Capacidad espiritual.

Elder Russell M. Nelson

Del Quorum de los Doce Apostoles.

“Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual … he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley.”

La Primera Presidencia no les asigna tema alguno a quienes invita para que hablen en la Conferencia General; cada discursante ora en procura de inspiración y se prepara según la luz espiritual que recibe. Yo he tenido la impresión de que debo hablar acerca de la “capacidad espiritual”.

Un versículo de las Escrituras nos abre el camino de la oportunidad. Job dijo: “… Espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” ( 1 ). Para aprovechar esa oportunidad, necesitamos mucho mas que un simple consejo verbal. Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual. Para mi mensaje he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley ( 2 ). Espero que el me disculpe, ya que no lo hago para adularlo, sino para emularlo. Todos podemos aprovechar su ejemplo a fin de mejorar nuestros propios atributos espirituales.

Este año, mi esposa y yo hemos tenido el privilegio de acompañar a presidente Hinckley y a su esposa a 11 países ( 3 ) en los cuales he tenido algunas responsabilidades. Ello nos ha dado la oportunidad excepcional de observarlo de cerca en diversas circunstancias. Sus enseñanzas son siempre inspiradoras y oportunas, deberían estudiarse cuidadosamente y emplearse en forma individual Ellas representan la palabra de Señor a Su pueblo ( 4 ).

Pero mi intención no es repasar el contenido de los mensajes del presidente Hinckley, sino concentrarme en sus aptitudes espirituales. El ha desarrollado muchas, incluso “la fe la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad [y] diligencia” ( 5 ).

Su humildad, por ejemplo, es tan sincera que el me haría señalar solamente al Señor Jesucristo como nuestro gran ejemplo ( 6 ). ¡Por supuesto que lo es! El Maestro dijo “… Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” ( 7 ). Nunca debemos olvidarnos de que la norma constante del Salvador es fundamental para cada uno de nosotros.

Pero también podemos aprender mucho de un hombre que ha dedicado toda su vida a parecerse mas al Señor. Hace mas de 87 años, Gordon B. Hinckley era una criatura en brazos de padres amorosos e imagino que seria un recién nacido como todos los demás. El cuerpo de una criatura es diminuto y sus aptitudes espirituales no se han desarrollado aun. En tanto que su cuerpo puede alcanzar la cumbre de su madurez en pocos años, el desarrollo de su espíritu podría no lograr jamas el máximo de su capacidad, porque no hay limite para el progreso.

La personalidad , los modales y l a inteligencia innata del presidente Hinckley han sido siempre sus características personales. Sin embargo, a tales atributos ha sabido agregarles capacidades espirituales que continúan en aumento.

Tanto sus padres como el mismo comprendían cuan importante eran la educación y el llamamiento misional. Después de graduarse en la universidad, en 1933, debió encarar una seria decisión cuando se lo llamó a servir como misionero. En esa época, la mayoría de los jóvenes de la Iglesia no podían servir como tales debido a una depresión económica mundial que privó de dinero en efectivo a casi todos. Tiempo antes, su maravillosa madre había establecido, con previsión y fe, una pequeña cuenta de ahorros para su misión. Aunque ella falleció antes de que lo llamaran, pudo entonces ir gracias a esos ahorros.

Poco después de comenzar su labor misional en Inglaterra, el élder Hinckley se sintió desalentado y le escribió a su padre. Después de leer la carta, su padre le contestó con sabiduría: “Olvídate de ti mismo y sale a trabajar” ( 8 ). Gracias a sus nobles padres y a la firme decisión de quedarse, el élder Hinckley completo con honor su misión. En la actualidad, el suele comentar que todo lo bueno que le ha sucedido desde entonces se debe a aquella decisión de quedarse. Durante la misión, cultivó los buenos hábitos de estudiar, trabajar, comunicarse, preparar su presupuesto, organizar su tiempo y otras cosas. Allí aprendió que “nada hay imposible para Dios” ( 9 ).

Hace mucho tiempo, el presidente Hinckley reconoció el poder de la oración. Yo lo he visto orar en cuanto a importantes asuntos y recibir inspiradas respuestas. La oración acoge esos ennoblecedores atributos del espíritu que son finalmente otorgados “a todos los que son discípulos verdaderos de … Jesucristo” ( 10 ).

Los pasatiempos pueden ayudar al desarrollo espiritual. Cuando son saludables, la música, la danza, las artes y la literatura son algunas de las actividades creativas que pueden enriquecer el alma. Un buen pasatiempo puede disipar las penas y llenar de placer la vida ( 11 ). A través de los años, uno de los pasatiempos favoritos del presidente Hinckley ha sido su hogar. Cuando era un padre joven, aprendió a construir y adquirió las habilidades requeridas para remodelar una casa y hacer las reparaciones necesarias; y aun mas importante, ha sabido edificar y mantener la confianza de su esposa y de sus hijos. Juntos han cultivado-y continúan haciéndolo-magníficos recuerdos con sus hijos y nietos, quienes saben que son parte de un “linaje escogido … [llamado] de las tinieblas a [la] luz admirable” ( 12 ) del Señor. Del ejemplo paternal de los Hinckley podemos aprender una gran lección: el amor en el hogar se manifiesta cuando los esposos se esfuerzan por cumplir su cometido de guardar los mandamientos de Dios.

El amor que el presidente Hinckley siente por aprender se ve estimulado por su curiosidad. El trata de aprovechar todas las oportunidades que se le presentan de aprender de otras personas. En cierta ocasión le escuche interrogar por casi una hora a un agente de seguridad acerca del control del crimen en una gran ciudad. Le he escuchado hablar con constructores, con reporteros y con gente experta en artes, arquitectura, negocios, gobierno, leyes, medicina y otras especialidades. El conoce el vocabulario, los problemas y las habilidades de cada uno de ellos.

Al vivir en comunión con el Espíritu, ha logrado enriquecer su notable habilidad como escritor. Esas habilidades también las pueden obtener otras personas, ya que las Escrituras declaran que “a cuantos invoca[n] a Dios les [es] concedido escribir por el espíritu de inspiración” ( 13 ).

Con el transcurso de los años, el presidente Hinckley ha cultivado un notable sentido del humor. Todos le hemos oído decir: “La hermana Hinckley y yo estamos aprendiendo que los llamados años de oro están mezclados con plomo” ( 14 ). Yo quisiera agregar, presidente, que estamos agradecidos de ser dirigidos por una persona de tanto peso, porque ello nos ayuda a equilibrar nuestro rumbo. Y da estabilidad a nuestro carácter.

Al concentrarme en el presidente Hinckley, también debo incluir a la hermana Hinckley. Ambos han estado casados por 60 años y, aunque conservan su individualidad, por mucho tiempo han sido uno en espíritu. No pierden el tiempo pensando en el pasado o inquietándose por el futuro. Ellos perseveran a pesar de las adversidades.

Encontrándonos de viaje desde una capilla hacia un aeropuerto en Centroamérica, su vehículo se vio envuelto en un accidente. Mi esposa y yo viajábamos detrás de su automóvil y vimos lo que aconteció. Al llegar a una esquina, un camión cargado con varillas de metal, que se encontraban sin asegurar, se les vino encima. Para evitar el choque, el conductor del camión aplico los frenos y las varillas de metal se dispararon como jabalinas y golpearon el auto en que iban los Hinckley. Las ventanillas se destrozaron y los guardabarros y las puertas se abollaron. El accidente podría haber sido mucho mas grave. Mientras se le extraían las astillas de vidrio de la ropa y de la piel, el presidente Hinckley dijo: “Gracias al Señor por Su bendición. Sigamos ahora en otro automóvil”.

Uno de los atributos espirituales del presidente Hinckley es la compasión. El se preocupa por la gente y siente el fuerte deseo de ayudarla. Yo lo he visto llorar con los que lloran y regocijarse cuando los miembros son bendecidos. Todo aquel cuyo corazón ha sentido la influencia del Espíritu del Señor puede experimentar esos mismos sentimientos.

El presidente y la hermana Hinckley han demostrado que la capacidad para entender aumenta a medida que una persona aprende y luego enseña diligentemente’. A menos que haya una enfermedad de por medio, la edad no disminuye-sino que aumenta-nuestra capacidad para desarrollarnos espiritualmente.

Cada uno de los Presidentes de la Iglesia, teniendo al Espíritu Santo como su constante compañero, hereda una enorme tarea cuando llega a una edad en que la mayoría de los hombres se jubila. El presidente Hinckley establece un ejemplo sin precedentes. En 1996 visitó a misioneros, miembros y amigos de la Iglesia en 23 naciones de cuatro continentes. Durante ese año pronunció mas de 200 discursos. Su marcha en 1997 continua por ese mismo rumbo. Su agotador programa obedece a su determinación de estar “anhelosamente consagrado” ( 16 ) a la edificación del Reino de Dios. Con frecuencia le he oído decir: “No me imagino cómo llevar algo a buen termino sin antes arrodillarme y suplicar ayuda, y entonces levantarme y poner manos a la obra”. Nuestro Profeta es todo un ejemplo de fe inquebrantable, trabajo intenso y contagioso optimismo.

Yo he observado que el presidente Hinckley, al hablar ante numerosas congregaciones, depende del Espíritu Santo, quien sirve “para iluminar y ennoblecer la mente, purificar y santificar el alma, impulsar a las buenas obras y revelar las cosas de Dios” ( 17 ).

El presidente Hinckley ha logrado una supremacía espiritual sobre lo que siente físicamente. Aun teniendo a veces el derecho de quejarse por cansancio o fatiga, siempre conserva su amabilidad. Yo creo que su antídoto personal contra la fatiga es su entusiasmo ( 18 ) por la obra. Lo agiliza el Señor, quien ha dicho: “Te daré de mi Espíritu, el cual iluminara tu mente y llenara tu alma de gozo ( 19 ).

Una de nuestras experiencias mas memorables ocurrió cuando visitamos el terreno donde se construiría el templo en Guayaquil, Ecuador. Allí, el presidente Hinckley nos relató cómo se había escogido esa propiedad. En una visita anterior le habían mostrado varios lugares probables, pero ninguno le pareció satisfactorio. Mientras continuaban buscando, inquirió acerca de un terreno que había en una colina cerca del aeropuerto, pero le dijeron que no se hallaba para la venta. El presidente Hinckley indicó que visitarían la propiedad de todos modos. Allí recibió la inspiración del Todopoderoso de que ese era el lugar apropiado para el templo. Y ese día nosotros tuvimos el privilegio de encontrarnos en el punto reservado por el Señor y que se había obtenido para tan sagrado propósito. Nuestro gozo fue indescriptible.

El Profeta toma a diario extraordinarias decisiones, y lo hace con notable habilidad. A su vez, nos alienta a cada uno de nosotros para que escojamos todo aquello que nos dará nuestro “galardón, … la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” ( 20 ).

Este Presidente de la Iglesia llama a mucha gente para prestar servicio, sabiendo que es mucho lo que de ellos se requiere. Esta consciente de las oportunidades y de los riesgos de cada uno. “Si, esta obra requiere sacrificio”, ha dicho. “Requiere esfuerzo, implica valor para declararlo y fe para intentarlo … Necesita hombres y mujeres de propósito solemne” ( 21). “Sabemos que hay algunos limites para lo que pueden hacer, pero también sabemos que no deben existir limites para el entusiasmo, el planeamiento, una cuidadosa consideración y el esfuerzo” ( 22 ).

Hermanos y hermanas: el espíritu que mora en cada uno de nosotros puede enriquecerse con el entusiasmo y ser iluminado por el Todopoderoso. El proceso del desarrollo espiritual esta revelado en las Escrituras: “La inteligencia se allega a la inteligencia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; …[y] la luz se allega a la luz” ( 23). “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe mas luz, y esa luz se hace mas.t y mas resplandeciente hasta el día perfecto” ( 24 ). Con agradecimiento seguimos a los Profetas que han recibido una misión divina: “… lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para salvación” ( 25 ).

A medida que seguimos las enseñanzas proféticas, podemos desarrollar nuestras aptitudes espirituales si emulamos a alguien como el presidente Gordon B. Hinckley. Yo agradezco a Dios por este Profeta. El es el ungido del Señor. Yo lo sigo voluntariamente. Lo amo y lo sostengo. Y así lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amen.

Liahona, Octubre  1997

Referencias

  1. Job 32:8. La palabra espíritu en este versículo fue traducida del sustantivo hebreo ruwach, que significa viento, aire, aliento, mente o espíritu. El sustantivo griego para espíritu es pneuma. Es la raíz para palabras como neumático o neumonía. Pneuma significa también aire, aliento, mente o espíritu. Se utiliza 385 veces en el Nuevo Testamento en Griego.
  2. Hace veinticuatro años el élder Gordon B. Hinckley sintió la impresión de hablar de sus experiencias mientras acompañó al presidente Harold B. Lee a otros países. Véase Conference Report de octubre de 1973, págs. 164-165; “We Thank Thee, O God, for a Prophet”, Ensign de enero de 1974, págs. 124-125.
  3. Estados Unidos, Panamá, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala, Uruguay, Paraguay, Ecuador y Venezuela.
  4. Véase Amó)s 3:7; D. y C. 68:4.
  5. D. y C.4:6.
  6. Entre muchos mandamientos de las Escrituras, véase 3 Nefi 27:27; Mormón 7:10.
  7. Juan 13:15; y si le amamos guardaremos Sus mandamientos (véase Exodo 20:6; Deuteronomio 5:10; Juan 14:15; D. y C. 124:87).
  8. Véase Sheri L. Dew, Go Forward with Faith: The Biography of Gordon R. Hinckley (1996), pág. 64.
  9. Véase Jeremías 32:17; Lucas 1:37.
  10. Moroni 7:4
  11. Véase Richard G. Scott, Liahona de julio de 1996, pág. 28
  12. I Pedro 2:9.
  13. Moisés 6:5; véase también TJS Génesis 6:5.
  14. Véase Gordon B. Hinckley, Liahona de Julio de 1995, pág. 80.
  15. Véase D. y C.88:78.
  16. D. y C. 58:27.
  17. James E. Talmage, Los Artículos de Fe ( 1 962A, pág. 186; véase también D. y C. 121:26.
  18. Entusiasmo viene de la raíz griega en- que significa “en” y theos que significa “Dios”-”Dios dentro de nosotros”.
  19. D. y C. 11:13; véase también D. y C. 124:88.“Cesar, Circus or Christ?”, Brigham Young University Speeches of the Year, 26 de octubre de 1965, pág. 8.En Conference Report, octubre de 1969, pág. 115.Bonneville International Corporation Management Seminary, 23 de febrero de 1992.D. y C. 88:40.
  20. D. y C. 50:24.
  21. D. y C. 68:4.

Los Quorumes de los Setenta.

POR EL ÉLDER EARL C. TINGEY

De la Presidencia de los Setenta

El séptimo de una serie de artículos sobre los quórumes del sacerdocio y sus propósitos.

Es probable que como Santos de los Últimos Días hayan oído hablar a una Autoridad General o a un Setenta de Área en reuniones locales o generales de la Iglesia, o puede que hayan leído artículos escritos por estos líderes en las revistas de la Iglesia. Pero, ¿entienden ustedes el modo como se organizan los Quórumes de los Setenta o las funciones de estos hermanos?

En primer lugar, veamos algunos antecedentes históricos: El profeta José Smith llamó a los primeros Setenta de esta dispensación en febrero de 1835. En los años subsiguientes se llamó a más Setenta para atender a las necesidades de una Iglesia en crecimiento. En 1975, el presidente Spencer W. Kimball reorganizó el Primer Quórum de los Setenta y, al año siguiente, los 21 hombres que habían servido como Ayudantes de los Doce fueron ordenados Setenta y pasaron a integrar el Primer Quórum. Diez años más tarde, en 1986, se disolvieron los quórumes de setenta de las estacas de toda la Iglesia y los que servían como setenta regresaron a los quórumes de élderes o fueron ordenados sumos sacerdotes.

Tres años después, en 1989, se organizó el Segundo Quórum de los Setenta. Los miembros de dicho quórum sirven por un periodo de cinco años, mientras que los del Primer Quórum sirven hasta alcanzar los 70 años de edad, momento en el que se les designa como miembros eméritos. A veces puede haber extensiones de un año en este servicio, según lo determinen la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles.

Los miembros de estos dos Quórumes de los Setenta tienen carácter de Autoridad General y reciben asignaciones de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles. Sirven a tiempo completo y se les puede asignar la supervisión de la Iglesia en cualquier parte del mundo.

Deberes de los Setenta

Las revelaciones de los últimos días indican que los Setenta son llamados “para predicar el evangelio y ser testigos especiales [de Jesucristo]… en todo el mundo” (D. y C. 107:25). Además, “obrarán en el nombre del Señor bajo la dirección de los Doce… edificando la iglesia y regulando todos los asuntos de ella en todas las naciones” (D. y C. 107:34).

El carácter único y singular del llamamiento de los Setenta está claramente definido en las revelaciones: “Es el deber [de los Doce], cuando [necesiten] ayuda, llamar a los Setenta, en lugar de otros, para atender a los varios llamamientos de predicar y administrar el evangelio” (D. y C. 107:38).

Los Setenta no reciben otras llaves del sacerdocio, pero en cada asignación de la Primera Presidencia o del Quórum de los Doce Apóstoles, se les delega autoridad para llevar a cabo la asignación recibida.

Los Setenta Autoridades Generales se reúnen regularmente como quórum. Los asignados a las Oficinas Generales de la Iglesia se reúnen cada semana. Esas reuniones de quórum pueden constar de instrucción doctrinal o de historia de la Iglesia y de capacitación, y de vez en cuando, de instrucciones de los Doce Apóstoles y la Presidencia de los Setenta.

Otros Quórumes de los Setenta

En 1997, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles organizaron el Tercer, el Cuarto y el Quinto Quórum de los Setenta; en 2004 se organizó el Sexto Quórum de los Setenta y en 2005 se organizaron el Séptimo y el Octavo Quórum de los Setenta. En la actualidad hay 195 miembros de estos seis quórumes. Sus miembros son hermanos fieles de todo el mundo a los que se les conoce como Setenta de Área, con lo que se les diferencia de los Setenta Autoridades Generales.

Los Setenta de Área viven en sus casas y ofrecen sus servicios a la Iglesia, igual que un obispo o un presidente de estaca, durante un número determinado de años. Sus asignaciones son parecidas a las de los Setenta Autoridades Generales, con la excepción de que sirven en sus áreas locales en vez de en cualquier lugar del mundo.

Estos seis quórumes se organizan con carácter geográfico. El Tercer Quórum incluye a los Setenta de Área de Europa y de África. Los miembors del Cuarto Quórum residen en México, en Centroamérica y en la parte norte de Sudamérica. Los miembros del Quinto Quórum se encuentran en la zona oeste de Estados Unidos y de Canadá, y los miembors del Sexto Quórum residen en las zonas centro, sur y este de los Estados Unidos y de Canadá, y en el Caribe. Los miembros del Séptimo Quórum se encuentran en Brasil y en las zonas sur de Sudamérica, y los miembros del Octavo Quórum se encuentran en Asia, Australia, Nueva Zelanda, las islas del Pacífico y las Filipinas.

Los miembros de estos seis quórumes se reúnen anualmente en reuniones de quórum en Salt Lake City durante la conferencia general de abril, y también anualmente en la zona geográfica de la Iglesia donde residen.

Las revelaciones permiten la creación de más Quórumes de los Setenta, “hasta setenta veces siete, si por necesidad la obra de la viña lo requiere” (D. y C. 107:96).

La Presidencia de los Setenta

La Presidencia de los Setenta preside todos los miembros de estos Quórumes de los Setenta. Dicha presidencia la forman siete miembros del Primer o del Segundo Quórum de los Setenta, quienes son llamados por la Primera Presidencia y se les da autoridad para presidir los Setenta.

“Para… [que] testifiquen de mi nombre”

Siguiendo el patrón establecido en la época del profeta José Smith, los actuales Quórumes de los Setenta “se [han] instituido para que los élderes viajantes testifiquen de mi nombre en todo el mundo, donde los [envíen]… mis apóstoles, para preparar el camino delante de mi faz” (D. y C. 124:139).

Los miembros de los Quórumes de los Setenta desean cumplir con sus asignaciones con armonía y unidad, “con toda rectitud, con santidad y humildad de corazón, mansedumbre y longanimidad, y con fe, y virtud, y conocimiento, templanza, paciencia, piedad, cariño fraternal y caridad” (D. y C. 107:30; véase también el versículo 27).

Los Setenta consideran un gran privilegio el servir bajo la dirección de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles. Como integrante de la Presidencia de los Setenta, estoy agradecido por la organización inspirada de esta Iglesia.

Liahona, Agosto 2005