#IluminaElMundo Día 24: Orar

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Nuestras oraciones en publico

Elder Hartman Rector hijo.

“y además, te mando que ores, tanto vocalmente. como en tu corazón sí, ante el
mundo así como en secreto;  en público así como en privado” (D. y C. 19:28).

La oración hecha en público, en forma apropiada, es una expresión de humildad pública, una evidencia de admisión de una necesidad o insuficiencia dentro de un grupo reunido, una expresión de confianza en un poder superior, un reconocimiento de que Dios, de hecho, existe. Tal comunicación es una expresión de creencia y además, así lo esperamos, de la que debe acompañar la acción justa, y constituye la manifestación pública de la fe colectiva de todos los congregados.

Las oraciones en público se ofrecen para establecer un tono reverente y añadir solemnidad a cualquier ocasión digna. Estas oraciones se ofrecen al comenzar y al finalizar funciones religiosas, algunas culturales y recreativas, y en ciertos lugares, en reuniones de la comunidad o de organizaciones pertinentes. Tales oraciones deben ofrecerse al iniciar cualquier empresa de importancia, pero a menudo revisten el mismo carácter apropiado en sucesos de menor significado. En resumen, la oración es propia de casí toda actividad de la que participa quien ama a Dios.

Siempre que sea posible, una persona debe ser designada por adelantado para ofrecer la oración en público. El escogido debe ser alguien que crea, pues para que aquella sea productiva debe existir la conciencia de la real necesidad de orar y una verdadera confianza en Dios. La persona asignada debe recibir una indicación del tiempo máximo que debe durar la oración dentm de la totalidad del programa y ajustarse al  tiempo permitido, debiéndose evitar toda tentacion de predicar un sermón mediante la oración. Muchas personas pretenden instruir al Señor en cuanto a Su, deberes, lo cual está totalmente fuera de lugar.

La oración debe, de una manera directa y sucinta, marcar el verdadero espíritu de la ocasión, expresar agradecimiento por las bendiciones recibidas y pedir aquellas que en verdad se necesiten, utilizando un vocabulario específico y evitando las frases y generalidades vagas y rebuscadas: y debe terminarse en el nombre de Jesucristo. Las instrucciones del Señor en cuanto a esto han sido incambiables a lo largo de las épocas. Por ejemplo, El dijo a Moisés:

Por consiguiente, harás cuanto hícieres en el nombre del Hijo; y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás” (Moisés 5:8).
En épocas contemporáneas el Señor dio las mismas instrucciones a José Smith cuando dijo: “Pedid al Padre
en mi nombre, creyendo en fe que recibiréis. . ” (D. y C. 18:18). El lenguaje utilizado en una oración pública debe
ser respetuoso, utilizando pronombres personales reverentes. Quien oficia como portavoz del grupo en la
oración debe utilizar el nosotros en vez del “yo”,  puesto que la comunicación que está estableciendo es en representación de la totalidad del grupo y no sólo por sí mismo. Es también aconsejable evitar la repetición demasiado frecuente del nombre de Dios (véase D. y C. 107:4)

En cuanto a su contenido  la oración debe ser dirigida al Señor y no ser utilizada para impresionar con retórica a quienes escuchan; tampoco debe ser ceremoniosa ni santurrona. La mejor oración pública es aquella que se hace dentro del marco de la sinceridad, la simplicidad y lo específico, teniéndose en cuenla la ocasión en la cual se pronuncia y las condiciones que pueden existir y que afecten a todos los presentes.

La oración pública debe expresar el agradecimiento, las necesidades, los deseos  – aun los temores- de la  totalidad del grupo representado. Tales oraciones no tienen el objeto de tratar asuntos personales, a menos que exista una necesidad partícular, como por ejemeplo, el que una persona amada se recupere de una enfermedad. La oración debe ser predominantemente una expresion de agradecímiento, una súplica de ayuda que se’ eleva a Dios. Debemos también recordar a las Autoridades Generales de la Iglesia en nuestras oraciones, así como a aquellas de estaca y barrio.

Debemos apoyarles, no sólo mediante el voto y la adhesión a sus instrucciones1 sino también mediante la oración individual y unida en favor de su salud y fortaleza física. Del mismo modo, debemos pedir que la inspiración divina les guíe al presidir sobre los miembros de la Iglesia

La oración debe ofrecerse con claridad y en un tono de voz que pueda ser escuchado y comprendido por todos los presentes; no un tono retumbante, ni tampoco tan suave que sólo aquellos que están cerca puedan oír. No debe usarse ningún otro tono de voz que aquel que utilizamos para hablar normalmente.

Nuestras oraciones no son canturreadas ni utilizamos tampoco una expresión melódica al orar; no deben ser apresuradas, sino que en todo respecto deben ofrecerse en una forma respetuosa, digna de una petición al Hacedor y Preservador del uníverso.

Los acontecimientos públicos constituyen una gran oportunidad de unir nuestras oraciones en pos del éxito de la obra del Señor.
La oración tiene un efecto santificador; une a la iglesía v hace que las bendiciones de los cielos se derramen sobre la cabeza de los santos. Debemos orar por el exito y triunfo de todos los programas del reino terrenal del Señor, tras lo cual dehemos hacer que nuestras acciones sean un reflejo de nuestras palabras.” (Bruce R. McConkie, Doctrinal New’ Teslament Commentary). Bookcraft, 1973, 3:65.)
Hay muchos asuntos de interés general sobre los   cuales se debe orar al reunirnos cuando la fe unida de la congregacion puede elevarse al Padre en una suplica. Estos intereses mutuos son permanentementes entre nosotros. No debemos esperar a que ocurra una tragedia para en verdad orar fervorosamente al Señor. El objetivo principal de toda oracion publica debe ser acercar la congregacion  a Dios, ser unidos en proposito para alcanzar el exito en todas nuestras empresas juntas.

Sin la oracion no podemos esperar tener una comunion intima con nuestro Padre Celestial en lo que atañe a nuestras actividades diarias, ni tampoco debemos de dejar de lado la necesidad de que nuestras oraciones sean mas productivas mediante el suplemento del ayuno a nuestra preparacion.

Nuestro Padre Celestial es constante en su afirmación de que no otorgará nada a sus hijos sin que exista una petición de parte de ellos. Un viejo proverbio judío declara: “Antes de que se conmuevan los cielos, debe conmoverse la tierra.” Por tanto, la oración pública debe ser un elemento esencial para asegurar las bendiciones de los cielos sobre una organización.
Es evidente que la oración colectiva es un requisito previo para la prosperidad v el éxito de toda empresa.
Pablo indicó ese principio cuando dijo:
”  rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador.” (1 Timoteo 2: 1-3)

Ciertamente, el gran amante de la libertad y estadista estadounidense, Abraham Lincoln, pensaba de esta forma cuando declaró; “Es el deber de las naciones, así como el del hombre, labrarse su propia independencia por encima del poder de Dios, confesar sus pecados y transgresiones con humilde congoja; pero aun así. Con la firme esperanza de que el arrepentimiento sincero le haga merecedor de la misericordia y el perdón, y lo lleve al reconocimiento de las sublimes verdades anunciadas por las Santas Escrituras y probadas por toda la historia, de que las únicas naciones bendecidas son aquellas que tienen a Dios por su Señor. Y puesto que sabemos que mediante Su ley divina las naciones, al igual que las personas, están sujetas al castigo y a las penurias de este mundo, debemos, con toda justicia, temer que la tremenda calamidad de la guerra civil, que en este momento desola la tierra, sea un castigo que pesa sobre nosotros por nuestros presuntuosos pecados y que tiene como fin nuestra reforma nacional en carácter de pueblo.” (Proclamación, 30 de abril, 1863.)

Teniendo en cuenta que Dios parece castigar a las naciones así como a sus ciudadanos por sus transgresiones, y teniendo presente que las naciones no pueden orar, que el arrepentimiento nacional puede emanar únicamente de los líderes y de los ciudadanos, tales líderes y ciudadanos deben tener siempre presentes los problemas nacionales y sus transgresiones y buscar constantemente al Dios Todopoderoso mediante la oración privada y pública en provecho de la nación.

En todo país, aun cuando la mayoría de sus habitantes disfruten de ciertas comodidades, bay regiones donde las condiciones no son tan favorables. Las razones pueden ser una inundación, un incendio, una sequía o cualquier otra circunstancia trágica; mas estas circunstancias existen constantemente y debemos estar al tanto, condolernos y ayudar en todo lo que nos Sea posible. Por cierto, tenemos la responsabilidad de permanecer fieles para que nuestras oraciones colectivas sean eficaces.

En épocas pasadas muchos han sido los estadistas que han estahlecido la necesidad del arrepentimiento y las oraciones.

Benjamín Franklin puso de maniliesto su firme opinión en cuanto a la necesidad de la oración en las naciones cuando pidió que se llevara a cabo una oración diaria en la convención constitucional. Los delegados habían debatido por largo tiempo en forma por demás acalorada, cuando Franklin se puso de pie y sugirió que se invitara todos los días a ministros religiosos para abrir la sesión con una oración a Dios, Su moción no fue aceptada, pues había muy escasos fondos para pagar a un clérigo que ofreciera una oración. Estoy seguro de que el Señor la hubiera reconocido igual si hubiera provenido de Jorge Washington, Tomás Jefferson, o el mismo Benjamín Franklin, como si hubiera salido de labios de un clérigo ordenado.

En 1852 Daniel Webster dijo:

“Si nosotros, o nuestra posteridad, rechazamos la instrucción, la autoridad religiosas, violamos las reglas de la justicia eterna y destruimos despiadadamente la constitución política que nos mantiene nadie puede asegurarnos cuán rápidamente podrá envolvernos una catástrofe que sepultará toda nuestra gloria en la más profunda obscuridad ”

Hoy día nos enfrentamos a crisis similares, como las siguientes: En el año 1976 se realizaron más de un millón de abortos solamente en los Estados Unidos de América. El consumo de drogas ha alcanzado su nivel más alto en la historia. En 1976 se halló culpables de robo a 140 millones de personas. Se calcula que un 76 porciento  de empleados roban a sus empleadores.

En los Estados Unidos hay 10 millones de acóholicos, agregándose un total de 250.00 cada año. También en los Estados Unidos se calcula que una cantidad anual de 1.500 millones de dólares se recoge como ganancia de la venta de alcohol para el consumo humano. Los granos que con tal fin que se utilizanpodrian ser dedicados a alimentar a 50 millones de personas hambrientas. La mitad de todos los accidentes automovilísticos que ocurren están relacionados de una forma u otra con las consecuencias del alcohol. Además, cada cuarta muerte que se registra en los Estados Unidos es causada por el cáncer y esta enfermedad es 15 veces más prevaleciente entre los fumadores que entre aquellos que no lo son.

Las declaraciones de Abraham Lincoln, Daniel Webster y otros grandes estadistas del pasado parecen ser tan apropiadas hoy como lo fueron en el momento de ser pronunciadas hace más de un siglo.

Es el deber de toda nación, así como el de sus ciudadanos, “el lograr su dependencia de los poderes de Dios y confesar sus pecados y transgresiones con humilde pesar”.

Es así que la oración pública se transforma en algo vital para asegurar las bendiciones de los cielos a todas las naciones.

Octavo capitulo, libro “La oracion”