La Palabra de Sabiduría

Elder Eduardo Ayala

Queridos hermanos y hermanas, en muchas ocasiones de mi vida he conocido a hombres y mujeres que viven los mandamientos del Señor con diligencia y gozo, y que, al mismo tiempo, con su ejemplo han edificado y bendecido la vida de quienes les rodean. Algunos de ellos ocupan actualmente prominentes y desafiantes posiciones en su vida social o laboral y no vacilan en reconocer, en medio de su éxito, que están allí debido a las bendiciones del Señor.

Permitidme relataros una experiencia de un fiel miembro de la Iglesia que actualmente ocupa un puesto destacado entre los microneurocirujanos del mundo, posición que ganó, según su propio testimonio, con la ayuda del Señor y por haber cumplido con la Palabra de Sabiduría.

Se unió a la Iglesia siendo todavía un niño y se prometió a sí mismo cumplir fielmente con los mandamientos toda su vida.

Con el transcurso de los años tuvo la oportunidad de realizar dos de sus grandes metas: estudiar una carrera en la universidad y casarse con la mujer de sus sueños.

Durante ese periodo ocurrió un hecho que cambiaría su vida en forma total. Una de sus hijas contrajo una grave enfermedad al cerebro, la cual más tarde la privaría de la vida. Nada de lo que se hizo logró salvarla. En medio de esa frustrante y dolorosa experiencia que tuvo mientras estudiaba medicina, se formuló una nueva y desafiante meta: llegar a ser neurocirujano. El hecho de que su hija muriera por causas cerebrales le motivó a estudiar la microcirugía del cerebro, carrera que seria larga y dificultosa.

La micraneurocirugía exige, entre otras cosas, disciplina y destreza manual. En ese punto de su vida, y en medio de sus estudios, descubrió las bendiciones que se reciben cuando se cumple con la Palabra de Sabiduría. Con humildad y amor le pidió al Señor las promesas contenidas en la sección 89 de Doctrina y Convenios para bendecir las vidas de quienes dependieran de su habilidad manual.

Durante los duros años de aprendizaje trabajó incesantemente para llegar a ser el mejor en su especialidad.

Al pasar los años llegó a dominar las manos hasta obtener la maestría y el arte que necesitaba para trabajar en el cerebro humano. Como nos podemos imaginar, cualquier temblor o vacilación en las manos podría ocasionar serios daños a sus pacientes, quizás para toda la vida.

Al estudiar la sección 89 de Doctrina y Convenios, había obtenido un fuerte testimonio de que cuando nos abstenemos de ingerir substancias nocivas para nuestro organismo, somos bendecidos con una clara inteligencia y un cuerpo sano y fuerte. (Como medico, sabia que esas promesas estaban allí, a su alcance, y por lo tanto, las había buscado diligentemente para su propio beneficio.

Al llegar la fecha para el examen final de su carrera, se preparó con gran esmero para rendirlo en la mejor forma posible y demostrar a los médicos examinadores la habilidad que había adquirido.

El día anterior al examen notó que un fuerte temblor se había apoderado de sus hábiles manos, y con humildad oró al Señor, pidiéndole que sus manos volviesen a ser firmes y seguras, como siempre lo habían sido.

Al día siguiente descubrió alarmado que sus manos todavía seguían inseguras. Por lo tanto, se apartó a un lugar solitario y, en profunda meditación, trató de pensar en algún pecado que hubiera cometido y que fuera la causa del problema que estaba teniendo, pero no encontró nada que hubiese hecho en contra de la Palabra de Sabiduría. Entonces pensó: “Necesito recibir esas promesas ahora mismo” y oró intensamente al Padre Celestial pidiéndole seguridad y protección.

Al llegar el momento de efectuar la operación en el cerebro del paciente y mirar sus manos a través del microscopio, notó con inmensa emoción que su oración había sido escuchada y que estas estaban mas firmes que nunca.

Sintió pasar por su cuerpo una corriente de gratitud, y sus seguras y hábiles manos literalmente volaron operando el cerebro de su paciente.

Las bendiciones y las promesas de la Palabra de Sabiduría estaban con él, ya que pudo realizar esa difícil intervención quirúrgica en una hora menos de lo normal. El éxito fue total, y aceptó con humildad las felicitaciones de los profesores de la mesa examinadora. Con agradecimiento en su corazón por el éxito obtenido, regreso a su casa y, junto con su familia, repasó las promesas del Señor de que “todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en su ombligo y medula en sus huesos;

“y hallaran sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos;

“y correrían sin fatigarse, y andarán sin desmayar.” (D. y C. 89:18-20.)

En la actualidad, cuando visita algunas de las famosas clínicas y hospitales, y sus colegas tienen la oportunidad de escucharlo, él explica: “Primero soy miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días y después microneurocirujano”.

No todos los hombres prominentes llegan a tener la humildad para reconocer las bendiciones del Señor en sus vidas, las cuales vienen por cumplir con los mandamientos, como lo ha hecho este buen miembro de la Iglesia

Sin lugar a dudas, la Palabra de Sabiduría es uno de los mandamientos que más necesitamos cumplir en estos tiempos, debido a la gran cantidad de estimulantes y drogas que han debilitado a aquellos que no han hecho caso de las maravillosas promesas que el Señor ha hecho al hombre si se abstiene de consumir esas substancias nocivas.

Este mandamiento es de suma importancia en estos tiempos. Como una muestra del poder de la Palabra de Sabiduría, leamos juntos otro versículo de la sección 89 de Doctrina y Convenios. El Señor ha dicho: “Y además, el tabaco no es para el cuerpo ni para el vientre, y no es bueno para el hombre” (D. y C. 89:8). El profeta José Smith recibió esta revelación en febrero de 1833 y, desde ese entonces, ha ocasionado muchas controversias entre los hombres. Quizás en aquella época tuviera trascendencia solamente para los miembros fieles de la Iglesia, pero en la actualidad los médicos han tenido que reconocer que el tabaco, además de ser una adicción, es uno de los elementos nocivos que matan al hombre. Consumido en cualquier cantidad, el tabaco ha ocasionado tanto daño al hombre, que no se ha podido evitar la necesidad de efectuar campañas en contra de su consumo.

Ojalá todos tuviéramos un firme testimonio de la Palabra de Sabiduría para poder compartir con nuestros semejantes los resultados de sus sagradas promesas, para que de esa forma, nuestras generaciones futuras fueran sanas e inteligentes y fortalecieran a sus familias y a sus naciones. De esta manera podremos ser merecedores de la ultima de las promesas del Señor contenidas en esta sección de Doctrina y Convenios: “Y yo, el Señor, les prometo que el ángel destructor pasara de ellos, como de los hijos de Israel, y no los matara” (D. y C. 89:21). Cuando meditemos con humildad y aceptemos en toda su plenitud los consejos del Señor, nada podrá detener la inteligencia humana.

Los profetas vivientes nos enseñan constantemente acerca de es tos sagrados principios, pero los hombres parecen burlarse de ellos, aun cuando están siendo destruidos y minados por aquellas substancias nocivas que no sólo destruyen el cuerpo y la mente, sino también el espíritu. Los hospitales y las clínicas están llenos de estas personas, pero el hombre aun se resiste a la palabra del Señor y no quiere reconocer la sabiduría que hay en ella.

Ruego por aquellos que aun puedan salvarse, por aquellos que hayan aceptado ahora los consejos del Señor y que se hayan apartado de todas aquellas cosas que podrían causar su destrucción.

Anhelo con todo mi corazón que aceptemos la sabiduría de esta palabra de advertencia, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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Una generación resistente al pecado.

Por Joy D. Jones

Mientras enseñen, guíen y amen a los niños, pueden recibir revelación personal que los ayudará a formar y preparar a niños valientes, resistentes al pecado.

Hace un año y medio, el presidente Russell M. Nelson habló de la necesidad de “… enseñar y ayudar a criar a una generación resistente al pecado”1. Esa frase, “una generación resistente al pecado”, tuvo un gran impacto espiritual en mí.

Honramos a los niños que se esfuerzan por vivir de forma pura y obediente. He sido testigo de la fortaleza de muchos niños en todo el mundo. Ellos permanecen resilientes, “… firmes e inmutables”2 en una variedad de circunstancias y ambientes desafiantes. Esos niños comprenden su identidad divina, sienten el amor del Padre Celestial por ellos y buscan obedecer Su voluntad.

Sin embargo, hay niños que luchan por permanecer “… firmes e inmutables” y cuyas delicadas mentes están siendo heridas3. Son atacados por todos lados por “… los ardientes dardos del adversario”4 y requieren refuerzo y apoyo. Ellos son una motivación contundente para que participemos y libremos una guerra en contra del pecado en nuestros esfuerzos de llevar a nuestros hijos a Cristo.

Escuchen las palabras del élder Bruce R. McConkie de hace casi 43 años:

“Como miembros de la Iglesia, estamos envueltos en un gran conflicto. Estamos en guerra. Nos enrolamos en la causa de Cristo para pelear contra Lucifer…

“La gran guerra que se lleva a cabo en ambos bandos y que, desafortunadamente, produce muchas bajas, algunas fatales, no es nueva…

“No hay ni puede haber neutrales en esta guerra”5.

Hoy la guerra sigue con creciente intensidad. La batalla nos afecta a todos, y nuestros hijos están en las primeras líneas de defensa enfrentando a las fuerzas opositoras. De este modo, la necesidad se intensifica para que fortalezcamos nuestras estrategias espirituales.

El fortalecer a los niños para que lleguen a ser resistentes al pecado es una tarea y una bendición para los padres, los abuelos, los miembros de la familia, los maestros y los líderes; cada uno tiene la responsabilidad de ayudar. Sin embargo, el Señor ha instruido en especial a los padres a enseñar a sus hijos “… a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo” y a “… orar y a andar rectamente delante del Señor”6.

Cómo “criar a [nuestros] hijos en la luz y la verdad”7 puede ser una pregunta desafiante, ya que se personaliza para cada familia y cada hijo, pero el Padre Celestial ha dado pautas universales que nos ayudarán. El Espíritu nos inspirará de las maneras más eficaces para que podamos inmunizar espiritualmente a nuestros hijos.

Para comenzar, el tener una comprensión de la importancia de esta responsabilidad es esencial. Debemos entender nuestro propósito e identidad divinos, y los de nuestros hijos, antes de que podamos ayudarlos a ver quiénes son y por qué están aquí. Debemos ayudarlos a saber, sin ninguna duda, que son hijos e hijas de un amoroso Padre Celestial y que Él tiene expectativas divinas para ellos.

Segundo, la comprensión de la doctrina del arrepentimiento es esencial para llegar a ser resistentes al pecado. El ser resistente al pecado no significa no pecar, sino que implica arrepentirse, estar atento y ser valiente continuamente. Quizás ser resistente al pecado ocurre como una bendición por resistirse al pecado reiteradamente. Como Santiago dijo: “… resistid al diablo, y huirá de vosotros”8.

Los jóvenes guerreros “eran… sumamente valientes en cuanto a intrepidez… mas he aquí, esto no era todo; eran hombres que en todo momento se mantenían fieles a cualquier cosa que les fuera confiada. Sí… se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él”9. Esos jóvenes fueron a la guerra llevando virtudes semejantes a las de Cristo para utilizarlas como armas en contra de sus adversarios. El presidente Thomas S. Monson nos recordó que “a cada uno de nosotros se nos llama constantemente a tener valentía. Todos los días se necesita valor, no solo para los acontecimientos importantes, sino, con más frecuencia, al tomar decisiones o al responder a las circunstancias que nos rodean”10.

Nuestros hijos llevan una armadura espiritual cuando establecen modelos de discipulado personal diario. Quizás subestimemos la capacidad de los niños para entender el concepto de discipulado diario. El presidente Henry B. Eyring nos aconsejó: “Comiencen con tiempo y perseveren”11. Así que la tercera clave para ayudar a los hijos a llegar a ser resistentes al pecado es comenzar a muy temprana edad a enseñarles con amor las doctrinas básicas y los principios del Evangelio —de las Escrituras, los Artículos de Fe, el folleto Para la Fortaleza de la Juventud, las canciones de la Primaria, los himnos y nuestros testimonios personales— que los guiarán al Salvador.

El crear hábitos constantes de orar, estudiar las Escrituras, hacer la noche de hogar y de adorar en el día de reposo llevan a la integridad, a la constancia interior y a los valores morales fuertes; en otras palabras, a la fortaleza espiritual. En el mundo de hoy donde la integridad está desapareciendo, nuestros hijos merecen comprender lo que es la verdadera integridad y por qué es tan importante, en especial mientras los preparamos para hacer y guardar convenios sagrados en el bautismo y en el templo. Como Predicad Mi Evangelio enseña: “El guardar los compromisos prepara a las personas [incluso a los jóvenes] para hacer y guardar convenios sagrados”12.

El élder Jeffrey R. Holland ha enseñado: “… cuando hablamos de guardar convenios, nos referimos al cuerpo y alma de nuestro propósito en la mortalidad”13. Hay un poder inusual al hacer y guardar convenios con nuestro Padre Celestial. El adversario sabe eso, así que ha confundido el concepto de hacer convenios14. El ayudar a los niños a comprender, hacer y guardar convenios sagrados es otra clave al formar una generación resistente al pecado.

¿Cómo preparamos a nuestros hijos para hacer y guardar convenios sagrados al entrar y progresar por el camino del convenio? El enseñar a los niños a cumplir promesas sencillas cuando son pequeños les dará el poder para guardar convenios sagrados más adelante en su vida.

Permítanme compartir un ejemplo simple: En una noche de hogar, un padre preguntó: “¿Cómo nos estamos llevando como familia?”. Lizzie, de cinco años, se quejó de que su hermano mayor, Kevin, la fastidiaba demasiado y que hería sus sentimientos. Kevin admitió renuentemente que Lizzie estaba en lo cierto. La madre de Kevin le preguntó qué podía hacer él para llevarse mejor con su hermana. Kevin pensó y decidió que le prometería a Lizzie no fastidiarla por un día entero.

Al final del día siguiente, cuando todos estaban reunidos para la oración familiar, el papá le preguntó a Kevin cómo le había ido. La respuesta de Kevin fue: “¡Papá, cumplí mi promesa!”. Con alegría Lizzie estuvo de acuerdo, y la familia felicitó a Kevin.

La madre de Kevin luego sugirió que si él podía mantener esa promesa por un día, ¿por qué no podía hacerlo por dos días? Kevin aceptó intentarlo de nuevo. Pasaron dos días, Kevin había cumplido su promesa con éxito y ¡Lizzie estaba aún más agradecida! Cuando su padre le preguntó por qué estaba cumpliendo sus promesas tan bien, Kevin dijo: “Cumplí mi promesa porque dije que lo haría”.

Una sucesión de promesas pequeñas y exitosas que se cumplen lleva a la integridad. La práctica constante de cumplir una promesa es la preparación espiritual para que los niños reciban su primer convenio del bautismo y el don del Espíritu Santo, donde hacen convenio de servir a Dios y guardar Sus mandamientos15. Las promesas y los convenios son inseparables.

En el libro de Daniel aprendemos que Sadrac, Mesac y Abed-nego se rehusarona adorar al ídolo del rey Nabucodonosor16. El rey les advirtió que si no cumplían, serían echados en un horno de fuego ardiente. Ellos se rehusaron y dijeron:

“Si es así, nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente…

“Y si no, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses”17.

“Y si no”. Consideren el significado de esas tres palabras y cómo se relacionan con guardar los convenios. Esos tres jóvenes no estaban basando su obediencia en ser liberados. Incluso si no los liberaban, ellos cumplirían su promesa al Señor porque dijeron que lo harían. El guardar nuestros convenios no cambia de acuerdo a nuestra situación. Esos tres jóvenes, como los jóvenes guerreros, son ejemplos maravillosos para nuestros hijos sobre la resistencia al pecado.

¿Cómo se aplican esos ejemplos en nuestros hogares y familias? “… línea por línea, precepto por precepto”18 ayudamos a los niños a probar el éxito en pequeños bocados. Cuando ellos cumplen sus promesas, sienten el Espíritu en su vida. El élder Joseph B. Wirthlin enseñó que “la recompensa máxima de la integridad es la compañía constante del Espíritu Santo”19. Entonces la “… confianza [de nuestros niños] se fortalecerá en la presencia de Dios”20. De esa fuente de integridad viene una generación poderosa, resistente al pecado.

Hermanos y hermanas, tengan a sus pequeñitos cerca, tan cerca que vean su comportamiento religioso diario y los observen guardar sus promesas y convenios. “Los niños son grandes imitadores, así que démosles algo grande que imitar”21. En verdad estamos ayudando a enseñar y criar una generación resistente al pecado para el Señor, promesa por promesa y convenio por convenio.

Testifico que Jesucristo guía esta Iglesia. Mientras enseñen, guíen y amen a los niños a la manera del Señor, pueden recibir revelación personal que los ayudará a formar y preparar a niños valientes, resistentes al pecado. Mi ruego es que nuestros hijos sientan las palabras de Nefi: “¿Harás que yo tiemble al aparecer el pecado?”22. Testifico que nuestro Salvador expió los pecados del mundo23, porque Él dijo que lo haría, y que nos ama más de lo que nosotros, simples mortales, podemos siquiera comprender24, porque Él dijo que nos amaría. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Russell M. Nelson, “Una súplica a mis hermanas”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 97.

  2. Mosíah 5:15.

  3. Véase Jacob 2:9.

  4. 1 Nefi 15:24; véase también Helamán 5:12.

  5. Véase Bruce R. McConkie, “Sé valiente en la batalla de la fe”, Liahona, abril de 1975, págs. 38–39.

  6. Doctrina y Convenios 68:25, 28.

  7. Doctrina y Convenios 93:40.

  8. Santiago 4:7; véase también Alma 19:33.

  9. Alma 53:20–21.

  10. Thomas S. Monson, “Esfuércense y sean valientes”, Liahona, mayo de 2014, pág. 67.

  11. Henry B. Eyring, “La preparación espiritual: Comiencen con tiempo y perseveren”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 37.

  12. Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 212.

  13. Jeffrey R. Holland, “Guardemos los convenios: Un mensaje para los que servirán en una misión”, Liahona, enero de 2012, pág. 48.

  14. Véase 1 Nefi 13:26–28.

  15. Véase Mosíah 18:10.

  16. Véase Daniel 3.

  17. Daniel 3:17–18.

  18. 2 Nefi 28:30.

  19. Joseph B. Wirthlin, “La integridad no tiene precio”, Liahona, noviembre de 1994, pág. 48.

  20. Doctrina y Convenios 121:45.

  21. Anónimo.

  22. 2 Nefi 4:31.

  23. Véase 3 Nefi 27:14–15.

  24. Véase Juan 15:13.