente por mi intuitiva madre, me convenció de que comenzara a indexar. Al principio, indexé lotes de nombres para contentarlo, pero cierto día apareció un registro con nombres de húngaros en mi pantalla. ¡El Espíritu me sobrecogió y me enseñó que aún podía ayudar a llevar almas húngaras a Cristo, solo que del otro lado del velo!

3. Establecer metas

Después de la misión, todas las metas que tenía antes para mi vida parecían imposibles de alcanzar debido a mi nueva situación médica No obstante, con el tiempo, me di cuenta de que había metas que podía lograr mientras me hallaba en cama. A las metas tales como leer Jesús el Cristo las denominé “las metas horizontales”, y me dediqué a ellas a diario.

4. Regresar a los estudios

Una de las metas de mi vida anteriores a la misión era graduarme de la universidad. Aunque asistir a clases hubiera resultado difícil por mi enfermedad y por las constantes citas médicas, mi papá me alentó a tomar clases en línea mediante el programa de Estudio independiente de la Universidad Brigham Young. No solo se trataba de una meta “horizontal” que podía lograr, sino que también entendí que quizás podría cumplir más de las metas previas a la misión de lo que antes había considerado posible.

5. Servir en una misión en línea

Cierto día, en la Iglesia, una hermana se acercó a mi mamá y le dijo: “¿Sabías que Destiny puede servir en una misión de indexación en línea?”. Aquella pregunta inesperada fue la respuesta a mis oraciones; podría servir al Señor durante nueve meses como misionera de servicio a la Iglesia en el área de soporte de indexación. ¡Esta era una meta que yo podíacumplir!*

6. Enseñar el curso de preparación misional

A medida que aprendía a controlar mi problema de salud, empecé a estudiar en un colegio universitario mientras servía mi misión en línea. Se me pidió que enseñara el curso de preparación misional en un Instituto cercano. Enseñar me ayudó a comprender que mi entusiasmo por la obra misional no había disminuido y que incluso mi breve misión me había proporcionado muchas experiencias que podían resultar valiosas para mis alumnos.

7. Servir como voluntaria en el CCM

Tras asistir con éxito un semestre al colegio universitario cercano a casa, me mudé a Utah, EE. UU., para asistir a BYU. Al principio, apenas podía caminar cerca del CCM de Provo sin sentir una oleada de emociones contradictorias. No obstante, empecé a trabajar semanalmente como voluntaria en el CCM y descubrí los efectos sanadores de conocer a los maravillosos misioneros que iban a mi querida Hungría.

8. Efectuar la obra del templo

Una hermana húngara, Edit, que ha preparado casi 150 000 nombres para el templo, me pidió que llevara algunos de sus nombres al templo. ¡Fue un gozo efectuar las ordenanzas salvadoras a favor de aquellas personas húngaras!

La sanación gradual a través de Su obra

Servir en una misión era el sueño más importante de mi vida y, como es comprensible, me sentí derrotada al volver a casa antes de lo previsto. Durante un tiempo, tenía dificultad al hablar de mi misión; tuve que lidiar con sentimientos de fracaso. Tuve que aprender a juzgar el valor de mi misión por mi deseo de servir en vez de juzgarlo por su duración. A pesar de que no lo entendía en aquel momento, cada uno de esos pasos para hallar sentido en mi vida también trajo la sanación.

Durante años, me preocupaba que regresar a Hungría me resultase difícil en el aspecto emocional. Cuando, con el tiempo, viajé allá, recién al segundo día pude percatarme de que no solo no sentía pesar alguno, sino que además sentía un gozo incontenible por estar de regreso. Entonces supe que el Padre Celestial me había dado la oportunidad de experimentar el poder sanador de la expiación del Salvador. Ahora sé que, por medio de la expiación de Jesucristo, todas las cosas se rectificarán al final.