Guardaos de los falsos profetas y de los falsos maestros

M. Russell Ballard

“Cuídense de los que hablan y escriben oponiéndose a los profetas verdaderos de Dios”.

Hacia el final del ministerio terrenal del Salvador, Sus discípulos acudieron a Él con varias preguntas referentes al futuro: “Dinos… ¿qué señal habrá de tu venida?”.

Jesús respondió: “Mirad que nadie os engañe.

“Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras… y habrá pestes y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:3–8).

El apóstol Pablo nos dijo de estos días: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias.

“Y apartarán de la verdad el oído” (2 Timoteo 4:3–4).

Pablo enseñó también que el Señor “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas… a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios…

“Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:11–14).

Hermanos y hermanas, nadie, excepto el Padre, conoce la hora exacta de la Segunda Venida (véase Mateo 24:36). Hay, sin embargo, ciertas señales que confirman las profecías de las Escrituras relativas a ese día de gran tumulto. Jesús advirtió en varias ocasiones que antes de Su Segunda Venida “muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (Mateo 24:11). Como apóstoles del Señor Jesucristo es nuestro deber ser atalayas en la torre, avisando a los miembros de la Iglesia que se cuiden de los falsos profetas y de los falsos maestros que aguardan en secreto para destruir la fe y el testimonio. Hoy les advertimos que están surgiendo falsos profetas y falsos maestros; y si no tenemos cuidado, incluso aquellos de entre los miembros fieles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días caerán víctimas de ese engaño.

El presidente Joseph F. Smith nos dio consejos sabios y claros que se aplican en la actualidad:

“No podemos aceptar nada como autorizado sino lo que viene directamente por medio de la vía señalada, las organizaciones constituidas del sacerdocio, que es la vía que el Señor ha señalado para dar a conocer su disposición y voluntad al mundo… Y en el momento en que los individuos buscan otra fuente, en ese instante le abren la puerta a las influencias seductoras de Satanás y se exponen a convertirse en siervos del demonio; pierden de vista el orden verdadero mediante el cual pueden disfrutarse las bendiciones del sacerdocio; se salen de la protección del reino de Dios a terreno peligroso. Cuando veáis que un hombre se levanta y afirma haber recibido revelaciones directas del Señor para la Iglesia, independientemente del orden y vía del sacerdocio, podéis tacharlo de impostor” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, págs. 40–41).

Cuando pensamos en los falsos profetas y en los falsos maestros tendemos a pensar en aquellos que apoyan de manera clara una doctrina falsa o que presumen tener autoridad para enseñar el Evangelio verdadero de Jesucristo de acuerdo con la propia interpretación de ellos. Con frecuencia suponemos que tales individuos están relacionados con pequeños grupos radicales que viven al margen de la sociedad. Sin embargo, repito: Hay falsos profetas y falsos maestros que son, o al menos dicen ser, miembros de la Iglesia. Hay personas que, sin autoridad, mencionan el nombre de la Iglesia para respaldar sus productos y sus prácticas. Cuídense de los tales.

Los miembros de la Iglesia sostuvieron ayer a la Primera Presidencia y a los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores, con Gordon B. Hinckley siendo sostenido como Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Él y sólo él tiene y ejerce en su plenitud todas las llaves del reino de Dios en la tierra. Cuán agradecidos debemos estar todos por conocer y sostener al presidente Gordon B. Hinckley.

De manera sencilla y poderosa, el presidente Hinckley nos enseña el plan eterno de salvación, recrimina el pecado, llama a todas las personas a arrepentirse y a aceptar a Cristo y Su Evangelio. Las doctrinas de la salvación eterna no son confusas ni inciertas, sino que, por el contrario, son compatibles con la verdad revelada, tanto antigua como moderna.

El presidente Spencer W. Kimball nos recordó que los profetas “han estado denunciando constantemente aquello que es intolerable a la vista del Señor, [tal] como la contaminación mental, física y del medio ambiente; la vulgaridad, el robo, la mentira, el orgullo y la blasfemia; la fornicación, el adulterio, la homosexualidad, [y] todos los demás abusos cometidos contra el sagrado poder de la procreación; el asesinato y todo aquello que sea similar; [así como cualquier otro] tipo de profanación”. Y prosigue: “Que tales cosas puedan ser encontradas hasta cierto grado aun entre los santos, se hace difícil de creer… [Mas] con dolor aprendemos, no obstante, que el conocer el camino no significa necesariamente que caminemos por él” (Liahona, agosto de 1977, pág. 2).

Por tanto, cuidémonos de los falsos profetas y de los falsos maestros, tanto hombres como mujeres, quienes se eligen a sí mismos para declarar las doctrinas de la Iglesia, y que buscan esparcir su falso evangelio y atraerse seguidores patrocinando simposios, libros y publicaciones cuyos contenidos desafían las doctrinas fundamentales de la Iglesia. Cuídense de los que hablan y escriben oponiéndose a los profetas verdaderos de Dios, que son activos en la conversión de otras personas pero que desatienden de manera imprudente el bienestar eterno de aquellos a quienes seducen. Al igual que Nehor y Korihor, del Libro de Mormón, ellos confían en la sofistería para engañar y atraerse a otras personas a sus criterios. “Se [constituyen] a sí mismos como una luz al mundo, con el fin de obtener lucro y alabanza del mundo; pero no buscan el bien de Sión” (2 Nefi 26:29).

El presidente Joseph F. Smith nos advirtió de estas personas cuando habló de “los soberbios y los que se engrandecen a sí mismos, que leen a la luz de la lámpara de su propia vanidad, que interpretan según reglas por ellos mismos formuladas, que han llegado a ser una ley para sí mismos y se hacen pasar por únicos jueces de sus propios hechos” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 367).

Permítanme darles unos pocos ejemplos de las falsas enseñanzas de aquellos que “leen a la luz de la lámpara de su propia vanidad”, y que aunque “siempre están aprendiendo… nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3:1–7).

Los falsos profetas y los falsos maestros son aquellos que declaran que el profeta José Smith era un impostor; son los que rebaten que la Primera Visión fuese una experiencia auténtica. Declaran que el Libro de Mormón, así como otros registros canónicos, no son Escrituras antiguas. Intentan también redefinir la naturaleza de la Trinidad, y niegan que Dios haya dado y continúe dando revelación en la actualidad a Sus profetas ordenados y sostenidos.

Los falsos profetas y los falsos maestros son aquellos que de manera arrogante intentan crear nuevas interpretaciones de las Escrituras para demostrar que estos textos sagrados no debieran ser leídos como las palabras de Dios a Sus hijos, sino como meras declaraciones de hombres sin inspiración, limitados por sus propios prejuicios y sus inclinaciones culturales. Argumentan, por tanto, que las Escrituras necesitan una nueva interpretación, y que ellos son los únicos calificados para ofrecerla.

Quizás lo más deplorable es que niegan la Resurrección y la Expiación de Cristo, argumentando que “ningún Dios puede salvarnos” y rechazando la necesidad de un Salvador. En resumen, estos detractores intentan reinterpretar las doctrinas de la Iglesia para que encajen en ellas sus ideas preconcebidas, y de paso niegan a Cristo y Su papel mesiánico.

Los falsos profetas y los falsos maestros son además los que intentan cambiar las doctrinas dadas por Dios y basadas en las Escrituras, las cuales protegen la santidad del matrimonio, la naturaleza divina de la familia y la doctrina esencial de la moralidad personal. Defienden una nueva definición de la moralidad para justificar la fornicación, el adulterio y las relaciones homosexuales, y algunos abogan abiertamente por la legalización de los llamados “matrimonios del mismo sexo”. Para justificar su rechazo a las leyes inmutables de Dios que protegen a la familia, estos falsos profetas y maestros llegan a atacar la inspirada proclamación sobre la familia presentada al mundo en 1995 por la Primera Presidencia y los Doce Apóstoles.

Sin importar qué falsas doctrinas enseñen en particular, los falsos profetas y los falsos maestros son parte inevitable de los últimos días. Según José Smith, “siempre se levantarán los falsos profetas para oponerse a los verdaderos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, 1982, pág. 453).

Sin embargo, en la Iglesia del Señor no existe “oposición leal” alguna. Uno está a favor del reino de Dios y defiende a Sus profetas y apóstoles, o se opone a ellos. El consejo que Lehi dio a sus hijos sigue siendo válido para nosotros:

“Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de redimir a los hijos de los hombres de la caída. Y porque son redimidos de la caída, han llegado a quedar libres para siempre, discerniendo el bien del mal, para actuar por sí mismos, y no para que se actúe sobre ellos, a menos que sea por el castigo de la ley en el grande y último día, según los mandamientos que Dios ha dado.

“Así pues, los hombres son libres según la carne; y les son dadas todas las cosas que para ellos son propias. Y son libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo; pues él busca que todos los hombres sean miserables como él.

“Y ahora bien, hijos míos, quisiera que confiaseis en el gran Mediador y que escuchaseis sus grandes mandamientos; y sed fieles a sus palabras y escoged la vida eterna, según la voluntad de su Santo Espíritu” (2 Nefi 2:26–28).

Hermanos y hermanas, estemos anhelosamente consagrados a causas buenas; amemos al Padre y a Su Hijo; apoyemos las revelaciones del Evangelio restaurado y vivamos de acuerdo con ellas; amemos a nuestros semejantes y llenemos nuestros corazones y nuestras almas con la luz del Evangelio de Jesucristo. Entonces cantaremos con Isaías:

“He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré…

“[sacaré] con gozo aguas de las fuentes de salvación” (Isaías 12:2–3).

También por medio de las inspiradas palabras de Pablo a los gálatas sabemos que “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

“mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley…

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5: 22–23, 25).

Como miembros de la Iglesia, cada uno de nosotros debe ser un ejemplo de lo que en verdad significa ser un Santo de los Últimos Días en creencia y hechos. Nuestro ejemplo tendrá un efecto poderoso en las demás personas, haciendo que el Evangelio restaurado llegue a ser mucho más relevante, significativo, persuasivo y deseable para ellos. Irradie cada uno de nosotros el gozo, la confianza, el amor y la calidez de ser parte de la Iglesia verdadera de Cristo. Nuestro discipulado no es algo que tengamos que sobrellevar con caras largas y un corazón endurecido, ni se trata de algo que debamos tener celosamente escondido sin compartir con los demás. Al entender el amor que el Padre y el Hijo tienen por nosotros, nuestros espíritus se elevarán y “vendrán a Sión entonando canciones de gozo sempiterno” (D. y C. 45:71).

Extendamos una mano amiga de amistad y amor a nuestro prójimo, incluso a los que no son de nuestra fe, para ayudar en el establecimiento de mejores relaciones entre las familias y una mayor armonía en nuestros vecindarios. Recuerden que con demasiada frecuencia nuestro comportamiento es mayor impedimento para las demás personas de lo que es nuestra doctrina. Con un espíritu de amor por todos los hombres, mujeres y niños, ayudémosles a entender y a sentirse aceptados y apreciados.

Recordemos que es nuestro deber ser fieles a las verdades restauradas del Evangelio de Jesucristo. Se requiere fe, fe de verdad, total y sin reservas, para aceptar y luchar por vivir los consejos de los profetas. Lucifer, el adversario de la verdad, no quiere que sintamos ni que mostremos ese tipo de fe. Él nos invita a desobedecer, azuzando la contención en el corazón de los que no son fieles. Si llega a tener éxito, éstos se alejarán de la luz hacia la oscuridad del mundo. Nuestra seguridad y nuestra paz dependen de que trabajemos tan fuerte como podamos para vivir como el Padre y el Hijo desean que vivamos, y alejarnos de los falsos profetas y de los falsos maestros, y estar anhelosamente consagrados a causas buenas.

Sé que Dios vive; Jesús es el Cristo. El Evangelio restaurado es verdadero y hay una gran dicha en estar anhelosamente consagrados a esta obra sagrada y verdadera. De ello testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Palabras para cambiar nuestro mundo

Por Norman C. Hill

Presidente de la Misión Ghana Accra Oeste

Un consejo de distrito de Ghana demuestra la manera en que el deliberar en consejo y emplear los recursos locales puede generar oportunidades de superación personal y para prestar servicio a los demás.

La hermana Vida Osei, de Ghana, tenía el deseo de aprender a leer y escribir inglés. Había asistido varias veces a programas comunitarios, pero al cabo de unas semanas se desanimaba y dejaba de ir. Entonces, un domingo, al asistir a las reuniones de la Rama 2, se enteró de que el Distrito Asamankese ofrecería un programa de alfabetización en inglés. Decidió aprovechar la oportunidad y se inscribió.

Pronto se dio cuenta de que ese programa era distinto; podía asistir junto con amigos de la Iglesia. Como materiales de estudio, se utilizaban las Escrituras, por lo que podría aprender inglés y el Evangelio al mismo tiempo.

Dos meses después de comenzar el curso, Vida ofreció una oración en una clase por primera vez en su vida. A los tres meses, dio su primer discurso en una reunión sacramental, parte en twi, un dialecto africano, y parte en inglés. Cuatro meses después del inicio de las clases, comenzó a anotar en un cuaderno muy gastado los pedidos, los costos y los precios de su trabajo de costurera que realizaba por cuenta propia. Así cometía menos errores con sus clientes, obtenía mejores precios de parte de sus proveedores y ganaba más dinero que antes.

“Era demasiado tímida para ir a clases de alfabetización con cualquier persona”, mencionó. “Pero como la clase se ofrecía en el centro de reuniones con miembros que yo conocía, me dio valor para volver a intentarlo. Ahora puedo leer las Escrituras y mejorar mi negocio debido a que leo y escribo inglés”.

En la parte del continente africano al sur del desierto de Sahara, mucha gente, en particular las mujeres, no sabe leer ni escribir. El analfabetismo está tan extendido que hay un antiguo proverbio africano que dice: “Si deseas ocultar algo, escríbelo en un cuaderno”. No obstante, en el caso de las mujeres Santos de los Últimos Días, la alfabetización va en aumento.

Retos que superar

Las limitaciones en materia de infraestructura y en la educación pública que existen en la mayoría de los países subsaharianos se traducen en oportunidades mínimas, sobre todo para las niñas. Debido al alto costo de los estudios y al estatus restringido de las niñas en la sociedad, para muchas personas el aprender a leer parece ser inalcanzable. Por ejemplo, a pesar de que el inglés es el idioma oficial de Ghana, se estima que menos de la mitad de las mujeres adultas lo hablan. En las zonas rurales del país, dos tercios de las mujeres adultas son analfabetas.

“La mayoría de las mujeres adultas de nuestros pueblos y aldeas no habla inglés”, señala Seth Oppong, presidente del Distrito Abomosu, de la Misión Ghana Accra Oeste. “El twi, nuestro dialecto local, ha sido un idioma verbal durante siglos. No fue hasta hace poco que se creó un alfabeto para el twi, así que poca gente lo podía leer”.

“Las hermanas dependen de los demás —mayormente de su esposo, si son casadas, o de lo que les dicen sus amistades, si no son casadas— para comprender los principios de Evangelio y las normas de la Iglesia”, explica Georgina Amoaka, presidenta de la Sociedad de Socorro de distrito. “Muchas de ellas tienen el deseo de servir, pero no pueden leer los manuales ni las revistas, así que las oportunidades que tienen de participar en la Iglesia son limitadas”.

Recomendación del consejo

Debido a que las mujeres no hablan inglés en su hogar ni en el mercado, el participar en la Iglesia es su principal motivación para aprender el idioma. Sin embargo, tanto los miembros de muchos años como los nuevos conversos encuentran resistencia de parte de la familia en cuanto a los programas de alfabetización. El consejo de distrito analizó esa situación y el presidente Oppong habló con los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares de cada rama sobre un programa de alfabetización a nivel de distrito. El programa estaría abierto a todas las mujeres de la comunidad, pero se enfocaría en las mujeres de la Iglesia. En lugar de invitar a las personas por separado, se les invitaría a asistir en grupos; por ejemplo: las presidencias de la Sociedad de Socorro y de la Primaria asistirían juntas a fin de apoyarse unas a otras.

Tras conversaciones que tuvieron con las ramas, los líderes de distrito decidieron ofrecer clases de alfabetización en cada rama los domingos y dos veces durante la semana. Después de un empeño intenso de seis meses, se otorgarían certificados a aquellos que asistieran con regularidad y terminaran ciertas tareas obligatorias.

Recursos adaptados a las necesidades

“Uno de los retos era encontrar la manera de enseñar a leer y escribir a personas que solamente hablaban su idioma”, explicó el élder Jim Dalton, misionero mayor que presta servicio en el distrito. “El twi tiene larga tradición como idioma hablado pero no escrito; la mayoría de la gente que lo habla no lo sabe escribir, así que había que empezar por que aprendieran a escribir”.

Ransford Darkwah, del sumo consejo del Distrito Abomosu, se puso a trabajar con dos ex misioneros, Francis Ansah y Cecelia Amankwah, para utilizar un manual elaborado a nivel local. A los participantes se les mostraban imágenes y se les pedía que escribieran algo al respecto. Eso sirvió para que desarrollaran la habilidad básica de la escritura mientras aprendían a pensar en inglés. Una vez que manejaban las destrezas básicas, se podían usar recursos de aprendizaje más avanzados.

Preparación e innovación

Antes de que comenzara el programa, los especialistas en alfabetización capacitaron a instructores no solo en cuanto a métodos de aprendizaje, sino también sobre la forma de enseñar higiene práctica y habilidades prácticas de la vida familiar. Sin embargo, incluso con la mejor capacitación, no se podrían haber previsto algunos de los obstáculos que se presentaron en cuanto comenzaron las clases: los frecuentes apagones en la zona dificultaban que impartieran las clases; los rumores de que unos rebeldes mineros de oro andaban en las calles por la noche causaban ansiedad y, de vez en cuando, las personas que tenían llaves no podían llegar a tiempo para abrir el centro de reuniones.

Así que, una vez más, el consejo de distrito analizó lo que se podía hacer. En respuesta a su recomendación, los participantes comenzaron a ir a las clases en grupo; se les repartieron linternas para que caminaran seguros por los senderos; los líderes locales autorizaron el uso de generadores para que los edificios de la Iglesia tuvieran luz por la noche; y se les dieron llaves a miembros de confianza que vivían cerca de los centros de reuniones para que abrieran los edificios a tiempo.

Presentaciones en la graduación

Un total de sesenta y un miembros e investigadores empezaron el programa, de los cuales cuarenta y tres terminaron todas las sesiones y tareas. El día de la graduación se les invitó a que dieran breves presentaciones.

“Antes de comenzar el programa de alfabetización, no sabía leer en lo absoluto”, afirmó Sandra Obeng Amoh, de la Rama Sankubenase. “Cuando mi esposo viajaba por motivos de trabajo, nunca hacíamos la noche de hogar. Hace unas semanas, mientras mi esposo estaba ausente, mi hijo mayor me ayudó a leer el manual y di a mis hijos una lección en inglés. Desde entonces lo he hecho cada vez que mi esposo no está en casa”.

Prosper Gyekete, quien a pesar de sus limitados conocimientos de inglés ha seguido siendo fiel miembro de la Rama Abomosu 2, leyó un testimonio de tres enunciados que él mismo escribió. Dijo que antes de la clase no sabía leer ni escribir, pero que ahora ayuda a sus hijos pequeños con sus tareas. “Gracias a lo que he aprendido”, aseguró, “puedo ser un mejor padre”.

“Ahora puedo leer las Escrituras solo”, indicó Kwaku Sasu, de la Rama Kwabeng. “Antes, sabía de la veracidad del Libro de Mormón, a pesar de que no lo podía leer. Ahora sé que es verdadero conforme lo leo. Mi testimonio crece y crece”.

Las hermanas de la presidencia de la Sociedad de Socorro de la Rama Asunafo dijeron que dedicaban cada jueves a hablar exclusivamente en inglés entre ellas. “Ese día las conversaciones eran lentas y se hacían más largas, ya que no podíamos hallar las palabras adecuadas para comunicarnos”, mencionó Evelyn Agyeiwaa, presidenta de la organización. “Pronto comenzamos a interpretar unas para las otras buscando las palabras correctas. Debido a que aprendíamos juntas, ninguna sentía vergüenza ni temor de equivocarse. Simplemente nos ayudábamos la una a la otra”.

Los beneficios abundan

Las mujeres que terminaron el programa de alfabetización del Distrito Abomosu dijeron que se sentían mejor con ellas mismas, y sus probabilidades de participar en la Iglesia aumentaron. Estuvieron más dispuestas a aceptar llamamientos, a leer las Escrituras y a enseñar tanto en la Iglesia como en el hogar. Algunos hombres también terminaron el programa. En su mayoría eran agricultores de subsistencia y explicaron que ahora pueden calcular mejor los gastos y las ventas de sus productos, ayudar a sus hijos con sus tareas y leer las Escrituras individualmente y con su familia.

Entusiasmado por el éxito obtenido en Abomosu, el aledaño Distrito de Asamankese lanzó su propio programa de alfabetización.

“El hecho de poder leer y escribir está cambiando nuestra vida y la de nuestros hijos”, afirmó Gladis Aseidu, de la Rama Sankubenase. “Las palabras están cambiando nuestro mundo y damos gracias al Padre Celestial”.

Autosuficiencia inspirada

“No hay una respuesta única que se aplique a todos en el bienestar de la Iglesia. Es un programa de autoayuda en el que las personas son responsables de su autosuficiencia. Nuestros recursos incluyen la oración personal, las habilidades y talentos que Dios nos ha dado, los recursos que están disponibles para nosotros por medio de nuestra propia familia, los diferentes recursos de la comunidad y, desde luego, el amoroso apoyo de los cuórums del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro…

“Al final, deben hacer en su área lo que los discípulos de Cristo han hecho en toda dispensación: sentarse en consejo, usar todos los recursos disponibles, buscar la inspiración del Espíritu Santo, pedir la confirmación del Señor y ponerse a trabajar”.

Véase del presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “El proveer conforme a la manera del Señor”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 53–56.