Lamentaciones de Jeremías: Cuidaos del cautiverio.

Elder Quentin L. Cook.

Del Quorum de los doce apóstoles.

Nuestro desafío es evitar el cautiverio en todas sus formas, ayudar al Señor a reunir a Sus escogidos y sacrificarnos por la nueva generación

Al comienzo de nuestro matrimonio, mi esposa Mary y yo decidimos que, en la medida de lo posible, escogeríamos actividades a las que pudiéramos asistir juntos; también queríamos ser prudentes con el dinero. A Mary le encanta la música y sin duda le preocupaba que yo le diera demasiada importancia a los eventos deportivos, así que negoció que de todos los eventos de pago que eligiéramos habría dos obras musicales, óperas o actividades culturales por cada partido.

Al principio, me resistía a incluir óperas, pero con el tiempo cambié de idea; en especial, llegué a disfrutar de las óperas de Giuseppe Verdi; esta semana será el bicentenario de su nacimiento.

En su juventud, Verdi estaba intrigado con el profeta Jeremías, y en 1842, a los veintiocho años, logró la fama con la ópera Nabucco, una forma italiana más corta del nombre Nabucodonosor, rey de Babilonia. Esta ópera contiene conceptos extraídos de los libros de Jeremías, Lamentaciones y Salmos, del Antiguo Testamento. La ópera incluye la conquista de Jerusalén y el cautiverio y la esclavitud de los judíos. El Salmo 137 es la inspiración para el inspirador y conmovedor “Coro de los esclavos hebreos” de Verdi. El encabezamiento de este Salmo en nuestras Escrituras es muy dramático: “Mientras estuvieron en cautiverio, los judíos lloraron junto a los ríos de Babilonia— A causa del dolor, no podían soportar cantar los cánticos de Sión”.

Mi propósito es analizar muchas formas de esclavitud y subyugación. Compararé algunas circunstancias de nuestra época con las de la época de Jeremías antes de la caída de Jerusalén. Al presentar esta voz de amonestación, me siento agradecido de que la mayoría de los miembros de la Iglesia estén evitando con rectitud la conducta que era tan ofensiva para el Señor en la época de Jeremías.

Las profecías y lamentaciones de Jeremías son importantes para los Santos de los Últimos Días. Jeremías y la Jerusalén de su época son el telón de fondo de los primeros capítulos del Libro de Mormón. Jeremías fue contemporáneo del profeta Lehi. El Señor le informó a Jeremías en forma dramática sobre su preordenación: “Antes que te formase en el vientre te conocí; y antes que nacieses, te santifiqué; te di por profeta a las naciones”.

Lehi recibió del Señor un llamamiento, una misión y una asignación diferentes. No fue llamado en su juventud, sino en su madurez. Al principio, su voz era una de amonestación, pero después de que declarara fielmente el mismo mensaje que Jeremías, el Señor mandó a Lehi llevar a su familia y huir al desierto. Al hacerlo, Lehi bendijo no sólo a su familia, sino también a todas las personas.

Durante los años antes de la destrucción de Jerusalén, los mensajes que el Señor le dio a Jeremías son inquietantes. Él dijo:

“…mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha.

“…me abandonaron a mí, fuente de aguas vivas, y cavaron… cisternas rotas que no retienen el agua”.

Al hablar de las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de Jerusalén, el Señor se lamentó: “Pasó la siega [para ellos], terminó el verano, y [ellos] no [han] sido salvos”.

Dios quiso que los hombres y las mujeres fueran libres para elegir entre el bien y el mal. Cuando las malas decisiones vienen a ser la característica dominante de una cultura o de un país, hay graves consecuencias, tanto en esta vida como en la venidera. Las personas pueden llegar a ser esclavas o a ponerse a sí mismas en cautiverio no sólo de sustancias perjudiciales y adictivas, sino también de las filosofías perjudiciales y adictivas que restan valor a una vida recta.

El apartarse de la adoración del Dios verdadero y viviente y adorar a dioses falsos, como la riqueza y la fama, y el participar en una conducta inmoral e injusta, ocasionan el cautiverio en todas sus manifestaciones insidiosas. Éstas consisten en el cautiverio espiritual, físico y mental, y a veces traen destrucción. Jeremías y Lehi también enseñaron que los que son justos deben ayudar al Señor a establecer Su iglesia y reino, y a reunir al Israel esparcido.

Estos mensajes se han repetido y reafirmado a través de los siglos en todas las dispensaciones. Son la esencia de la restauración del evangelio de Jesucristo en ésta, la dispensación final.

El cautiverio de los judíos y la dispersión de las tribus de Israel, que incluye las diez tribus, son factores doctrinales importantes en la restauración del Evangelio. Las diez tribus perdidas constituían el Reino del Norte de Israel; fueron llevadas cautivas a Asiria en el año 721 a.C. y fueron a los países del norte. Nuestro décimo artículo de fe declara: “Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus”. También creemos que como parte del convenio que el Señor hizo con Abraham, no sólo el linaje de Abraham sería bendecido sino que también serían bendecidas todas las personas de la tierra. Como el élder Russell M. Nelson ha dicho, el recogimiento “no es una cuestión de ubicación física; es un asunto de compromiso individual. Se puede traer a la gente al ‘conocimiento del Señor’ [3 Nefi 20:13] sin que dejen su tierra natal”.

Nuestra doctrina es clara: “El Señor esparció e hizo padecer a las doce tribus de Israel debido a su iniquidad y rebelión; no obstante, también se valió del esparcimiento de Su pueblo escogido entre las naciones del mundo para bendecir a esas naciones”.

Aprendemos valiosas lecciones de este trágico período. Debemos hacer todo lo posible para evitar el pecado y la rebelión que conducen a la servidumbre. Reconocemos también que la vida recta es un requisito previo para ayudar al Señor en el recogimiento de Sus escogidos y en la congregación literal de Israel.

El cautiverio, la subyugación, las adicciones y la servidumbre vienen de muchas formas. Pueden ser esclavitudes físicas, pero también puede ser la pérdida o el deterioro del albedrío moral lo que obstaculice nuestro progreso. Jeremías es claro en cuanto a que la falta de rectitud y la rebelión fueron las principales razones para la destrucción de Jerusalén y para el cautiverio en Babilonia.

Otros tipos de esclavitud son igualmente destructivos para el espíritu humano. Se puede abusar del albedrío moral de muchas maneras. Voy a mencionar cuatro que son particularmente perniciosas en la cultura de hoy.

En primer lugar, las adicciones que afectan el albedrío, contradicen las creencias morales y destruyen la buena salud ocasionan el cautiverio. El impacto de las drogas y el alcohol, la pornografía, los juegos de azar, la subyugación financiera y otras aflicciones, imponen en aquellas personas en cautiverio y en la sociedad una carga de tal magnitud que es casi imposible de cuantificar.

En segundo lugar, las adicciones o predilecciones que, aunque no sean intrínsecamente malas, pueden consumir el preciado tiempo que se nos ha brindado y que bien podría emplearse para lograr objetivos virtuosos. Éstas pueden incluir el uso excesivo de las redes sociales, los juegos de video y los digitales, los deportes, la recreación y muchas otras.

Cómo preservar tiempo para la familia es uno de los problemas más importantes que afrontamos en la mayoría de las culturas. En una época en la que yo era el único miembro de la Iglesia en nuestro bufete de abogados, una abogada me explicó que siempre se sentía como una malabarista tratando de mantener tres pelotas en el aire al mismo tiempo. Una pelota era el ejercicio de su profesión como abogada, otra era su matrimonio y la otra eran sus hijos. Casi había abandonado la idea de tener tiempo para sí misma. Estaba muy preocupada de que una de las pelotas siempre estaba en el piso. Sugerí que nos reuniéramos como grupo y analizáramos nuestras prioridades.

Establecimos que la razón principal por la que trabajábamos era para mantener a nuestras familias. Acordamos en que ganar más dinero no era tan importante como nuestras familias, pero reconocimos que servir a nuestros clientes de la mejor manera posible era esencial. Entonces la conversación se tornó a lo que hacíamos en el trabajo que era innecesario e inconsistente con el dedicar tiempo a la familia. ¿Existía la presión de pasar tiempo que no era esencial en el lugar de trabajo? Decidimos que nuestra meta sería un entorno propicio para la familia, tanto para hombres como para mujeres. Estemos a la vanguardia en lo que respecta a proteger el tiempo para la familia.

En tercer lugar, la mayor subyugación universal en nuestros días, como lo ha sido a través de la historia, son la ideología o las creencias políticas que son incompatibles con el evangelio de Jesucristo. Sustituir la verdad del Evangelio por las filosofías de los hombres puede alejarnos de la sencillez del mensaje del Salvador. Cuando el apóstol Pablo visitó Atenas, trató de enseñar sobre la resurrección de Jesucristo. En Hechos, leemos sobre este esfuerzo: “Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, de ninguna otra cosa se ocupaban, sino en decir o en oír algo nuevo”. Cuando la multitud se dio cuenta de la naturaleza religiosa y sencilla del mensaje de Pablo, que no era algo nuevo, lo rechazaron.

Esto es representativo de nuestros días, donde las verdades del Evangelio son a menudo rechazadas o distorsionadas para hacerlas intelectualmente más atractivas o compatibles con las tendencias culturales y las filosofías intelectuales del momento. Si no tenemos cuidado, estas tendencias pueden atraparnos y colocarnos en el cautiverio intelectual. Ahora mismo hay muchas voces diciéndole a las mujeres cómo vivir. Muchas veces se contradicen entre sí. De particular interés son las filosofías que critican o disminuyen el respeto por las mujeres que deciden hacer los sacrificios necesarios para ser madres, maestras, cuidadoras o amigas de los niños.

Hace unos meses, nuestras dos nietas menores nos visitaron, una cada semana. Yo estaba en casa y abrí la puerta. Mi esposa, Mary, estaba en otra habitación. En ambos casos, después de un abrazo, ellas dijeron casi lo mismo. Miraron a su alrededor y dijeron: “Me encanta estar en casa de la abuela. ¿Dónde está la abuela?” No se lo dije a ellas, pero pensé: “¿No es ésta la casa del abuelo también?”. Sin embargo, me di cuenta de que cuando yo era niño, nuestra familia iba a la casa de la abuela. Me vino a la mente la letra de una canción conocida: “Cruzando el río y atravesando el bosque vamos a casa de la abuela”.

Ahora bien, permítanme decir, sin lugar a dudas, que estoy encantado con la educación y otras oportunidades que están disponibles para las mujeres. Valoro el hecho de que el trabajo agotador y las labores domésticas que se exigían a las mujeres se hayan reducido en gran parte del mundo gracias a las conveniencias modernas, y que las mujeres estén haciendo estas magníficas contribuciones en cada campo de acción. Pero, si permitimos que nuestra cultura disminuya la relación especial que tienen los niños con las madres, las abuelas y otras personas que los crían, lo lamentaremos.

En cuarto lugar, las fuerzas que quebranten los principios religiosos sinceros pueden ocasionar el cautiverio. Una de las formas más ingratas es cuando las personas justas que se sienten responsables ante Dios por su conducta, son forzadas a realizar actividades que perturban su conciencia. Por ejemplo: los profesionales de la salud a quienes se les obliga a elegir entre ayudar con los abortos, contra su conciencia, o perder su empleo.

Los miembros de Iglesia son relativamente una pequeña minoría, aun cuando están vinculados con personas que piensen en forma similar a nosotros. Será difícil cambiar la sociedad en general, pero debemos trabajar para mejorar la cultura moral que nos rodea. Los Santos de los Últimos Días en todos los países deben ser buenos ciudadanos, participar en asuntos cívicos, informarse sobre asuntos políticos y legales, y votar.

Sin embargo, nuestro énfasis primordial siempre debe ser hacer cualquier sacrificio necesario para proteger a nuestra propia familia y a la nueva generación. La gran mayoría de ellos todavía no son esclavos de las adicciones graves o de las falsas ideologías. Debemos ayudar a fortalecerlos contra un mundo que se parece mucho a la Jerusalén en la que Lehi y Jeremías vivieron. Además, debemos prepararlos para hacer y guardar convenios sagrados y para ser los emisarios principales, a fin de ayudar a Jehová a establecer Su iglesia, a recoger al Israel esparcido y a los escogidos del Señor en toda partes. Como dice en Doctrina y Convenios de manera hermosa: “Y acontecerá que los justos serán recogidos de entre todas las naciones, y vendrán a Sión entonando canciones de gozo sempiterno”.

Nuestro desafío es evitar el cautiverio en todas sus formas, ayudar al Señor a reunir a Sus escogidos y sacrificarnos por la nueva generación. Siempre debemos recordar que no nos salvamos a nosotros mismos. Somos liberados mediante el amor, la gracia y el sacrificio expiatorio del Salvador. Cuando la familia de Lehi huyó, la luz del Señor los guió. Si somos fieles a Su luz, seguimos Sus mandamientos y confiamos en los méritos de Él, evitaremos el cautiverio espiritual, físico e intelectual, así como el lamento de andar errantes en nuestro propio desierto, porque Él es poderoso para salvar.

Evitemos la desesperación y el pesar de los que caen en el cautiverio y ya no pueden soportar cantar los cánticos de Sión. En el nombre de Jesucristo. Amén.

El ojo de la fe

Por el élder Neil L. Andersen

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Si seleccionamos y elegimos lo que aceptaremos de la proclamación, nublamos nuestra visión eterna, dando demasiada importancia a nuestra vida aquí y ahora.

Poco antes de Su crucifixión, Jesús fue llevado ante Pilato en el pretorio. “¿Eres tú el Rey de los judíos?”, preguntó Pilato de manera condescendiente. Jesús respondió: “Mi reino no es de este mundo… he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz”.

Pilato le preguntó cínicamente: “¿Qué es la verdad?”.

Hoy en día en el mundo, la pregunta “¿qué es la verdad?” puede ser dolorosamente compleja para las mentes seculares.

Una búsqueda en Google de “¿qué es la verdad?” resulta en más de un millón de respuestas. Disponemos de más información en nuestros teléfonos móviles de la que hay en todos los libros de una biblioteca. Vivimos con una sobrecarga de información y opiniones. Voces tentadoras y seductoras nos acechan por doquier.

Atrapados en la confusión actual, no es de sorprender que muchos se identifiquen con las palabras que Protágoras le dijo al joven Sócrates hace 2500 años: “Lo que es verdad para ti”, dijo él, “es verdad para ti; y lo que es verdad para mí, es verdad para mí”.

La verdad mediante el evangelio restaurado de Jesucristo

Al ser bendecidos con el evangelio restaurado de Jesucristo, nosotros declaramos con humildad que existen ciertas cosas que son total y absolutamente verdaderas. Esas verdades eternas son las mismas para cada hijo e hija de Dios.

Las Escrituras enseñan: “La verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser”. La verdad mira hacia el pasado y hacia el futuro, y expande la perspectiva de nuestro breve presente.

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida”. La verdad nos muestra el camino a la vida eterna, y viene solo mediante nuestro Salvador, Jesucristo. No hay otra manera.

Jesucristo nos enseña cómo debemos vivir y, mediante Su expiación y resurrección, Él nos ofrece el perdón de nuestros pecados y la inmortalidad más allá del velo. Eso es absolutamente verdadero.

Él nos enseña que no es importante si somos ricos o pobres, prominentes o desconocidos, sofisticados o sencillos. En vez de ello, nuestra meta en la mortalidad es buscar fortalecer nuestra fe en el Señor Jesucristo, elegir el bien sobre el mal y guardar Sus mandamientos. Aunque celebramos las innovaciones de la ciencia y la medicina, las verdades de Dios trascienden mucho más allá de esos descubrimientos.

En oposición a las verdades de la eternidad, siempre han existido falsificaciones para apartar a los hijos de Dios de la verdad. Los argumentos del adversario siempre son los mismos. Escuchen esto que se dijo hace 2000 años:

“…no [pueden] saber de las cosas que no ve[n]… No [es] ningún crimen el que un hombre [haga] cosa cualquiera”.

”[Dios no nos bendice, sino que cada persona prospera] según su genio”.

“No es razonable que… tal ser como… Cristo… [sea] el Hijo de Dios”.

“[Lo que ustedes creen es una loca tradición] y un trastorno mental”. ¿Suena como hoy en día, verdad?

Con la restauración del Evangelio, Dios nos ha dado la manera de aprender y conocer verdades espirituales esenciales: las aprendemos por medio de las sagradas Escrituras, de nuestras oraciones personales, de nuestras propias experiencias, del consejo de los profetas y apóstoles vivientes y de la guía del Espíritu Santo, quien nos ayuda a “conocer la verdad de todas las cosas”.

La verdad se ha de discernir espiritualmente

Podemos conocer las cosas de Dios si las buscamos espiritualmente. Pablo dijo: “Nadie conoció las cosas de Dios, a no ser que haya tenido el Espíritu de Dios… porque se han de discernir espiritualmente”.

Contemplen ahora esta obra artística de Michael Murphy. Desde esta perspectiva, difícilmente creerán que se trate de una representación artística del ojo humano. Sin embargo, si observan los puntos desde una perspectiva diferente, apreciarán la belleza de la creación del artista.

De igual modo, nosotros vemos las verdades espirituales de Dios desde la perspectiva del ojo de la fe. Pablo dijo: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Las Escrituras, nuestras oraciones, nuestras propias experiencias, los profetas de nuestros días y el don del Espíritu Santo nos brindan la perspectiva espiritual de la verdad necesaria para nuestra trayectoria terrenal.

La proclamación a través del ojo de la fe

Veamos la proclamación sobre la familia a través del ojo de la fe.

El presidente Gordon B. Hinckley presentó “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” con las siguientes palabras: “Con tanta sofistería que se hace pasar como verdad, con tanto engaño en cuanto a las normas y los valores, con tanta tentación de seguir los consejos del mundo, hemos sentido la necesidad de amonestar y advertir sobre todo ello”.

La proclamación comienza: “Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”.

Estas son verdades eternas. Ni ustedes ni yo somos un accidente de la naturaleza.

Me encantan estas palabras: “En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan”.

Nosotros vivíamos antes de nuestro nacimiento. Nuestra identidad individual está grabada en nosotros para siempre. De maneras que no comprendemos plenamente, nuestro crecimiento espiritual allí, en la vida preterrenal, influye en lo que somos aquí. Nosotros aceptamos el plan de Dios. Sabíamos que en la tierra experimentaríamos dificultades, dolor y pesar. También sabíamos que el Salvador vendría y que, en tanto demostráramos ser dignos, nos levantaríamos en la resurrección, con “aumentada gloria sobre [nuestra] cabeza para siempre jamás”.

La proclamación es clara: “Declaramos que los medios por los cuales se crea la vida mortal son divinamente establecidos. Afirmamos la santidad de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios”.

El plan de nuestro Padre anima a un esposo y su esposa a traer hijos al mundo y nos obliga a hablar en defensa del que no ha nacido.

Los principios de la proclamación están maravillosamente conectados

Si seleccionamos y elegimos lo que aceptaremos de la proclamación, nublamos nuestra visión eterna, dando demasiada importancia a nuestra vida aquí y ahora. Al reflexionar con espíritu de oración sobre la proclamación, mediante el ojo de la fe, comprendemos mejor cómo los principios están hermosamente interconectados, se apoyan el uno al otro y revelan el plan de nuestro Padre para Sus hijos.

¿Debemos realmente sorprendernos cuando los profetas del Señor declaran Su voluntad y algunas personas aún tienen dudas? Por supuesto, algunos rechazan la voz de los profetas de inmediato, pero otras personas meditan con espíritu de oración sus preguntas sinceras, preguntas que se resolverán con paciencia y con el ojo de la fe. Si la proclamación se hubiera revelado en un siglo diferente, seguiría habiendo preguntas, pero serían distintas a las de hoy en día. Uno de los propósitos de los profetas es ayudarnos a resolver preguntas sinceras.

Antes de ser el Presidente de la Iglesia, el presidente Russell M. Nelson dijo: “Los profetas ven con anticipación, ven los dolorosos peligros que el adversario ha colocado o colocará en nuestro camino. Los profetas también prevén las magníficas oportunidades y privilegios que aguardan a quienes escuchan con la intención de obedecer”.

Testifico de la verdad y del poder espiritual de la voz unánime de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce.

El mundo se está apartando

En el transcurso de mi vida, he presenciado un cambio dramático en las creencias del mundo en cuanto a muchos de los principios que se enseñan en la proclamación. Durante mi adolescencia y en los primeros años de casado, muchas personas en el mundo se apartaron de la norma del Señor que llamamos la ley de castidad, que señala que las relaciones sexuales solo deben ocurrir entre un hombre y una mujer legítimamente casados. Cuando tenía entre veinte y treinta y tantos años, muchos abandonaron el principio de brindar protección sagrada al que no ha nacido, y el aborto se volvió más aceptable. En años recientes, muchos se han apartado de la ley de Dios que estipula que el matrimonio es la unión sagrada entre un hombre y una mujer.

Ver como muchos se alejan de los límites que el Señor ha fijado nos recuerda ese día en Capernaúm, cuando el Salvador declaró Su divinidad y, tristemente, “muchos de sus discípulos… ya no andaban con él”.

Entonces el Salvador se volvió a los Doce: “¿También vosotros queréis iros?”.

Pedro respondió:

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

“Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

No todas las situaciones se ajustan a las descritas en la proclamación

Hay muchos jóvenes y personas mayores que son leales y fieles al evangelio de Jesucristo, aun cuando su situación actual no sea precisamente la que se describe en la proclamación sobre la familia: niños cuyas vidas han sido sacudidas por el divorcio; jóvenes cuyos amigos se burlan de la ley de castidad; mujeres y hombres divorciados que han sido heridos profundamente por la infidelidad de su cónyuge; esposos y esposas que no pueden tener hijos; mujeres y hombres cuyo cónyuge no comparte sus creencias en el Evangelio restaurado; mujeres y hombres solteros que por diversos motivos no han podido casarse.

Un amigo mío de hace más de 20 años, a quien admiro mucho, no se ha casado debido a que siente atracción hacia personas de su mismo sexo. Él ha sido fiel a sus convenios del templo, ha desarrollado sus talentos creativos y profesionales, y ha servido noblemente tanto en la Iglesia como a la comunidad. Hace poco él me dijo: “Puedo entender a los que se hallan en mi situación y deciden no guardar la ley de castidad en el mundo en el que vivimos. Sin embargo, ¿no nos pidió Cristo que no seamos ‘del mundo’? Es evidente que las normas de Dios son diferentes a las del mundo”.

Las leyes de los hombres a menudo van más allá de los límites establecidos por las leyes de Dios. Para aquellos que desean agradar a Dios, seguramente necesiten fe, paciencia y diligencia.

Mi esposa, Kathy, y yo conocemos a una hermana soltera que tiene unos cuarenta años; ella es muy talentosa en su vida profesional y sirve valientemente en su barrio. Ella también ha guardado las leyes de Dios. Ella escribió:

“Sueño con el día en el que seré bendecida con un esposo e hijos. Aún lo estoy esperando. A veces, mi situación hace que me sienta olvidada y sola, pero intento no fijarme en lo que no tengo y más bien centrarme en lo que sí tengo y en cómo puedo ayudar a los demás.

“Prestar servicio a mis familiares, en mi barrio y en el templo me ha ayudado. No estoy olvidada ni estoy sola porque formo parte de una familia muy grande, como es el caso de todos nosotros”.

Hay Uno que entiende

Algunos podrán decir: “Usted no entiende mi situación”. Puede que no, pero testifico que hay Uno que sí entiende. Hay Uno que conoce sus cargas por causa de Su sacrificio en el jardín y en la cruz. A medida que lo busquen y guarden Sus mandamientos, les prometo que Él los bendecirá y aligerará las cargas que sean demasiado pesadas para una sola persona. Él les dará amigos eternos y oportunidades de servicio; y lo que es más importante, Él los llenará con el poderoso espíritu del Espíritu Santo y hará descender sobre ustedes su fulgor de aprobación divina. Ninguna elección ni alternativa que nos prive de la compañía del Espíritu Santo o de las bendiciones de la eternidad merece nuestra atención.

Sé que el Salvador vive. Testifico que Él es la fuente de toda verdad que realmente importa y que Él cumplirá todas las bendiciones que ha prometido a quienes guarden Sus mandamientos. En el nombre de Jesucristo. Amén.