Amar a su madre.

Elaine S. Dalton

¿Cómo puede un padre criar a una hija feliz y equilibrada en un mundo cada vez más tóxico? Los profetas del Señor enseñaron la respuesta.

No hay palabras para describir la ocasión sagrada en que un padre nuevo sostiene en brazos a su pequeña niñita por primera vez. Este año tres de nuestros hijos se convirtieron en padres de niñas. Al observar a nuestro robusto y fornido hijo jugador de rugby, Jon, con su primera bebita en brazos, noté que la miraba con ternura reverencial y luego me miró a mí con una expresión que parecía decir: “¿Cómo se cría a una niña?”.

Esta mañana me gustaría hablarles a nuestros hijos y a todos los padres. ¿Cómo puede un padre criar a una hija feliz y equilibrada en un mundo cada vez más tóxico? Los profetas del Señor enseñaron la respuesta; es una respuesta simple, y verdadera: “Lo más importante que un padre puede hacer por [su hija] es amar a la madre de [ella]”1. Por medio de la forma en que amen a la mamá de ella, enseñarán a su hija en cuanto a la ternura, la lealtad, el respeto, la compasión y la devoción. Ellas aprenderán de su ejemplo sobre lo que deben esperar de un jovencito y qué cualidades buscar en un futuro esposo. Pueden mostrar a su hija, mediante la manera en que amen y honren a su esposa, que ella nunca debe conformarse con menos. El ejemplo de ustedes enseñará a su hija a valorar el ser mujer; ustedes le están mostrando que es una hija de nuestro Padre Celestial, y que Él la ama.

Amen a la madre de ella tanto que su matrimonio sea celestial. Un matrimonio en el templo por el tiempo de esta vida y toda la eternidad merece que ustedes hagan su mayor esfuerzo y que le den la máxima prioridad. Fue sólo después de que Nefi había terminado el templo en el desierto que dijo: “Y… vivimos de una manera feliz” 2. La “manera feliz” se halla en el templo; es guardar los convenios. No dejen que ninguna influencia entre en su vida ni en su hogar que causaría que comprometan sus convenios o su compromiso con su esposa y su familia.

En la organización de las Mujeres Jóvenes estamos ayudando a su hija a entender su identidad como hija de Dios, y la importancia de permanecer virtuosa y digna de recibir las bendiciones del templo y de un matrimonio en el templo. Le enseñamos a su hija la importancia de realizar y mantener convenios sagrados; le enseñamos a comprometerse ahora a vivir de modo tal que siempre sea digna de entrar en el templo y que no permita que nada la retrase, distraiga o descalifique para lograr esa meta. El ejemplo de ustedes, como padres, habla más fuerte que nuestras significativas palabras. Las jovencitas se preocupan por sus padres. Muchas de ellas expresan que su mayor deseo es estar unidas eternamente como familia. Quieren que ustedes estén allí cuando ellas vayan al templo o se casen en el templo. Manténganse cerca de su hija y ayúdenla a prepararse y a permanecer digna de entrar en el templo. Cuando cumpla 12 años, llévenla con ustedes al templo con frecuencia para efectuar bautismos por sus antepasados y por otras personas; siempre atesorará esos recuerdos.

La cultura popular de hoy en día trata de menoscabar y degradar su rol eterno como patriarca y como padre, y de minimizar sus responsabilidades más importantes. Esas responsabilidades se les han concedido “por designio divino” y el padre debe “presidir [su] familia con amor y rectitud, y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida para su familia y de proporcionarle protección”3.

Padres, ustedes son los guardianes de sus hogares, de su esposa y de sus hijos. En la actualidad “no es fácil proteger a nuestra familia contra las intrusiones del maligno en [sus] mentes y sus espíritus… Esas influencias pueden y se filtran libremente en el hogar. Satanás es muy inteligente; no necesita derrumbar la puerta”4.

Padres, ustedes deben ser los guardianes de la virtud. “Un poseedor del sacerdocio es virtuoso. El ser virtuoso supone que sus pensamientos [son] puros y sus acciones limpias… La virtud [es]… una cualidad de la divinidad… que está emparentada con la santidad”5. Los valores de las Mujeres Jóvenes son atributos cristianos que incluyen el valor de la virtud. Ahora les pedimos que se unan a nosotros para conducir al mundo de regreso a la virtud. Para hacerlo, tienen que “practicar la virtud y la santidad”6 eliminando de su vida todo lo que sea maligno e incoherente con alguien que posee el sagrado sacerdocio de Dios. “Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y… el Espíritu Santo será tu compañero constante”7. Por lo tanto, tengan cuidado con lo que miren en los medios de entretenimiento o impresos. La virtud personal de ustedes será un modelo para sus hijas, y también para sus hijos, de lo que es la verdadera fortaleza y valor moral. Al ser guardianes de la virtud en sus propias vidas, en su hogar y en la vida de sus hijos, mostrarán a su esposa e hija lo que es el verdadero amor; la pureza personal de ustedes les dará poder.

Ustedes son los guardianes de su hija en más que el sentido legal. Estén presentes en la vida de ella; háganle saber cuáles son las normas de ustedes, sus expectativas, sus esperanzas y sueños para el éxito y felicidad de ellas. Tengan entrevistas con ella, conozcan a sus amigos y, cuando llegue el momento, a sus enamorados. Ayúdenla a entender la importancia de una preparación académica; ayúdenla a entender que el principio de la modestia es una protección; y ayúdenla a escoger música y otros medios de comunicación que inviten al Espíritu y que estén en armonía con su identidad divina. Sean parte activa en la vida de ella y, si en sus años de la adolescencia no vuelve a casa a la hora que debe de una cita, vayan a buscarla. Ella se resistirá y les dirá que arruinaron su vida social, pero en su interior sabrá que la aman y que se interesan lo suficiente por ella para ser su guardián.

Ustedes no son hombres comunes. Debido a su valentía en la esfera premortal, calificaron para ser líderes y poseer el poder del sacerdocio. Allí “[escogieron] el bien” y ejercieron “una fe sumamente grande”, y están aquí ahora para hacer lo mismo8. El sacerdocio que poseen los distingue de los demás.

En unas semanas, nuestros tres hijos habrán dado a sus niñitas un nombre y una bendición. Espero que ésa sea la primera de muchas bendiciones del sacerdocio que reciban de sus padres, porque en el mundo en que crecerán, necesitarán esas bendiciones. Su hija atesorará el sacerdocio y determinará en su corazón de que eso es lo que quiere para su futuro hogar y familia. Siempre recuerden “que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo” y que no pueden “ser gobernados… sino conforme a los principios de la rectitud”9.

Padres, ustedes son el héroe de su hija. Mi padre era mi héroe. Todas las noches esperaba en la entrada de nuestra casa que volviera del trabajo. Él me alzaba y me hacía girar en el aire y me dejaba pararme encima de sus zapatos grandes y entonces me llevaba bailando hacia adentro. Me encantaba el reto de tratar de seguir cada uno de sus pasos; y todavía lo hago.

¿Sabían que el testimonio de ustedes tiene una poderosa influencia en su hija? Yo sabía que mi padre tenía un testimonio; sabía que amaba al Señor; y debido a que mi padre amaba al Señor, yo también lo amaba. Sabía que se interesaba por las viudas porque utilizó sus vacaciones para pintar la casa de la viuda que vivía al lado de nuestra casa. ¡Para mí fueron las mejores vacaciones que tuvimos, porque me enseñó a pintar! Ustedes bendecirán la vida de su hija en años futuros si buscan maneras de pasar tiempo con ella y de compartir su testimonio.

En el Libro de Mormón, Abish se convirtió porque su padre compartió con ella su increíble visión. Por muchos años después guardó su testimonio en el corazón y vivió rectamente en una sociedad muy inicua. Entonces llegó el momento cuando ya no podía contenerse y corrió de casa en casa para compartir su testimonio y los milagros de los cuales había sido testigo en la corte del rey. El poder de la conversión y el testimonio de Abish fue instrumental para cambiar una sociedad completa. Quienes la oyeron testificar llegaron a ser un pueblo que “fueron [convertidos] al Señor, [y] nunca más se desviaron”, ¡y sus hijos fueron los dos mil jóvenes guerreros!10.

Como dice el himno “Levantaos, hombres de Dios”11, éste es un llamado a ustedes, los hombres que poseen el santo sacerdocio de Dios. Que de ustedes se pueda decir lo que se dijo del capitán Moroni:

“…[era] un hombre fuerte y poderoso, un hombre de un entendimiento perfecto… un hombre firme en la fe de Cristo…

“Si todos los hombres hubieran sido, y fueran y pudieran siempre ser como Moroni, he aquí, los poderes mismos del infierno se habrían sacudido para siempre… el diablo jamás tendría poder sobre el corazón de los hijos de los hombres”12.

Hermanos, padres, hombres jóvenes: “Sean leales a su realeza interior”13.

Entonces, ¿cómo crían a una niña?; amen a su madre. Conduzcan a su familia al templo, sean guardianes de la virtud y magnifiquen su sacerdocio. Padres, a ustedes se les han confiado las hijas de naturaleza real de nuestro Padre Celestial; ellas son virtuosas y electas. Es mi oración que velen por ellas, las fortalezcan, sean ejemplos de un comportamiento virtuoso y enséñenles a andar en los pasos del Salvador, porque ¡Él vive! En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Presidente David O. McKay, en Theodore Hesbourgh, Reader’s Digest, enero de 1963, pág. 25; véase también Richard Evans’ Quote Book, 1971, pág. 11.

  2. 2 Nefi 5:27.

  3. Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  4. A. Theodore Tuttle, “The Role of Fathers”, Ensign, enero de 1974, pág. 67.

  5. Ezra Taft Benson, “Las características divinas del Maestro”, Liahona, enero de 1987, pág. 47.

  6. Doctrina y Convenios 46:33.

  7. Doctrina y Convenios 121:45, 46.

  8. Alma 13:3; véase también el versículo 2.

  9. Doctrina y Convenios 121:36.

  10. Alma 23:6; véase también Alma 19:16–17; 53:10–22.

  11. “Rise Up, O Men of God”, (“Levantaos, hombres de Dios”, traducción libre), Hymns, Nº 323.

  12. Alma 48:11, 13, 17.

  13. Harold B. Lee, “Be Loyal to the Royal within You,” en Speeches of the Year: BYU Devotional and Ten-Stake Fireside Addresses 1973, 1973, pág. 101.

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Madre Celestial.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que todos los seres humanos, hombres y mujeres, son amados hijos espirituales de padres celestiales, un Padre Celestial y una Madre Celestial. Esta comprensión se basa en las enseñanzas proféticas y de las Escrituras acerca de la naturaleza de Dios, nuestra relación con la Deidad y el potencial divino de hombres y mujeres1. La doctrina de una Madre Celestial es una creencia preciosa y distintiva entre los Santos de los Últimos Días2.

Aunque no hay registro de una revelación oficial de José Smith de esta doctrina, algunas de las primeras mujeres Santos de los Últimos Días indicaron que él les enseñó personalmente acerca de una Madre Celestial3. Las referencias publicadas más antiguas de la doctrina aparecieron poco tiempo después de la muerte de José Smith en 1844, en documentos escritos por sus colaboradores cercanos4. La expresión más notable de la idea se encuentra en un poema de Eliza R. Snow, titulado “My Father in Heaven” [Mi Padre Celestial] y ahora conocido como el himno “Oh mi Padre”. Este texto declara: ¿Hay en los cielos padres solos? Clara la verdad está; la verdad eterna muestra: madre hay también allá”5.

De forma subsecuente los líderes han confirmado la existencia de una Madre Celestial. En 1909, la Primera Presidencia enseñó que “Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad”6. Susa Young Gates, una líder prominente de la Iglesia, escribió en 1920 que las visiones y enseñanzas de José Smith revelaron la verdad de que “la divina Madre, [está] lado a lado con el divino Padre”7. En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, emitida en 1995, la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles declararon: “Cada [persona] es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”8.

Los profetas han enseñado que nuestros padres celestiales obran juntos para lograr la salvación de la familia humana. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Somos parte de un divino plan diseñado por Padres Celestiales que nos aman”9. El presidente Harold B. Lee declaró: “Olvidamos que tenemos un Padre Celestial y una Madre Celestial que, probablemente, están incluso más preocupados por nosotros que nuestro padre y madre terrenal, y esa influencia del cielo está obrando constantemente para tratar de ayudarnos cuando hacemos todo lo que podemos”10.

Los Santos de los Últimos Días dirigen su adoración al Padre Celestial, en el nombre de Cristo, y no oran a la Madre Celestial. En esto, siguen el modelo establecido por Jesucristo, que enseñó a Sus discípulos que, “siempre debéis orar al Padre en mi nombre”11. A los Santos de los Últimos Días se les enseña a orar al Padre Celestial, pero como el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “El hecho de que no oremos a nuestra Madre Celestial de ninguna manera disminuye ni denigra la importancia que ella tiene”12. Ciertamente, como el élder Rudger Clawson escribió: “Honramos a la mujer cuando reconocemos la divinidad que hay en ella en su función eterna”13.

Como con muchas otras verdades del Evangelio, nuestro conocimiento actual acerca de la Madre Celestial es limitado; no obstante, se nos ha dado suficiente conocimiento para apreciar lo sagrado de esta doctrina y comprender el modelo divino que se ha establecido para nosotros como hijos de padres celestiales. Los Santos de los Últimos Días creen que este modelo se refleja en la declaración de Pablo: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón”14. El hombre y la mujer no pueden ser exaltados el uno sin el otro. Al igual que tenemos un Padre Celestial, tenemos una Madre Celestial. Como el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha dicho: “Nuestra teología empieza con padres eternos; nuestra mayor aspiración es llegar a ser como ellos”15.

Referencias

  1. Génesis 1:26–27; Moisés 3:4–7; Romanos 8:16–17; Salmos 82:6; Doctrina y Convenios 132:19–20.
  2. Véase “Llegar a ser como Dios”; véase también Elaine Anderson Cannon, “Mother in Heaven”, en Encyclopedia of Mormonism, ed. Daniel H. Ludlow, 5 tomos, Nueva York: Macmillan, 1992, tomo II, pág. 961. Para una revisión detallada de estas enseñanzas, véase David L. Paulsen y Martín Pulido, “‘A Mother There’: A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven”, BYU Studies, tomo L, nro. 1, 2011, págs. 70–97.
  3. Zina Diantha Huntington Young mencionó que cuando su madre falleció en 1839, José Smith la consoló al decirle que en el cielo ella vería a su propia madre de nuevo y llegaría a conocer a su Madre Eterna. Susa Young Gates, History of the Young Ladies’ Mutual Improvement Association of the Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints, Salt Lake City: Deseret News, 1911, págs. 15–16.
  4. Véase de W. W. Phelps, “Come to Me”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de enero de 1845, pág. 783.
  5. My Father in Heaven”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de noviembre de 1845, pág. 1039; “Oh mi Padre”, Himnos, nro. 187; véase también Jill Mulvay Derr, “The Significance of ‘O My Father’ in the Personal Journey of Eliza R. Snow”, BYU Studies tomo XXXVI, nro. 1,1996–1997, págs. 84–126.
  6. “The Origin of Man”, Improvement Era, tomo XIII, nro. 1, noviembre de 1909, pág. 78.
  7. “The Vision Beautiful”, Improvement Era tomo XXIII, nro. 6, abril de 1920, pág. 542. En ese momento, Gates era la secretaria de registros de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro.
  8. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  9. M. Russell Ballard, When Thou Art Converted: Continuing Our Search for Happiness, Salt Lake City: Deseret Book, 2001, pág. 62.
  10. Harold B. Lee, “The Influence and Responsibility of Women”, Relief Society Magazine tomo LI, nro. 2, febrero de 1964, pág. 85.
  11. 3 Nefi 18:19–21; Mateo 6:6–9; Juan 17:1, 5, 21, 24–25; véase también Mateo 4:10; Lucas 4:8; y 3 Nefi 13:9; 17:15.
  12. Gordon B. Hinckley, “Hijas de Dios”, Liahona, enero de 1992, pág. 112.
  13. “Our Mother in Heaven”, Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo LXXII, nro. 39, 29 de septiembre de 1910, pág. 620. Rudger Clawson era el editor de la publicación periódica y posiblemente el autor de este editorial.
  14. 1 Corintios 11:11.
  15. Dallin H. Oaks, “La Apostasía y la Restauración”, Liahona, julio de 1995, pág. 95.

La Iglesia reconoce la contribución de eruditos al contenido histórico presentado en este artículo; su trabajo se utiliza con permiso.