De nuevo llegaron profetas a la tierra.

JEFFREY R. HOLLAND

Del Quorum de los Doce Apostoles.

No es algo insignificante que la Iglesia declare al mundo la profecía, la videncia y la revelación, pero lo hacemos.

Poco después de que nuestra amiga Carolyn Rasmus se unió al cuerpo docente de la Universidad Brigham Young, un grupo de colegas docentes la invitaron un sábado a escalar las montañas de Provo. Carolyn no era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pero se había sentido particularmente aceptada en su nuevo círculo de colegas, por lo que se unió a la escalada.

A medida que subía el sol, también ascendían los excursionistas por la ladera de la montaña. Entonces, cuando eran más o menos las diez, el grupo empezó a buscar dónde sentarse. Carolyn pensó: “¡Qué bueno! ¿Cómo sabían que tenía que descansar?”, y ella también buscó un lugar cómodo para estirar las piernas; pero en ese descanso en particular los participantes parecían más serios que de costumbre; algunos sacaban lápiz y papel, mientras que uno sintonizaba con atención una radio de transistores.

Lo que ocurrió después cambiaría su vida para siempre. Una de sus amigas le dijo: “Carolyn, tenemos que explicarte algo: éste es el primer sábado de octubre, y para nosotros eso significa no sólo un clima hermoso y el brillante follaje del otoño, sino también la conferencia general de la Iglesia. Como Santos de los Últimos Días, no importa dónde estemos o lo que estemos haciendo, nos detenemos y escuchamos; así que nos vamos a sentar aquí, entre los robles y los pinos, miraremos hacia el valle y escucharemos a los profetas de Dios durante un par de horas”.

“¡Un par de horas!”, pensó Carolyn. “No sabía que había profetas de Dios que todavía vivieran”, dijo, “y, ¡de verdad no sabía que había tantos para que les tome dos horas!” Lo que no sabía era que se detendrían de nuevo a las dos de la tarde por otras dos horas, y que la invitarían para que, al día siguiente, escuchara la conferencia en casa durante otras cuatro horas más.

Y el resto ya es cosa sabida. Con el obsequio de parte de sus alumnos, de un ejemplar de las Escrituras encuadernado en cuero, con el amor de amigos y de familias del barrio al que empezó a asistir, y con las experiencias espirituales que desearíamos que tuvieran todos aquellos que entran en la luz del Evangelio, Carolyn se bautizó y se le confirmó miembro de la Iglesia y, como suele decirse lo demás fue historia. Al enterarse aquel día en cuanto a la conferencia general, sentada en lo alto de la montaña que tiene pintado el emblema “Y” de la universidad, la hermana Rasmus había visto su propio cumplimiento personal de la invitación profética de Isaías: “Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” 1 .

Se acerca el fin de otra maravillosa conferencia general; hemos sido bendecidos al oír mensajes de nuestros líderes, entre ellos y especialmente, oír al presidente Gordon B. Hinckley, el hombre al que sostenemos como el oráculo de Dios en la tierra, nuestro profeta viviente, vidente y revelador. Como lo han hecho los profetas desde la dispensación de Adán hasta nuestros días, el presidente Hinckley nos ha congregado, en sentido figurado, en una especie del equivalente global del valle de Adán-ondi-Ahmán, y nos ha amado, enseñado y conferido su bendición 2 .

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que la oración que todos los hermanos y hermanas han tenido al hablar este fin de semana es que la conferencia general haya sido tan edificante y, de ser necesario, que haya tenido un impacto tan grande en nuestra vida como lo tuvo para la hermana Rasmus y para innumerables miles de otras personas que semestralmente responden al llamado de nuestro himno: “Dios manda a los profetas, que predican la verdad; debemos escucharles y Su nombre alabar” 3 .

En mi propia expresión de testimonio y de gratitud por los mensajes y por el significado de la conferencia general, quisiera sugerir tres cosas que se declaran a todo el mundo en estas congregaciones semestrales.

Primero, se declara con entusiasmo y sin lugar a dudas que hay un profeta viviente de nuevo sobre la tierra que habla en el nombre del Señor. ¡Y cuánto necesitamos esa guía! Vivimos días turbulentos y difíciles; vemos guerras por el mundo y dificultades nacionales. Nuestros vecinos afrontan aflicciones personales y pesares familiares. Muchísimas personas pasan por muchas clases diferentes de temor y tribulación. Eso nos hace recordar que cuando los vapores de tinieblas envolvieron a los viajeros en la visión de Lehi del árbol de la vida, rodearon a todos los participantes, tanto a los justos como a los injustos, al joven junto con el anciano, al nuevo converso y al miembro de mucho tiempo. En esa alegoría, todos hacen frente a la oposición y a las penalidades, y únicamente la barra de hierro —la palabra declarada de Dios— puede guiarlos con seguridad.Todos necesitamos esa barra; todos necesitamos esa palabra. Nadie está seguro sin ella, porque si no se tiene, cualquiera puede “[caer] en senderos prohibidos y [perderse]” 4 , así se indica en el registro. Cuán agradecidos nos sentimos por haber oído la voz de Dios y sentido la fuerza de esa barra de hierro en esta conferencia estos dos días pasados.

No muy seguido, pero durante el transcurso de los años, algunas fuentes han sugerido que las Autoridades Generales, en sus declaraciones, no están al tanto de lo que está pasando, que están desconectados de los temas actuales, que algunas de sus normas y prácticas son obsoletas y que no son pertinentes a nuestros días.

Siendo el menor entre los que ustedes han sostenido para presenciar directamente la guía de esta Iglesia, digo con todo el fervor de mi alma que jamás, ni en mi vida personal ni profesional, me he relacionado con ningún grupo que esté más al tanto, que conozca profundamente los problemas que afrontamos, que estudie de manera más detenida las cosas del pasado, que sea más receptivo a lo nuevo, y que sopese de manera más cuidadosa, seria y devota todo lo demás. Testifico que la comprensión que este grupo de hombres y mujeres tiene de los asuntos morales y de la sociedad excede al de cualquier organización de investigación o de grupo de expertos de los que conozca que trate asuntos semejantes en cualquier parte de la tierra. Expreso mi testimonio personal de lo buenos que son, de lo arduo que trabajan y de cuán humildemente viven. No es algo insignificante que la Iglesia declare al mundo la profecía, la videncia y la revelación, pero lo hacemos; es luz pura que brilla en un mundo oscuro, y su resplandor procede de estas sesiones de conferencia.

Segundo, cada una de estas conferencias es un llamado para actuar, no solamente en nuestra propia vida, sino también a favor de los que nos rodean, aquellos que son de nuestra propia familia y fe, como los que no lo son. Esta mañana, el presidente Hinckley nos recordó, en forma conmovedora, que éste es el 150 aniversario del viaje de las compañías de carros que, mientras se estaba llevando a cabo la conferencia general de octubre de 1856, aquí en el valle de Lago Salado, se arrastraban a través de los últimos kilómetros congelados de Nebraska y que pronto quedarían varados en la infranqueable nieve de las tierras elevadas de Wyoming. Nos citó el mensaje inspirado del presidente Brigham Young a los santos en esa conferencia general de simplemente “ir y traer esas personas que están en las planicies” 5 .

Tan ciertamente como el rescate de aquellas personas necesitadas fue el tema de la conferencia general de octubre de 1856, es también el tema de esta conferencia, y de la última conferencia y la de la primavera siguiente. Tal vez en esta conferencia no afrontemos ventiscas ni sepulturas en terrenos congelados, pero los necesitados aún están allí: el pobre y el fatigado, el desalentado y el desanimado, los que “[caen] en [los] senderos prohibidos” que mencionamos anteriormente, y las multitudes que “no llegan a la verdad sólo porque no saben dónde hallarla” 6 . Están allí con las manos caídas y las rodillas debilitadas 7 y el mal tiempo se avecina. Únicamente los pueden rescatar aquellos que tienen más, que saben más y que pueden ayudar más. Y no se preocupen por preguntar: “¿Dónde están?”. Están por todas partes; a nuestra derecha y a nuestra izquierda, en nuestro vecindario y en el trabajo, en toda comunidad, municipio y nación de este mundo. Tomen su yunta y su carromato, cárguenlo con su amor, su testimonio, y un saco de harina espiritual, y después tomen cualquier rumbo. El Señor los guiará hacia los necesitados si tan sólo adoptan el Evangelio de Jesucristo que se ha enseñado en esta conferencia. Abran el corazón y la mano a los que están atrapados en el equivalente del siglo 21 de Martin’s Cove y Devil’s Gate [lugares históricos por los que pasaron esas compañías]. Al hacerlo, honraremos la repetida súplica del Maestro a favor de las ovejas, las monedas y las almas perdidas 8 .

Por último, una conferencia general de la Iglesia es una declaración a todo el mundo de que Jesús es el Cristo, que Él y Su Padre, el Dios y Padre de todos nosotros, se aparecieron al joven profeta José Smith en cumplimiento de esa antigua promesa de que el Jesús de Nazaret resucitado volvería a restaurar Su Iglesia en la tierra y que “[vendría] como [esos santos judíos] le [habían] visto ir al cielo” 9 . Esta conferencia, y toda otra conferencia similar a ésta, es una declaración de que Él condescendió en venir a la tierra en la pobreza y la humildad para afrontar el dolor y el rechazo, la desilusión y la muerte a fin de que pudiésemos ser salvos de esa misma suerte a medida que se despliega nuestra eternidad, para que “por su llaga [seamos] nosotros curados” 10 . Esta conferencia proclama a toda nación, tribu, lengua y pueblo la amorosa promesa Mesiánica de que “para siempre es su misericordia” 11 .

A todos ustedes que piensan que están perdidos o sin esperanza, o que piensan que han cometido demasiados pecados graves por demasiado tiempo, a todo aquel que le preocupe que está abandonado en alguna parte de las invernales llanuras de la vida y que en el trayecto haya destrozado su carromato, esta conferencia exclama a voces el repetido mensaje de Jehová: “Mi mano todavía está extendida” 12 . “…Les extenderé mi brazo”, dijo, “[aunque] me [negaren]. Sin embargo, si se arrepienten y vienen a mí, seré misericordioso con ellos, porque mi brazo está extendido todo el día, dice el Señor Dios de los Ejércitos” 13 . Su misericordia perdura para siempre y Su mano todavía está extendida. Su amor es el amor puro de Cristo, la caridad que nunca deja de ser, esa compasión que perdura aun cuando toda otra fuerza desaparezca 14 .

Testifico de este Jesús misericordioso que tiende la mano y rescata, que ésta es Su Iglesia redentora, basada en Su amor redentor, y que, tal como lo declararon aquéllos del Libro de Mormón: “…llegaron entre el pueblo profetas, enviados del Señor [para declararlo… [Sí] de nuevo llegaron profetas a la tierra” 15 . Testifico que el presidente Gordon B. Hinckley es en todo respecto, de pies a cabeza, un profeta como ellos, uno cuya vida y voz atesoramos y por quien tanto hemos orado. Él ahora dará por concluida esta congregación semestral. Por esa bendición, y por todas estas bendiciones y por muchas más, doy gracias personalmente en esta conferencia general, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Conferencia General, Octubre 2006 

Referencias.

1. Isaías 2:3.2.

2. D. y C. 107:53–56.

3. “Dios manda a profetas”, Himnos, Nº 11.

4. 1 Nefi 8:28; véase también versículos 23–24.

5.  Deseret News, 15 de octubre de 1856, página 252; véase también LeRoy R. Hafen y Ann W. Hafen, Handcarts to Zion, 1960, págs. 120–121.

6. D. y C. 123:12.

7. Véase D. y C. 81:5.

8. Véase Lucas 15.

9. Hechos 1:11.

10. Isaías 53:5.

11. Véase Salmos 136:1.

12. Véase Isaías 5:25; 9:17, 21.

13. 2 Nefi 28:32.

14. Véase Moroni 7:46–47.

15. Éter 7:23; 9:28.

Capacidad espiritual.

Elder Russell M. Nelson

Del Quorum de los Doce Apostoles.

“Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual … he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley.”

La Primera Presidencia no les asigna tema alguno a quienes invita para que hablen en la Conferencia General; cada discursante ora en procura de inspiración y se prepara según la luz espiritual que recibe. Yo he tenido la impresión de que debo hablar acerca de la “capacidad espiritual”.

Un versículo de las Escrituras nos abre el camino de la oportunidad. Job dijo: “… Espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” ( 1 ). Para aprovechar esa oportunidad, necesitamos mucho mas que un simple consejo verbal. Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual. Para mi mensaje he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley ( 2 ). Espero que el me disculpe, ya que no lo hago para adularlo, sino para emularlo. Todos podemos aprovechar su ejemplo a fin de mejorar nuestros propios atributos espirituales.

Este año, mi esposa y yo hemos tenido el privilegio de acompañar a presidente Hinckley y a su esposa a 11 países ( 3 ) en los cuales he tenido algunas responsabilidades. Ello nos ha dado la oportunidad excepcional de observarlo de cerca en diversas circunstancias. Sus enseñanzas son siempre inspiradoras y oportunas, deberían estudiarse cuidadosamente y emplearse en forma individual Ellas representan la palabra de Señor a Su pueblo ( 4 ).

Pero mi intención no es repasar el contenido de los mensajes del presidente Hinckley, sino concentrarme en sus aptitudes espirituales. El ha desarrollado muchas, incluso “la fe la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad [y] diligencia” ( 5 ).

Su humildad, por ejemplo, es tan sincera que el me haría señalar solamente al Señor Jesucristo como nuestro gran ejemplo ( 6 ). ¡Por supuesto que lo es! El Maestro dijo “… Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” ( 7 ). Nunca debemos olvidarnos de que la norma constante del Salvador es fundamental para cada uno de nosotros.

Pero también podemos aprender mucho de un hombre que ha dedicado toda su vida a parecerse mas al Señor. Hace mas de 87 años, Gordon B. Hinckley era una criatura en brazos de padres amorosos e imagino que seria un recién nacido como todos los demás. El cuerpo de una criatura es diminuto y sus aptitudes espirituales no se han desarrollado aun. En tanto que su cuerpo puede alcanzar la cumbre de su madurez en pocos años, el desarrollo de su espíritu podría no lograr jamas el máximo de su capacidad, porque no hay limite para el progreso.

La personalidad , los modales y l a inteligencia innata del presidente Hinckley han sido siempre sus características personales. Sin embargo, a tales atributos ha sabido agregarles capacidades espirituales que continúan en aumento.

Tanto sus padres como el mismo comprendían cuan importante eran la educación y el llamamiento misional. Después de graduarse en la universidad, en 1933, debió encarar una seria decisión cuando se lo llamó a servir como misionero. En esa época, la mayoría de los jóvenes de la Iglesia no podían servir como tales debido a una depresión económica mundial que privó de dinero en efectivo a casi todos. Tiempo antes, su maravillosa madre había establecido, con previsión y fe, una pequeña cuenta de ahorros para su misión. Aunque ella falleció antes de que lo llamaran, pudo entonces ir gracias a esos ahorros.

Poco después de comenzar su labor misional en Inglaterra, el élder Hinckley se sintió desalentado y le escribió a su padre. Después de leer la carta, su padre le contestó con sabiduría: “Olvídate de ti mismo y sale a trabajar” ( 8 ). Gracias a sus nobles padres y a la firme decisión de quedarse, el élder Hinckley completo con honor su misión. En la actualidad, el suele comentar que todo lo bueno que le ha sucedido desde entonces se debe a aquella decisión de quedarse. Durante la misión, cultivó los buenos hábitos de estudiar, trabajar, comunicarse, preparar su presupuesto, organizar su tiempo y otras cosas. Allí aprendió que “nada hay imposible para Dios” ( 9 ).

Hace mucho tiempo, el presidente Hinckley reconoció el poder de la oración. Yo lo he visto orar en cuanto a importantes asuntos y recibir inspiradas respuestas. La oración acoge esos ennoblecedores atributos del espíritu que son finalmente otorgados “a todos los que son discípulos verdaderos de … Jesucristo” ( 10 ).

Los pasatiempos pueden ayudar al desarrollo espiritual. Cuando son saludables, la música, la danza, las artes y la literatura son algunas de las actividades creativas que pueden enriquecer el alma. Un buen pasatiempo puede disipar las penas y llenar de placer la vida ( 11 ). A través de los años, uno de los pasatiempos favoritos del presidente Hinckley ha sido su hogar. Cuando era un padre joven, aprendió a construir y adquirió las habilidades requeridas para remodelar una casa y hacer las reparaciones necesarias; y aun mas importante, ha sabido edificar y mantener la confianza de su esposa y de sus hijos. Juntos han cultivado-y continúan haciéndolo-magníficos recuerdos con sus hijos y nietos, quienes saben que son parte de un “linaje escogido … [llamado] de las tinieblas a [la] luz admirable” ( 12 ) del Señor. Del ejemplo paternal de los Hinckley podemos aprender una gran lección: el amor en el hogar se manifiesta cuando los esposos se esfuerzan por cumplir su cometido de guardar los mandamientos de Dios.

El amor que el presidente Hinckley siente por aprender se ve estimulado por su curiosidad. El trata de aprovechar todas las oportunidades que se le presentan de aprender de otras personas. En cierta ocasión le escuche interrogar por casi una hora a un agente de seguridad acerca del control del crimen en una gran ciudad. Le he escuchado hablar con constructores, con reporteros y con gente experta en artes, arquitectura, negocios, gobierno, leyes, medicina y otras especialidades. El conoce el vocabulario, los problemas y las habilidades de cada uno de ellos.

Al vivir en comunión con el Espíritu, ha logrado enriquecer su notable habilidad como escritor. Esas habilidades también las pueden obtener otras personas, ya que las Escrituras declaran que “a cuantos invoca[n] a Dios les [es] concedido escribir por el espíritu de inspiración” ( 13 ).

Con el transcurso de los años, el presidente Hinckley ha cultivado un notable sentido del humor. Todos le hemos oído decir: “La hermana Hinckley y yo estamos aprendiendo que los llamados años de oro están mezclados con plomo” ( 14 ). Yo quisiera agregar, presidente, que estamos agradecidos de ser dirigidos por una persona de tanto peso, porque ello nos ayuda a equilibrar nuestro rumbo. Y da estabilidad a nuestro carácter.

Al concentrarme en el presidente Hinckley, también debo incluir a la hermana Hinckley. Ambos han estado casados por 60 años y, aunque conservan su individualidad, por mucho tiempo han sido uno en espíritu. No pierden el tiempo pensando en el pasado o inquietándose por el futuro. Ellos perseveran a pesar de las adversidades.

Encontrándonos de viaje desde una capilla hacia un aeropuerto en Centroamérica, su vehículo se vio envuelto en un accidente. Mi esposa y yo viajábamos detrás de su automóvil y vimos lo que aconteció. Al llegar a una esquina, un camión cargado con varillas de metal, que se encontraban sin asegurar, se les vino encima. Para evitar el choque, el conductor del camión aplico los frenos y las varillas de metal se dispararon como jabalinas y golpearon el auto en que iban los Hinckley. Las ventanillas se destrozaron y los guardabarros y las puertas se abollaron. El accidente podría haber sido mucho mas grave. Mientras se le extraían las astillas de vidrio de la ropa y de la piel, el presidente Hinckley dijo: “Gracias al Señor por Su bendición. Sigamos ahora en otro automóvil”.

Uno de los atributos espirituales del presidente Hinckley es la compasión. El se preocupa por la gente y siente el fuerte deseo de ayudarla. Yo lo he visto llorar con los que lloran y regocijarse cuando los miembros son bendecidos. Todo aquel cuyo corazón ha sentido la influencia del Espíritu del Señor puede experimentar esos mismos sentimientos.

El presidente y la hermana Hinckley han demostrado que la capacidad para entender aumenta a medida que una persona aprende y luego enseña diligentemente’. A menos que haya una enfermedad de por medio, la edad no disminuye-sino que aumenta-nuestra capacidad para desarrollarnos espiritualmente.

Cada uno de los Presidentes de la Iglesia, teniendo al Espíritu Santo como su constante compañero, hereda una enorme tarea cuando llega a una edad en que la mayoría de los hombres se jubila. El presidente Hinckley establece un ejemplo sin precedentes. En 1996 visitó a misioneros, miembros y amigos de la Iglesia en 23 naciones de cuatro continentes. Durante ese año pronunció mas de 200 discursos. Su marcha en 1997 continua por ese mismo rumbo. Su agotador programa obedece a su determinación de estar “anhelosamente consagrado” ( 16 ) a la edificación del Reino de Dios. Con frecuencia le he oído decir: “No me imagino cómo llevar algo a buen termino sin antes arrodillarme y suplicar ayuda, y entonces levantarme y poner manos a la obra”. Nuestro Profeta es todo un ejemplo de fe inquebrantable, trabajo intenso y contagioso optimismo.

Yo he observado que el presidente Hinckley, al hablar ante numerosas congregaciones, depende del Espíritu Santo, quien sirve “para iluminar y ennoblecer la mente, purificar y santificar el alma, impulsar a las buenas obras y revelar las cosas de Dios” ( 17 ).

El presidente Hinckley ha logrado una supremacía espiritual sobre lo que siente físicamente. Aun teniendo a veces el derecho de quejarse por cansancio o fatiga, siempre conserva su amabilidad. Yo creo que su antídoto personal contra la fatiga es su entusiasmo ( 18 ) por la obra. Lo agiliza el Señor, quien ha dicho: “Te daré de mi Espíritu, el cual iluminara tu mente y llenara tu alma de gozo ( 19 ).

Una de nuestras experiencias mas memorables ocurrió cuando visitamos el terreno donde se construiría el templo en Guayaquil, Ecuador. Allí, el presidente Hinckley nos relató cómo se había escogido esa propiedad. En una visita anterior le habían mostrado varios lugares probables, pero ninguno le pareció satisfactorio. Mientras continuaban buscando, inquirió acerca de un terreno que había en una colina cerca del aeropuerto, pero le dijeron que no se hallaba para la venta. El presidente Hinckley indicó que visitarían la propiedad de todos modos. Allí recibió la inspiración del Todopoderoso de que ese era el lugar apropiado para el templo. Y ese día nosotros tuvimos el privilegio de encontrarnos en el punto reservado por el Señor y que se había obtenido para tan sagrado propósito. Nuestro gozo fue indescriptible.

El Profeta toma a diario extraordinarias decisiones, y lo hace con notable habilidad. A su vez, nos alienta a cada uno de nosotros para que escojamos todo aquello que nos dará nuestro “galardón, … la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” ( 20 ).

Este Presidente de la Iglesia llama a mucha gente para prestar servicio, sabiendo que es mucho lo que de ellos se requiere. Esta consciente de las oportunidades y de los riesgos de cada uno. “Si, esta obra requiere sacrificio”, ha dicho. “Requiere esfuerzo, implica valor para declararlo y fe para intentarlo … Necesita hombres y mujeres de propósito solemne” ( 21). “Sabemos que hay algunos limites para lo que pueden hacer, pero también sabemos que no deben existir limites para el entusiasmo, el planeamiento, una cuidadosa consideración y el esfuerzo” ( 22 ).

Hermanos y hermanas: el espíritu que mora en cada uno de nosotros puede enriquecerse con el entusiasmo y ser iluminado por el Todopoderoso. El proceso del desarrollo espiritual esta revelado en las Escrituras: “La inteligencia se allega a la inteligencia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; …[y] la luz se allega a la luz” ( 23). “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe mas luz, y esa luz se hace mas.t y mas resplandeciente hasta el día perfecto” ( 24 ). Con agradecimiento seguimos a los Profetas que han recibido una misión divina: “… lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para salvación” ( 25 ).

A medida que seguimos las enseñanzas proféticas, podemos desarrollar nuestras aptitudes espirituales si emulamos a alguien como el presidente Gordon B. Hinckley. Yo agradezco a Dios por este Profeta. El es el ungido del Señor. Yo lo sigo voluntariamente. Lo amo y lo sostengo. Y así lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amen.

Liahona, Octubre  1997

Referencias

  1. Job 32:8. La palabra espíritu en este versículo fue traducida del sustantivo hebreo ruwach, que significa viento, aire, aliento, mente o espíritu. El sustantivo griego para espíritu es pneuma. Es la raíz para palabras como neumático o neumonía. Pneuma significa también aire, aliento, mente o espíritu. Se utiliza 385 veces en el Nuevo Testamento en Griego.
  2. Hace veinticuatro años el élder Gordon B. Hinckley sintió la impresión de hablar de sus experiencias mientras acompañó al presidente Harold B. Lee a otros países. Véase Conference Report de octubre de 1973, págs. 164-165; “We Thank Thee, O God, for a Prophet”, Ensign de enero de 1974, págs. 124-125.
  3. Estados Unidos, Panamá, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala, Uruguay, Paraguay, Ecuador y Venezuela.
  4. Véase Amó)s 3:7; D. y C. 68:4.
  5. D. y C.4:6.
  6. Entre muchos mandamientos de las Escrituras, véase 3 Nefi 27:27; Mormón 7:10.
  7. Juan 13:15; y si le amamos guardaremos Sus mandamientos (véase Exodo 20:6; Deuteronomio 5:10; Juan 14:15; D. y C. 124:87).
  8. Véase Sheri L. Dew, Go Forward with Faith: The Biography of Gordon R. Hinckley (1996), pág. 64.
  9. Véase Jeremías 32:17; Lucas 1:37.
  10. Moroni 7:4
  11. Véase Richard G. Scott, Liahona de julio de 1996, pág. 28
  12. I Pedro 2:9.
  13. Moisés 6:5; véase también TJS Génesis 6:5.
  14. Véase Gordon B. Hinckley, Liahona de Julio de 1995, pág. 80.
  15. Véase D. y C.88:78.
  16. D. y C. 58:27.
  17. James E. Talmage, Los Artículos de Fe ( 1 962A, pág. 186; véase también D. y C. 121:26.
  18. Entusiasmo viene de la raíz griega en- que significa “en” y theos que significa “Dios”-”Dios dentro de nosotros”.
  19. D. y C. 11:13; véase también D. y C. 124:88.“Cesar, Circus or Christ?”, Brigham Young University Speeches of the Year, 26 de octubre de 1965, pág. 8.En Conference Report, octubre de 1969, pág. 115.Bonneville International Corporation Management Seminary, 23 de febrero de 1992.D. y C. 88:40.
  20. D. y C. 50:24.
  21. D. y C. 68:4.