La bendición de santificar el día de reposo.

H. Aldridge Gillespie

“De entre todas las personas de la tierra, los Santos de los Últimos Días deben ser los primeros en santificar este día señalado de la semana”.

Nota: Discurso dado en la Conferencia General Octubre de 2000

A todos ustedes bellos y fieles santos este domingo por la tarde, les felicito por el respeto que demuestran por el díade reposo al asistir esta tarde a la conferencia, dondequiera que se encuentren.

Hemos sido instruidos, edificados y fortalecidos espiritualmente a través de las cinco sesiones de esta magnífica conferencia general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Se nos ha enseñado “cómo obrar de conformidad con los puntos de [la] ley y [los] mandamientos [del Señor]”1, y hemos sido “santificados por lo que [hemos] recibido”2.

Ahora es el tiempo de “[obligarnos] a obrar con toda santidad ante [el Señor]”3. En otras palabras, basándonos en esta conferencia, es preciso que determinemos cuál medida específica tomaremos a fin de llevar a cabo los cambios necesarios en nuestra vida. Esta medida es la fe, y el cambio es el arrepentimiento. A esos dos principios siempre les siguen las bendiciones. Si no actuamos rápidamente, entonces lo que precisamente podría habernos santificado se torna para nuestra condenación.

Hoy es el día de reposo; no termina al salir de esta sesión; no termina si alguien llama por teléfono o golpea nuestra puerta para invitarnos a salir a jugar, a ir a un paseo, a un juego de pelota o a ir de compras; no termina porque estemos de vacaciones o alguien nos esté visitando, ya sea una persona miembro o no miembro de la Iglesia.

El Señor mandó: “…salid de entre los inicuos. Salvaos. Sed limpios, los que lleváis los vasos del Señor”4. Un elemento crítico en la observancia de este mandamiento es “[acordarnos] del día de reposo para santificarlo”5.

¡El día de reposo dura todo el día! En una revelación que se aplica “en forma especial a los santos de la Iglesia que se encuentran en Sión”6, el Señor declara que el día de reposo se dio para que nos conserváramos “sin mancha del mundo”7. Es un día para participar de la Santa Cena, un día “para rendir [nuestras] devociones al Altísimo”8, un día para “ayunar y orar”9, un día para ofrecer nuestro tiempo, talentos y medios en el servicio a Dios y nuestros semejantes10, un día para [confesar nuestros] pecados a [nuestros] hermanos, y ante el Señor”11. Es también un día apropiado para pagar nuestros diezmos y ofrendas, un día que se destaque por el sincero sacrificio de las actividades y los placeres del mundo; es un día para guardar el convenio del día de reposo12, un día para “regocijarse y orar13, un día de “corazones felices y semblantes alegres”14.

Isaías prometió: “Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia… y lo venerares, no andando en tus propios caminos… entonces te deleitarás en Jehová”15.

Obviamente, concentraremos nuestra atención en hacer la voluntad del Señor y no seguiremos trabajando ni satisfaciendo nuestros apetitos carnales para divertirnos y holgazanear.

El profeta Spencer W. Kimball aconsejó: “El día de reposo es un día santo en el cual hay que hacer cosas dignas y santas. Abstenerse del trabajo y del recreo es importante, pero no suficiente. El día de reposo exige pensamientos y hechos constructivos, y si uno solamente está ocioso sin hacer nada, está violando el día de reposo.

“A fin de observarlo, uno estará de rodillas orando, preparando lecciones, estudiando el evangelio, meditando, visitando a los enfermos y afligidos, durmiendo, leyendo cosas sanas y asistiendo a todas las reuniones en las que debe estar ese día. El dejar de hacer estas cosas pertinentes constituye una transgresión del lado de la omisión” (El milagro del perdón, págs. 94:95)16.

Nuestro amado profeta Gordon B. Hinckley ha prometido: “Si tienen alguna duda en cuanto a la sabiduría, la divinidad de la observancia del día de reposo… quédense en casa y reúnan a su familia a su alrededor, enséñenles el Evangelio, disfruten de estar juntos en el día de reposo, vayan a sus reuniones y participen en ellas. Se darán cuenta de que el principio del día de reposo es un principio verdadero que conlleva grandes bendiciones”17.

Jesús enseñó: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre”18. ¿Qué significa eso? Quiere decir que para que un hombre reciba el gozo y la felicidad que el Evangelio promete, en ese día él debe sacrificar las cosas del mundo, dejar a un lado su empleo, donde sea posible, y guardar el eterno convenio del día de reposo. El Señor mandó: “Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel (que incluye a todos los Santos de los Últimos Días)… por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel”19.

De entre todas las personas de la tierra, los Santos de los Últimos Días deben ser los primeros en santificar este día señalado de la semana. El Señor dijo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”20.

El Élder Bruce R. McConkie observó que, hasta el día de hoy, “el asunto de la observancia del día de reposo sigue siendo una de las grandes tareas que divide a los justos de los mundanos y los inicuos”21.

Las promesas que el Señor hace a los que santifican el día de reposo se exponen de manera tan clara en las Escrituras que nos hacen pensar: “¿Por qué querría alguien privarse de esas bendiciones por los placeres vulgares y pasajeros del mundo? Escuchemos de nuevo las palabras de Jehová que descienden del monte Sinaí: “Guardad mis días de reposo, y tened con reverencia mi santuario. Yo Jehová.

“Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos…

“y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra. Y yo daré paz en la tierra…

“y la espada no pasará por vuestro país…

“Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer… y afirmaré mi pacto con vosotros…

“Y pondré mi morada [el templo] en medio de vosotros…

“y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo”22.

¡Amo el día de reposo! Ha sido una bendición para mi familia de innumerables maneras. Doy testimonio, basado en la experiencia personal, de que los mandamientos del Señor son “verdaderos y fieles”23.

Sé que serán más felices, que disfrutarán más paz y sus vidas serán más alegres al presenciar los milagros que recibe cada persona y cada familia que hace el sacrificio de guardar este convenio eterno.

Amo a nuestro Señor y Salvador. Sé que él vive y que ésta es Su iglesia y reino sobre la tierra. Sé que él es al mismo tiempo un Dios justo y misericordioso que ama a Sus hijos con toda la ternura de un padre bondadoso y amoroso. Que en cambio le ofrezcamos “un sacrificio al Señor [nuestro] Dios en rectitud, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito”24. Lo ruego, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Un día de reposo sagrado

Presidente Russell M. Nelson

¿Cómo pueden asegurarse de que su comportamiento en el día de reposo les traiga gozo y regocijo?

Queridos hermanos y hermanas, estos dos días de conferencia han sido maravillosos. La música inspiradora y las oraciones elocuentes nos han elevado; nuestro espíritu ha sido edificado por los mensajes de luz y verdad. En este domingo de Pascua de Resurrección, nuevamente damos gracias sinceras y unánimes a Dios por tener un profeta.

La pregunta que debemos hacernos es: después de lo que he oído y sentido durante esta conferencia, ¿en qué voy a cambiar? Cualquiera que sea la respuesta, permítanme invitarlos a examinar sus sentimientos acerca del día de reposo y de lo que hacen ese día.

Me intrigan las palabras de Isaías, pues llamó al día de reposo “delicia”1; y me pregunto: ¿realmente el día de reposo es una delicia para ustedes y para mí?

Descubrí la delicia del día de reposo por primera vez hace muchos años cuando, al ser un cirujano muy ocupado, sabía que el día de reposo era un día de sanación personal. Al final de cada semana tenía las manos irritadas de tanto restregarlas con jabón, agua y un cepillo de cerdas duras; y también necesitaba tomarme un descanso de la presión de una profesión tan exigente. El domingo me brindaba ese alivio tan necesario.

¿A qué se refería el Salvador cuando dijo que “…el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”?2. Creo que Él deseaba que entendiésemos que el día de reposo era Su regalo para nosotros, el cual nos garantiza un descanso real de los rigores de la vida diaria y supone una oportunidad de renovación física y espiritual. Dios nos dio este día especial no para divertirnos ni para realizar trabajos cotidianos, sino para descansar de nuestras obligaciones con desahogo físico y espiritual.

En hebreo, la expresión día de reposo significa “descanso”. El propósito del día de reposo se remonta a la Creación del mundo cuando, después de seis días de trabajo, el Señor descansó de la obra de la creación3. Cuando más tarde reveló los Diez Mandamientos a Moisés, Dios nos mandó: “Acuérdate del día del reposo para santificarlo”4. Posteriormente, el día de reposo se observó como un recordatorio de la liberación de Israel de su cautiverio en Egipto5. Tal vez lo más importante es que el día de reposo fue dado como un convenio perpetuo, un recordatorio constante de que el Señor santificará a Su pueblo6.

Además, en el día de reposo ahora tomamos la Santa Cena en memoria de la expiación de Jesucristo7, con lo cual, una vez más, hacemos convenio de que estamos dispuestos a tomar Su santo nombre sobre nosotros8.

El Salvador se identificó a Sí mismo como Señor del día de reposo9. ¡Es Su día! Nos ha pedido repetidas veces que guardemos el día de reposo10 o que lo santifiquemos11. Estamos bajo convenio de hacerlo.

¿Cómo santificamos el día de reposo? En mi juventud estudiaba las listas que otras personas habían recopilado de lo que se podía y lo que no se podía hacer en el día de reposo. No fue sino hasta más adelante que aprendí de las Escrituras que mi conducta y mi actitud en el día de reposo constituían una señalentre mi Padre Celestial y yo12. Con ese entendimiento, ya no necesité más listas de lo que se podía y no se podía hacer. Cuando tenía que tomar una decisión en cuanto a si una actividad era o no era apropiada para el día de reposo, simplemente me preguntaba a mí mismo: “¿Qué señal quiero darle a Dios?”. Esa pregunta hizo que mis opciones respecto al día de reposo fueran bien claras.

Si bien la doctrina relativa al día de reposo tiene un origen antiguo, ésta ha sido renovada en los últimos días como parte de un nuevo convenio con una promesa. Presten atención al poder de este decreto divino:

“Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

“porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo…

“Y en este día… [prepara] tus alimentos con sencillez de corazón, a fin de que tus ayunos sean perfectos… [y] que tu gozo sea cabal…

“Y si hacéis estas cosas con acción de gracias, con corazones y semblantes alegres… la abundancia de la tierra será vuestra”13.

¡Imaginen el alcance de esta afirmación! Se promete la plenitud de la Tierra a quienes santifiquen el día de reposo14. No es de extrañar que Isaías lo llamara “delicia”.

¿Cómo pueden asegurarse de que su comportamiento en el día de reposo les traiga gozo y regocijo? Además de ir a la Iglesia, participar de la Santa Cena y ser diligentes en sus llamamientos, ¿qué otras actividades ayudarían a que el día de reposo fuera una delicia para ustedes? ¿Qué señal le darán al Señor para mostrarle el amor que sienten por Él?

El día de reposo supone una oportunidad maravillosa para fortalecer los lazos familiares. Después de todo, Dios desea que cada uno de nosotros, por ser Sus hijos, regrese a Él como santos investidos, sellados en el templo a nuestros antepasados y a nuestra posteridad como familia15.

Hacemos del día de reposo una delicia cuando enseñamos el Evangelio a nuestros hijos. Nuestra responsabilidad como padres es sumamente clara. El Señor dijo: “Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión… y no les [enseñan] a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres”16.

Hace años, la Primera Presidencia hizo hincapié en la importancia del tiempo familiar de calidad, y declaró:

“Hacemos un llamado a los padres para que dediquen sus mejores esfuerzos a la enseñanza y crianza de sus hijos con respecto a los principios del Evangelio, lo que los mantendrá cerca de la Iglesia. El hogar es el fundamento de una vida recta y ningún otro medio puede ocupar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales en el cumplimiento de las responsabilidades que Dios les ha dado.

“Aconsejamos a los padres y a los hijos dar una prioridad predominante a la oración familiar, a la Noche de Hogar para la familia, al estudio y a la instrucción del Evangelio, y a las actividades familiares sanas. Sin importar cuán apropiadas puedan ser otras exigencias o actividades, no se les debe permitir que desplacen los deberes divinamente asignados que sólo los padres y las familias pueden llevar a cabo en forma adecuada”17.

Cuando medito en este consejo, casi deseo volver a ser un padre joven. Actualmente los padres disponen de recursos maravillosos para ayudarlos a que el tiempo en familia sea más significativo durante el día de reposo y el resto de la semana. Tienen LDS.org, Mormon.org, los videos de la Biblia, el Canal Mormón, la Biblioteca Multimedia, la revista Liahona y muchísimos recursos más. Esos recursos son muy útiles para ayudar a los padres en su sagrado deber de enseñar a sus hijos. Ninguna otra obra es más trascendental que la crianza recta y con propósito de los hijos.

Al enseñar el Evangelio, ustedes aprenderán más. Así es como el Señor los ayuda a comprender Su Evangelio. Él dijo:

“Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino.

“Enseñaos diligentemente… para que seáis más perfectamente instruidos… en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios”18.

Esa clase de estudio del Evangelio hace del día de reposo una delicia; y esa promesa se aplica independientemente del tamaño de la familia, de cómo esté integrada o de dónde viva.

Además de pasar tiempo con la familia, ustedes pueden experimentar una verdadera delicia durante el día de reposo al hacer la obra de historia familiar. Buscar y encontrar nombres de familiares que nos han precedido en la Tierra —quienes no tuvieron la oportunidad de aceptar el Evangelio en vida— puede brindar un gozo inmenso.

He sido testigo de ello. Hace varios años, mi querida esposa, Wendy, decidió aprender a hacer la investigación de historia familiar. Al principio, su progreso era lento, pero poco a poco aprendió lo fácil que es hacer esta obra sagrada, y nunca la he visto más feliz. Ustedes tampoco tienen que viajar a otros países, ni siquiera a un centro de historia familiar; en casa, con la ayuda de una computadora o un dispositivo móvil, pueden encontrar almas que anhelan recibir sus ordenanzas. Hagan del día de reposo una delicia al encontrar nombres de sus antepasados y liberarlos de la prisión espiritual19.

Hagan del día de reposo una delicia al prestar servicio a otras personas, especialmente a quienes no se sientan bien o estén solos o necesitados20. Levantar el ánimo de ellos también levantará el de ustedes.

Cuando Isaías describió el día de reposo como una “delicia”, también nos enseñó cómo hacerlo deleitable. Él dijo:

“Si [te] retraes… de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamas delicia… y… veneras [a Jehová] no andando en tus propios caminos, ni buscando tu propia voluntad ni hablando tus propias palabras,

“entonces te deleitarás en Jehová21.

El no buscar nuestra “propia voluntad” en el día de reposo requiere autodisciplina y tal vez tengan que dejar de hacer algo que les guste, pero si escogen deleitarse en Jehová, no se permitirán tratarlo como otro día cualquiera. La rutina y las actividades recreativas se pueden hacer en otro momento.

Piensen en esto: al pagar el diezmo, devolvemos una décima parte de nuestro ingreso al Señor. Al santificar el día de reposo, reservamos un día de cada siete como Suyo. Así pues, tenemos el privilegio de consagrar nuestro dinero y nuestro tiempo a Quien nos da la vida día tras día22.

La fe en Dios conduce a tener amor por el día de reposo; la fe en el día de reposo conduce a tener amor por Dios. Ciertamente, un día de reposo sagrado es una delicia.

Ahora, al término de esta conferencia, sabemos que, dondequiera que vivamos, debemos ser ejemplos de los creyentes entre nuestra familia, vecinos y amigos23. Los verdaderos creyentes santifican el día de reposo.

Concluyo con la súplica y despedida de Moroni con las que finaliza el Libro de Mormón cuando escribió: “…venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces… sois santificados en Cristo”24.

Con profundo amor, dejo estas palabras como mi oración, testimonio y bendición. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Isaías 58:13.
  2. Marcos 2:27.
  3. Véase Génesis 2:2–3.
  4. Éxodo 20:8; véase también Deuteronomio 5:12; Mosíah 13:16; 18:23.
  5. Véase Deuteronomio 5:14–15. Quienes deciden trabajar los siete días de la semana están, esencialmente, en cautiverio del trabajo o puede que del dinero; indistintamente, son esclavos. Un millonario que trabaja siete días a la semana es un esclavo rico.
  6. Véase Éxodo 31:13, 16.
  7. Véase Doctrina y Convenios 59:12. Antes de Su crucifixión, el Señor instauró la Santa Cena entre Sus discípulos en la fiesta de la Pascua (véase Mateo 26:26–28;Marcos 14:22–24). El Señor resucitado instituyó la Santa Cena en memoria de Su expiación entre los habitantes de la antigua América (véase 3 Nefi 18:1–12; Moroni 4:1–3;5:2) y la restauró en la actualidad (véase Doctrina y Convenios 20:77, 79). Participar de la Santa Cena renueva el convenio que hicimos, en el bautismo, de guardar Sus mandamientos (véase Doctrina y Convenios 20:68).
  8. Véase Doctrina y Convenios 20:37, 77.
  9. Véase Mateo 12:8; Marcos 2:28; Lucas 6:5.
  10. Véase Éxodo 31:13; Levítico 19:3, 30; 26:2; Doctrina y Convenios 68:29.
  11. Véase Ezequiel 20:20; 44:24.
  12. Véase Éxodo 31:13; Ezequiel 20:12, 20.
  13. Doctrina y Convenios 59:9–10, 13, 15–16.
  14. Véase Levítico 26:2–4.
  15. Véase Doctrina y Convenios 128:15–18.
  16. Doctrina y Convenios 68:25; cursiva agregada; véase también Moisés 6:58–62.
  17. Carta de la Primera Presidencia, 11 de febrero de 1999; citada en el Manual 2: la administración de la Iglesia, 2010, 1.4.1
  18. Doctrina y Convenios 88:77–78.
  19. Véase Isaías 61:1; Doctrina y Convenios 128:22;138:57–59.
  20. Véase Mateo 25:35–40.
  21. Isaías 58:13–14; cursiva agregada.
  22. Véase Mosíah 2:21.
  23. Véase 1 Timoteo 4:12.
  24. Moroni 10:32–33.