Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

 Lisa Ann Thomson

Las estadísticas pueden llegar a agobiar a los padres; Extremetech.com calcula que un treinta por ciento de todos los datos que se transfieren por internet son pornografía1. Se halla, literalmente, en cientos de millones de páginas web, hasta en los gigantes de las redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube. Puede accederse a ella a través de la televisión, las computadoras, las tabletas y los teléfonos inteligentes.

“El material al que el niño se ve expuesto sencillamente traumatiza el tierno y frágil cerebro de un pequeño”, señala una terapeuta, la Dra. Jill C. Manning, quien es una frecuente disertante sobre los efectos de la pornografía en el matrimonio y la familia.

Pero hay esperanza.

Aun con la aparente omnipresencia de la pornografía, los padres tienen el poder para proteger a sus hijos y prepararlos para afrontar y rechazar la pornografía.

A continuación se presentan ocho estrategias de líderes de la Iglesia y expertos para ayudar a los padres a fortalecer sus familias

1. Aborden la cuestión del acceso y de las reglas familiares

Comiencen con las defensas exteriores. “Salvaguardamos a nuestros hijos hasta el momento en que ellos pueden salvaguardarse a sí mismos”, dice Jason S. Carroll, profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young. Este explica que el tronco encefálico, que alberga los centros de placer del cerebro, se desarrolla primero. Solo después se desarrollan completamente la capacidad de razonar y tomar decisiones en la corteza frontal. “De modo que los niños tienen el pedal del acelerador, pero sin los frenos al completo”, dice. Por lo tanto, los filtros externos y la supervisión son cruciales para las personas jóvenes.

Hay pasos sencillos y reglas que pueden proteger a los niños (y adultos) de la exposición involuntaria, y ayudarlos a pensárselo dos veces en cuanto al contenido que deciden ver:

  • Utilicen los filtros de la computadora, del enrutador y de los niveles del proveedor de servicios de internet.

  • Activen el control parental y el de contenidos mediante los proveedores de televisión por cable y los servicios de medios de comunicación en línea.

  • Configuren la restricción de contenidos en los dispositivos móviles.

  • Mantengan las computadoras y tabletas en las áreas de uso compartido.

  • Pidan a los niños y adolescentes que les entreguen los teléfonos y dispositivos móviles por la noche.

  • Establezcan una política de transparencia: Los padres pueden ver los mensajes de texto y las cuentas de las redes sociales en cualquier momento.

    Enseñen a los hijos qué hacer si se encuentran con pornografía: (1) cerrar los ojos y apagar el dispositivo, (2) contarle a un adulto y (3) dirigir los pensamientos a otra cosa. Asegúrenles que no han hecho nada malo y que no se los regañará.

2. Prediquen de Cristo

“Los filtros son herramientas útiles, pero el mejor filtro en este mundo, el único que en última instancia funciona, es el filtro personal interno que proviene de un testimonio profundo y duradero del amor de nuestro Padre Celestial y del sacrificio expiatorio de nuestro Salvador por cada uno de nosotros”, dijo Linda S. Reeves, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro2.

Para ayudar a nuestros hijos a cultivar dicho filtro interno, la hermana Reeves destaca el consejo de Nefi: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, [y] profetizamos de Cristo… para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

Los expertos concuerdan con ello. Hay estudios que han confirmado que la religiosidad en el hogar, junto con una “forma de crianza afectuosa”, tiene un efecto protector contra la pornografía3.

“La mejor medida preventiva y la mejor medida reparadora ante la pornografía es la verdadera enseñanza del Evangelio en el hogar”, dice Timothy Rarick, profesor de Técnicas para la Crianza de los Hijos de la Universidad Brigham Young–Idaho, y miembro asesor de la Mesa Directiva de la United Families International [organización Familias Unidas Internacional]. “Lo mejor que podemos hacer es ayudar a nuestros hijos a establecer su propia conexión con los cielos”.

3. Enseñen a los hijos a usar un filtro interior

Los padres pueden enseñar estrategias específicas para filtrar los medios de comunicación mediante las normas del Evangelio. Para la Dra. Manning, el Artículo de Fe número trece es el filtro perfecto para todas las decisiones que se tomen en cuanto a los medios de comunicación.

“‘Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres [y mujeres]… Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículos de Fe 1:13). Hay mucho material en los últimos días que no se ajusta a dichos criterios; y si lo que hallamos no se ajusta, tenemos que seguir buscando”, dice la Dra. Manning.

No obstante, es ese esfuerzo lo que diferencia a los Santos de los Últimos, señaló el presidente Thomas S. Monson: “Conforme el mundo se aleja más y más de los principios y las pautas que nos dio un amoroso Padre Celestial, sobresaldremos de la multitud… Seremos diferentes al decidir no llenar nuestra mente con opciones de multimedia que son viles y degradantes y que harán que el Espíritu deje nuestro hogar y nuestra vida”4.

4. Enseñen a sus hijos una sexualidad sana

El principio de la “oposición en todas las cosas” [2 Nefi 2:11] se aplica a la pornografía. No basta con indicar que la pornografía es mala; los padres también deben enseñar a sus hijos lo que es bueno.

“Una de las defensas y protecciones más poderosas de nuestros jóvenes es que les enseñemos sobre la sexualidad, en el hogar y desde temprano”, dice la Dra. Manning. “Nuestros jóvenes sufren, puesto que crecen en un entorno de mensajes tóxicos con muy escasos mensajes positivos dentro del marco del Evangelio”.

El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young, Mark H. Butler, recomienda las explicaciones directas: “El ciclo de la respuesta sexual existe de forma natural en nosotros, los seres humanos. Los deseos e impulsos sexuales que tenemos son un don concedido por Dios, los cuales nos bendicen y nos atraen natural y afectivamente al sexo opuesto, al matrimonio y a la vida familiar”.

Las charlas apropiadas según la edad en cuanto a la sexualidad sana pueden comenzar desde una temprana etapa. El profesor Carroll señala que las conversaciones sobre el contacto físico bueno y el contacto físico malo, así como sobre la privacidad personal, junto con el uso de la terminología correcta de las partes del cuerpo, pueden empezar a enseñarse desde temprana edad. Para la edad de ocho años, el niño tiene la capacidad de lograr una comprensión básica del sexo en el contexto físico, espiritual, emocional y en el pertinente a las relaciones, dice.

Además, los jovencitos y las jovencitas valoran la forma de hablar correcta y directa. Un joven dijo: “Si se anda con rodeos, las personas pueden malinterpretar mucho. Se me enseñó acerca de la ley de castidad una decena de veces antes de que me diera cuenta de que hablaban de sexo”.

El profesor Carroll dice que los padres también deben prestar atención al contexto de dichas charlas. “Hagan todo lo posible para no hacer de esas conversaciones algo estructurado”, dice. “Llevamos a nuestro hijo a cenar, nos vestimos con ropa de domingo o lo conversamos en el estacionamiento del templo”, dice. Sin embargo, si los hijos reciben el mensaje de que solo puede hablarse de sexo bajo esas circunstancias, tal vez no sepan cómo recrear tales circunstancias cuando tengan preguntas.

En vez de eso, los padres deben generar un diálogo y oportunidades continuas para que los hijos hagan preguntas cuando las tengan. “Si la conversación se produce cuando están sentados en el suelo del dormitorio o en la camioneta, o mientras recogen fresas, sabrán cómo volver a hablar”, dice Carroll.

“La experiencia me ha enseñado que los adolescentes más activos sexualmente son, por lo general, los menos informados”, señala el profesor adjunto de BYU Bradley R. Wilcox. “Los jovencitos que reciben respuestas de los padres desde una edad temprana son, por lo común, los que evitan la experimentación sexual”.

5. Destruyan el mito de la pornografía

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) manifestó claramente la verdad sobre [el uso de] la pornografía. Dijo: “Es malsano. Es lujurioso e inmundo. Es tentador y crea hábito. [Los] llevará… directo a la destrucción, no les quepa la menor duda. Es abyecta sordidez que enriquece a los que lo explotan y empobrece a sus víctimas”5.

“El consumo de pornografía por parte de los adolescentes y adultos jóvenes con frecuencia conduce a una idea distorsionada de la sexualidad y su función de fomentar sanas relaciones interpersonales”, sostiene el American College of Pediatricians [Colegio Estadounidense de Pediatras]. “Tales distorsiones incluyen la sobrestimación de la frecuencia de la actividad sexual en la comunidad, la creencia de que la promiscuidad sexual es normal y la creencia de que la abstinencia sexual no es saludable”6.

En las conversaciones concernientes a la pornografía, los padres deben señalar que esta es ficticia en todos los aspectos. Los comportamientos que se describen en la pornografía no son ni normales ni un reflejo de lo que se debe prever ni esperar en una relación sana. “La pornografía es atractiva solo mientras se acepten sus mitos”, dice el profesor Carroll.

6. Cambien la conversación concerniente al problema

Los expertos y líderes de la Iglesia advierten en cuanto a concluir demasiado rápido que cualquier uso de pornografía indica necesariamente una adicción.

“No todo el que hace uso consciente de la pornografía es adicto a ella”, señala el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “De hecho, la mayoría de los jóvenes y las jovencitas que tienen problemas con la pornografía no son adictos, lo cual es una diferenciación importante que debemos hacer no solo los padres, los cónyuges y los líderes que desean ayudar, sino también quienes padecen el problema”7.

“Los jóvenes y las jovencitas se involucran con la pornografía debido a la curiosidad, debido a su accesibilidad y debido a, fundamentalmente, la falta de madurez”, dice el profesor Carroll. “Cada uno de nosotros experimenta el poder del ciclo de respuesta sexual que se despierta durante la pubertad mucho antes de que tengamos la madurez emocional o espiritual para entenderlo por completo”.

Richard Neitzel Holzapfel, profesor de Historia de la Iglesia en BYU y asesor docente del club estudiantil Remediar la Pornografía, indica que “el problema es real y tiene consecuencias terribles, pero hacer declaraciones generales sobre el problema a menudo lo arraiga más en el alma de quienes luchan contra él”.

El élder Oaks afirma que los problemas con la pornografía pueden oscilar entre “el uso ocasional o reiterado deliberado, el uso intensivo o el uso compulsivo (adictivo)… Si la conducta se clasifica incorrectamente como una adicción, el usuario podría pensar que ha perdido su albedrío y la capacidad de superar el problema… Por otro lado, tener una mayor comprensión de la gravedad de un problema —que tal vez no esté tan arraigado ni sea tan extremo como se temía— puede brindar esperanza y una mayor capacidad de… arrepentirse”8.

Al abordar los problemas, el profesor Butler sugiere que los padres adopten un método de evaluación: ¿Por cuánto tiempo ha estado ocurriendo? ¿Con qué frecuencia la consumen? ¿De qué manera acceden a ella? Luego, los padres pueden trabajar con los jóvenes para determinar el nivel de acción adecuado.

“Comprendan a las personas y quiénes son”, dice el profesor Holzapfel. “¿Cuán grave es su problema? ¿Qué es lo que sucede en realidad? ¿Cuál es la razón por la que ven pornografía y cómo podemos abordar los problemas más profundos?”

7. Enseñen a lidiar con las emociones

Es probable que el abordar problemas más graves también pueda ser clave para evitar problemas con la pornografía, dice Nathan Acree, un terapeuta que reside en Utah. Aparte de la curiosidad natural, la pornografía suele utilizarse como un modo de lidiar con las emociones, en particular, con las emociones agobiantes”.

El profesor Butler añade: “En cierto punto, el joven o la joven tiene alguna experiencia difícil o angustiosa en materia psicológica, en materia de relaciones o en materia espiritual”. Dice que las experiencias negativas pueden conducir el cerebro adolescente a tornarse a “las experiencias que le hacen a uno sentirse bien” como ver pornografía y a tener conductas relacionadas, como la masturbación. Entonces, las emociones que se crean en dichas conductas reemplazan o enmascaran las emociones estresantes. Y en ello yace el peligro: “La persona pasa de una experiencia que le hace sentirse bien a iniciar el tránsito a la dependencia psicológica. Ahora la persona se vale de esa conducta como un medio de lidiar con la vida”.

El hermano Acree dice que los padres deben enseñar a los hijos que tanto las emociones agradables como las desagradables son normales, y que está bien experimentar sentimientos negativos tales como tristeza, enojo, frustración o dolor. Con frecuencia, los padres sienten la necesidad de controlar las emociones de sus hijos, pero el permitirles experimentar y afrontar los sentimientos negativos fomenta un conjunto de capacidades cruciales.

Si existe un problema con la pornografía, los padres deben procurar no aumentar la carga emocional del hijo avergonzándolo. El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de BYU, James M. Harper, indicó que, mientras que la culpa es una reacción natural ante los errores que puede motivar el cambio, la vergüenza es un sentimiento destructivo que puede conducir a una sensación de desesperanza.

En otras palabras, generar o exacerbar el sentimiento de vergüenza en los hijos daña la capacidad de estos tanto de cultivar reacciones emocionales positivas como de reconocer la influencia del Espíritu, quien, en última instancia, es el aliado más poderoso en la prevención y la recuperación frente al uso de pornografía.

Un joven que luchaba contra la pornografía recuerda con claridad cómo reaccionaron sus padres cuando su problema salió a la luz: “Mi madre reaccionó severamente, con gritos y vociferando, y me hizo sentir peor al respecto en vez de sentir esperanzas de superarlo”, dice. “Quien fue de mayor ayuda fue mi padre, al decirme repetidamente cuánto me amaba”.

“Por favor, no los condenen”, ruega el élder Oaks. “no son malos, ni carecen de esperanza; son hijos e hijas de nuestro Padre Celestial”9.

8. Enseñen que la expiación del Salvador funciona

En discursos, lecciones y materiales de lectura, los jóvenes reciben el claro mensaje de que la pornografía es un mal peligroso, pero tenemos que dar más énfasis a la doctrina de la expiación de Jesucristo.

En el caso de los jóvenes, el profesor Butler cree que el cerebro de los adolescentes podría ser una de las principales razones para enseñarles acerca de la Expiación. “El cerebro adolescente no está formado por completo y eso conduce a ciertas dificultades como el control de los impulsos y una falta de pensamiento con previsión”, explica. “El adolescente espiritualmente sincero, que se esfuerza, puede llegar a quedar mutilado por una culpa abrumadora al afrontar debilidades ante las que que él es especialmente vulnerable al tener dicho cerebro aún en una fase adolescente. Es extremadamente crucial que, junto con la enseñanza de los mandamientos, enseñen a los adolescentes la Expiación; que existe a fin de ayudarnos a cultivar la paciencia y la perseverancia en la vida”.

“Todos necesitamos la expiación de Jesucristo… Mediante el arrepentimiento adecuado y completo, [todos] pueden llegar a ser limpios, puros y dignos de todo convenio y bendición del templo que Dios ha prometido”, dice el élder Oaks10. Eso incluye a quienes han utilizado pornografía.

Y es un mensaje esperanzador: Hay mucho que los padres pueden hacer a fin de preparar a sus hijos para rechazar la pornografía; y cuando flaqueen, la expiación infinita del Salvador hace posible el cambio y el arrepentimiento.

“Eso significa, que pase lo que pase, el Padre Celestial nunca dejará de amarlos, y que nosotros, sus padres, nunca dejaremos de amarlos”, dice el profesor Rarick. Para un hijo, no puede existir una esperanza mayor que esa.

Algunas estadísticas

El 30% de los datos de internet son pornografía.

En 2015 se vieron 136 miles de millones de videos pornográficos en teléfonos inteligentes.

La pornografía es una industria de $97 mil millones de dólares estadounidenses.

En contraste, los ingresos en conjunto de las 10 principales ligas deportivas de Norteamérica, Europa y Asia es de $45.800 millones de dólares estadounidenses.

La exposición a la pornografía comienza en los años de la preadolescencia.

Las plataformas de las redes sociales se han convertido en sitios de gran tráfico de intercambio de pornografía.

76%de los usuarios de internet de 40 países usan redes sociales.

Referencias

  1.  Sebastian Anthony, “Just How Big Are Porn Sites?”,ExtremeTech, 4 de abril de 2012, extremetech.com.
  2.   Linda S. Reeves, “Cómo protegerse de la pornografía: Un hogar centrado en Cristo”, Liahona, mayo de 2014, pág. 16.
  3.   Véase Sam A. Hardy et al., “Adolescent Religiousness as a Protective Factor against Pornography Use”, Journal of Applied Developmental Psychology, tomo XXXIV (mayo–junio de 2013), págs. 131–139, sciencedirect.com. La autora también entrevistó al investigador principal.
  4.   Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”,Liahona, noviembre de 2015, pág. 88.
  5.   Véase Gordon B. Hinckley, “Y se multiplicará la paz de tus hijos”, Liahona, enero de 2001, pág. 62.
  6.   “The Impact of Pornography on Children”, American College of Pediatrics, junio de 2016, acpeds.org.
  7.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, Liahona, octubre de 2015, pág. 52.
  8.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, págs. 52–53.
  9.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.
  10.   Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.
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Cómo conversar con los jóvenes sobre la pornografía.

Por Dan Gray

Trabajador social clínico titulado

Si los padres y los líderes del sacerdocio hablan abiertamente con los jóvenes sobre cuestiones íntimas, sabrán ayudarles a comprender y a evitar los peligros espirituales, emocionales y físicos de la pornografía.

En la actualidad, los los jóvenes sufren un bombardeo de imágenes explícitas, en su mayoría carnales y lascivas, pero dada la naturaleza compleja y delicada de la temática sexual, muchos padres tienen grandes reservas o vergüenza de abordar este tema con sus hijos. En consecuencia, muchos jóvenes son instruidos por amigos con nociones equivocadas o por medios de comunicación y entretenimiento corruptos que suelen conducirles a desarrollar una perspectiva errónea de la sexualidad. A su vez, esas perspectivas pueden conducir a conductas inapropiadas.

Deseamos enseñar a nuestros hijos la ley de castidad y ayudarles a evitar el dolor de la inmoralidad. Entonces, ¿qué pueden hacer los padres y los líderes del sacerdocio? Es preciso hablar con los jóvenes de la naturaleza sagrada de las relaciones íntimas del ser humano y ayudarles a entender y a refrenar los sentimientos relacionados con éstas.

Si tan sólo hablamos del uso incorrecto de la sexualidad, los jóvenes pueden crecer inseguros e inestables, y puede que estemos transmitiéndoles el siguiente mensaje confuso: “Los pensamientos y sentimientos sexuales son malos, pecaminosos e incorrectos… excepto si los orientas hacia alguien a quien amas”. Los jóvenes que sólo reciben mensajes negativos sobre la sexualidad tal vez lleguen a la siguiente conclusión: “Si los sentimientos y los impulsos sexuales son malos, y yo los tengo intensamente, entonces es que también yo soy malo”. Esa forma de pensar puede derivar en sentimientos de baja autoestima, falta de dignidad y vergüenza, haciendo que el joven se sienta alejado del Espíritu.

El hablar abiertamente al respecto puede arrojar mucha luz sobre esta confusión. Al hablar con los jóvenes de la naturaleza sagrada de nuestro cuerpo y de la procreación, seremos capaces de ayudarles a comprender y a evitar los peligros espirituales, emocionales y físicos de la pornografía.

La naturaleza sagrada de nuestro cuerpo

Los medios de comunicación suelen ofrecer una imagen poco realista de la apariencia que debería tener nuestro cuerpo y lo que representa. Esa imagen lleva a la gente a considerar el cuerpo como un objeto más que como una parte del alma de la persona. Aceptar esa imagen puede llevar incluso a adorar el “cuerpo perfecto” o, cuando no se está a la altura de esas expectativas, al autodesprecio.

En vez de dejar que los medios de comunicación enseñen a nuestros jóvenes esta destructiva idea mundana, enseñémosles que el cuerpo, en todas sus variedades, es maravilloso, un don de Dios creado para brindarnos gozo y realización. En 1913, el élder James E. Talmage (1862–1933), del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “Se nos ha mandado… considerar nuestro cuerpo como un don de Dios. Nosotros, los Santos de los Últimos Días, no creemos que el cuerpo sea algo que haya que condenar, algo que debamos aborrecer… Para nosotros [el cuerpo] es el símbolo de nuestra primogenitura real… Es inherente a la teología de los Santos de los Últimos Días que consideremos el cuerpo como una parte esencial del alma” 1 . Este entendimiento permite a los jóvenes tratar con gran respeto tanto sus cuerpos como el cuerpo de los demás.

El élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, aludió también a la naturaleza sagrada del cuerpo:

“Simplemente debemos entender la doctrina revelada y restaurada de los Santos de los Últimos Días respecto al alma, así como la importantísima y esencial función que el cuerpo tiene en esa doctrina.

“Una de las verdades ‘claras y preciosas’ restauradas en esta dispensación es la de que ‘el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre’ [D. y C. 88:15; cursiva agregada]…

“…La explotación del cuerpo (por favor, incluyan también aquí la palabra alma) es, en última instancia, una explotación de Aquel que es la Luz y la Vida del mundo” 2 .

Nuestra sexualidad: Un don

Además de haber sido bendecidos con un cuerpo físico, tenemos también el sagrado poder de la procreación. Nuestro Padre Celestial ha autorizado el acto de la expresión sexual en el matrimonio y permite a las parejas casadas experimentar placer, amor y satisfacción en esa expresión. El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) declaró: “Dentro de los lazos del matrimonio legal, la intimidad de las relaciones sexuales está bien y cuenta con la aprobación divina. No hay nada impuro ni degradante en la sexualidad de por sí, puesto que por ese medio el hombre y la mujer se unen en un proceso de creación y en una expresión de amor” 3 . Nuestros impulsos sexuales, cuando se expresan de manera apropiada, deben verse como dones maravillosos y sagrados.

El presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, habló de este tema con los jóvenes de la Iglesia. Su poderoso discernimiento al respecto permite a los padres enseñar a sus hijos sobre la naturaleza sagrada de esos poderes:

“Se había proporcionado a nuestro cuerpo —y esto es sagrado— un poder de creación, una luz, por así decirlo, que tiene el poder de encender otras luces. Ese don debía utilizarse solamente dentro de los sagrados lazos del matrimonio. Mediante el ejercicio de ese poder de creación, se puede concebir un cuerpo mortal, en el cual entra un espíritu, y así nace en esta vida un alma nueva.

Ese poder es bueno. Puede crear y sostener la vida familiar y es en ella donde encontramos las fuentes de la felicidad. Se da prácticamente a todo ser mortal que nace. Es un poder sagrado e importante; y repito, mis jóvenes amigos, que es un poder bueno

“Gran parte de la felicidad que pueden recibir en su vida dependerá del uso que hagan del sagrado poder de la creación”.

Los dañinos efectos de la pornografía

La pornografía es una de las cosas que pueden corromper ese sagrado poder. El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho de su consumo: “La mente de los jóvenes se distorsiona con conceptos falsos. El ver [pornografía] de continuo lleva a una adicción de la que es casi imposible desprenderse” 5 .

Muchas personas, incluso algunos asesores profesionales, excusan y hasta aprueban el consumo de pornografía como una conducta exenta de perjuicios. La justifican diciendo que es “normal” y que no encierra peligro alguno cuando se realiza en una situación de aislamiento y en privado. Ese mismo raciocinio se emplea como excusa para la consiguiente práctica de la autoestimulación. ¿Qué respondemos entonces al joven que nos pregunta: “Qué hay de malo en la pornografía y la autoestimulación”? Los cuatro pensamientos que figuran a continuación pueden resultarnos útiles para abordar este punto.

La pornografía profana las almas por las que expió Jesucristo.El cuerpo forma parte del alma; de ahí que cuando contemplamos el cuerpo de otra persona para satisfacer nuestros deseos lascivos, estamos faltándole al respeto y profanando el alma misma de esa persona, así como la nuestra propia. El élder Holland nos advirtió de las consecuencias de justificar estas cosas o de tomarlas a la ligera: “Al restarle importancia al alma de otra persona (por favor, incluyan también aquí la palabra cuerpo), trivializamos la Expiación, sacrificio que salvó a esa alma y le garantiza una existencia eterna. Cuando se juega con el Hijo de Rectitud, Estrella de la Mañana, se juega con calor blanco y con una llama más caliente y brillante que el del sol al mediodía. No es posible obrar así sin quemarse” 6 . La pornografía profana y degrada tanto el cuerpo como el espíritu. Debemos respetar nuestra naturaleza sagrada y la de las demás personas.

La pornografía puede impedirnos alcanzar el máximo potencial de nuestra alma. Nuestro Padre Celestial es el creador de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu; Él sabe cómo funcionan mejor juntos; Él sabe qué cosas nos ayudarán a alcanzar nuestro potencial y cuáles detendrán nuestro progreso. Él sabe qué debemos darle al cuerpo y de qué debemos abstenernos. Los profetas nos han enseñado que el permitir que entren en a la mente imágenes pornográficas provoca daños al espíritu y que, al obrar así, ponemos en peligro nuestra capacidad para ser felices y tener gozo. Si, en cambio, obedecemos las instrucciones del Señor, tanto las que se hallan en las Escrituras como las que nos dan los profetas, podremos experimentar el máximo potencial de nuestra alma.

La pornografía llega a ser adictiva. El repetido consumo de pornografía, especialmente cuando va de la mano con la autoestimulación, puede convertirse en un hábito y llegar a ser adictivo. La adicción se materializa cuando la persona llega a depender del flujo de sustancias químicas que el cuerpo crea cuando se consume pornografía. El consumidor de pornografía aprende a depender de esa actividad a fin de huir de los problemas de la vida, o para hacerles frente y encarar los generadores de la tensión emocional como el dolor, la ira, el aburrimiento, la soledad o el cansancio. Esa dependencia llega a ser un vicio muy difícil de abandonar y en ocasiones culmina en relaciones sexuales fuera de los vínculos del matrimonio.

La pornografía crea expectativas dañinas para el matrimonio.Cuando una persona consume pornografía y se excita, el cuerpo experimenta el mismo tipo de excitación que el de un verdadero encuentro sexual. Si esa conducta se repite con frecuencia, el cuerpo y la mente quedan condicionados por determinadas imágenes y comportamientos, los que pueden derivar en expectativas dañinas e irreales de lo que debiera ser una relación sexual. Tales expectativas afectan también al matrimonio, creando dolor, desconfianza, conflictos, confusión y la traición de la confianza que debería existir entre los cónyuges.

Virtud incesante

El Señor ofrece enormes bendiciones a las personas que tienen pensamientos limpios y virtuosos acompañados de caridad: “Deja también que tus entrañas se llenen de caridad para con todos los hombres, y para con los de la familia de la fe, y deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo. El Espíritu Santo será tu compañero constante” (D. y C. 121:45–46).

¿Cómo es posible engalanar nuestros pensamientos “incesantemente”? Las personas que logran vencer los pensamientos y las conductas inapropiados son aquellas que aprenden a ocupar su tiempo en rutinas virtuosas y diarias, entre las cuales podrían incluirse:

  • Escuchar música edificante.

  • Disfrutar de las creaciones de Dios en la naturaleza.

  • Conservar el cuerpo limpio y sano.

  • Leer las Escrituras y buenos libros.

  • Divertirse con los familiares y los buenos amigos.

  • Participar en conversaciones que no sean denigrantes ni subidas de tono.

  • Dar gracias en oración y suplicar el poder para resistir la tentación.

  • Rodearnos de cosas virtuosas en nuestro hogar y en el centro de trabajo, como pueden ser fotos, láminas, regalos de nuestros seres queridos, cosas que nos hagan reír o que nos recuerden cosas memorables.

Todas estas cosas pueden convertirse en símbolos de virtud que ayudarán a nuestra mente a permanecer centrada y ser menos susceptible a los antojos del hombre natural. Si los jóvenes logran aprender estas cosas y a ponerlas en práctica en su diario vivir, comenzarán a experimentar las bendiciones increíbles de las que se habla en Doctrina y Convenios 121.

También es esencial que entiendan que todos tenemos debilidades que debemos superar. La debilidad no nos hace indignos del amor de Dios; de hecho, el superar la debilidad forma parte del plan de Dios para nosotros. Cuando el Señor nos señala nuestras debilidades y seguimos Su directiva de ser humildes y sumisos (en vez de desanimarnos y perder toda esperanza), comienzan a ocurrir cosas maravillosas. Entonces podremos entregar nuestro corazón al Señor con fe. Entonces, por medio de Su gracia y poder —y no únicamente mediante nuestra fuerza de voluntad— Él “[hará] que las cosas débiles sean fuertes” (Éter 12:27) para nosotros.

No se nos dice que Él vaya a quitarnos nuestras debilidades. Tal vez sigamos siendo tentados y atribulados por ellas, pero si somos humildes y nos mantenemos fieles, el Señor nos ayudará a resistir las tentaciones.

Si algún joven tiene problemas con la pornografía, debe saber que no está perdido, que nosotros y el Señor aún lo amamos y que hay una salida. El presidente Hinckley ha dicho: “[Suplique] al Señor desde lo más profundo de su alma que Él le quite la adicción que le ha esclavizado. Y ruego que tenga la valentía de buscar la amorosa guía de su obispo y, de ser preciso, la asesoría de humanitarios profesionales” 7 . Nuestros jóvenes no deben sentirse avergonzados por tener que buscar ayuda de los padres, del sacerdocio o profesional.

Los padres y los líderes debemos estar más presentes en la vida de nuestros jóvenes y esforzarnos por crear un entorno seguro para ellos. Debemos ser valientes al comunicarnos con ellos sobre estas importantes cuestiones, y alentarlos a aferrarse a los principios del Evangelio y a fortalecerse contra los poderes del adversario. Debemos ser conscientes de las actividades de los jóvenes y supervisarlas —entre las que debemos describir el uso que hagan de Internet— y hablar abiertamente con ellos sobre las bendiciones y los peligros de la sexualidad humana, escucharles y ofrecerles dirección y guía asentada en el Evangelio.

Por supuesto no compartimos relatos personales de nuestras experiencias íntimas; pero si nos valemos de los principios abordados en este artículo, podremos ayudar a los jóvenes a entender con claridad el poder y el potencial de los impulsos sexuales que tengan.

Aún más importante que todo ello es que seamos un ejemplo para nuestros jóvenes. Ellos observan cómo lidiamos con las influencias negativas y necesitan saber que nosotros sabemos que la influencia del adversario no es rival para el poder divino y la influencia del Señor, en quien depositamos nuestra confianza.

Ayuda para superar la pornografía

Deja que la virtud engalane tus pensamientos es un nuevo folleto diseñado para ayudar a las personas que tengan problemas con la pornografía. Habla sobre cómo:

  • Reconocer los medios de comunicación dañinos.

  • Resistir y evitar la tentación de la pornografía.

  • Abandonar las adicciones a la pornografía.

En Deja que la virtud engalane tus pensamientos (artículo 00460 002) hay una lista de pasajes de las Escrituras y de materiales de consulta de la Iglesia sobre el arrepentimiento, la santidad del cuerpo y cómo vencer las influencias mundanas. Los líderes de la Iglesia y los miembros de las familias pueden compartir este folleto con aquellos seres queridos que tengan problemas con la pornografía.

Referencias

  1. En Conference Report, octubre de 1913, pág. 117.
  2.  Of Souls, Symbols, and Sacraments, 2001, págs. 11, 13.
  3.  The Teachings of Spencer W. Kimball, edición de Edward L. Kimball, 1982, pág. 311.
  4.  “Why Stay Morally Clean,” Ensign, julio de 1972, pág. 111; cursiva agregada.
  5.  “Un mal trágico entre nosotros”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 61.
  6.  Of Souls, Symbols and Sacraments, pág. 13.
  7.  Liahona, noviembre de 2004, pág. 62.