Los únicos que me salvo.

Por Shuho Takayama, según lo relató a Ana-Lisa Clark Mullen

El autor vive en Tokio, Japón.

Una amistad inesperada me ayudó a cambiar mi vida de la oscuridad a la luz.

El golf es un deporte muy popular en Japón, así que empecé a jugarlo cuando tenía 14 años como una manera de pasar tiempo con mi padre. Fue divertido desde un comienzo y finalmente comencé a practicarlo por mí mismo y jugué en el equipo de golf de la escuela secundaria. Me hice amigo de mis compañeros de equipo y entrenadores, quienes me alentaban a seguir mi sueño de llegar a ser jugador profesional.

Me esforcé mucho, no solamente en el juego sino también en mis estudios, graduándome cerca de los primeros de mi clase en la escuela.

Cuando ingresé a la universidad, tuve una gran relación con mis compañeros y entrenadores de golf. Ellos eran mejores que yo, así que hice todo lo que pude para mantenerme a la par de ellos. Algunos miembros del equipo comentaban sobre mi excepcional primer nombre, Shuho. Les dije que mi abuela materna coreana me llamó así y que en coreano significa “montaña hermosa”. Desde ese momento sentí que su actitud hacia mí había cambiado, manchada por una tensión de varias generaciones entre Japón y Corea.

Comenzaron a llamarme “el niño coreano” y dijeron que dañaría el buen nombre de la universidad. En lugar de permitirme practicar golf con ellos, me hacían limpiar los baños.

Se volvió cada vez más estresante estar entre ellos. Al estar lejos de casa, sentí que tendría que arreglármelas solo. Intenté sujetarme a mi sueño y recuperar la aprobación de mi entrenador y equipo, pero después de dos años, ya no podía tolerar su trato tan duro, así que volví a casa.

Esta fue una época oscura para mí. El estrés estaba causando efectos psicológicos y físicos. Mi autoestima había sufrido mucho durante dos años. Mi sueño de ser golfista profesional había concluido. No sabía qué hacer con mi vida; y estaba enojado. Estaba enojado con todos: el entrenador, mis compañeros de equipo y mis padres. Estaba tan enojado que mis pensamientos me asustaban. No tenía amigos y sentía que no podía confiar en otras persona ni relacionarme con ellas. Por seis meses, solo salía de la casa para hacer ejercicio en el gimnasio.

Durante esta época oscura de mi vida, me hice amigo de Justin Christy, a quien conocí en el gimnasio. Cuando lo vi por primera vez, pensé que era estudiante de intercambio internacional. Dudaba en hablar con él hasta que lo vi conversando con alguien en el gimnasio y me sorprendió escuchar que hablara japonés. Aún me sentía inseguro de confiar en otras personas, pero él me sugirió que entrenáramos juntos. Había algo diferente en él que no entendía en ese momento. Me sentía tranquilo cuando estaba cerca de él. Comencé a esperar con anhelo nuestro tiempo para entrenar. Había encontrado a alguien en quien sentía que podía confiar como amigo.

Después de entrenar juntos varios meses, Justin me invitó a una cena con un grupo al que él iba de manera regular. Estaba indeciso, pero después de varias invitaciones decidí ir a lo que terminó siendo una cena de jóvenes adultos solteros en la casa de Richard y Corina Clark. Ellos me saludaron cálidamente cuando entré en su casa, el hermano Clark en japonés y la hermana Clark en inglés. No entendí lo que decía ella, pero intenté responderle. Incluso cuando varias personas allí no hablaban japonés, ellos eran un grupo divertido y además cordial y amistoso. Nos reímos mucho.

Comencé a asistir a otras actividades de jóvenes adultos solteros y nunca me había divertido tanto con otras personas en mi vida. Me preguntaba qué pasaba con ellas que los hacía tan amables y amigables.

En esa época Justin me preguntó qué quería hacer con mi vida. Me sorprendió descubrir que mis metas habían comenzado a cambiar. Le dije que quería aprender a hablar inglés y que quería ser amigo de todos, tal como él. Él me contó de las clases gratuitas de inglés en su capilla. Fui a la clase de inglés y conocí a los misioneros. Incluso cuando nunca antes había pensado en Dios, sentí que debía escuchar a los misioneros. Me enseñaron los principios básicos del Evangelio y me llamaban casi todos los días. Se convirtieron en buenos amigos, lo cual me hizo muy feliz porque yo aún no tenía muchos.

Comencé a conocer a varios miembros de la Iglesia que iban a las lecciones misionales conmigo y nos hicimos buenos amigos. Me enseñaron el Evangelio y me dieron el ejemplo. Justin me habló del Libro de Mormón y me contó historias sobre él para que yo quisiera leerlas por mí mismo. Otro amigo, Shingo, quien es muy detallista, analizaba doctrinas conmigo de una manera que me era fácil entenderlas. Él siempre compartía su testimonio al final de nuestras conversaciones.

Había encontrado algo en lo que creía y un lugar al que sentía que pertenecía. Después de ser bautizado y confirmado, comencé a pensar en servir una misión, pero me preocupaba dedicarle dos años. Hablé con muchas personas acerca de servir una misión, en especial con mis amigos exmisioneros. Pensé mucho en ello y me di cuenta de que el Evangelio era lo único que pudo haberme salvado.

Sé que Dios me ha dado todo: mis sueños, esperanza, amigos y, en especial, amor. El Evangelio me ha ayudado a salir de la oscuridad a la luz.

Cómo compartí el Evangelio con Shuho

Cuando conocí a Shuho en el gimnasio, él dijo que quería aprender inglés e ir a un programa de intercambio de golf. Le hablé de las clases de inglés en la capilla, pero fueron algunas semanas hasta que pudimos asistir. Mientras tanto, como ejercitábamos juntos, hablamos mucho sobre temas del Evangelio, sobre el Libro de Mormón y sobre la vida en general.

Las amistades y los ejemplos de los miembros de la Iglesia que conoció le llamaron la atención y le ayudaron a aprender del Evangelio. Es el Espíritu el que lleva a la conversión; todo lo que hacemos es entregar el mensaje y apoyar a las personas mientras deciden por ellas mismas.

Solía ser estresante para mí pensar en compartir el Evangelio; pero me he dado cuenta de que si solo abrimos la boca en el momento correcto, tendremos oportunidades misionales. Todo lo que necesitamos hacer es invitar a las personas a una actividad o reunión de la Iglesia. Si tenemos una mentalidad abierta, siempre habrá oportunidades para compartir el Evangelio.

Sean un ejemplo

“Cada uno de nosotros vino a la tierra habiendo recibido la luz de Cristo. Al seguir el ejemplo del Salvador y vivir como Él vivió y enseñó, esa luz arderá en nosotros e iluminará el camino para los demás…

“Estoy seguro que en nuestra esfera de influencia hay aquellos que están solos, enfermos y aquellos que se sienten desanimados. Tenemos la oportunidad de ayudarlos y de levantarles el ánimo”.

Presidente Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 86.

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La generación más grandiosa de jóvenes adultos

Por el élder M. Russell Ballard

Del Quórum de los Doce Apóstoles

Lo que necesitamos actualmente es la generación más grandiosa de jóvenes adultos de la historia de la Iglesia. Necesitamos todo su corazón y toda su alma.

Uno de los placeres más grandes de los que disfruto al viajar por todo el mundo, es la oportunidad de conocer y saludar a nuestros misioneros. Estos magníficos élderes y hermanas irradian la Luz de Cristo, y el amor que tienen por el Señor Jesucristo y la devoción con que le sirven siempre me resultan inspiradores. Cada vez que estrecho su mano y siento su extraordinario espíritu y fe, me digo a mí mismo: “¡Estos maravillosos hijos e hijas nuestros son un verdadero milagro!”.

Durante la reunión general del sacerdocio de octubre de 2002 desafié a los obispos, a los padres y a los futuros misioneros a “elevar el nivel” del servicio misional de tiempo completo.

En aquel entonces dije que “lo que… necesitamos es la generación más grandiosa de misioneros que haya existido en la historia de la Iglesia. Necesitamos misioneros dignos, capacitados y vigorosos espiritualmente…

“…necesitamos todo su corazón y toda su alma. Necesitamos misioneros vibrantes, inteligentes y fervientes que sepan escuchar y responder a los susurros del Santo Espíritu”.

En muchos aspectos, el mundo actual es más difícil de lo que era hace 13 años. Nuestros jóvenes y jovencitas tienen muchas más distracciones que los desvían de sus preparativos tanto para la misión como para una futura vida feliz. La tecnología se ha expandido y casi todo el mundo tiene acceso a un dispositivo móvil que puede captar la atención de la familia humana de Dios para hacer mucho bien o mucho mal.

Esta noche me dirijo a los misioneros que están prestando servicio, a los futuros misioneros, a los ex misioneros y a todos los jóvenes adultos varones de la Iglesia. Ruego que comprendan y consideren detenidamente lo que tengo que decirles mientras transitan por estos emocionantes y exigentes años de la vida.

En los albores de la Iglesia, una Autoridad General entrevistaba a los misioneros antes de prestar servicio en sus misiones. En estos días, el obispo y el presidente de estaca los entrevistan para servir como misioneros, y la mayoría de ustedes pasarán por esta vida sin que una Autoridad General los entreviste, lo cual no es más que el simple reflejo de la realidad de una Iglesia mundial de más de 15 millones de miembros. Sé que hablo en nombre de mis hermanos, los apóstoles, cuando les digo que desearíamos que nos fuese posible conocerlos a todos personalmente y poder decirles que los amamos y que los apoyamos.

Afortunadamente, el Señor ha proporcionado medios para que podamos llegar hasta ustedes. Por ejemplo, un miembro del Quórum de los Doce asigna a cada misionero a su misión. Si bien esto se hace sin la tradicional entrevista cara a cara, la tecnología y la revelación se combinan para brindar una experiencia que es extraordinariamente íntima y personal. Permítanme decirles cómo se hace.

La fotografía de ustedes aparece en la pantalla de una computadora junto con información clave que su obispo y presidente de estaca proporcionaron. Cuando aparece su fotografía, los miramos a los ojos y repasamos sus respuestas a las preguntas de la recomendación misional. Durante ese breve momento, parece como si ustedes estuvieran presentes y respondiéndonos directamente a nosotros.

Al contemplar su fotografía, confiamos en que hayan cumplido con “elevar el nivel” en todos los aspectos que se requieren actualmente para ser un misionero fiel y exitoso. Entonces, por el poder del Espíritu del Señor y bajo la dirección del presidente Thomas S. Monson, los asignamos a una de las 406 misiones que la Iglesia tiene en todo el mundo.

No, no es lo mismo que una entrevista personal cara a cara, pero casi.

La videoconferencia es otro medio que nos permite llegar a los líderes y miembros de la Iglesia que viven lejos de las Oficinas Generales de la Iglesia.

Con esto en mente, quisiera que aquellos que se estén preparando para servir en una misión, los que ya hayan regresado y todos los jóvenes adultos pasen unos minutos conmigo como si estuviéramos teniendo una video charla personal en este momento. Mírenme durante unos minutos como si ustedes y yo fuéramos los únicos en la sala o el cuarto donde se hallan esta noche.

De mi parte, imaginaré que los estoy mirando a los ojos y escuchando atentamente sus respuestas a unas cuantas preguntas que creo que me dirán mucho acerca de cuan fuerte es su testimonio y devoción por Dios. Si me permiten parafrasear lo que le dije a los misioneros hace 13 años, lo que necesitamos actualmente es la generación más grandiosa de jóvenes adultos de la historia de la Iglesia. Necesitamos todo su corazón y toda su alma. Necesitamos jóvenes adultos vibrantes, inteligentes y fervientes que sepan escuchar y responder a los susurros del Santo Espíritu mientras se abren camino entre las pruebas y las tentaciones cotidianas de ser un joven Santo de los Últimos Días en esta época.

En otras palabras, ha llegado el momento de elevar el nivel no sólo de los misioneros, sino de los ex misioneros y de toda su generación. Para ello, les ruego que mediten en su corazón las respuestas a estas preguntas:

¿Escudriñas las Escrituras con regularidad?

¿Te arrodillas en oración para conversar con tu Padre Celestial cada mañana y cada noche?

¿Ayunas y donas una ofrenda de ayuno cada mes, aunque seas un estudiante pobre, con dificultades y que no puede donar mucho?

¿Piensas profundamente en el Salvador y en el sacrificio expiatorio que hizo por ti cuando se te pide preparar, bendecir y repartir la Santa Cena o participar de ella?

¿Asistes a tus reuniones y te esfuerzas por santificar el día de reposo?

¿Eres honrado en tu hogar, en la universidad, en la capilla y en el trabajo?

¿Eres mental y espiritualmente limpio? ¿Evitas ver pornografía o sitios web, revistas, películas o aplicaciones –incluso fotos de Tinder o Snapchat– que harían avergonzar a tus padres, tus líderes de la Iglesia o el Salvador mismo si los vieran?

¿Eres cuidadoso con tu tiempo y evitas la tecnología y las redes sociales inapropiadas –incluso los videojuegos– que pueden adormecer tu sensibilidad espiritual?

¿Hay algo en tu vida que necesites cambiar y arreglar ya mismo?

Gracias por esta breve conversación personal. Espero que hayan contestado cada una de las preguntas con sinceridad y detenimiento. Si perciben carencias en algunos de estos principios sencillos, los insto a arrepentirse valientemente y a poner nuevamente su vida en armonía con las normas del Evangelio y del discipulado virtuoso.

Ahora, hermanos, ¿me permitirían ofrecerles consejos adicionales que los ayudarán a que su testimonio del Evangelio esté profundamente arraigado en su corazón y en su alma?

Ex misioneros, les recuerdo que la preparación para la vida y la familia debe ser continua. ¡“E.M.” no significa “ex mormón”! Como ex misioneros “deben estar anhelosamente consagrados a una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia”.

Por favor, utilicen las habilidades que adquirieron en la misión para bendecir la vida de quienes los rodean a diario. No cambien el enfoque de servir al prójimo por centrarse exclusivamente en los estudios, el trabajo o las actividades sociales. En vez de eso, equilibren su vida con experiencias espirituales que les recuerden continuar ministrando a los demás diariamente y los preparen para ello.

En la misión aprendieron la importancia de visitar a las personas en su hogar. Espero que todos ustedes, jóvenes adultos, ya sea que hayan servido misiones de tiempo completo o no, comprendan la importancia de visitar a las personas que están solas, enfermas o desanimadas, y no sólo como una asignación, sino también motivados por el amor genuino que tienen por su Padre Celestial y Sus hijos.

A aquellos que estén en la escuela secundaria (preparatoria) y se estén preparando para la misión, los aliento a asistir a seminario y a graduarse. Jóvenes adultos, deben inscribirse en instituto de religión. Si están asistiendo a una universidad de la Iglesia, incluyan cada semestre, y de manera constante, una clase de religión. Durante esta época importante de preparación para una misión, para el matrimonio eterno y la vida de adulto, deben seguir buscando maneras de aprender, crecer y recibir inspiración y guía por medio del Espíritu Santo. El estudio del Evangelio con detenimiento y con espíritu de oración en seminario, instituto o las clases de religión puede ayudarlos con esa meta.

Ya sea que asistan o no a una universidad de la Iglesia, ya sea que asistan o no a una institución académica, no piensen que están demasiados ocupados para estudiar el Evangelio. Seminario, instituto o las clases de religión brindarán equilibrio a su vida y serán un aporte a su formación secular al brindarles otra oportunidad de pasar tiempo estudiando las Escrituras y las enseñanzas de los profetas y apóstoles. Hay cuatro cursos nuevos y excelentes, y quisiera alentar a todo joven adulto a evaluarlos y asistir a ellos.

Y no olviden que las clases y las actividades que ofrece su instituto local y su barrio o estaca de jóvenes adultos solteros serán también un lugar donde pueden estar con otros jóvenes y jovencitas, y elevarse e inspirarse unos a otros al aprender, crecer espiritualmente y socializar juntos. Hermanos, si dejan a un lado sus teléfonos celulares y verdaderamente miran a su alrededor, tal vez encuentren a su futura compañera en instituto.

Lo cual me lleva a otro consejo que estoy seguro que ya lo veían venir: Adultos solteros, tienen que salir con jóvenes del sexo opuesto y casarse. ¡Dejen de posponerlo! Sé que algunos de ustedes tienen miedo a formar una familia; sin embargo, si se casan con la persona adecuada en el momento adecuado y en el lugar adecuado, no tienen que temer. De hecho, muchos de los problemas que encuentren se evitarán si se hallan “anhelosamente consagrados” a salir en forma recta, al cortejo y al matrimonio. ¡No envíen textos! Utilicen su propia voz para presentarse ante las virtuosas hijas de Dios que hay a su alrededor. El oír una voz humana las sorprenderá, tal vez le digan que sí.

Ahora hermanos, les testifico que el Señor Jesucristo puede ayudarnos a arreglar cualquier cosa en nuestra vida por medio de Su sacrificio expiatorio.

Esta tarde, a medida que nos preparamos para celebrar el domingo de Pascua de Resurrección, mañana, hagan una pausa conmigo para recordar el don de la expiación de Cristo. Recuerden que nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo los conocen mejor y los aman más que nadie.

Por medio de la Expiación, el Redentor tomó sobre Sí nuestros problemas, dolores y pecados. El Salvador del mundo vino para entendernos individualmente al experimentar nuestras esperanzas frustradas, nuestras dificultades y nuestras calamidades por medio de Su padecimiento en el Getsemaní y en la cruz. Su muerte fue un acto final de amor por nosotros, y en aquella fatídica noche fue enterrado en una tumba nueva.

El domingo por la mañana, Jesús se levantó de los muertos, prometiéndonos una vida nueva a cada uno de nosotros. Entonces, el Señor resucitado comisionó a Sus discípulos que enseñaran a todos a tener fe en Cristo, a arrepentirse del pecado, a ser bautizados, a recibir el don del Espíritu Santo y a perseverar hasta el fin. Hermanos, sabemos que Dios, nuestro Padre, y Su Hijo Amado se aparecieron al profeta José Smith y por medio de él restauraron la plenitud del evangelio sempiterno de Jesucristo.

Sean fuertes, hermanos. Guarden los mandamientos de Dios. El Señor Jesucristo nos promete que todo lo que deseemos hacer en rectitud será nuestro. Los líderes de la Iglesia cuentan con ustedes. Necesitamos que cada uno de ustedes, jóvenes adultos, se prepare para casarse, para servir y para ser líderes en el futuro, lo cual ruego humildemente en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.