“Mis padres se casaron en el templo, pero ahora están divorciados. Estoy furioso de que hayan roto nuestra familia. ¿Cómo puedo perdonarlos?”

Un divorcio es una circunstancia triste y difícil para todos los miembros de la familia. Es normal que surjan sentimientos de ira, abandono y dolor. Sin embargo, el obsesionarte con los sentimientos negativos te impide lograr la paz y la sanación. Ora a tu Padre Celestial para que te ayude a deshacerte de los sentimientos dañinos y puedas comprender a tus padres. Entiende que ellos también están sufriendo.

Recuerda que Jesucristo, quien sufrió por todas nuestras penas y nuestros pecados, está dispuesto a perdonar a cada uno de nosotros. También nosotros debemos perdonar a los demás. (Véase la parábola de los deudores en Mateo 18:23–35). Tus padres estarán agradecidos por tu abnegado acto de perdón. A medida que tú y los miembros de tu familia superen los sentimientos de ira y dejen de culparse mutuamente, toda tu familia se verá fortalecida y podrá adaptarse mejor a la situación. Al perdonar “nos elevaremos a un nivel mayor de autoestima y de bienestar” (James E. Faust, “El poder sanador del perdón”, Liahona, mayo de 2007, pág. 68).

Durante esta difícil etapa, es importante que continúes cultivando tus relaciones familiares, especialmente con tus padres. En los años venideros, podrás apoyarte en esas relaciones y serán valiosas para ti. No permitas que los sentimientos de enojo impidan que esas relaciones importantes sigan creciendo.

Ten fe en el plan del Padre Celestial para ti y para tu familia. Cree que “todas estas cosas… serán para tu bien” (D. y C. 122:7). Cree que Él continuará guiando y bendiciendo tu vida; cree que algún día tú podrás tener un matrimonio maravilloso y que Dios proveerá para tu familia en esta vida y en las eternidades.

El perdón es un proceso que requiere tiempo; sé paciente al esforzarte por amar, perdonar y comprender a tus padres. Espera con anhelo la paz y la felicidad que provienen de perdonar.

Ora para entender

Cuando mis padres se divorciaron, fue muy difícil para mis hermanos y para mí. Me tomó varios años llegar a perdonar a mi padre; tuve que estudiar las Escrituras y orar con todo mi corazón; incluso acudí a un consejero profesional. Luego, oré pidiendo poder entender a papá. Mis ojos fueron abiertos y pude entenderlo, y eso me ayudó a sanar. Fui capaz de perdonar, y fui liberada de las cadenas que me habían tenido prisionera por tanto tiempo. Sé que la expiación del Salvador es real. El Señor nos ama y nunca nos dejará sin consuelo.

Nombre omitido

Confía en tu Padre Celestial y perdona

Yo he pasado por esa misma situación y sé que es muy difícil. Es importante que te des cuenta de que aunque tus padres quizás ya no se amen el uno al otro, ellos aún te aman porque eres su hijo o hija. Además, confía en el Padre Celestial. Él nos ha mandado perdonar a todos; Él te conoce y tiene un plan ti. Si continuamos viviendo dignamente, sé que podemos recibir la promesa de tener una familia eterna, aun cuando nuestras familias terrenales puedan estar algo rotas.

Ashley W., 17 años, Texas, EE. UU.

Demuestra tu amor

Piensa en cuánto amas a tus padres. Recuerda los buenos momentos que pasaste con ellos antes de que pasara esto. Conversa con ellos acerca de esos tiempos y planea actividades con tu mamá y tu papá por separado. Participa en juegos con ellos y demuéstrales tu amor.

Sierra J., 15 años, Idaho, EE. UU.

Trata de entender

Intenta ponerte en el lugar de ellos; no va a ser fácil perdonarlos si no entiendes su situación. Confía en que Dios tiene un plan para ti y para tu familia y que en esta vida tenemos pruebas para que podamos aprender y progresar. A veces no podemos controlar nuestras circunstancias, pero sí podemos controlar nuestra actitud. Aunque pueda resultarte difícil, procura siempre ver lo bueno en tus padres y piensa cómo los puedes ayudar.

Élder Caten, 20 años, Misión Argentina Córdoba

Busca el apoyo de otras personas

Yo pude afrontar el divorcio de mis padres y pude perdonarlos con la ayuda de otras personas cercanas. Mis amigos, mis líderes, mis hermanos y otros parientes me ayudaron a superarlo. Pude continuar con mi vida gracias al apoyo de todos ellos.

Geena C., 18 años, Nuevo México, EE. UU.

Busca tener el Espíritu Santo

Primero, nadie es perfecto, excepto nuestro Señor Jesucristo. Yo trataría de ver la situación poniéndome en el lugar de tus padres. Escoge el momento apropiado y habla con ellos. No critiques a tus padres por lo que hicieron. Segundo, muchas personas se vuelven amargadas por pruebas como ésta, por tanto, procura tener el Espíritu Santo contigo. Estudia las Escrituras y haz tus oraciones diarias.

Ashley P., 15 años, Utah, EE. UU.

Libérate de la amargura

El sentirse amargado es dañino y va en contra de las enseñanzas de la Iglesia. Ora al Padre Celestial, ayuna y lee las Escrituras en busca de respuestas. Si te aferras al sentimiento de amargura, estarás permitiendo que Satanás entre y destruya a tu familia, ya que él sabe lo importante que son las familias en el plan del Padre Celestial.

Carol M., 14 años, Honduras


El perdón sana

“En muchas familias hay sentimientos heridos y renuencia a perdonar. Independientemente de cuál haya sido el problema, no puede ni debe permitirse que siga causando daño. El seguir culpando a los demás mantiene abierta la herida; únicamente el perdón sana”.

Véase del presidente Thomas S. Monson, “Cuñas escondidas”, Liahona, julio de 2002, pág. 21.

Las heridas del divorcio

Como miembro de la Marina Real Canadiense, he recibido entrenamiento para realizar un “análisis posterior a la acción” después de un encuentro con el enemigo u otra calamidad. Es una evaluación cabal de cómo las personas involucradas pueden hacer mejoras con el fin de reducir o evitar lesiones o accidentes adicionales. A lo largo de la vida, y especialmente durante las dificultades como el divorcio, un análisis posterior a la acción abre muchos caminos para aprender y crecer.

Comienza al tomar la medida correcta de responsabilidad por lo ocurrido. Al hacer un análisis exacto de nuestras acciones, tal vez con la ayuda de un consejero, y reconocer dónde entró en juego nuestro albedrío y dónde entró en juego el albedrío del excónyuge, podemos observar cosas que podemos cambiar en nosotros mismos. Podemos, además, evaluar el nivel de nuestra salud mental, espiritual y emocional.

El hacer esfuerzos constructivos por cambiar a medida que ponemos en práctica las lecciones que aprendimos fomenta el proceso de recuperación mientras que al mismo tiempo abre el camino a un futuro más brillante.

Cómo acceder a la expiación del Salvador

En una guerra siempre hay heridas terribles que pueden ser profundas y dolorosas, pero aquellas personas que no las han experimentado no pueden entender verdaderamente lo que son. Las heridas que llegan a nuestro corazón y a nuestra alma debido al divorcio son igualmente dolorosas, y también pueden ser difíciles de entender para aquellos que no han pasado por algo similar.

Sin embargo, no estamos solos; el Salvador está listo para asistirnos. El poder sanador de Su expiación nos puede ayudar a recuperarnos. No le den la espalda a la Iglesia; pidan bendiciones del sacerdocio y asistan al templo con toda la frecuencia que les sea posible. El proceso de recuperación muchas veces es largo, pero el tener el Espíritu en su vida acelerará el proceso.

El primer año después del divorcio es difícil; hay un proceso de duelo por la pérdida de una relación que una vez fue el centro de nuestras esperanzas; es semejante a un sube y baja de emociones y desafíos. Nosotros hacemos nuestra parte en el proceso de recuperación al recordar que somos hijos preciados de nuestro Padre Celestial con un potencial divino, al asistir a nuestras reuniones de la Iglesia, leer las Escrituras, orar, prestar servicio y asistir al templo. Aunque el sendero parezca largo, la promesa es segura. Sigan al Señor, y podrán tener la vida eterna y todas las bendiciones que se les prometen, incluso paz y gozo en el alma.

Volverse a casar

Tengan cuidado cuando decidan empezar a salir con personas del sexo opuesto; asegúrense de que saben quiénes son ustedes y lo que desean; siéntanse bien estando solos (y con el Salvador). Cuando están felices con quienes son y hacia donde se dirigen, es más difícil que el adversario los desvíe o que terminen en una relación poco saludable, dependiendo de alguien más. La relación que cultivaron con su excónyuge tomó tiempo para llegar a ciertos niveles emocionales y románticos. Incluso las relaciones que no son buenas tienen aspectos de comodidad, de modo que puede ser tentador deslizarse demasiado rápido en una de ellas con alguna persona; avancen con cuidado.

Apoyar a los hombres divorciados

Aquellos que han pasado por un divorcio son semejantes a los veteranos en el campo de batalla de esta guerra por nuestras almas; necesitan nuestro respeto, amor, comprensión, apoyo y aceptación. Brinden guía amorosa y aliento, siempre y cuando ellos sean receptivos a recibirlos. Tengan fe en ellos y recuerden que el Salvador tiene Su tiempo para sanar las partes de un corazón y un espíritu quebrantados. La sanación y los milagros se llevarán a cabo, con el tiempo.