La fe no es una casualidad, sino una elección

Por el élder Neil L. Andersen

La fe en Jesucristo es una dádiva del cielo que se recibe al elegir creer y al procurarla y aferrarnos a ella.

El Salvador percibía la firmeza o la debilidad de la fe de los que lo rodeaban. A alguien le dijo, con aprobación: “grande es tu fe”1; con otros se lamentó diciendo: “hombres de poca fe”2; y a otros cuestionó preguntando: “¿Dónde está vuestra fe?”3. Sin embargo, Jesús honró a otros diciendo: “ni aun en Israel he hallado tanta fe”4.

Me pregunto: “¿Qué pensará el Salvador de mi fe?”, y esta noche les pregunto: “¿Qué pensará el Salvador de la fe de ustedes?”.

La fe en el Señor Jesucristo no es algo etéreo que flota libremente en el aire. No llega a nosotros por casualidad ni la conservamos por derecho natural. Es, como dicen las Escrituras: “… la certeza… la convicción de lo que no se ve”5. La fe emite una luz espiritual que se puede discernir6. La fe en Jesucristo es una dádiva del cielo que se recibe al elegir creer7 y al procurarla y aferrarnos a ella. La fe, o aumenta o se debilita; es un principio de poder que no solo es importante en esta vida, sino en nuestro progreso del otro lado del velo8. Por la gracia de Cristo, un día seremos salvos por medio de la fe en Su nombre9. El futuro de su fe no lo determina la casualidad, sino sus elecciones.

La fe de un joven brasileño

Hace un mes, conocí a Aroldo Cavalcante en Brasil. Él fue bautizado a los veintiún años y fue el primer miembro de la Iglesia de su familia. Tenía una fe intensa y de inmediato comenzó a prepararse para servir en una misión. Lamentablemente, a su madre le diagnosticaron cáncer. Tres meses después, apenas días antes de morir, le expresó a Aroldo su mayor preocupación: no tenía parientes que le ayudaran. Aroldo tendría que hacerse responsable de dos hermanas y un hermano menores que él. Prometió solemnemente que lo haría a su madre agonizante.

Durante el día trabajaba en un banco y por la noche asistía a la universidad. Siguió guardando sus convenios bautismales, pero sus esperanzas de servir en una misión se desvanecieron. Su misión sería cuidar de su familia.

Meses después, al preparar un discurso para la reunión sacramental, Aroldo estudió las palabras que Samuel dijo al rey Saúl en tono reprobatorio: “el obedecer”, leyó él, “es mejor que [sacrificar]”10. Aroldo sintió la impresión aparentemente imposible de que debía obedecer el llamado del profeta de servir en una misión. Sin dejarse desanimar por los obstáculos que tenía ante él, procedió con enorme fe.

Aroldo guardó todos los cruceiros que pudo. A los veintitrés años recibió su llamamiento misional. Dio instrucciones a su hermano de la cantidad mensual que debía retirar de su cuenta. Aroldo no contaba con suficiente dinero para cubrir todo el costo de la misión y mantener a sus hermanos, pero con fe entró en el CCM. Una semana después, recibió la primera de muchas bendiciones. El banco en el que trabajaba el élder Cavalcante inesperadamente duplicó el dinero que iba a recibir al dejar de trabajar. Con ese y otros milagros, se proporcionó el ingreso necesario para cubrir su misión y mantener a su familia en su ausencia.

Veinte años después, el hermano Cavalcante es ahora el presidente de la Estaca Boa Viagem, Recife, Brasil. Al recordar aquellos años, él dijo: “Conforme trataba de llevar una vida recta, sentía el amor y la guía del Señor. Mi fe aumentó, permitiéndome superar muchos retos”11. La fe de Aroldo no fue una casualidad, sino una elección.

Hay muchos hombres y mujeres cristianos que tienen una profunda fe en el Señor Jesucristo; los honramos y respetamos.

Ya no estamos en terreno neutral

Sin embargo, hermanos, a nosotros se nos ha dado algo más: el sacerdocio de Dios, el poder de Dios que fue restaurado en la tierra por ángeles santos. Eso los hace diferentes; ya no están en terreno neutral. La fe de ustedes no aumentará por casualidad, sino por elección.

La forma en que vivimos aumenta o disminuye nuestra fe. La oración, la obediencia, la honradez, la pureza en pensamiento y en obras, y la falta de egoísmo aumentan la fe. Sin ellas, la fe disminuye. ¿Por qué le dijo el Salvador a Pedro: “pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”?12. ¡Porque hay un adversario que se deleita en destruir nuestra fe! Sean implacables en la protección de su fe.

Preguntas sinceras

Analizar las preguntas sinceras es una parte importante de edificar la fe, y para ello usamos el intelecto y los sentimientos. El Señor dijo: “… hablaré a tu mente y a tu corazón”13. No todas las respuestas se reciben de inmediato, pero la mayoría de las preguntas se pueden resolver mediante el estudio sincero y al procurar las respuestas de Dios. Usar la mente sin el corazón no producirá respuestas espirituales. “… nadie conoció las cosas de Dios, sino [por medio del] Espíritu de Dios”14. Para ayudarnos, Jesús nos prometió “otro Consolador” y lo llamó “El Espíritu de verdad”15.

La fe nunca exige una respuesta para cada pregunta, sino que procura la seguridad y el valor para seguir adelante, a veces admitiendo que “no sé todo, pero sé lo suficiente para seguir en el camino del discipulado”16.

El sumergirnos en la duda persistente, intensificada por las respuestas de escépticos e infieles, debilita la fe en Jesucristo y en la Restauración17. “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura”18.

Por ejemplo, los cuestionamientos respecto al profeta José Smith no son nuevos. Sus críticos los han lanzado desde que esta obra comenzó. A las personas de fe que, con el conocimiento del siglo XXI, se preguntan sinceramente en cuanto a sucesos o declaraciones del profeta José de hace casi doscientos años, les doy un consejo de amigo: Por ahora, ¡démosle un respiro al hermano José! En el futuro, ustedes tendrán 100 veces más información de la que se encuentra en todos los motores de búsqueda combinados de hoy y vendrá de nuestro omnisciente Padre Celestial19. Consideren la vida entera de José: habiendo nacido en la pobreza y con poca instrucción formal, él tradujo el Libro de Mormón en menos de noventa días20. Miles de hombres y mujeres sinceros y devotos abrazaron la causa de la Restauración. A los treinta y ocho años, José selló su testimonio con su sangre. Testifico que José Smith fue un profeta de Dios. ¡Créanlo y sigan adelante!

Las dádivas que fortalecen nuestra fe

Tanto la Biblia como el Libro de Mormón nos ofrecen la bella convicción de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Tengo en la mano un ejemplar de la primera edición del Libro de Mormón en francés, que publicó John Taylor cuando comenzó la obra en Francia en 1852. El Libro de Mormón ya se ha traducido de forma parcial o total en 110 idiomas de todo el mundo y ofrece un testimonio espiritual y tangible de la veracidad de la Restauración. ¿Cuándo fue la última vez que leyeron el Libro de Mormón de principio a fin? Léanlo otra vez; incrementará su fe21.

Otra dádiva de Dios que fortalece nuestra fe es la guía de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce. Hoy sostuvimos a tres nuevos miembros de los Doce y les doy la bienvenida al élder Rasband, al élder Stevenson y al élder Renlund al sagrado grupo del Cuórum de los Doce. Pablo dijo:

“… él [llamó] a… apóstoles; y a… profetas …

“a fin de perfeccionar a los santos …

“hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios …

“para que ya no seamos… llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema… [o por aquellos que] emplean con astucia las artimañas del error”22.

La guía de la Primera Presidencia y de los Doce protege nuestra fe.

Aunque la chispa inicial de su fe sea pequeña, las decisiones justas aumentan la confianza en Dios y su fe se fortalece. Las dificultades de la vida terrenal soplan en su contra y las fuerzas del mal acechan en la oscuridad esperando extinguir su fe; pero al continuar tomando buenas decisiones, confiar en Dios y seguir a Su Hijo, el Señor envía un aumento de luz y conocimiento, y nuestra fe llega a ser firme e inquebrantable. El presidente Thomas S. Monson dijo: “… no teman… El futuro es tan brillante como su fe”23.

Porter, Zane y Max Openshaw

¡La fe de los jóvenes de esta Iglesia es sorprendente!

El 12 de junio de este año, recibí un correo electrónico en el que se me informaba que el obispo de un barrio en Utah, su esposa y dos de sus hijos habían muerto en un accidente de avión. El obispo Mark Openshaw había despegado de un pequeño aeródromo y piloteado el avión cuando de repente cayó del cielo y se estrelló. El obispo Openshaw, su esposa, Amy, y sus hijos Tanner y Ellie fallecieron en el accidente. Milagrosamente, su hijo Max, de cinco años, que fue lanzado del avión en su asiento, sobrevivió y solo se rompió unos huesos.

Me enteré de que su hijo, el élder Porter Openshaw, estaba sirviendo en la Misión Islas Marshall Majuro, y que su hijo Zane, de 17 años, estaba en Alemania en un intercambio cultural de la escuela.

Llamé al élder Openshaw a la Isla de Navidad. A pesar de estar desconsolado por la muerte repentina de sus padres, hermano y hermana, de inmediato se preocupó por sus dos hermanos menores.

Al final, fueron el élder Openshaw y su hermano Zane quienes decidieron que otras personas podrían ayudar en casa y que Porter debería permanecer en la misión. Sabían que eso era lo que sus padres habrían deseado.

Cuando hablé con el élder Openshaw, percibí su tristeza pero también el fuego inextinguible de fe. “Tengo confianza”, me dijo él, “y sé sin ninguna duda que veré a mi familia nuevamente… En nuestras tribulaciones siempre hallamos fuerza en… el Señor, Jesucristo… La mano omnipotente de Dios se ha hecho evidente para ayudarnos [a mí] y a mis hermanos en [esta] difícil situación”24.

En el funeral conocí por primera vez a Zane. Al contemplar los cuatro ataúdes en la capilla, me maravillé al ver la fe de ese joven de diecisiete años cuando se dirigió a la congregación. “Este día”, dijo él, “estamos reunidos con corazones humildes y el alma desolada para recordar la vida de mi mamá, mi papá, Tanner y Ellie… Juntos hemos conversado, llorado, recordado y sentido la mano de Dios …

“Al día siguiente de que me enterara del accidente, encontré una carta de mi mamá en mi maleta. En ella me escribió lo siguiente: ‘Zane, recuerda quién eres y de dónde vienes. Oraremos por ti y te extrañaremos’”. Zane continuó: “Esas últimas palabras de mi madre no podrían haber sido más oportunas. Sé que ella, junto con Tanner, Ellie y mi papá… oran por [mis hermanos y] por mí. Sé que… oran para que recuerde quién soy… porque yo, al igual que ustedes, soy un hijo de Dios y Él me envió aquí. Testifico [que]… no importa lo solos que nos sintamos, Dios no nos abandona”25.

Mis queridos amigos, su fe no empezó al nacer ni cesará con la muerte. Tener fe es una elección. Fortalezcan su fe y vivan para merecer las palabras de aprobación del Salvador: “… grande es tu fe”. Al hacerlo, les prometo que, mediante la gracia de Jesucristo, su fe, un día, les permitirá estar con sus seres queridos, limpios y puros en la presencia de Dios. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Mateo 15:28.

  2. Mateo 6:30.

  3. Lucas 8:25.

  4. Mateo 8:10.

  5. Hebreos 11:1.

  6. Véase Alma 32:35.

  7. Véase de L. Whitney Clayton, “Elijamos creer”, Liahona, mayo de 2015, págs. 36–38.

  8. Véase Lectures on Faith, 1985, pág. 3.

  9. Véase Efesios 2:8.

  10. 1 Samuel 15:22.

  11. Conversación personal con Aroldo Cavalcante, 29 de agosto de 2015, Salvador, Brasil; también de un correo electrónico con fecha 31 de agosto de 2015. Hay muchos detalles más de la historia de la promesa que Aroldo Cavalcante le hizo a su madre de cuidar de sus hermanos. Durante los años que siguieron a la muerte de su madre, abiertamente se refería a su hermano y hermanas como sus “hijos”. Durante su misión, las cartas y las llamadas que hacía en Navidad y para el Día de la Madre, con frecuencia hablaban de los desafíos que cada miembro de la familia tenía. Después de su misión, con gran sacrificio, Aroldo asumió la responsabilidad económica de la educación de ellos y de la misión de su hermano. Aroldo esperó hasta que sus hermanas y su hermano estuvieran casados para casarse a los 32 años. Siguen siendo una familia muy unida.

  12. Lucas 22:32.

  13. Doctrina y Convenios 8:2.

  14. 1 Corintios 2:11.

  15. Juan 14:16–17.

  16. Véase de Adam Kotter, “Cuando surjan dudas y preguntas”, Liahona, marzo de 2015, págs. 39–41.

  17. El élder Neal A. Maxwell dijo una vez: “Algunas personas insisten en analizar la Iglesia solo a través de los ojos de quienes la abandonaron; es como entrevistar a Judas para comprender a Jesús. Los desertores siempre dicen más sobre ellos mismos que sobre aquello que han abandonado” (“All Hell Is Moved” [Brigham Young University devotional, 8 de noviembre de 1977], pág. 3, speeches.byu.edu).

  18. 1 Corintios 2:14.

  19. “Nunca les dije que era perfecto; pero no hay error en las revelaciones que he enseñado” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 555).

  20. Véase John W. Welch y Tim Rathbone, “The Translation of the Book of Mormon: Basic Historical Information”, Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 1986.

  21. Un testimonio espiritual del Libro de Mormón es fundamental para la conversión de los Santos de los Últimos Días. Es un testimonio que se debe renovar una y otra vez; si no, los sentimientos espirituales se desvanecen y uno no recuerda más el poder que sintió una vez. “… y el pueblo comenzó a olvidarse de aquellas señales y prodigios que había presenciado, y a asombrarse cada vez menos [del]… prodigio del cielo, de tal modo que comenzaron a endurecer sus corazones, y a cegar sus mentes, y a no creer todo lo que habían visto y oído… y [comenzaron] a creer que la doctrina de Cristo era una cosa insensata y vana” (3 Nefi 2:1–2).

  22. Efesios 4:11–14.

  23. Thomas S. Monson, “Sed de buen ánimo”, Liahona, mayo de 2009, pág. 92.

  24. Correo electrónico personal recibido del élder Porter Openshaw, 23 de agosto de 2015.

  25. Comentarios de Zane Openshaw en el funeral de sus familiares, 22 de junio de 2015.

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Del lado de los líderes de la Iglesia

Por el élder Ronald A. Rasband

¿Están del lado de los líderes de la Iglesia, en este mundo cada vez más oscuro, a fin de propagar la Luz de Cristo?

Extendemos una cordial bienvenida a las nuevas Autoridades Generales, Setentas de Área y a la magnífica nueva Presidencia General de la Primaria. Expresamos un profundo agradecimiento a quienes han sido relevados. Amamos a cada uno de ustedes.

Queridos hermanos y hermanas, acabamos de participar en una de las más benditas experiencias al levantar la mano para sostener a profetas, videntes y reveladores, y a otros líderes y Oficiales Generales llamados por Dios en estos días. Nunca he tomado livianamente ni a la ligera la oportunidad de sostener a siervos del Señor y ser guiado por ellos, y a solo pocos meses de haber sido llamado como nuevo miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, me siento muy humilde por su voto de sostenimiento y confianza. Atesoro su deseo de apoyarme a mí y a todos estos grandes líderes.

Poco después de ser sostenido el pasado octubre, viajé a Pakistán por una asignación y, durante mi estadía, conocí a los maravillosos y dedicados santos de ese país. Son pocos, pero su espíritu es grande. Al poco tiempo de regresar, recibí el siguiente mensaje del hermano Shakeel Arshad, un querido miembro que conocí en esa ocasión: “Gracias, élder Rasband, por venir a Pakistán. Quiero decirle que nosotros… los miembros de la Iglesia… lo sostenemos y lo amamos. Cuán afortunados [somos] por haberlo tenido entre nosotros y haberlo escuchado. Fue un día esplendoroso para mi familia el haber conocido a un Apóstol”1.

Conocer a santos como el hermano Arshad fue una experiencia conmovedora que nos llenó de humildad y, usando sus palabras, un “día esplendoroso” para mí también.

En enero, líderes de la Iglesia participaron en una transmisión Cara a Cara con los jóvenes de alrededor del mundo, sus líderes y sus padres. El evento se transmitió en vivo por internet a muchos lugares de ciento cuarenta y seis países. En algunos sitios había capillas con mucho público y en otros era un solo hogar en el que había un joven conectado; en total, participaron varios cientos de miles.

Al comunicarnos con ese gran público, la hermana Bonnie Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes; el hermano Stephen W. Owen, Presidente General de los Hombres Jóvenes; y yo, con la ayuda de jóvenes anfitriones, músicos y otras personas, contestamos las preguntas de los jóvenes.

Nuestro objetivo era presentar el lema de la Mutual para 2016: “Sigue adelante con firmeza en Cristo”, de 2 Nefi, capítulo 31, versículo 20, que dice: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna”2.

¿Y qué aprendimos al leer las cientos de preguntas de nuestros jóvenes? ¡Aprendimos que nuestros jóvenes aman al Señor, sostienen a sus líderes y desean una respuesta a sus preguntas! Las preguntas son una indicación de un deseo adicional por aprender, por aumentar las verdades que son parte de nuestro testimonio y por estar mejor preparados para “seguir adelante con firmeza en Cristo”.

La restauración del Evangelio comenzó con la pregunta de un joven, José Smith. Muchas de las enseñanzas del Salvador durante Su ministerio empezaron con una pregunta. Recuerden la pregunta que le hizo a Pedro: “… Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”3, a lo que Pedro respondió: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!”4. Necesitamos ayudarnos mutuamente para encontrar las respuestas del Padre Celestial mediante la guía del Espíritu.

Durante la transmisión, les dije a los jóvenes:

“Los líderes de esta Iglesia conocen los problemas, las preocupaciones y los desafíos de ustedes.

“Tenemos hijos; tenemos nietos; nos reunimos a menudo con jóvenes de todo el mundo y oramos por ustedes; hablamos de ustedes en los lugares más sagrados, y los amamos”5.

Quisiera compartir una de las muchísimas respuestas que recibimos de ese evento.

Lisa, de Grande Prairie, Alberta, Canadá, escribió: “Este evento Cara a Cara fue increíble. Fortaleció mi testimonio y convicción del Evangelio. Somos tan bendecidos por tener líderes inspirados que han sido llamados para prestar servicio en tantas funciones diferentes”6.

Liz, de Pleasant Grove, Utah, EE. UU., escribió en una publicación anterior: “Estoy agradecida por la fe que tengo y por la oportunidad de sostener a un profeta de Dios, y a los hombres y mujeres que prestan servicio junto a Él”7.

Hoy hemos sostenido a líderes que, por inspiración divina, han sido llamados a enseñarnos y guiarnos y quienes nos advierten que debemos cuidarnos de los peligros que enfrentamos cada día, desde la observancia informal del día de reposo hasta las amenazas a la familia, los ataques a la libertad religiosa e incluso el disputar la revelación moderna. Hermanos y hermanas, ¿damos oído a sus consejos?

Muchas veces, en conferencias, reuniones sacramentales y la Primaria, hemos cantado las tiernas palabras: “Guíenme; enséñenme la senda a seguir”8. ¿Qué significan esas palabras para ustedes? ¿Quién les viene a la mente cuando piensan en ellas? ¿Han sentido la influencia de líderes justos, discípulos de Jesucristo que, en el pasado y aún hoy en día, influyen en su vida y los acompañan en el camino del Señor? Quizá ellos se encuentren en el hogar de ustedes; quizás estén en su congregación local o hablando desde el púlpito en la conferencia general. Estos discípulos comparten con nosotros la bendición de tener un testimonio del Señor Jesucristo, el líder de esta Iglesia, el líder de nuestra alma misma, quien ha prometido: “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé”9.

Recuerdo al presidente Thomas S. Monson relatar la historia de cuando fue invitado a la casa de su presidente de estaca, el presidente Paul C. Child, en preparación para ser avanzado al Sacerdocio de Melquisedec. Qué bendición tan especial la de ese presidente de estaca, quien en aquel momento no sabía que le estaba enseñando a un jovencito del Sacerdocio Aarónico que un día sería el profeta de Dios10.

Yo también he tenido momentos de aprendizaje con nuestro amado profeta, el presidente Monson. No hay dudas ni en mi mente ni en mi corazón de que él es el profeta del Señor sobre la tierra; he sido el humilde receptor en ocasiones en que él ha recibido revelación y actuado en consecuencia. Nos ha enseñado a extender una mano de ayuda, a protegernos mutuamente, a rescatarnos unos a otros. Eso mismo se enseñó en las aguas de Mormón. Aquellos que deseaban “… ser llamados su pueblo” estaban dispuestos “… a llevar las cargas los unos de los otros”, “… llorar con los que lloran” y “… ser testigos de Dios”11.

Hoy estoy aquí como testigo de Dios el Eterno Padre y de Su Hijo Jesucristo. Sé que el Salvador vive y nos ama, y que dirige a Sus siervos, a ustedes y a mí, para cumplir con Sus grandes propósitos en esta tierra12.

Al seguir adelante y elegir seguir el consejo y las advertencias de nuestros líderes, elegimos seguir al Señor mientras que el mundo está yendo en otra dirección. Elegimos asirnos a la barra de hierro, ser Santos de los Últimos Días, cumplir el mandato del Señor y ser llenos “… de un gozo inmenso”13.

La pregunta que surge hoy es clara: ¿Estamos del lado de los líderes de la Iglesia, en este mundo cada vez más oscuro, a fin de propagar la Luz de Cristo?

Las asociaciones con los líderes son importantes y significativas. No importa la edad de los líderes, ni lo cerca o lejos que estén ni cuándo hayan influido en nuestra vida, su influencia refleja las palabras del poeta estadounidense Edwin Markham, que dijo:

Hay un destino que hermanos nos hace,

[nadie] vive solo para sí.

Lo que en la vida demos a otros,

ha de volver a nosotros14.

Shakeel Arshad, mi amigo de Pakistán, me dio su apoyo, a mí, su hermano y amigo. Lo mismo han hecho muchos de ustedes. Cuando buscamos elevarnos unos a otros, demostramos lo cierto de estas poderosas palabras: “Nadie vive solo para sí”.

Más que nada, necesitamos a nuestro Salvador, nuestro Señor, Jesucristo. Uno de los relatos de las Escrituras que siempre me ha conmovido espiritualmente es cuando Jesucristo caminó sobre el agua para reunirse con Sus discípulos que viajaban en una barca por el mar de Galilea. Eran líderes recién llamados, como muchos de los que nos encontramos en el estrado hoy. El relato está registrado en Mateo:

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario.

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar.

“Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron… Y dieron voces de miedo.

“Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo! ¡Yo soy, no tengáis miedo!”15.

Pedro oyó ese maravilloso llamado de aliento del Señor.

“Entonces le respondió Pedro y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

“Y [Jesús] dijo: Ven”16.

Muy intrépido. Pedro era pescador y conocía los peligros del mar; sin embargo, estaba comprometido a seguir a Jesús, día y noche, en barco o por tierra.

Imagino que Pedro saltó del barco sin esperar una segunda invitación y empezó a caminar sobre el agua. De hecho, las Escrituras dicen: “… anduvo sobre las aguas para ir a Jesús”17. Cuando el viento empezó a hacerse más fuerte y feroz y las olas se arremolinaban a sus pies, Pedro tuvo miedo “… y, comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

“Y al momento Jesús, extendiendo la mano, le sujetó”18.

¡Qué lección tan poderosa! El Señor estaba allí para ayudarlo, tal como lo está para ustedes y para mí. Extendió Su mano y llevó a Pedro hacia Él y a un lugar seguro.

Tantas veces he necesitado al Señor y Su mano salvadora. Lo necesito ahora más que nunca, como cada uno de ustedes. En ocasiones me he sentido seguro de saltar del barco, metafóricamente, para introducirme en lugares desconocidos, únicamente para darme cuenta de que no podía hacerlo solo.

Como dijimos durante el evento Cara a Cara, el Señor muchas veces se acerca a nosotros por medio de nuestra familia y líderes, y nos invita a venir a Él, como cuando se acercó a Pedro para salvarlo.

Ustedes también tendrán muchas oportunidades para responder a la invitación frecuente de “[venir] a Cristo”19. ¿No se trata de eso esta vida mortal? El llamado puede ser el de ir a rescatar a un familiar, a prestar servicio en una misión, a regresar a la Iglesia, a ir al santo templo; o, como oímos recientemente a nuestros maravillosos jóvenes decir en el evento Cara a Cara, vengan, por favor ayúdenme a responder mi pregunta. En el momento indicado, todos oiremos el llamado: “Ven a casa”.

Ruego que nos acerquemos, que tendamos la mano y tomemos la que el Salvador nos está extendiendo, muchas veces mediante sus líderes divinamente llamados y los integrantes de nuestra familia, y escuchemos Su llamado a “venir”.

Sé que Jesucristo vive; lo amo y sé con todo mi corazón que Él ama a cada uno de nosotros. Él es nuestro gran Ejemplo y el divino Líder de todos los hijos del Padre. De esto doy mi solemne testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Comentario en Facebook de Shakeel Arshad a Ronald A. Rasband, 2 de diciembre de 2015.

  2. 2 Nefi 31:20.

  3. Mateo 16:15.

  4. Mateo 16:16.

  5. Ronald A. Rasband en Cara a Cara, 20 de enero de 2016, lds.org/media-library.

  6. Respuesta para Cara a Cara, de Lisa Jarvis, de Grande Prairie, Alberta, Canadá.

  7. Tweet de Liz Darger, Pleasant Grove, Utah, EE. UU., 4 de abril de 2015.

  8. “Soy un hijo de Dios”, Himnos, nro. 196.

  9. Doctrina y Convenios 68:6.

  10. Véase de Thomas S. Monson, “Nuestra sagrada responsabilidad del sacerdocio”,Liahona, mayo de 2006, pág. 57.

  11. Mosíah 18:8–9.

  12. Véase Mosíah 18:8–9.

  13. 1 Nefi 8:12.

  14. Edwin Markham, “A Creed”, Lincoln and Other Poems, 1901, pág. 25, [traducción libre].

  15. Mateo 14:24–27.

  16. Mateo 14:28–29.

  17. Mateo 14:29.

  18. Mateo 14:30–31.

  19. Moroni 10:32.