¿Calabazas o melones?

Por Rachel Cox

La autora vive en Utah, EE. UU.

Mi padre se sorprendió bastante al descubrir que las semillas de calabaza que había plantado el año anterior habían decidido brotar este verano en medio del sembradío de melones. Los melones estaban creciendo bien; pero las calabazas también. De hecho, las calabazas estaban creciendo tan bien que mi padre estuvo tentado a dejar que siguieran creciendo; sin embargo, sabía que si lo hacía, las calabazas entorpecerían el crecimiento de los melones.

Así que tenía que tomar una decisión: podía arrancar las calabazas para que los melones tuvieran más posibilidades de florecer, o bien dejar crecer las plantas de calabaza y verlas desplazar a las plantas de melón, lo cual seguramente haría que ambas dieran menos fruto. ¿Calabazas o melones? Tenía que elegir entre dos buenas opciones.

Al sopesar las dos, mi padre decidió arrancar las prósperas plantas de calabaza. No solo porque habían germinado tarde, sino que además decidió que deseaba los melones que había planeado más de lo que deseaba las calabazas que habían aparecido por sorpresa.

Esa experiencia me llevó a pensar en las decisiones que tomamos, sobre todo en nuestras relaciones con los demás. Ya sea con nuestra familia, nuestros amigos, nuestro empleador, las personas con las que salimos, o aquella con quien nos casamos, cuando se trata de elegir entre dos buenas opciones en ocasiones es difícil reconocer la opción correcta o la mejor, especialmente cuando queremos evitar tomar malas decisiones. En ocasiones, el miedo a tomar la decisión equivocada nos paraliza, y ese temor nos puede impedir avanzar con fe. Pero la verdad es que, a veces, no hay una decisión equivocada; solo hay una decisión. En su caso, mi padre basó su decisión en lo que él valoraba más. No le agradaba ver morir a las calabazas, pero sabía que lamentaría el daño que causarían a los melones más adelante.

En la vida, algunas de las decisiones que tenemos que tomar a menudo no tienen importancia, por ejemplo: ¿Qué tomaré para desayunar? ¿De qué color me visto hoy? Cuando tengamos que tomar una decisión entre dos cosas buenas, podríamos hacer lo mismo que hizo mi padre y simplemente preguntarnos: “¿Qué es lo que yo valoro más?”, y después tomar la decisión y avanzar con fe, confiando en que el Señor nos corregirá si, de algún modo, estamos en error.

Sin embargo, algunas decisiones sí tienen mucha importancia. El presidente Thomas S. Monson dijo una vez: “Constantemente tenemos decisiones ante nosotros. A fin de tomarlas sabiamente, se necesita valor, el valor para decir no, y el valor para decir sí. Las decisiones  determinan nuestro destino” (“Los tres aspectos de las decisiones”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 68). Cuando afrontamos ese tipo de decisiones, una pregunta mejor que podemos hacernos es: “¿Qué es lo que el Señor valora más?”. Si sabemos la respuesta a esa pregunta, todo lo que tenemos que hacer es alinear nuestros valores con los Suyos y luego actuar de acuerdo con esa decisión; siempre será la correcta.

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Cómo conversar con los jóvenes sobre la pornografía.

Por Dan Gray

Trabajador social clínico titulado

Si los padres y los líderes del sacerdocio hablan abiertamente con los jóvenes sobre cuestiones íntimas, sabrán ayudarles a comprender y a evitar los peligros espirituales, emocionales y físicos de la pornografía.

En la actualidad, los los jóvenes sufren un bombardeo de imágenes explícitas, en su mayoría carnales y lascivas, pero dada la naturaleza compleja y delicada de la temática sexual, muchos padres tienen grandes reservas o vergüenza de abordar este tema con sus hijos. En consecuencia, muchos jóvenes son instruidos por amigos con nociones equivocadas o por medios de comunicación y entretenimiento corruptos que suelen conducirles a desarrollar una perspectiva errónea de la sexualidad. A su vez, esas perspectivas pueden conducir a conductas inapropiadas.

Deseamos enseñar a nuestros hijos la ley de castidad y ayudarles a evitar el dolor de la inmoralidad. Entonces, ¿qué pueden hacer los padres y los líderes del sacerdocio? Es preciso hablar con los jóvenes de la naturaleza sagrada de las relaciones íntimas del ser humano y ayudarles a entender y a refrenar los sentimientos relacionados con éstas.

Si tan sólo hablamos del uso incorrecto de la sexualidad, los jóvenes pueden crecer inseguros e inestables, y puede que estemos transmitiéndoles el siguiente mensaje confuso: “Los pensamientos y sentimientos sexuales son malos, pecaminosos e incorrectos… excepto si los orientas hacia alguien a quien amas”. Los jóvenes que sólo reciben mensajes negativos sobre la sexualidad tal vez lleguen a la siguiente conclusión: “Si los sentimientos y los impulsos sexuales son malos, y yo los tengo intensamente, entonces es que también yo soy malo”. Esa forma de pensar puede derivar en sentimientos de baja autoestima, falta de dignidad y vergüenza, haciendo que el joven se sienta alejado del Espíritu.

El hablar abiertamente al respecto puede arrojar mucha luz sobre esta confusión. Al hablar con los jóvenes de la naturaleza sagrada de nuestro cuerpo y de la procreación, seremos capaces de ayudarles a comprender y a evitar los peligros espirituales, emocionales y físicos de la pornografía.

La naturaleza sagrada de nuestro cuerpo

Los medios de comunicación suelen ofrecer una imagen poco realista de la apariencia que debería tener nuestro cuerpo y lo que representa. Esa imagen lleva a la gente a considerar el cuerpo como un objeto más que como una parte del alma de la persona. Aceptar esa imagen puede llevar incluso a adorar el “cuerpo perfecto” o, cuando no se está a la altura de esas expectativas, al autodesprecio.

En vez de dejar que los medios de comunicación enseñen a nuestros jóvenes esta destructiva idea mundana, enseñémosles que el cuerpo, en todas sus variedades, es maravilloso, un don de Dios creado para brindarnos gozo y realización. En 1913, el élder James E. Talmage (1862–1933), del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “Se nos ha mandado… considerar nuestro cuerpo como un don de Dios. Nosotros, los Santos de los Últimos Días, no creemos que el cuerpo sea algo que haya que condenar, algo que debamos aborrecer… Para nosotros [el cuerpo] es el símbolo de nuestra primogenitura real… Es inherente a la teología de los Santos de los Últimos Días que consideremos el cuerpo como una parte esencial del alma” 1 . Este entendimiento permite a los jóvenes tratar con gran respeto tanto sus cuerpos como el cuerpo de los demás.

El élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, aludió también a la naturaleza sagrada del cuerpo:

“Simplemente debemos entender la doctrina revelada y restaurada de los Santos de los Últimos Días respecto al alma, así como la importantísima y esencial función que el cuerpo tiene en esa doctrina.

“Una de las verdades ‘claras y preciosas’ restauradas en esta dispensación es la de que ‘el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre’ [D. y C. 88:15; cursiva agregada]…

“…La explotación del cuerpo (por favor, incluyan también aquí la palabra alma) es, en última instancia, una explotación de Aquel que es la Luz y la Vida del mundo” 2 .

Nuestra sexualidad: Un don

Además de haber sido bendecidos con un cuerpo físico, tenemos también el sagrado poder de la procreación. Nuestro Padre Celestial ha autorizado el acto de la expresión sexual en el matrimonio y permite a las parejas casadas experimentar placer, amor y satisfacción en esa expresión. El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) declaró: “Dentro de los lazos del matrimonio legal, la intimidad de las relaciones sexuales está bien y cuenta con la aprobación divina. No hay nada impuro ni degradante en la sexualidad de por sí, puesto que por ese medio el hombre y la mujer se unen en un proceso de creación y en una expresión de amor” 3 . Nuestros impulsos sexuales, cuando se expresan de manera apropiada, deben verse como dones maravillosos y sagrados.

El presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, habló de este tema con los jóvenes de la Iglesia. Su poderoso discernimiento al respecto permite a los padres enseñar a sus hijos sobre la naturaleza sagrada de esos poderes:

“Se había proporcionado a nuestro cuerpo —y esto es sagrado— un poder de creación, una luz, por así decirlo, que tiene el poder de encender otras luces. Ese don debía utilizarse solamente dentro de los sagrados lazos del matrimonio. Mediante el ejercicio de ese poder de creación, se puede concebir un cuerpo mortal, en el cual entra un espíritu, y así nace en esta vida un alma nueva.

Ese poder es bueno. Puede crear y sostener la vida familiar y es en ella donde encontramos las fuentes de la felicidad. Se da prácticamente a todo ser mortal que nace. Es un poder sagrado e importante; y repito, mis jóvenes amigos, que es un poder bueno

“Gran parte de la felicidad que pueden recibir en su vida dependerá del uso que hagan del sagrado poder de la creación”.

Los dañinos efectos de la pornografía

La pornografía es una de las cosas que pueden corromper ese sagrado poder. El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho de su consumo: “La mente de los jóvenes se distorsiona con conceptos falsos. El ver [pornografía] de continuo lleva a una adicción de la que es casi imposible desprenderse” 5 .

Muchas personas, incluso algunos asesores profesionales, excusan y hasta aprueban el consumo de pornografía como una conducta exenta de perjuicios. La justifican diciendo que es “normal” y que no encierra peligro alguno cuando se realiza en una situación de aislamiento y en privado. Ese mismo raciocinio se emplea como excusa para la consiguiente práctica de la autoestimulación. ¿Qué respondemos entonces al joven que nos pregunta: “Qué hay de malo en la pornografía y la autoestimulación”? Los cuatro pensamientos que figuran a continuación pueden resultarnos útiles para abordar este punto.

La pornografía profana las almas por las que expió Jesucristo.El cuerpo forma parte del alma; de ahí que cuando contemplamos el cuerpo de otra persona para satisfacer nuestros deseos lascivos, estamos faltándole al respeto y profanando el alma misma de esa persona, así como la nuestra propia. El élder Holland nos advirtió de las consecuencias de justificar estas cosas o de tomarlas a la ligera: “Al restarle importancia al alma de otra persona (por favor, incluyan también aquí la palabra cuerpo), trivializamos la Expiación, sacrificio que salvó a esa alma y le garantiza una existencia eterna. Cuando se juega con el Hijo de Rectitud, Estrella de la Mañana, se juega con calor blanco y con una llama más caliente y brillante que el del sol al mediodía. No es posible obrar así sin quemarse” 6 . La pornografía profana y degrada tanto el cuerpo como el espíritu. Debemos respetar nuestra naturaleza sagrada y la de las demás personas.

La pornografía puede impedirnos alcanzar el máximo potencial de nuestra alma. Nuestro Padre Celestial es el creador de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu; Él sabe cómo funcionan mejor juntos; Él sabe qué cosas nos ayudarán a alcanzar nuestro potencial y cuáles detendrán nuestro progreso. Él sabe qué debemos darle al cuerpo y de qué debemos abstenernos. Los profetas nos han enseñado que el permitir que entren en a la mente imágenes pornográficas provoca daños al espíritu y que, al obrar así, ponemos en peligro nuestra capacidad para ser felices y tener gozo. Si, en cambio, obedecemos las instrucciones del Señor, tanto las que se hallan en las Escrituras como las que nos dan los profetas, podremos experimentar el máximo potencial de nuestra alma.

La pornografía llega a ser adictiva. El repetido consumo de pornografía, especialmente cuando va de la mano con la autoestimulación, puede convertirse en un hábito y llegar a ser adictivo. La adicción se materializa cuando la persona llega a depender del flujo de sustancias químicas que el cuerpo crea cuando se consume pornografía. El consumidor de pornografía aprende a depender de esa actividad a fin de huir de los problemas de la vida, o para hacerles frente y encarar los generadores de la tensión emocional como el dolor, la ira, el aburrimiento, la soledad o el cansancio. Esa dependencia llega a ser un vicio muy difícil de abandonar y en ocasiones culmina en relaciones sexuales fuera de los vínculos del matrimonio.

La pornografía crea expectativas dañinas para el matrimonio.Cuando una persona consume pornografía y se excita, el cuerpo experimenta el mismo tipo de excitación que el de un verdadero encuentro sexual. Si esa conducta se repite con frecuencia, el cuerpo y la mente quedan condicionados por determinadas imágenes y comportamientos, los que pueden derivar en expectativas dañinas e irreales de lo que debiera ser una relación sexual. Tales expectativas afectan también al matrimonio, creando dolor, desconfianza, conflictos, confusión y la traición de la confianza que debería existir entre los cónyuges.

Virtud incesante

El Señor ofrece enormes bendiciones a las personas que tienen pensamientos limpios y virtuosos acompañados de caridad: “Deja también que tus entrañas se llenen de caridad para con todos los hombres, y para con los de la familia de la fe, y deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo. El Espíritu Santo será tu compañero constante” (D. y C. 121:45–46).

¿Cómo es posible engalanar nuestros pensamientos “incesantemente”? Las personas que logran vencer los pensamientos y las conductas inapropiados son aquellas que aprenden a ocupar su tiempo en rutinas virtuosas y diarias, entre las cuales podrían incluirse:

  • Escuchar música edificante.

  • Disfrutar de las creaciones de Dios en la naturaleza.

  • Conservar el cuerpo limpio y sano.

  • Leer las Escrituras y buenos libros.

  • Divertirse con los familiares y los buenos amigos.

  • Participar en conversaciones que no sean denigrantes ni subidas de tono.

  • Dar gracias en oración y suplicar el poder para resistir la tentación.

  • Rodearnos de cosas virtuosas en nuestro hogar y en el centro de trabajo, como pueden ser fotos, láminas, regalos de nuestros seres queridos, cosas que nos hagan reír o que nos recuerden cosas memorables.

Todas estas cosas pueden convertirse en símbolos de virtud que ayudarán a nuestra mente a permanecer centrada y ser menos susceptible a los antojos del hombre natural. Si los jóvenes logran aprender estas cosas y a ponerlas en práctica en su diario vivir, comenzarán a experimentar las bendiciones increíbles de las que se habla en Doctrina y Convenios 121.

También es esencial que entiendan que todos tenemos debilidades que debemos superar. La debilidad no nos hace indignos del amor de Dios; de hecho, el superar la debilidad forma parte del plan de Dios para nosotros. Cuando el Señor nos señala nuestras debilidades y seguimos Su directiva de ser humildes y sumisos (en vez de desanimarnos y perder toda esperanza), comienzan a ocurrir cosas maravillosas. Entonces podremos entregar nuestro corazón al Señor con fe. Entonces, por medio de Su gracia y poder —y no únicamente mediante nuestra fuerza de voluntad— Él “[hará] que las cosas débiles sean fuertes” (Éter 12:27) para nosotros.

No se nos dice que Él vaya a quitarnos nuestras debilidades. Tal vez sigamos siendo tentados y atribulados por ellas, pero si somos humildes y nos mantenemos fieles, el Señor nos ayudará a resistir las tentaciones.

Si algún joven tiene problemas con la pornografía, debe saber que no está perdido, que nosotros y el Señor aún lo amamos y que hay una salida. El presidente Hinckley ha dicho: “[Suplique] al Señor desde lo más profundo de su alma que Él le quite la adicción que le ha esclavizado. Y ruego que tenga la valentía de buscar la amorosa guía de su obispo y, de ser preciso, la asesoría de humanitarios profesionales” 7 . Nuestros jóvenes no deben sentirse avergonzados por tener que buscar ayuda de los padres, del sacerdocio o profesional.

Los padres y los líderes debemos estar más presentes en la vida de nuestros jóvenes y esforzarnos por crear un entorno seguro para ellos. Debemos ser valientes al comunicarnos con ellos sobre estas importantes cuestiones, y alentarlos a aferrarse a los principios del Evangelio y a fortalecerse contra los poderes del adversario. Debemos ser conscientes de las actividades de los jóvenes y supervisarlas —entre las que debemos describir el uso que hagan de Internet— y hablar abiertamente con ellos sobre las bendiciones y los peligros de la sexualidad humana, escucharles y ofrecerles dirección y guía asentada en el Evangelio.

Por supuesto no compartimos relatos personales de nuestras experiencias íntimas; pero si nos valemos de los principios abordados en este artículo, podremos ayudar a los jóvenes a entender con claridad el poder y el potencial de los impulsos sexuales que tengan.

Aún más importante que todo ello es que seamos un ejemplo para nuestros jóvenes. Ellos observan cómo lidiamos con las influencias negativas y necesitan saber que nosotros sabemos que la influencia del adversario no es rival para el poder divino y la influencia del Señor, en quien depositamos nuestra confianza.

Ayuda para superar la pornografía

Deja que la virtud engalane tus pensamientos es un nuevo folleto diseñado para ayudar a las personas que tengan problemas con la pornografía. Habla sobre cómo:

  • Reconocer los medios de comunicación dañinos.

  • Resistir y evitar la tentación de la pornografía.

  • Abandonar las adicciones a la pornografía.

En Deja que la virtud engalane tus pensamientos (artículo 00460 002) hay una lista de pasajes de las Escrituras y de materiales de consulta de la Iglesia sobre el arrepentimiento, la santidad del cuerpo y cómo vencer las influencias mundanas. Los líderes de la Iglesia y los miembros de las familias pueden compartir este folleto con aquellos seres queridos que tengan problemas con la pornografía.

Referencias

  1. En Conference Report, octubre de 1913, pág. 117.
  2.  Of Souls, Symbols, and Sacraments, 2001, págs. 11, 13.
  3.  The Teachings of Spencer W. Kimball, edición de Edward L. Kimball, 1982, pág. 311.
  4.  “Why Stay Morally Clean,” Ensign, julio de 1972, pág. 111; cursiva agregada.
  5.  “Un mal trágico entre nosotros”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 61.
  6.  Of Souls, Symbols and Sacraments, pág. 13.
  7.  Liahona, noviembre de 2004, pág. 62.