Recuerdos del martirio

Cuando José y Hyrum Smith partieron hacia la cárcel de Carthage, Illinois, donde esperarían una audiencia judicial, pocos sospechaban que los dos habían salido de su hogar por última vez. José había hecho frente al encarcelamiento, la violencia del populacho y las amenazas de muerte en otras ocasiones, y siempre había regresado para guiar a los santos hacia adelante. Hyrum también había sufrido periodos de persecución con los santos y siempre había salido de ellos listo para volver a edificar y seguir adelante.

Pero al caer la tarde el 27 de junio de 1844, una turba con intenciones de linchar atacó la cárcel de Carthage y asesinó a ambos.

Los informes de la muerte violenta de los dos hermanos causaron conmoción entre los santos de Nauvoo. En un solo día habían perdido a su profeta y a su patriarca. Para muchos de ellos, José y Hyrum también fueron amigos y modelos a seguir, hombres que les habían ayudado y bendecido en tiempos de necesidad. En los días, semanas y meses posteriores al martirio, los santos tuvieron dificultades para encontrar la manera de describir su reacción a las muertes. Sus cartas, diarios y escritos públicos se unen a los homenajes a José y Hyrum que se imprimieron, tal como el que ahora se ha canonizado en Doctrina y Convenios 135, y son testigos de la misión de los dos hombres que sirvieron tan fielmente y que luego sellaron su testimonio con su sangre.

Cartas

Muchos Santos de los Últimos Días en Nauvoo tenían amigos y familiares que estaban lejos de la ciudad al momento del martirio, y en ellos recayó la difícil tarea de dar la noticia a sus seres queridos.

“No intentaré describir la escena de lo que ha ocurrido”, le escribió Vilate Kimball a su esposo, Heber, quien estaba en el este de los Estados Unidos promoviendo la campaña presidencial de José. “Ruego que Dios no permita que vuelva a ser testigo de algo similar… Todo corazón está lleno de tristeza, y las calles mismas de Nauvoo parecen llorar su muerte”. Al igual que muchos otros, también expresó preocupación en cuanto a la amenaza de violencia

continua en contra de los santos. “Solo el Señor sabe”, le advirtió a Heber, “en dónde terminará todo esto”.

Almira Mack Covey, prima de los hermanos Smith, escribió a su familia en cuanto a haber visto los cuerpos de José y Hyrum regresar a Nauvoo. Ella escribió: “Ustedes podrán determinar cuáles eran nuestros sentimientos mejor de lo que yo podría describirlos, pero lo que sí puedo decir es que no hubo nadie de entre la gran asamblea de personas que no derramara lágrimas ese día. El ver a dos profetas del Señor yacer postrados fue suficiente para conmover el corazón de una piedra”.

Sarah M. Kimball, quien jugó un papel decisivo en la fundación de la Sociedad de Socorro, también se encontraba entre los que vieron los cuerpos regresar a la ciudad. “La escena al recibir los cuerpos en Nauvoo se puede imaginar mejor de lo que se puede describir”, le escribió a una amiga, “puesto que la pluma nunca fue capaz de hacerle justicia”. Aun cuando hubiera sido imposible capturar el dolor de la ciudad entera, Kimball intentó describir el pesar de una mujer: el día después de los asesinatos, fue a ver a Lucy Mack Smith. Sarah Kimball recordó haber tomado la mano temblorosa de Lucy Mack Smith y escucharla preguntar entre sollozos: “¿Cómo pudieron haber matado a mis pobres hijos? ¡Ay!, ¿cómo pudieron haberlos matado cuando eran tan queridos?”.

Diarios

A fin de registrar detalles en cuanto al martirio y sus respuestas ante él, otros escritores redactaron entradas de reflexión en sus diarios. En vez de concentrarse en el momento y en sus preocupaciones inmediatas, tal como solía suceder en las cartas, las entradas en los diarios a menudo procuraban seleccionar los detalles valiosos para las generaciones futuras y para que la tragedia cobrara sentido espiritual. En busca de una explicación o de un precedente de la pérdida de sus líderes, los santos a menudo acudían a la Biblia. Muchos compararon los asesinatos con acontecimientos bíblicos, desde el asesinato de Abel a la crucifixión de Jesucristo. A menudo incluían a José y a Hyrum entre los muchos mártires que se mencionan en el libro de Apocalipsis, los cuales “habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenían”. Por consiguiente, creían que los dos hermanos ahora se encontraban entre los que hacían su petición al cielo: “¿Hasta cuándo, oh Señor, santo y verdadero, tardarás en juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?”.

Los acontecimientos en Carthage llevaron a Joseph Fielding a llenar varias páginas de su diario con comentarios en cuanto a la vida, la misión y la muerte de José Smith. Fielding escribió que la llegada de los cuerpos de los dos mártires “fue la escena más solemne que mis ojos han contemplado”. Aun cuando “a menudo había leído en cuanto a los mártires de la antigüedad”, Fielding escribió que él mismo era ahora un testigo de “dos de los hombres más grandes que sellaron con su sangre la verdad que habían tenido y enseñado”. Al final, él creyó que José y Hyrum serían debidamente “clasificados con los mártires de Jesucristo”.

Además de buscar entendimiento entre los mártires del pasado, Fielding tenía la vista puesta en el futuro de la obra del Señor. Él escribió: “José y Hyrum habían hecho todo lo que podían haber hecho, y se establecieron los cimientos de la gran obra de los últimos días”. Fielding estaba seguro que al edificar sobre ese cimiento, la obra por la que José y Hyrum habían vivido y muerto “podría ser completada por los doce apóstoles que habían sido instruidos en todas las cosas pertenecientes al Reino de Dios sobre la tierra”.

Zina Huntington Jacobs, quien había sido sellada a José Smith en matrimonio plural, registró el golpe emocional que sufrió al ver “los cuerpos enmudecidos e inertes de los [dos] mártires”, observando que “mi corazón no tenía la menor idea de que mis ojos serían testigos de esa terrible escena”. En su diario, Jacobs hizo un recuento del costo del martirio para las familias de ambos hombres, para la comunidad y la humanidad, así como para la Iglesia, a efectos de lo cual describió a José y a Hyrum no solo como “el Profeta y el Patriarca de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días”, sino también como “maridos bondadosos”, “padre[s] afectuosos”, “respetados hombres ilustres” y “amigos del género humano”.

Para Jacobs, los asesinatos de José y de Hyrum fueron prueba de la iniquidad del mundo. En su diario, rogó que Dios reconociera “la sangre inocente que ha sido derramada” y preguntó “cuánto tiempo deberán las viudas lamentar y los huérfanos llorar antes de que vengues la Tierra y causes que la iniquidad cese”. El 4 de julio, una semana después del martirio, Jacobs observó que era el Día de Independencia de los Estados Unidos, y comparó la promesa de libertad y justicia del país con los brutales asesinatos de los dos hermanos. Ella escribió: “La bandera de la libertad que alguna vez fue noble, ha caído”. “La tierra que se jacta de la libertad está ahora manchada de sangre inocente”.

William Clayton, un inmigrante británico que fue uno de los secretarios de José Smith, escribió en su diario una relación meticulosa de la forma en que José y Hyrum habían sido asesinados. Su relación tomó forma tras entrevistas con Willard Richards, John Taylor y otras personas que habían estado presentes.

Tras examinar la evidencia, Clayton asignó gran parte de la responsabilidad por los asesinatos a las autoridades gubernamentales, incluso al gobernador de Illinois, Thomas Ford. “Él había dado su palabra y la del Estado de que serían protegidos contra todo daño”, observó Clayton. Sin embargo, la milicia que supuestamente debía proteger a José y a Hyrum había cooperado con el populacho. Al igual que Zina Jacobs, Clayton vio una gran diferencia entre los ideales estadounidenses de libertad religiosa y la realidad que los santos estaban sufriendo. “La libertad huyó”, escribió. Tranquilamente agregó que “no hubo celebración pública en Nauvoo” el 4 de julio. Ya que la fe que tenía en la nación se había hecho pedazos, Clayton acudió a Dios. “Nos volvemos a Ti en busca de justicia”, escribió.

Poesía

Algunos Santos de los Últimos Días expresaron su reacción al publicar poemas en el diario Times and Seasons, publicado por la Iglesia. Entre los autores se encontraban poetas consumados, tales como Eliza R. Snow, William W. Phelps, John Taylor y Parley P. Pratt, así como Santos de los Últimos Días anónimos.

Los diversos autores se concentraron en diferentes emociones. “Loor al Profeta”, de William W. Phelps, reflexionaba sobre el legado que José había dejado y miraba adelante hacia su labor del otro lado del velo. “O Give Me Back My Prophet Dear” [Oh, devuélveme a mi Profeta querido], de John Taylor, hablaba con nostalgia de la pérdida de dos amados líderes. La letra de estos y algunos otros poemas se publicó junto con sugerencias de melodías populares. Unos cuantos de ellos se incluyeron más tarde en himnarios Santos de los Últimos Días y se siguen cantando en la actualidad.

Muchos de los poemas mezclaban el dolor y la indignación por los asesinatos con referencia a mártires del pasado, incluso Jesucristo. En su poema publicado en la edición del 1º de julio de 1844 del diario Times and Seasons, en el cual se anunció el asesinato, Eliza R. Snow escribió:

Sion llora la ausencia de su líder.

¡El Profeta y el Patriarca han muerto!

El hecho más tenebroso que hombre o demonio conozcan

desde el Calvario, a los hermanos ha abatido.

Uno en vida y uno en muerte, prueba son

de lo grande de su amistad, de cuán verdadero su amor.

Fieles a su misión hasta el fin.

Sellaron el testimonio con rojo carmín.

Editoriales

A medida que muchos de los santos redactaron y compartieron su respuesta personal a la tragedia en cartas, diarios y poemas, los líderes y representantes de la Iglesia sintieron la obligación de informar y comentar sobre las muertes en editoriales, procurando con ello informar y consolar a los Santos de los Últimos Días en todo lugar. El 1º de julio, los apóstoles Willard Richards y John Taylor, quienes habían estado con los hermanos en la cárcel de Carthage cuando el populacho atacó, agregaron sus nombres a un aviso en el diario Times and Seasons, redactado por el editor del mismo, William W. Phelps. Su editorial instó a los Santos de los Últimos Días a “aferrarse a la fe que les había sido entregada en los últimos días”, y colocaron a José y a Hyrum en una larga lista de mártires bíblicos.

Los tres hombres recordaron a los Santos de los Últimos Días que “el asesinato de Abel; el asesinato de cientos de personas; la sangre justa de todos los santos profetas, desde Abel hasta José, salpicada con la mejor sangre del Hijo de Dios como el signo carmesí de la remisión, solamente lleva convicción a los esfuerzos y al corazón de toda carne de que la causa es justa y que continuará; y benditos son los que continúan fieles hasta el fin”.

En la siguiente edición del diario Times and Seasons, Phelps publicó un editorial más largo en cuanto a los asesinatos que incluía un informe de las palabras que pronunció José al ir partiendo hacia Carthage. “Voy como cordero al matadero; pero me siento tan sereno como una mañana veraniega; mi conciencia se halla libre de ofensas contra Dios y contra todos los hombres. Moriré inocente”. Phelps también informó que “las últimas palabras de José fueron ‘¡Oh Señor, Dios mío!’”. Cerca del tiempo en que Phelps publicó su editorial, Willard Richards escribió su propia relación detallada de los asesinatos, la cual incluyó por primera vez el informe de las últimas palabras de Hyrum: “Soy hombre muerto”. La relación de Richards se publicó el 24 de julio de 1884, en el diario local de Nauvoo.

Doctrina y Convenios

Si bien muchos observadores externos esperaban que la Iglesia se desintegrara tras el asesinato de José y Hyrum, la obra de la Iglesia continuó a pesar de su muerte. Durante los últimos dos años de la vida de José, los líderes de la Iglesia habían estado trabajando en una nueva edición de Doctrina y Convenios. Justo antes de la muerte de José y Hyrum, habían anunciado que se esperaba que se publicara a mediados de julio de 1844.

La fecha de publicación se demoró solo un poco a causa de la agitación que precedió y siguió a los acontecimientos en la cárcel de Carthage. Poco después del martirio, se tomó la decisión de seguir adelante con la impresión, pero de agregar una sección final para “cerrar” el libro con una declaración en cuanto a las muertes. La declaración probablemente se escribió en julio o en agosto, ya que el tomo se publicó y estaba ya en uso en septiembre. Dicha declaración, titulada “El martirio de José Smith y Hyrum Smith”, se canonizó en lo que ahora es Doctrina y Convenios135.

Por lo menos desde principios del siglo XX, los comentaristas y los líderes de la Iglesia supusieron que John Taylor, apóstol y director de la imprenta, había escrito la declaración; sin embargo, la sección nunca se le atribuyó a Taylor en vida, y es posible que haya sido la labor de Taylor, Richards, Phelps o de alguien más que colaboraba regularmente en la imprenta de Nauvoo. Independientemente de quién la escribió, la declaración se basó en gran medida en el testimonio de los testigos presenciales Taylor y Richards, y contenía citas de editoriales del diario y de avisos publicados por la Iglesia que ellos habían ayudado a redactar anteriormente. Al igual que esas relaciones publicadas anteriormente, esta declaración hacía eco de temas de martirio, inocencia y juicio divino, temas que igualmente aparecían en los escritos particulares de los Santos de los Últimos Días.

Debido a que los impresores tenían que hacer caber la declaración en un tomo cuya tipografía ya estaba compuesta (aunque no se había imprimido todavía), la sección se imprimió en un tipo de letra considerablemente más pequeño que el resto del tomo y se hizo caber en la página y media de espacio en blanco entre la sección anterior y el índice. Como resultado de su colocación en Doctrina y Convenios, esta declaración fue muy leída y citada, y se ha convertido en el epitafio oficial de José Smith y su hermano Hyrum.

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Los documentos de José Smith: Los libros manuscritos de revelación

Los libros manuscritos de revelación contienen muchos de los originales de las revelaciones que recibió José Smith y contribuyen a una mejor comprensión del proceso de revelación.

En la década de 1970, los eruditos Santos de los Últimos Días empezaron a darse cuenta de los beneficios de recopilar los documentos relacionados con la vida y las obras del profeta José Smith y de ponerlos a disposición del público. El proyecto en desarrollo de “Los documentos de José Smith” es la culminación de una labor que ha llevado décadas. Los expertos envueltos en él tienen la intención de recopilar todos los apuntes, diarios personales, correspondencia, discursos, revelaciones, historias escritas, noticias y papeles legales, en fin, todo lo escrito que José Smith mismo haya originado o indicado que se escribiera.

Cuando se termine la obra, Los documentos de José Smithconstarán de unos treinta tomos que contendrán más de dos mil documentos. Estos tomos se dividirán en seis series basadas en los temas que expongan: documentos, historia, diarios, documentos administrativos, asuntos legales y de negocios, y revelaciones y traducciones. Al proporcionar transcripciones (versiones mecanografiadas) de todos los documentos originales, Los documentos de José Smith pondrán textos legibles al alcance de los estudiosos y de otras personas interesadas, lo que al mismo tiempo reducirá la necesidad de palpar con las manos documentos históricos frágiles e incluso dañarlos. Cada una de las transcripciones pasa por un proceso de tres etapas que concuerda con las normas de investigación histórica que tienen por objeto asegurar que los textos se hayan transcrito con exactitud.

El estudio de esas fuentes históricas, particularmente de los primeros escritos, proporciona a los estudiosos de José Smith una comprensión más profunda de la vida del Profeta y del desarrollo de la Iglesia restaurada. Los documentos de José Smith también facilitarán la investigación histórica detallada. Los documentos que han estado en diversos lugares —incluso en colecciones de la Iglesia, universidades, sociedades históricas y en propiedad privada—, se publicarán y estarán disponibles en muchos sitios y finalmente en el Internet. Puesto que este vasto proyecto ofrecerá una profunda reserva de fuentes originales, inclusive muchas que los eruditos no podrían localizar de otra manera, Los documentos de José Smithelevarán las normas y la exactitud de estudios futuros que se relacionen con él y con la historia de la Iglesia en los primeros tiempos.

Las revelaciones y la serie de traducciones

En los tomos de la serie titulada “Revelaciones y traducciones” se reproducirán los primeros manuscritos de las revelaciones y traducciones de José Smith, junto con las ediciones oficiales de esos documentos tal como se publicaron en vida de él. Dichas publicaciones son la primera edición del Libro de Mormón (1830); la primera publicación de una colección de las revelaciones del Profeta, llamada “Un Libro de Mandamientos” (1833); y la primera edición de Doctrina y Convenios (1835).

Después de organizar la Iglesia en 1830, una de las prioridades del Profeta fue el registro y la preservación de sus revelaciones. Aun cuando el registro más minucioso no empezó hasta 1832, en el verano de 1830 José Smith y John Whitmer comenzaron a recopilar las revelaciones que el Profeta había recibido hasta entonces. Ya para marzo de 1831, John Whitmer empezó a copiar esa primera colección de revelaciones manuscritas en lo que tituló “Libro de Mandamientos y Revelaciones”. Este libro manuscrito, que los editores de los Documentos han designado como “Libro 1 de Revelaciones”, contiene artículos que se copiaron desde aproximadamente marzo de 1831 hasta mediados de 1835.

Después de ser comisionados en una conferencia de la Iglesia que tuvo lugar en Ohio, en noviembre de 1831, para publicar las revelaciones recopiladas, John Whitmer y Oliver Cowdery llevaron el “Libro de Mandamientos y Revelaciones” hasta Misuri donde, junto con W. W. Phelps, se dispusieron a publicar “Un Libro de Mandamientos” (véase D. y C. 67). A principios de 1832, con el primer libro de revelaciones manuscritas en Misuri, José y sus escribientes consiguieron otro libro en el cual copiar revelaciones. Conocido al principio con el nombre de “Libro de Revelaciones de Kirtland”, los editores de los Documentos han denominado este segundo libro como “Libro 2 de Revelaciones”. El original se escribió entre fines de febrero o principios de marzo de 1832 y fines de 1834. El primer tomo de la serie Revelaciones y Traducciones contiene estos dos libros de revelaciones manuscritas.

Por medio de un estudio minucioso, los eruditos del proyecto “Los documentos de José Smith” han determinado que el “Libro de Mandamientos y Revelaciones” fue la fuente principal para la publicación en 1833 de “Un Libro de Mandamientos”, y que tanto el “Libro de Mandamientos y Revelaciones” como el “Libro de Revelaciones de Kirtland” formaron la base para la primera edición de Doctrina y Convenios, publicada en 1835. Después de esa publicación, los manuscritos no se usaron más, sino que se guardaron en un lugar seguro con otros registros de la Iglesia. Las revelaciones posteriores se registraron en los diarios personales de José Smith y en libros de registro, así como en documentos de obispos, apóstoles y otros seguidores.

Después de esa publicación de Doctrina y Convenios en 1835, en general estos dos libros manuscritos se olvidaron porque se disponía de los tomos publicados. Sin embargo, en años recientes, los expertos han demostrado gran interés en examinar los primeros manuscritos de las revelaciones de José Smith. El Libro 2 de Revelaciones no había estado fácilmente accesible hasta 2002, cuando la Iglesia publicó imágenes de los manuscritos originales como parte de las Colecciones seleccionadas de los archivos, en DVD1. Además, hace sólo pocos años que los estudiosos empezaron a darse cuenta del valor del Libro 1 de Revelaciones, que estaba en posesión de la Primera Presidencia.

El Libro 1 de Revelaciones contiene los primeros manuscritos que se conocen de muchas revelaciones y, en algunos casos, las únicas copias que se han conservado de aquellos primeros manuscritos. De él se tomaron las revelaciones publicadas en el primer número del periódico de la Iglesia, The Evening and the Morning Star. Cuatro hojas que se habían sacado del libro, no se sabe cuándo, están actualmente en Independence, Misuri, en la biblioteca y archivos de la Comunidad de Cristo, que los tiene en su posesión, y se reproducen con permiso en Los documentos de José Smith.

El Libro 1 de Revelaciones es una colección casi completa de las primeras que se recibieron y contiene sesenta y cuatro de las sesenta y cinco partes que se publicaron en 1833 en “Un Libro de Mandamientos” 2, así como noventa y cinco de las ciento tres secciones publicadas en Doctrina y Convenios en 1835. Hay únicamente diez partes del libro manuscrito que no aparecen en “Un Libro de Mandamientos” ni en Doctrina y Convenios de 1835.

La preparación de los Libros manuscritos de Revelaciones para su publicación en el tiempo de José Smith

Una de las responsabilidades de José Smith al revisar los manuscritos antes de su publicación era “corregir los errores o las faltas que podamos descubrir por medio del Santo Espíritu”3. Por experiencia, él sabía que en el proceso de escribir revelaciones, copiarlas manualmente en libros y pasarlas después por varias manos a fin de prepararlas para su publicación se cometerían errores involuntarios. A veces, los cambios eran necesarios para aclarar la redacción. De tiempo en tiempo, las revelaciones posteriores tomaban el lugar de otras recibidas anteriormente o las ponían al día, lo que hacía necesario editar los documentos y corregir las versiones anteriores. A lo largo de los años, se hicieron también diversos cambios, la mayoría de los cuales, como el de dividir el texto en versículos o aclarar el significado, no implicaron mayores correcciones.

Aparentemente, José consideraba que las revelaciones manuscritas eran sus mejores esfuerzos por captar la voz del Señor cuando condescendía en comunicarse en lo que él llamaba el “lenguaje retorcido, entrecortado, incoherente e imperfecto” del hombre4. La revelación del prefacio para las revelaciones publicadas parece expresar también el mismo principio: “He aquí, soy Dios, y lo he declarado; estos mandamientos son míos, y se dieron a mis siervos en su debilidad, según su manera de hablar…” (D. y C. 1:24).

José y sus compañeros fueron designados por iniciativas de las conferencias de la Iglesia para preparar las revelaciones para su publicación con la corrección de los textos. Análisis recientes de ambos libros manuscritos de revelación indican cómo y cuándo se hicieron muchos de los cambios. Por ejemplo, algunos se hicieron antes de publicar selecciones de los libros en Misuri, mientras que otros tuvieron lugar en Ohio antes de que se publicara Doctrina y Convenios en 1835.

Un ejemplo común son los efectuados por Sidney Rigdon, que cambió el lenguaje bíblico de las revelaciones a uno más familiar y moderno. Muchos de esos cambios se corrigieron más tarde para ponerlos como estaban originalmente. Él también corrigió la gramática y cambió parte de la redacción para aclarar y modificar las expresiones y el significado.

En raros casos, se hicieron cambios más substanciales al poner al día las revelaciones para publicar Doctrina y Convenios en 1835. Por ejemplo, la sección 20 se había recibido en 1830, antes de revelar a José Smith gran parte de la estructura para el liderazgo de la Iglesia tal como la conocemos hoy. Ya en 1835 José había organizado muchos oficios y quórumes por revelación; a fin de incluir ese nuevo orden eclesiástico que se había revelado, se incorporaron varios cambios al texto de la sección 20 y se agregaron partes. Por ejemplo, los versículos 65–67 que tenemos ahora, sobre la ordenación de los hermanos a oficios del sacerdocio, se habían revelado después de la publicación hecha en 1833 y se agregaron posteriormente a la publicación de 1835.

Antes de publicar “Un Libro de Mandamientos” en 1833, José Smith revisó muchos de los cambios editoriales que hicieron sus compañeros e hizo pequeñas modificaciones de su puño y letra. Y antes de publicarse Doctrina y Convenios en 1835, hizo cambios adicionales, incluso el de agregar los apellidos de las personas que en las revelaciones se mencionan por su nombre de pila.

Entre 1834 y 1835, en Kirtland, Ohio, se utilizó el Libro 2 de Revelaciones para preparar la edición de 1835 de Doctrina y Convenios, y con excepción de ocho partes, todas las demás del libro manuscrito se publicaron en esa edición. Por el contrario, en “Un Libro de Mandamientos” de 1833, se publicaron sólo tres de las revelaciones del libro manuscrito; dos de éstas aparecieron por primera vez en la edición de Doctrina y Convenios publicada en 1844.

Los cambios editoriales posteriores hasta la edición de 1981 de Doctrina y Convenios se relacionaban con alguno que otro cambio de vocablos, pero los más importantes tuvieron lugar bajo la dirección del profeta José en la edición de 1835.

Nueva información

Al examinar esos libros manuscritos, los editores de los Documentos han descubierto nueva información. Por ejemplo, los estudiosos interesados en la cronología de la vida de José Smith se han respaldado durante largo tiempo solamente en las fechas vagas del mes que aparecen en muchas de las primeras revelaciones. El Libro 1 de Revelaciones proporciona las fechas específicas de varias de éstas. Además, las breves introducciones históricas de John Whitmer a muchas de las revelaciones también brindan un marco histórico a los expertos.

Por medio de un minucioso análisis, los editores han podido reconocer la letra de la mayoría de las marcas editoriales que figuran en las páginas manuscritas. Cuando se publique la serie “Revelaciones y traducciones”, se incluirán imágenes de los documentos con la transcripción correspondiente en la página opuesta; de ese modo, los lectores podrán ver la escritura original, las marcas editoriales e incluso la textura de los documentos, sin necesidad de ser expertos en descifrar la letra. Los cambios que se hagan en los documentos originales figurarán en las transcripciones con un código a color a fin de que los lectores determinen a quién corresponde la letra de las personas que escribieron en cada página.

Otro aspecto interesante al trabajar en la serie “Revelaciones y traducciones” ha sido el descubrimiento de una revelación inédita acerca de asegurarse de obtener en Canadá los derechos reservados para la publicación del Libro de Mormón. Después de apartarse de la Iglesia, David Whitmer comentó que la revelación prometía éxito en la venta de los derechos reservados, pero al regresar los hombres encargados de esa responsabilidad, José Smith y otras personas quedaron desanimados por lo que parecía haber sido un fracaso. Durante muchos años, los historiadores han confiado en las palabras de David Whitmer, Hiram Page y William McLellin, pero no contaban con el texto original de la revelación. El “Libro 1 de Revelaciones” lo proporcionará.

Aun cuando todavía no sabemos todo al respecto, particularmente la percepción que tenía José Smith de la situación, sabemos en cambio que eso no justifica que a la comunicación divina se le llame “revelación fracasada”. La instrucción del Señor claramente basa el éxito de la venta de los derechos en la dignidad de las personas que tratan de hacer la venta, así como en la receptividad espiritual de los posibles compradores5.

La nueva comprensión del Profeta

Las revisiones y correcciones de los textos de revelación en los primeros años de la Iglesia confirman el proceso de la revelación continua que recibía José Smith. Los manuscritos indican la forma en que se afanaban los que le ayudaban por cerciorarse de transcribir e imprimir con exactitud las ideas y doctrinas que José recibía, un proceso que en la publicación de cualquier obra corre el peligro de introducir errores. En algunos casos, cuando una revelación nueva cambiaba o ponía al día otra que se había recibido previamente, el Profeta corregía la revelación primeramente escrita para que reflejara la nueva explicación. De ese modo, a medida que su conocimiento de doctrina se aclaraba y expandía, lo mismo sucedía con las revelaciones registradas que se caracterizaban por la naturaleza cambiante de su comprensión de los temas sagrados. El Profeta no creía que, una vez registradas, las revelaciones no pudieran cambiarse por otras que recibiera después.

La preservación y publicación de estos libros manuscritos de revelación proporcionan una importante fuente de recursos para los estudiosos de la historia de la Iglesia. Una vez terminado, este proyecto conducirá a un mayor entendimiento de la forma en que se organizaron y publicaron nuestras revelaciones impresas, así como a mayor percepción de la voluntad y las intenciones de José Smith. El estudio de estos libros de revelaciones aumentará no sólo nuestro conocimiento sino también nuestro testimonio con el reconocimiento del plan de revelación continua del Señor que proporciona lo que haga falta para las necesidades constantemente cambiantes de la Iglesia en crecimiento.