Dar un salto hacia su futuro

Por Miriam Bay

Servicios de Autosuficiencia de la Iglesia

Una idea, un trampolín elástico y el deseo de ayudar impulsó a una niña de once años hacia grandes lecciones de autosuficiencia y de servicio.

La mayoría de los niños de once años están atareados con la escuela, las tareas de la casa y las actividades con los amigos; pero Alexandra C., del estado de Durango, México, no era la típica niña de once años. Además de todas las cosas normales que hacen los niños a esa edad, Alexandra estaba ganando dinero con su propio negocio y prestando servicio en su comunidad.

¿Cómo es que una niña tan joven inicia su propia compañía?

A partir de una idea

Todo empezó cuando Alexandra oyó hablar de unas clases que la Iglesia brinda para ayudar a las personas a ser autosuficientes. El grupo era principalmente para personas mayores de dieciocho años, pero Alexandra estaba decidida a formar parte de él. Le encantaba la idea de aprender la manera de obtener un empleo o de empezar su propio negocio.

¿Podía ser que ella, una niña que todavía iba a la escuela primaria, no solo construyera su propio futuro, sino que también ayudara a personas que tenían aun menos que ella? Después de todo, muchos de los miembros de la Iglesia que ella conocía en la ciudad donde vivía tenían poca formación académica y escasos recursos.

Alexandra se unió a un grupo llamado “Cómo iniciar y hacer crecer mi negocio”, uno de los tres temas que se enseñaban. En vez de que la enseñanza estuviese a cargo de un maestro, el grupo lo dirigía un facilitador, un miembro del grupo que guiaba a los demás a lo largo del curso y fomentaba la participación. Alexandra se reunió con su grupo cada semana durante tres meses.

Al aprender a ser autosuficiente tanto temporal como espiritualmente, Alexandra empezó a observar las necesidades de su localidad. Se dio cuenta de que no había suficientes actividades recreativas para los niños de ese sector de la ciudad, así que ahorró dinero y compró un trampolín elástico pequeño. Colocó el trampolín elástico en una zona pública y empezó a alquilarlo valiéndose de las ideas de mercadotecnia y finanzas que aprendió en el curso.

El trampolín elástico se hizo muy popular en su comunidad.

Las bendiciones del servicio y del trabajo arduo

Alexandra también empezó a utilizar sus destrezas de otras maneras. Como había mostrado gran respeto por todos los miembros del grupo y había cumplido todos sus compromisos, se le confió ser la facilitadora de un grupo nuevo, cargo que normalmente ocupan personas mayores de dieciocho años.

Cuando Alexandra se convirtió en facilitadora, era la más joven de los seis integrantes del grupo. Estudiaba los materiales detenidamente antes de cada reunión para saber la mejor manera de ayudar a los miembros de su grupo. Tomó muy seriamente su nueva responsabilidad. “Se ponía nerviosa si su grupo no llegaba a tiempo o cuando no funcionaba el equipo de video”, dice su padre, David.

Alexandra aprendió a equilibrar las tareas escolares, el negocio del trampolín elástico y su función de facilitadora de manera excepcional, y considera que valió la pena. “Dios me bendijo cuando me hizo facilitadora”, dijo. Para ella fue una bendición aprender a amar a quienes se presta servicio.

Ese amor la hizo demostrar interés hacia su grupo con un deseo verdadero de que tuvieran éxito. Por ejemplo, cada vez que se reunían, los miembros del grupo hacían compromisos semanales para poner en práctica en sus negocios lo que estudiaban y luego enseñar a sus familias los principios del Evangelio que aprendían. Cuando los participantes del grupo de Alexandra no lograban sus metas o faltaban a una clase, ella los visitaba en sus hogares para ver si se encontraban bien y los alentaba a cumplir con sus compromisos. “Me encantaba visitar a los miembros de mi grupo”, dijo.

El padre de Alexandra agregó: “Me maravilla ver cómo mi pequeña hija pudiese interesarse tanto en el bienestar de los necesitados. Siente gran caridad por las personas a las que sirve”.

Ahora que es una Abejita en las Mujeres Jóvenes, Alexandra tiene planes de expandir el negocio de los trampolines elásticos en una comunidad cercana. Al aprender a ser más autosuficiente y ayudar a los demás a hacer lo mismo, dijo que ya ha empezado a ver cambios en ella misma y en los nuevos amigos del grupo. “Mi testimonio de Cristo ha crecido”, dijo Alexandra. “Me siento más segura de mí misma y quiero prestar servicio”.

Alexandra dijo que, gracias a ese curso de capacitación, es más consciente de quién es ella en realidad y de cómo puede prestar servicio. “Aprendí que podía mejorarme a mí misma y me encantaba ver cómo mejoraban todos los miembros del grupo. Sé que las condiciones de ellos mejorarán y que sus negocios van a prosperar. Sé que Dios llamó al profeta y que la capacitación de la autosuficiencia fue una revelación que proviene de Él”.

Para Alexandra, su testimonio, su valía personal y el servicio a los demás han sido, sin duda, cosas por las que ha merecido la pena esforzarse.

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Finanzas: Avena, pan, arroz y frijoles

Los estudios de posgrado de mi marido habían sido costosos, de modo que teníamos la esperanza de conseguir un trabajo que nos ayudara a salir de nuestras deudas. Recibimos varias ofertas de trabajo, pero consideramos que la mejor era una plaza de profesorado en Hawái. Sin embargo, cuando llegó el contrato, el salario era inferior a lo que habíamos convenido. Se nos informó que se había implantado una nueva norma, y que la negociación no era una opción. Habíamos tenido un buen sentimiento con respecto al nuevo puesto de trabajo, así que firmamos el contrato de todos modos.

Nos encantó Hawái; a mi marido le gustó mucho su trabajo, y nuestra familia se sintió muy bendecida. Las cosas parecían marchar bien con el pago de la deuda de los préstamos estudiantiles hasta que la compañía de la tarjeta de crédito nos informó que la nueva tasa de interés sería del catorce por ciento en lugar de la tasa actual que teníamos del tres por ciento. Defendimos nuestro caso afirmando que siempre hacíamos nuestros pagos a tiempo y que ya habíamos saldado gran parte de la deuda. Sin embargo, la compañía se mostró inflexible.

Primero, hicimos algunas maniobras financieras y transferimos el saldo a diferentes tarjetas de crédito cuyo interés a corto plazo era del cero por ciento. Luego empezamos a recortar gastos. Redujimos drásticamente el presupuesto de comida, de ropa y de pañales para nuestra familia de siete personas, y vivimos de lo que teníamos en nuestro almacenamiento de alimentos. Todas las mañanas comíamos avena, todas las tardes comíamos pan hecho en casa y todas las noches comíamos arroz y frijoles. No había dinero para lujos tales como la mantequilla, la leche fresca ni el jugo. Después de que pagábamos el diezmo y los gastos básicos, todos nuestros ingresos iban al pago de nuestras tarjetas de crédito.

Seis meses después, habíamos pagado el noventa por ciento de nuestra deuda. El Señor había multiplicado nuestros ingresos de manera milagrosa. Nos fue posible pagar rápidamente la deuda restante, por lo que estamos muy agradecidos. Mi hija todavía se queja de cuando tenía que comer avena cada mañana, pero sé que al pagar el diezmo y obedecer al profeta, fuimos bendecidos económica y temporalmente.

Nombre omitido, Hawái, EE. UU.