¡El Señor los necesita ya!

Elder M. Russell Ballard

Del Quorum de los Doce Apostoles.

Del devocional del SEI para Jóvenes Adultos, “Quedaos tranquilos, y sabed que yo soy Dios”, que tuvo lugar en California, EE. UU., el 4 de mayo de 2014.

Como uno de los apóstoles del Señor Jesucristo, les invito a que se pongan “toda la armadura de Dios” y se unan hoy a la batalla.

El mundo en el que vivimos se aleja cada vez más de las enseñanzas de Cristo y de sus leyes y costumbres. Como resultado, Satanás se esfuerza mucho por confundir a los hijos e hijas de Dios e impedir a los elegidos que cumplan su deber y reciban la plenitud de las bendiciones de Dios.

Satanás quiere que dejen de practicar los buenos hábitos que aprendieron en casa, en seminario, en instituto y en su misión, como el estudio diario de las Escrituras, orar a diario, participar dignamente de la Santa Cena cada semana, y prestar servicio sincero y de corazón. También quiere que permanezcan al margen de las importantes y cruciales batallas actuales.

Recuerden, estamos en guerra, pero no una guerra de rifles y balas; no obstante, la guerra es real, con innumerables víctimas. De hecho, es una continuación de la guerra que empezó en el mundo de los espíritus.

Pablo nos invitó a ponernos “toda la armadura de Dios”. Él dijo: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:11–12).

Como uno de los apóstoles del Señor Jesucristo, les invito a que se pongan “toda la armadura de Dios” y se unan hoy a la batalla, como lo hicieron los hijos de Helamán hace muchos años. No esperen hasta que se casen o empiecen a ejercer su profesión o envejezcan. La Iglesia necesita a nuestros jóvenes ahora; ¡el Señor los necesita ya!

Recordarán que los dos mil jóvenes guerreros “hicieron un convenio de luchar por la libertad de los nefitas” (Alma 53:17). La Iglesia necesita jóvenes guerreros modernos que hayan hecho el convenio de “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (Mosíah 18:9).

Ustedes, mujeres y hombres jóvenes, son las hijas y los hijos modernos de Helamán. Que lo que se dijo de ellos se diga de ustedes: “…se tornaron, en esta ocasión, en un fuerte apoyo” (Alma 53:19).

Combatir la pornografía

Todos debemos apoyar la lucha contra la pornografía, la terrible plaga que se extiende por el mundo.

Hace más de ciento ochenta años, el Señor reveló Su ley de salud, la que incluía una advertencia sobre el uso del tabaco (véase D. y C. 89). Millones de personas escucharon al Señor, pero muchos no. En aquel tiempo, aun cuando yo tenía la edad de ustedes, nadie sabía los efectos que producía el fumar. Hoy, tras décadas de investigación científica, sabemos que fumar contribuye a causar el cáncer pulmonar y otras enfermedades mortales. La Palabra de Sabiduría del Señor fue una bendición de protección.

De igual manera, el Señor nos ha advertido en cuanto a los efectos de la pornografía. Millones de personas siguen fielmente el consejo del Señor, mientras que muchos no. No tenemos que esperar ciento ochenta años, ni aun diez años, para descubrir los efectos devastadores de la pornografía ya que la investigación científica actual ha revelado que la pornografía daña a los jóvenes de varias maneras y perjudica la posibilidad de que un día tengan una relación matrimonial amorosa y perdurable.

Los estudios también demuestran que el uso frecuente de la pornografía puede llevar a conductas obsesivas y alterar la función cerebral de la persona para atraparla en la adicción. También se ha verificado que la pornografía fomenta expectativas irreales y presenta información falsa sobre las relaciones humanas íntimas y sanas.

Lo que es más insidioso aun, la pornografía predispone a ver a las demás personas como objetos a los que se puede tratar con indiferencia y falta de respeto, tanto emocional como físicamente.

Otro aspecto de la pornografía es que por lo general es una actividad “secreta”. Los que la usan a menudo ocultan su uso, o al menos le restan importancia ante todos, incluso ante su pareja romántica o cónyuge. Los estudios han revelado que cuando las personas participan en este tipo de encubrimiento —cuando hacen cosas de las que no están orgullosos y las mantienen ocultas de sus familiares y amigos— no sólo daña su relación y los hace sentir solos, sino que los hace más vulnerables a la depresión, la ansiedad y la falta de autoestima. El guardar secretos daña la confianza.

Ante todo, debemos evitar la pornografía porque es mortal; mata las relaciones sinceras y afectuosas; destruye matrimonios y familias; destruye el espíritu de la persona que la consume tan ciertamente como el veneno más potente mata el cuerpo y la mente.

No se engañen; no piensen que tan pronto como se vayan a la misión o se casen pueden dejar ese comportamiento adictivo. Si están participando en ella ahora, si están atrapados en esta práctica, busquen ayuda espiritual ya; pueden vencer la pornografía con la ayuda del Señor. ¡No esperen! ¡Les ruego que la dejen de lado! Hay muchos recursos en LDS.org que les ayudarán a anular la oscuridad de las imágenes pornográficas.

Son días llenos de desafíos, pero no más que los días de Helamán y sus jóvenes guerreros cuando se aprestaron para defender a sus familias y la Iglesia. Éste es el momento para dar un paso adelante y unirse a las filas de otros hombres y mujeres jóvenes rectos y dedicados para luchar la batalla contra la pornografía.

La doctrina del matrimonio

Quiero que entiendan la doctrina del matrimonio tal como la reveló un amoroso Padre Celestial en las Escrituras y en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”. Ese documento inspirado dice: “La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad”1.

A los apóstoles se les ha dado la responsabilidad de ser atalayas en la torre para ver “al enemigo cuando todavía [está] lejos” (D. y C. 101:54), y enseñar las doctrinas de Cristo. Todos ustedes saben que en la actualidad la definición tradicional del matrimonio está bajo ataque. Hay quienes están configurando el debate en el contexto de los derechos civiles. La Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles explicaron la postura y la doctrina de la Iglesia sobre el propósito y el plan de Dios de que Sus hijos procreados en espíritu tuvieran la experiencia de la vida terrenal, lo cual es esencial para nuestra vida perdurable y eterna.

Cito de la declaración enviada a los líderes de la Iglesia en 2014 y les pido que la lean atentamente:

“Los cambios en la ley civil no modifican, ni pueden cambiar la ley moral que Dios ha establecido. Dios espera que defendamos y guardemos Sus mandamientos pese a las opiniones o tendencias divergentes de la sociedad. Su ley de castidad es clara: las relaciones sexuales son correctas únicamente entre un hombre y una mujer que estén legal y lícitamente casados como esposo y esposa. Los exhortamos a que analicen y enseñen a los miembros de la Iglesia la doctrina que se encuentra en ‘La Familia: Una Proclamación para el Mundo’”.

La declaración sigue:

“Así como quienes fomentan el matrimonio entre personas del mismo sexo tienen derecho a que se les trate con cortesía, lo mismo es válido para aquellos que se oponen a dicho matrimonio…

“Como miembros de la Iglesia, somos responsables de enseñar el evangelio de Jesucristo y de hacer notar las grandes bendiciones que se derivan del prestar atención a los mandamientos de Dios, así como las consecuencias inevitables que resultan al pasarlos por alto. Los invitamos a orar para que a las personas de todas partes se les ablande el corazón hacia las verdades del Evangelio, y para que se conceda sabiduría a quienes sean llamados a decidir asuntos que son importantes para el futuro de la sociedad”2.

Sé que aman y apoyan al Señor y que sostienen a Sus profetas, pero también sé que algunos quizás estén confusos en cuanto a las muchas implicaciones que conlleva la decisión de la Iglesia de sostener el plan revelado de Dios para Sus hijos.

Sé también que algunos jóvenes tienen problemas para entender la forma de explicar la doctrina relacionada con la familia y el matrimonio, y todavía seguir siendo bondadosos, amables y afectuosos hacia los que piensan de manera diferente. Tal vez tengan temor de que se les considere fanáticos e intolerantes;

o quizás conozcan a alguien que lucha con la atracción hacia personas del mismo sexo o que haya decidido vivir en una relación homosexual. El amor que sientan por esa persona como hijo o hija de Dios puede crear una lucha interna mientras se esfuerzan por amar y apoyar a esa persona y al mismo tiempo defender el eterno plan de felicidad del Señor.

Permítanme aclarar: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cree que “la experiencia de la atracción entre personas del mismo sexo es una complicada realidad para muchas personas. La atracción en sí no es pecado, sino el actuar según esos sentimientos. Aunque las personas no eligen tener esas atracciones, sí eligen cómo responder a ellas. Con amor y comprensión, la Iglesia tiende la mano a todos los hijos de Dios, incluso [a aquellos que sienten atracción hacia personas del mismo sexo]”3.

La Iglesia no enseña ni fomenta el rechazo de esas personas ni el comportarse de manera poco caritativa. Debemos amar a los demás y esforzarnos por ayudarlos a comprender que nadie debe ignorar o despreciar los mandamientos de Dios.

Un testimonio y una advertencia

Por último, en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles declararon: “Advertimos que las personas que violan los convenios de castidad, que maltratan o abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre las personas, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos”4.

Yo soy uno de los que se unió a esa advertencia. Como uno de los atalayas en la torre, soy responsable de “[tocar] la trompeta y [avisar] al pueblo (véase Ezequiel 33:1–9). Lo hago porque los amo y quiero que entiendan que debemos tener la mira puesta en el Señor y guardar Sus mandamientos. Ése es mi deber.

La amonestación del Señor viene también con la invitación de venir a Él. Nuestro Padre Celestial conocía las consecuencias de vivir en un mundo caído, por lo que proporcionó un Salvador, un “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” por Sus hijos (Apocalipsis 13:8).

En el evangelio de Juan, dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Por favor, recuerden que el Evangelio es las “buenas nuevas”5. Es un mensaje de esperanza. Si están en problemas, busquen ayuda. El Señor es misericordioso y piadoso.

El apóstol Pablo enseñó:

“¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?…

“Antes bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

“Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

“ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos 8:35, 37–39).

Gracias a Jesucristo, la paz reemplaza el remordimiento; se restauran las sanas relaciones; se pueden superar las adicciones.

Debemos dar a conocer esta verdad a nuestra familia y amigos: Dios es amor, “y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha” (2 Nefi 26:33).

Deben estar consagrados a la obra de salvación antes, durante y después de sus misiones.

El uso de la tecnología para bendecirnos

El Señor los invita a participar y a usar cualquier plataforma de las redes sociales que prefieran para compartir el Evangelio y ser los hijos e hijas modernos de Helamán en las grandes batallas de los últimos días. Él quiere que lleguen a ser los jóvenes guerreros modernos que permanecen firmes y unidos para defender la verdad; Él quiere que sean valientes y fieles ante el avance del enemigo. Sabemos que al final el Señor triunfará y Satanás será derrotado.

Ustedes tienen la oportunidad de usar las redes sociales con sabiduría; recuerden que hay un momento y un lugar adecuados para el uso de las redes sociales, y el compartir sus ideas y su testimonio de lo que aprenden y sienten es una de esas ocasiones. A través de varias plataformas de las redes sociales ustedes pueden tener conversaciones del Evangelio con familiares, amigos y, ustedes los exmisioneros, incluso con los previos investigadores y miembros nuevos que conocieron; pueden ser testigos de la verdad y defender el reino.

Defender el reino

Sé que a algunos de ustedes les preocupa que los juzguen mal, se burlen de ustedes o incluso que los persigan si defienden al Padre Celestial y al Señor Jesucristo y la Iglesia. Comprendo sus preocupaciones.

Cuando era joven, presté servicio misional en la Misión Británica al concluir la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo los mormones eran “escarnio y oprobio” (3 Nefi 16:9), y los misioneros eran objeto de burla y ridículo. La gente incluso nos lanzaba cosas y algunos nos escupían; no obstante, no retrocedimos, sino que seguimos expresando nuestro testimonio y compartiendo el Evangelio. Al igual que Abinadí, no retrocedemos; como Pablo, no desistimos; como el Salvador, no desmayamos. En aquel tiempo no podíamos haber imaginado el impacto de nuestra labor; teníamos catorce distritos y ninguna estaca. Actualmente en las Islas Británicas hay cuarenta y seis estacas de Sion.

Mis queridos jóvenes amigos, no se preocupen por los que están en el edificio grande y espacioso; Nefi vio que se burlarían y señalarían “con el dedo a los que habían llegado hasta el fruto y estaban comiendo de él”. No sean como aquellos que “después que hubieron probado del fruto, se avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” (1 Nefi 8:27, 28).

Ustedes son una generación grandiosa e importante, ¡y ésta es una época maravillosa para estar vivos! El futuro es brillante. Díganse a ustedes mismos: “Estoy ayudando al Señor al esforzarme por compartir mi testimonio y enseñar las verdades que Dios ha revelado en los últimos días”.

Que el Señor los bendiga con sabiduría más allá de su edad; que sabiamente se den cuenta de que estamos en esta batalla y que debemos mantenernos unidos, jóvenes y mayores. Que jamás se olviden, durante esta vida mortal en la que se encuentran, que son de gran valor para el futuro de preparar al mundo para aquel día en el que Jesús diga “basta” y regrese y reine como Salvador, el Señor de señores, el Rey de reyes, el Redentor del mundo, de quien testifico que vive.

Ayuda y comprensión

La Iglesia brinda ayuda y comprensión a los que se enfrentan con la pornografía o luchan con la atracción hacia el mismo sexo. También ofrece recursos a miembros de la Iglesia que deseen profundizar su comprensión en cuanto a la divina institución del matrimonio o compartir el Evangelio en línea. Tal vez podría visitar los siguientes recursos en línea:

Referencias

 

  1. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  2. Carta de la Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, fechada 10 de enero de 2014 (Estados Unidos) y 6 de marzo de 2014 (fuera de los Estados Unidos)
  3. “Love One Another: A Discussion on Same-Sex Attraction”, mormonsandgays.org
  4. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”.
  5. Véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Evangelios”

 

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Como iguales.

Una serie de artículos que le proporcionará observaciones para el estudio y el uso de “La familia: Una proclamación para el mundo”.

“Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente” 1 .

Presidir, proveer, proteger

El padre debe presidir en el hogar, pero presidir no significa gobernar ni ejercer injusto dominio sobre su esposa e hijos. El Salvador enseñó a Sus apóstoles que entre los gentiles, los gobernantes ejercían autoridad sobre sus súbditos. “Mas entre vosotros no será así”, les advirtió, “sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (véase Mateo 20:25–27). Presidir, entonces, consiste en amar, servir y sacrificarse. El apóstol Pablo enseñó: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) declaró: “Hermanos, les digo esto con toda seriedad: en nuestra función de líderes espirituales de nuestra familia, debemos seguir el ejemplo de [Jesucristo]. Esto se aplica en particular a la relación que tengan con su esposa” 2 .

El Señor dijo “que todo hombre que tiene la obligación de mantener a su propia familia, hágalo, y de ninguna manera perderá su corona” (D. y C. 75:28). En la actualidad, el mantener a la familia suele depender de la disposición del padre y de la oportunidad que tenga de obtener suficiente educación, aunque el tener estudios y un buen empleo para satisfacer las necesidades cotidianas no significa dedicar una cantidad excesiva de tiempo al trabajo a fin de llevar un nivel de vida elevado. El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) advirtió que algunos padres dedican tanto tiempo a suministrar las cosas que exceden las necesidades cotidianas, que las posesiones materiales se convierten en sus falsos dioses y les queda poco tiempo para presidir a sus familias con amor y rectitud 3 .

La responsabilidad de proteger a la familia va mucho más allá del alojamiento y de la seguridad que obviamente el padre debe proporcionar. El presidente Howard W. Hunter (1907–1995) enseñó: “Un padre recto y justo protege a sus hijos dándoles de su tiempo y su presencia en las actividades y los deberes sociales, escolares y espirituales de ellos” 4 . Los padres protegen a sus hijos cuando les enseñan a tomar decisiones prudentes respecto a los medios de comunicación que eligen y a los amigos con los que pasan el tiempo.

El cuidado de los hijos

En 1942, la Primera Presidencia declaró: “La maternidad viene a ser un santo llamamiento, una dedicación sagrada a la misión de llevar a cabo los planes del Señor, una santa dedicación a la crianza, a la educación y a la formación en cuerpo, mente y espíritu de los que guardaron su primer estado… Guiarlos para que guarden su segundo estado es la obra de la madre… La maternidad está cerca de la divinidad. Es el servicio más elevado y más santo que puede emprender el ser humano, y pone junto a los ángeles a la mujer que honra su santo llamamiento y servicio” 5 .

Una de las artimañas más eficaces de Satanás es menoscabar la labor de la esposa y la madre en el hogar. El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, nos advirtió que “esto ataca el núcleo mismo del plan de Dios… No te apartes del plan de nuestro Dios ni te desvíes hacia las costumbres del mundo, donde la maternidad se menosprecia, la feminidad se degrada y se hace burla de la función de la mujer como esposa y madre” 6 .

Los profetas han recalcado la importancia de que las madres se dediquen por completo al cuidado de sus hijos. Pero de las que se ven obligadas a trabajar para atender las necesidades de sus familias, el presidente Gordon B. Hinckley ha dicho: “Hagan lo mejor que puedan. Confío en que si están trabajando durante jornadas enteras, lo estén haciendo para cumplir con las responsabilidades básicas del hogar y no para darse gustos y hasta lujos materiales” 7 .

El ayudarse mutuamente como iguales

La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos, y la del padre es presidir, proveer de lo necesario y proteger, aunque esas funciones no son exclusivas. Ambos cónyuges deben compartir como iguales la responsabilidad de ser padres y de ayudarse mutuamente en un espíritu de sacrificio abnegado.

El designio divino de conceder a los padres y a las madres diferentes responsabilidades fundamentales en la familia denota determinadas diferencias eternas entre el hombre y la mujer: En “La familia: Una proclamación para el mundo”, se enseña que “el ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal, y eterna” 8 . Esas diferencias innatas y esas responsabilidades exclusivas permiten al matrimonio alcanzar la unidad, complementar sus respectivos dones y talentos y forjar una relación que posibilita el carácter eterno de la familia.

Referencias

  1. “La familia: Una proclamación para el mundo”,Liahona, octubre de 2004, pág. 49.
  2. “Para el padre de familia”, Liahona, enero de 1988, pág. 50.
  3. Véase “Los dioses falsos”, Liahona, agosto de 1977, págs. 1–4.
  4. “El ser marido y padre con rectitud”, Liahona, enero de 1995, págs. 62–63.
  5. En Conference Report, octubre de 1942, págs. 12–13. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant, págs. 219–220
  6. “El gozo de vivir el gran plan de felicidad”, Liahona, enero de 1997, pág. 84.
  7. “Las mujeres de la Iglesia”,Liahona, enero de 1997, pág. 78.
  8. Liahona, octubre de 2004, pág. 49.