Cuando lo malo parece bueno y lo bueno parece malo

Por el élder Quentin L. Cook

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso, “A Banquet of Consequences: The Cumulative Result of All Choices”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young, el 7 de febrero de 2017. Para leer el discurso completo en inglés, visite speeches.byu.edu.

La forma en la que el adversario trata de malinterpretar y socavar las bendiciones de vivir de acuerdo con el plan del Padre.

Uno de los aspectos más astutos de los esfuerzos del adversario para frustrar el plan de felicidad de nuestro Padre Celestial es su engañosa enseñanza de que no hay influencia maligna ni demonio (véase 2 Nefi 28:22) y su intento de redefinir lo malo como bueno y lo bueno como malo, la oscuridad como luz y la luz como oscuridad, y lo amargo como dulce y lo dulce como amargo (véase 2 Nefi 15:20).

A eso a veces se le llama cambio de paradigma—“cuando la forma habitual de pensar o hacer algo se reemplaza por una manera nueva y diferente1, y de esa forma representen las cosas para que sean exactamente lo contrario de lo que realmente son. En su novela clásica Cartas del diablo a su sobrino, C. S. Lewis escribió desde el punto de vista de un viejo diablo. Lewis invirtió los valores tradicionales usando la ironía y la sátira para que lo malo pareciera bueno y lo bueno malo2.

En cuanto a ese tema, hace unos meses tuve una reunión estimulante con un experto en publicidad reconocido internacionalmente. Hablábamos de la influencia del mal y de las consecuencias de las malas decisiones.

Imaginó un interesante relato hipotético de la reunión de Lucifer con una agencia de publicidad. El adversario describió su dilema: él y sus seguidores se habían rebelado y rechazado el plan del Padre y habían llegado a comprender que no podían prevalecer contra Dios. Lucifer entendió que si bien el plan del Padre era de alegría y felicidad, su propio plan resultaba en dolor y miseria. El problema, explicó Lucifer al ejecutivo de publicidad, era cómo atraer seguidores.

Se determinó que la única esperanza de éxito que tenía Lucifer era lograr un cambio de paradigma o una inversión de valores; en otras palabras, caracterizar el plan del Padre como algo que resultaba en angustia y miseria, y el plan de Lucifer como algo que resultaba en alegría y felicidad.

Esa reunión hipotética tiene un propósito útil. La verdad es que los enemigos del plan del Padre no solo intentan socavar la doctrina y los principios del plan, sino que también intentan tergiversar las bendiciones que fluyen del plan. Su esfuerzo básico es hacer que lo que es bueno, justo y alegre parezca miserable.

Analizaré algunos de los esfuerzos que lleva a cabo el adversario parar tergiversar y socavar las bendiciones de vivir de acuerdo con el plan del Padre.

Palabra de Sabiduría

En el transcurso de mi vida, he visto que el alcohol ha arruinado y a veces ha destruido la vida de muchos de mis amigos. La cultura del alcohol no solo tiene que ver con la doctrina de la Iglesia; también tiene que ver con la salud y la felicidad de todos. Los Santos de los Últimos Días pueden ser una voz importante en educar a la sociedad sobre las consecuencias de ese problema.

En el plan del Padre, la Palabra de Sabiduría —que se dio a causa de “maldades y designios… de hombres conspiradores”— proporciona principios de salud. Está “adaptada a la capacidad del débil y del más débil de todos los santos”. Establece cosas específicas, incluso que el “vino o bebidas fuertes [alcohol]… no es bueno”. El tabaco y las bebidas calientes (té y café) “no son para el cuerpo” (D. y C. 89:4, 3, 5, 8–9).

Esa revelación también favorece buenas prácticas de salud con una promesa. Promete que los que actúen en obediencia al mandato divino, “recibirán salud… y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento” (D. y C. 89:18–19)3.

La distorsión que utiliza el adversario se manifiesta claramente por su defensa del tabaco y del alcohol.

Incluso hoy en día, la agencia de publicidad hipotética tendría dificultades para arrojar luz favorable en el uso del tabaco. El profeta José Smith (1805–1844) recibió la Palabra de Sabiduría por revelación en 1833. En 1921, el presidente Heber J. Grant (1856–1945), por inspiración del Señor, exhortó a todos los santos a vivir más plenamente la Palabra de Sabiduría4. En ese momento, la publicidad masiva y la idealización en las películas hacían que el fumar cigarrillos pareciera moderno, sofisticado y divertido. No fue sino hasta 1964, cuarenta y tres años más tarde, que el Cirujano General de los Estados Unidos concluyó: “Fumar cigarrillos es un peligro para la salud de suficiente importancia en los Estados Unidos como para justificar medidas correctivas apropiadas”5.

Las estadísticas actuales con respecto al consumo de cigarrillos no se disputan. Las personas que fuman tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad cardíaca, un derrame cerebral y cáncer de pulmón. Se calcula que fumar aumenta el riesgo de cáncer de pulmón 25 veces6.

De modo que lo que el adversario presenta como de moda, sofisticado y divertido, de hecho, ha resultado en miseria y en la muerte prematura de millones de personas.

El alcohol es otro ejemplo. Durante muchos años, he seguido con interés un proyecto de investigación que comenzó en la década de 1940. Al principio, se estudió periódicamente a lo largo de toda su vida a 268 hombres que asistían a la Universidad de Harvard. Más adelante, otras personas, entre las que se incluyó a mujeres, también formaron parte del estudio. El objetivo del estudio original era descubrir todo acerca del éxito y de la felicidad.

Ese estudio contiene tres conclusiones significativas: Primero, la felicidad en las personas adultas tiene una alta correlación con la felicidad familiar durante la niñez, en particular, con el amor y el afecto de los padres7. Segundo, la importancia de un matrimonio saludable y estable brinda felicidad para toda la vida8; y tercero, el efecto negativo del alcohol en el éxito y la felicidad en el matrimonio y en la vida. El abuso del alcohol afecta a un tercio de las familias de los Estados Unidos y una cuarta parte tiene que ver con las admisiones en los hospitales. Desempeña un papel importante en la muerte, la mala salud y los logros truncados9.

Un artículo reciente que apareció en la primera plana del diario Washington Post informó que “las mujeres de este país están bebiendo mucho más y con más frecuencia que sus madres y abuelas lo hicieron, y que el consumo de alcohol las está matando en cantidades récord”. El artículo concluyó que “la ciencia actual y emergente no respalda los supuestos beneficios del consumo moderado” y que “el riesgo de muerte por cáncer parece aumentar con cualquier nivel de consumo de alcohol”10.

En los últimos años, muchas universidades en todo el mundo han estado tratando de disminuir el consumo de alcohol por parte de sus estudiantes debido a su relación a graves comportamientos antisociales, entre los que se incluye el abuso sexual y problemas serios de salud, en especial del consumo excesivo de alcohol. Ahora se ha establecido, desde el punto de vista médico, el terrible impacto del alcohol en el cerebro de muchos jóvenes11.

Al mencionar problemas de salud principalmente personales, no he intentado categorizar otras consecuencias graves del consumo de alcohol, como accidentes al conducir en estado de ebriedad, hombres que intentan excusar agresiones físicas y sexuales debido a la disfunción causada por el alcohol, y los efectos que tiene en el cerebro fetal el alcohol que las mujeres ingieren durante el embarazo12.

Como si fumar cigarrillos, abusar del alcohol y la epidemia de opiáceos13 no fuesen ya suficientemente perjudiciales para la sociedad, ahora vemos las fuerzas del mal abogar por la legalización de la marihuana para uso recreativo.

Opciones familiares

Las opciones familiares siguen un modelo similar. En el plan del Padre se establece claramente el papel de las familias.

En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” leemos: “La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad. La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”14.

Es bastante común en el mundo de hoy, en otro cambio de paradigma, pregonar opciones alternativas de una manera positiva que están en conflicto directo con ese plan y que son adversas para el matrimonio y la familia:

•La opción de mujeres y hombres de colocar la educación y las carreras antes que el matrimonio y la familia.

•La opción de no tener hijos o tener pocos hijos15 o interrumpir el embarazo cuando no sea conveniente.

•La opción de participar en una conducta inmoral como sustituto de la institución sagrada del matrimonio.

El adversario se ha centrado en las mujeres y ha descrito la maternidad como una vía sin salida de actos monótonos; se ha centrado en los hombres y ha representado la paternidad como algo poco importante y la fidelidad como “pasada de moda”. El aislamiento y la deshumanización que resultan de la pornografía son ejemplos de la conducta inmoral que está sustituyendo a la sagrada institución del matrimonio; subraya el terrible alejamiento de la verdad y de la rectitud que el adversario desea.

Las opciones alternativas inapropiadas se representan como apropiadas para ayudar a alcanzar los objetivos mundanos de libertad e igualdad. Como resultado de tales opciones, el promedio de hijos que una mujer tendrá en su vida está disminuyendo radicalmente. Se estima que el 46 por ciento de la población mundial vive en países donde la tasa de fertilidad es menor de 2,1 hijos, la tasa necesaria para que la población se mantenga estable. La mayoría de los países europeos y asiáticos están por debajo de ese nivel. Italia y Japón tienen tasas de aproximadamente 1,3 hijos por pareja. Se espera que la población de Japón disminuya de 120 millones a cerca de 100 millones para el año 205016.

Algunas personas han descrito esa disminución mundial en la población como un “invierno demográfico”17. Muchos países no están teniendo suficientes hijos para reemplazar a la generación que está muriendo.

Permítanme compartir otra realidad que me preocupa mucho. Tuve una conmovedora experiencia en Jerusalén en 2016 en el Children’s Memorial [Museo Conmemorativo de los Niños], que es parte del World Holocaust Remembrance Center [Centro Mundial de Conmemoración del Holocausto]. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y yo, junto con dos líderes judíos americanos, colocamos una corona funeraria conmemorativa. Se cree que más de un millón de niños judíos fueron muertos durante el Holocausto18.

Al pasar por el museo, me sentí sumamente conmovido. Mientras me encontraba afuera recobrando la compostura, reflexioné sobre el horror de la experiencia y de repente me di cuenta de que en los Estados Unidos solamente, hay tantos abortos cada dos años como el número de niños judíos que murieron en el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial19.

Los niños judíos fueron muertos porque eran judíos, y no hay nada análogo en toda la historia, pero la intensidad de mis sentimientos se debió a la pérdida de niños. Traer hijos al mundo es una parte sagrada del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Estamos tan insensibilizados e intimidados con la inmensidad de la práctica del aborto que muchos de nosotros lo hemos puesto en lo recóndito de nuestra mente y tratamos de mantenerlo fuera de nuestra consciencia. Claramente, el adversario está atacando el valor de los niños en muchos niveles.

El aborto se debe plantear con cuidado; es un problema que probablemente no se resolverá con la condena personal ni las acusaciones recriminatorias. Algunos han advertido que no se juzgue un barco, ni a hombres ni a mujeres, sin comprender la duración del viaje y las tormentas a las que se enfrenten20. Debo agregar que muchos que participan en esa conducta deplorable no tienen un testimonio del Salvador ni conocimiento del plan del Padre.

Sin embargo, para aquellos que creen que somos responsables ante Dios, e incluso para muchos de los que no son de nuestra fe, eso se ha convertido en una tragedia de proporciones monumentales. Cuando lo combinamos con el invierno demográfico que acabamos de explorar, es una seria mancha moral en nuestra sociedad.

El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) enseñó: “La felicidad máxima en el matrimonio la determina en gran parte un factor principal: el tener y criar hijos… La Iglesia no puede aprobar ni tolerar medidas que tan marcadamente pongan límites al tamaño de la familia”21.

Con respecto al número de hijos y la cantidad de tiempo entre uno y otro, se debe considerar la salud de la madre, y el esposo y la esposa deben tomar la decisión con espíritu de oración22. Terceras personas no deben juzgar tales decisiones. Algunos miembros fieles no pueden tener hijos ni la oportunidad de casarse. Recibirán todas las bendiciones en el banquete máximo de consecuencias23.

Sin embargo, Lucifer ha apoyado el aborto y, en un horrible cambio de paradigma, ha convencido a muchas personas que los hijos representan una pérdida de oportunidad y miseria, en lugar de gozo y felicidad.

Como Santos de los Últimos Días, debemos estar a la vanguardia de los corazones y las mentes que cambian sobre la importancia de los hijos. Los ataques a la familia que acabo de describir terminan en dolor y miseria.

El Señor ha declarado que Su obra y Su gloria es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). El plan se establece por medio de las familias. Cada miembro de la familia es importante y sus funciones son bellas, gloriosas y satisfactorias.

La proclamación sobre la familia no podría ser más clara acerca de las consecuencias de las opciones que no sean compatibles con el plan del Padre. Proclama inequívocamente: “… advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre las personas, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos”24.

Eso establece claramente el banquete máximo de consecuencias y el impacto cumulativo de las opciones que no son compatibles con el plan de felicidad del Padre.

En todos los matrimonios y en la crianza de los hijos hay desafíos y sacrificios, pero las recompensas por ambas en esta vida y en las eternidades son asombrosamente hermosas. Emanan de un amoroso Padre Celestial.

Prosperar en la tierra

Un conocido pasaje de las Escrituras a lo largo del Libro de Mormón consta de dos partes; dice: “… al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra”. La segunda parte dice: “… si no guardas los mandamientos de Dios, serás separado de su presencia” (véase, por ejemplo, Alma 36:30). Es claro que tener la bendición del Espíritu Santo por medio de la obediencia es un elemento principal para prosperar en la tierra.

Además, las enseñanzas sagradas de la Iglesia establecen que tener suficiente para nuestras necesidades es la mejor medida de prosperidad temporal. En este caso, el cambio de paradigma de Lucifer es agrandar la búsqueda de grandes riquezas y la adquisición de productos de lujo sumamente visibles. Algunos parecen sentirse impulsados a lograr el estilo de vida de los ricos y los famosos. El exceso de riqueza no se promete a los miembros fieles, ni suele traer felicidad.

Como pueblo, los Santos de los Últimos Días efectivamente han prosperado. Los principios financieros prudentes incluyen:

•Buscar primeramente el reino de Dios.

•Trabajar, planificar y gastar con prudencia.

•Planificar para el futuro.

•Utilizar la riqueza para edificar el reino de Dios.

El objetivo de Lucifer

Además de representar las bendiciones como miseria, Lucifer procura socavar el plan del Padre y destruir la fe en Jesucristo y Su doctrina. La agresión hacia la Biblia y la divinidad de Jesucristo nunca se ha visto más marcada en mi vida de lo que lo es en la actualidad. Como se predijo en las Escrituras, Lucifer está valiéndose de muchos dispositivos para lograr ese objetivo.

Una cosa es ser engañado por el adversario, y otra es ser uno de sus mercenarios. El élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, lo expresó hermosamente: “¡Qué trágico es que tantos mortales sean mercenarios para el adversario… y que… se compren a tan bajo precio! Un poco de nivel social, un poco de dinero, un poco de alabanza, un poco de fama fugaz, y están dispuestos a cumplir las órdenes de aquél que puede ofrecer todo tipo de ‘recompensas’ transitorias, pero que no tiene moneda celestial”25.

Probablemente no haya mejor ejemplo del impacto de los mercenarios que la visión de Lehi del árbol de la vida y del edificio grande y espacioso en el Libro de Mormón. Los que estaban en el edificio señalaron con el dedo a los que se habían asido a la vara de hierro e incluso habían comido del fruto del árbol. Los que comieron se “avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” (1 Nefi 8:27–28).

Por lo tanto, las malas opciones resultan en un banquete con resultados amargos, rancios, desagradables y miserables.

Comparen eso al glorioso banquete de consecuencias que se prometen a ustedes, los que son fieles. Ustedes “serán llenos de la gloria del Señor” y serán “santificados por el Espíritu para la renovación de” su cuerpo, y todo lo que el Padre tiene les será dado (D. y C. 84:32, 33; véanse también los versículos 34–38).

En un banquete de consecuencias como ese, la comida espiritual con la que nos deleitemos es deliciosa, sabrosa, dulce, suculenta, nutritiva y satisfactoria, y permitirá que nuestros corazones se regocijen. Cuando “[vengamos] al Santo de Israel y [nos saciemos] de lo que no perece ni se puede corromper” (2 Nefi 9:51), podremos seguir el camino estrecho y la vía derecha que nos llevará al Santo de Israel, “pues su nombre es el Señor Dios” (2 Nefi 9:41).

Referencias

  1. Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, edición nro. 11, 2003, “paradigm shift [cambio de paradigma]”, merriam-webster.com.
  2. C. S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Miguel Marías (trad.), 2004.
  3. Véase Jed Woodworth, “The Word of Wisdom”, enRevelaciones en Contexto: Los acontecimientos de trasfondo de las revelaciones de Doctrina y Convenios, editado por Matthew McBride y James Goldberg, 2016, págs. 195–203; “La Palabra de Sabiduría”, 1 de junio de 2013,history.lds.org.
  4. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant, 2003, pág. 203–213.
  5. Smoking and Health: Report of the Advisory Committee to the Surgeon General of the Public Health Service, PHS publication no. 1103 (1964), pág. 33; véase también The Health Consequences of Smoking—50 Years of Progress: A Report of the Surgeon General, 2014, surgeongeneral.gov.
  6. Véase “Health Effects of Cigarette Smoking”, Centers for Disease Control and Prevention, 15 de mayo de 2017, cdc.gov.
  7. Véase George E. Vaillant, Triumphs of Experience: The Men of the Harvard Grant Study, 2012, págs. 108–109.
  8. Véase Alvin Powell, “Decoding Keys to a Healthy Life”,Harvard Gazette, 2 de febrero de 2012, news.harvard.edu.
  9. Véase Vaillant, Triumphs of Experience, pág. 292. En comparación, un estudio separado a largo plazo de miembros activos de la Iglesia arrojó resultados positivos (véase James E. Enstrom y Lester Breslow, “Lifestyle and Reduced Mortality among Active California Mormons, 1980–2004”, Preventive Medicine, tomo 46, nro. 2 [febrero de 2008], págs. 133–136).
  10. Kimberly Kindy y Dan Keating, “For Women, Heavy Drinking Has Been Normalized. That’s Dangerous”,Washington Post, 23 de diciembre de 2016, washingtonpost.com; las citas al final Robert D. Brewer del programa sobre el alcohol de los Centers for Disease Control and Prevention [Centros para la prevención y el control de las enfermedades].
  11. Véase “Fact Sheets—Underage Drinking”, Centros para la prevención y el control de las enfermedades, 20 de octubre de 2016, cdc.gov.
  12. Véase Anne Schuchat, “The CDC’s Recommendations to Help Prevent Fetal Alcohol Spectrum Disorders”, American Family Physician, tomo 95, nro. 1 (1 de enero de 2017), págs. 6–7, aafp.org.
  13. Véase “Inside a Killer Drug Epidemic: A Look at America’s Opioid Crisis”, New York Times, 6 de enero de 2017, nytimes.com.
  14. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona,noviembre de 2010, pág. 129.
  15. “El porcentaje de personas de 25 a 34 años de edad que no tienen hijos que viven con ellos se duplicó desde 1967” (Emily Schondelmyer, “No Kids in the House: A Historical Look at Adults Living without Children”, U.S. Census Bureau, 20 de diciembre de 2016, census.gov).
  16. Véase World Fertility Patterns 2015, United Nations, Department of Economic and Social Affairs, Population Division, 2015, pág. 6, un.org; “Birth and Fertility of the Resident Population”, Istat (Italian National Institute of Statistics), 28 de noviembre de 2016, istat.it; “The Future of World Religions: Population Growth Projections, 2010–2050, Buddhists”, Pew Research Center, 2 de abril de 2015, págs. 6–12, 102–111, pewresearch.org; Adam Taylor, “It’s Official: Japan’s Population Is Dramatically Shrinking”,Washington Post, 26 de febrero de 2016, washingtonpost.com; and Ana Swanson, “Japan’s Birth Rate Problem Is Way Worse Than Anyone Imagined”,Washington Post, 7 de enero de 2015, washingtonpost.com.
  17. Véase The New Economic Reality: Demographic Winter,BYUtv, byutv.org.
  18. Véase “Plight of Jewish Children”, Holocaust Encyclopedia, United States Holocaust Memorial Museum, ushmm.org.
  19. Véase Reproductive Health: Data and Statistics: “Abortion”, Centros para la prevención y el control de las enfermedades, 10 de mayo de 2017, cdc.gov. Reconozco que el número de abortos ha disminuido en los últimos años, pero el número sigue siendo sumamente elevado.
  20. A veces se atribuye a Thomas Carlyle (1795–1881); véase Manual de Instrucciones 1: Presidentes de estaca y obispos, 2010, 17.3.1. Esta sección proporciona excepciones limitadas de aborto relacionadas con violación, incesto, salud de la madre y defectos graves del bebé.
  21. The Teachings of Spencer W. Kimball, ed. Edward L. Kimball, 1982, págs. 328–329; véase también El matrimonio eterno, Manual para el alumno (manual del Sistema Educativo de la Iglesia, 2003), pág. 80, LDS.org.
  22. Véase Gordon B. Hinckley, Cornerstones of a Happy Home (folleto, 1984), pág. 6, LDS.org.
  23. Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 1.3.3.
  24. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, 2.
  25. Neal A. Maxwell, Things As They Really Are, 1978, pág. 42.
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Preciosas y grandísimas promesas

Por el élder David A. Bednar

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina.

Uno de los grandes retos que cada uno de nosotros afronta cada día es no dejar que los afanes de este mundo dominen tanto nuestro tiempo y energía que descuidemos las cosas eternas que más importan1. Podemos ser distraídos, con demasiada facilidad, alrecordar y centrarnos en las prioridades espirituales esenciales debido a nuestras muchas responsabilidades y ajetreadas agendas. A veces, tratamos de correr tan rápido que podemos olvidar hacia dónde vamos y por qué corremos.

El apóstol Pedro nos recuerda que, a los discípulos de Jesucristo, “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de Aquel que nos ha llamado por medio de Su gloria y virtud,

“por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia”2.

Mi mensaje pone énfasis en la importancia de las preciosas y grandísimas promesas que Pedro describe como verdaderos recordatorios de hacia dónde vamos en nuestra travesía terrenal y por qué. Además, trataré las respectivas funciones que cumplen el día de reposo, el Santo Templo y nuestro hogar para ayudarnos a recordar esas importantes promesas espirituales.

Ruego fervientemente que el Espíritu Santo nos instruya a cada uno de nosotros al considerar juntos estas importantes verdades.

Nuestra identidad divina

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina. Su plan define nuestra identidad eterna y la senda que debemos seguir para aprender, cambiar, crecer y al final morar con Él para siempre.

Como se explica en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”:

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado en espíritu por Padres Celestiales y, también como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos…

“En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por medio del cual Sus hijos podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna”3.

Dios promete a Sus hijos que, si siguen los preceptos de Su plan y el ejemplo de Su Hijo Amado, guardan los mandamientos y perseveran con fe hasta el fin, entonces, en virtud de la redención del Salvador, “[tendrán] la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios”4. La vida eterna es la preciosa y grandísima promesa suprema.

Renacimiento espiritual

Comprendemos más plenamente las preciosas y grandísimas promesas, y empezamos a ser partícipes de la naturaleza divina al responder de modo afirmativo al llamado del Señor a la gloria y a la virtud. Tal como Pedro lo describió, dicho llamado se cumple al esforzarse por huir de la corrupción que hay en el mundo.

Conforme seguimos adelante sumisamente y con fe en el Salvador, entonces, gracias a Su expiación y mediante el poder del Espíritu Santo, “un potente cambio [tiene lugar] en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente”5. Nacemos “otra vez; sí, [nacemos] de Dios, [somos] cambiados de [nuestro] estado carnal y caído, a un estado de rectitud, siendo redimidos por Dios”6; “[de] modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”7.

Por lo general, un cambio tan exhaustivo en nuestra naturaleza no ocurre de forma rápida ni todo de una vez. Al igual que el Salvador, nosotros tampoco recibimos “de la plenitud al principio, mas [recibimos] gracia sobre gracia”8. “Pues he aquí, así dice el Señor Dios: Daré a los hijos de los hombres línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí; y benditos son aquellos que escuchan mis preceptos y prestan atención a mis consejos, porque aprenderán sabiduría”9.

Las ordenanzas del sacerdocio y los convenios sagrados son esenciales en ese proceso continuo de renacimiento espiritual; también son los medios que Dios ha dispuesto mediante los cuales recibimos Sus preciosas y grandísimas promesas. Las ordenanzas que se reciben de manera digna, y se recuerdan de forma continua, abren los canales celestiales a través de los cuales el poder de la divinidad puede fluir a nuestra vida. Los convenios que se honran con firmeza y se recuerdan siempre brindan un propósito y la certeza de las bendiciones, tanto en la vida terrenal como para la eternidad.

Por ejemplo, Dios nos promete, de acuerdo con nuestra fidelidad, la compañía constante del tercer miembro de la Trinidad, sí, el Espíritu Santo10; que mediante la expiación de Jesucristo podemos recibir y retener siempre la remisión de nuestros pecados11; que podemos recibir la paz en este mundo12; que el Salvador ha quebrantado las ligaduras de la muerte y logró la victoria sobre el sepulcro13; y que las familias pueden estar juntas por toda la eternidad.

Como es comprensible, todas las preciosas y grandísimas promesas que el Padre Celestial ofrece a Sus hijos no pueden calcularse ni describirse por completo. Sin embargo, incluso la lista parcial de las bendiciones prometidas que acabo de exponer debería “darnos asombro”14 y hacernos “[postrar] y [adorar] al Padre”15 en el nombre de Jesucristo.

Recordar las promesas

El presidente Lorenzo Snow advirtió: “… somos demasiado propensos a olvidar el gran objetivo de la vida, el motivo por el que nuestro Padre Celestial nos envía aquí a vestirnos de mortalidad, así como el santo llamamiento al cual hemos sido llamados; y por consiguiente, en lugar de elevarnos por encima de las cosas pequeñas y transitorias… a menudo nos permitimos descender al nivel del mundo sin obtener provecho de la ayuda divina que Dios ha instituido, la cual es la única que puede facultarnos para [vencer] [esas cosas transitorias]”16.

El día de reposo y el Santo Templo son dos fuentes específicas de la ayuda divina que Dios ha instituido para ayudar a elevarnos por encima del nivel y la corrupción del mundo. Inicialmente, podríamos pensar que los propósitos principales de santificar el día de reposo y de asistir al templo están relacionados, pero son diferentes; no obstante, yo creo que esos dos propósitos son precisamente los mismos, y actúan juntos para fortalecernos espiritualmente como personas y en nuestro hogar.

El día de reposo

Tras crear todas las cosas, Dios reposó el séptimo día y mandó que un día de cada semana fuese un momento de descanso para ayudar a las personas a recordarlo a Él17. El día de reposo es tiempo de Dios, un tiempo sagrado específicamente apartado para adorarlo, y para recibir y recordar Sus preciosas y grandísimas promesas.

En esta dispensación, el Señor ha mandado:

“Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

“porque, en verdad, este es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo”18.

En el día de reposo, por tanto, adoramos al Padre en el nombre del Hijo al participar de las ordenanzas y al aprender sobre los convenios, recibirlos, recordarlos y renovarlos. En Su día santo, nuestros pensamientos, acciones y conducta son señales que damos a Dios e indicadores de nuestro amor por Él19.

Otro propósito más del día de reposo es elevar nuestra visión: de las cosas del mundo a las bendiciones de la eternidad. Durante ese tiempo sagrado, apartados de muchas de las rutinas cotidianas de nuestra ajetreada vida, podemos recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas mediante las que llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina a fin de “acudir a Dios para que [vivamos]”20.

El Santo Templo

El Señor siempre ha mandado a Su pueblo que edifique templos, lugares santos en los cuales los miembros dignos efectúan sagradas ceremonias y ordenanzas del Evangelio, por ellos mismos y a favor de personas fallecidas. De todos los lugares de adoración, los templos son los más santos. Un templo es literalmente la Casa de Jehová, un espacio sagrado que se ha apartado de forma específica para adorar a Dios, y para recibir y recordar Sus preciosas y grandísimas promesas.

El Señor ha mandado en esta dispensación: “Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios”21. El objetivo principal de la adoración en el templo es participar de las ordenanzas, y aprender sobre los convenios, recibirlos, recordarlos y renovarlos. En el templo pensamos, actuamos y nos vestimos de manera diferente que en otros lugares que tal vez frecuentemos.

Uno de los propósitos principales del templo es elevar nuestra visión: de las cosas del mundo a las bendiciones de la eternidad. Apartados durante un breve tiempo de los ambientes del mundo con los que estamos familiarizados, podemos recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas mediante las que llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina a fin de “acudir a Dios para que [vivamos]”22.

Tengan en cuenta que el día de reposo y el templo son un tiempo sagrado y un espacio sagrado, respectivamente, que se han apartado de forma específica para adorar a Dios, y a fin de recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas de Él a Sus hijos. Según lo ha instituido Dios, los propósitos principales de esas dos divinas fuentes de ayuda son exactamente las mismas: centrar potente y repetidamente nuestra atención en nuestro Padre Celestial, en Su Hijo Unigénito, en el Espíritu Santo y en las promesas relacionadas con las ordenanzas y los convenios del evangelio restaurado del Salvador.

Nuestro hogar

Es importante agregar que un hogar debe ser la máxima combinación de tiempo y espacio en los que las personas y las familias recuerden las preciosas y grandísimas promesas de Dios del modo más eficaz. Salir del hogar los domingos para pasar tiempo en las reuniones dominicales y entrar en el sagrado recinto de un templo es crucial, pero insuficiente. Solo cuando llevamos con nosotros el espíritu y la fortaleza procedentes de esas actividades santas a nuestro hogar podemos mantener nuestra atención centrada en los grandes propósitos de la vida terrenal y vencer la corrupción que hay en el mundo. Las experiencias que tengamos en el día de reposo y en el templo deben ser catalizadores espirituales que llenen a las personas, a las familias y al hogar con recordatorios continuos de las lecciones clave aprendidas, la presencia y el poder del Espíritu Santo, una conversión constante y creciente al Señor Jesucristo y “un fulgor perfecto de esperanza”23 en las promesas eternas de Dios.

El día de reposo y el templo pueden ayudarnos a establecer en nuestro hogar “un camino más excelente”24 al “reunir todas las cosas en Cristo… tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra”25. Lo que hacemos en nuestros hogares con Su tiempo sagradoy con lo que aprendemos en Su espacio sagrado es fundamental para llegar a ser partícipes de la naturaleza divina.

Promesa y testimonio

La rutina y los asuntos cotidianos de la vida terrenal pueden saturarnos con facilidad. Dormir, comer, vestirnos, trabajar, jugar, hacer ejercicio y muchas otras actividades habituales son necesarias e importantes. No obstante, en definitiva, lo que llegamos a ser es el resultado de nuestro conocimiento del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y de nuestra disposición a aprender de Ellos; no es simplemente la suma total de nuestras actividades diarias durante el curso de una vida.

El Evangelio es mucho más que una rutinaria lista de verificación de diferentes tareas a efectuar; más bien, es un magnífico tapiz de verdades “bien coordinado”26 y entrelazado, diseñado para ayudarnos a llegar a ser como nuestro Padre Celestial y el Señor Jesucristo, incluso participantes de la naturaleza divina. Ciertamente, quedamos cegados “por traspasar lo señalado”27 cuando las preocupaciones, inquietudes y descuidos del mundo eclipsan esa suprema realidad espiritual.

Conforme seamos prudentes e invitemos al Santo Espíritu a ser nuestro guía28, les prometo que Él nos enseñará lo que es verdadero; Él “[testifica] de Jesús y [nos] [guía] en santidad”29 a medida que nos esforzamos por cumplir con nuestro destino eterno y llegar a ser participantes de la naturaleza divina.

Les doy mi testimonio de que las preciosas y grandísimas promesas pertinentes a nuestras ordenanzas y nuestros convenios son infalibles. El Señor declaró:

“… os doy instrucciones en cuanto a la manera de conduciros delante de mí, a fin de que se torne para vuestra salvación.

“Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis”30.

Testifico que nuestro Padre Celestial vive y que es el autor del Plan de Salvación. Jesucristo es Su Hijo Unigénito, nuestro Salvador y Redentor; Él vive; y testifico que el plan y las promesas del Padre, la expiación del Salvador y la compañía del Espíritu Santo hacen posible la “paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero”31. De ello testifico, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Véase Doctrina y Convenios 25:10.

  2. 2 Pedro 1:3–4; cursiva agregada.

  3. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  4. Véase Doctrina y Convenios 14:7.

  5. Mosíah 5:2.

  6. Mosíah 27:25.

  7. 2 Corintios 5:17.

  8. Doctrina y Convenios 93:12.

  9. 2 Nefi 28:30.

  10. Véase Moroni 2:2; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Espíritu Santo”, scriptures.lds.org.

  11. Véase Mosíah 4:10–12.

  12. Véase Doctrina y Convenios 59:23.

  13. Véase Mosíah 16:7–8.

  14. Véase “Asombro me da”, Himnos, nro. 118.

  15. Doctrina y Convenios 18:40.

  16. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2012, pág. 108.

  17. Véase Éxodo 20:8–11.

  18. Doctrina y Convenios 59:9–10.

  19. Véase Russell M. Nelson, “El día de reposo es una delicia”, Liahona, mayo de 2015, pág. 130.

  20. Alma 37:47; véase también Alma 37:46.

  21. Doctrina y Convenios 88:119.

  22. Alma 37:47.

  23. 2 Nefi 31:20.

  24. 1 Corintios 12:31; Éter 12:11.

  25. Efesios 1:10.

  26. Efesios 2:21.

  27. Jacob 4:14.

  28. Véase Doctrina y Convenios 45:57.

  29. “Deja que el Espíritu te enseñe”, Himnos, nro. 77

  30. Doctrina y Convenios 82:9–10.

  31. Doctrina y Convenios 59:23.