Ser 100 por ciento responsables.

Este discurso por ser un poco largo y para que tengan un poco de tiempo para digerirlo, he decido dividirlo en 2 partes, esta es la primera parte, la siguiente la publicare el próximo jueves.

Disfrutenlo.

 Lynn G. Robbins de la Presidencia de los Setenta: Semana de la Educación de BYU, 22 de agosto de 2017

 

Hermanos y hermanas, agradezco estar con ustedes en esta sesión de apertura de la Semana de la Educación de BYU 2017. El tema de este año se tomó de Doctrina y Convenios 50:24, con especial hincapié en estas palabras: “Y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz”.

  1.  Abordaré el tema desde otro ángulo al exponer e ilustrar algunas maneras astutas y eficaces que usa el “inicuo” para impedir que las personas progresen y reciban más luz (D. y C. 93:39).
  • El albedrío y la responsabilidad
  • La misericordia y la justicia
  • La fe y las obras

Muchos principios del Evangelio vienen en pares, o sea que son incompletos el uno sin el otro. Hoy quisiera hablar de estos pares doctrinales:

  1. Cada vez que Satanás logra dividir los pares doctrinales, causa estragos en el ser humano. Esa es una de sus estrategias más astutas para impedir que las personas reciban más luz.

Todos sabemos que la fe sin obras en realidad no es fe (véase Santiago 2:17). Me concentraré en los otros dos pares doctrinales: primero, para ilustrar cómo el eludir la responsabilidad afecta el albedrío; y, segundo, la forma en que el negar la justicia, como se explica en el Libro de Mormón (véase Alma 42:30), afecta la misericordia.

El Libro de Mormón nos enseña que somos agentes a fin de “actuar… y no para que se actúe sobre [nosotros]” (2 Nefi 2:26), o a fin de ser “libres para obrar por [nosotros] mismos” (2 Nefi 10:23). Esa libertad para escoger no fue una dádiva parcial, sino un albedrío completo y total en un 100 por ciento. Fue absoluto en el sentido de que el Padre Perfecto nunca fuerza a Sus hijos. Él nos muestra la senda e incluso nos manda, aunque, “no obstante, [podemos] escoger según [nuestra] voluntad, porque [nos] es concedido” (Moisés 3:17).

  1. Asumir la responsabilidad y rendir cuentas de nuestras decisiones son principios complementarios del albedrío (véase D. y C. 101:78). La responsabilidad consiste en reconocernos como la causa de los efectos o resultados de nuestras decisiones, ya sean malas o buenas. La parte negativa es siempre asumir las consecuencias de las malas decisiones.

A excepción de los que son inocentes, como los niños y los que tienen discapacidades mentales, la doctrina del Evangelio enseña que cada persona es responsable del uso de su albedrío y que “será [castigada] por sus propios pecados” (Artículos de Fe 1:2)1. No solo es un principio celestial, sino una ley natural, ya que cosechamos lo que sembramos.

Es pues por lógica, que el albedrío completo y total conlleva una responsabilidad completa y total:

Así pues, recordad, recordad, mis hermanos, que el que perece, perece por causa de sí mismo; y quien comete iniquidad, lo hace contra sí mismo; pues he aquí, sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos; pues he aquí, Dios os ha dado el conocimiento y os ha hecho libres [Helamán 14:30, énfasis añadido].

  1. EL PRINCIPIO DE KORIHOR: SEPARAR EL ALBEDRÍO DE LA RESPONSABILIDAD

Una de las estrategias más astutas de Satanás para tomar control de nuestro albedrío no es atacarlo de manera frontal, sino atacar sigilosamente la responsabilidad por la espalda. Sin la responsabilidad, se podría hacer mal uso de todos los dones de Dios para fines malignos. Por ejemplo: sin la responsabilidad, la libertad de expresión se podría usar para crear pornografía y protegerla. Los derechos de la mujer se podrían distorsionar para justificar abortos innecesarios. Cada vez que el mundo separa la elección de la responsabilidad, se genera anarquía y guerra de voluntades o de situaciones donde sobrevive el más fuerte. Al albedrío sin responsabilidad podría llamársele el principio de Korihor, como leemos en el libro de Alma: que “todo hombre conquistaba según su fuerza; y no era ningún crimen el que un hombre hiciese cosa cualquiera” (Alma 30:17, énfasis añadido). Al eliminar las consecuencias negativas, el albedrío no tiene freno, como si no hubiera día del juicio.

  1. EL PRINCIPIO DE NEHOR: NEGAR LA JUSTICIA

Si Satanás no logra separar totalmente el albedrío de la responsabilidad, uno de sus planes secundarios es adormecer el sentido de la responsabilidad; a lo cual podría llamársele el principio de Nehor, que también se halla en el libro de Alma: “que todo el género humano se salvaría en el postrer día, y que no tenían por qué temer ni temblar… porque el Señor había creado a todos los hombres, y también los había redimido a todos; y al fin todos los hombres tendrían vida eterna” (Alma 1:4).

  1. ¡Qué oferta tan atractiva para los que procuran la felicidad en la iniquidad! El principio de Nehor depende totalmente de la misericordia y niega la justicia, lo cual separa el segundo par doctrinal mencionado. Negar la justicia va de la mano con eludir la responsabilidad. En sí, son lo mismo. Una estrategia común de los anticristos que aparecen en el Libro de Mormón era separar el albedrío de la responsabilidad. “Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados” (2 Nefi 28:8).

La fe sin obras, la misericordia sin justicia y el albedrío sin responsabilidad son estrofas distintas de la misma seductora y condenatoria canción. Con cada una, el hombre natural rechaza la responsabilidad en su afán de sedar su conciencia. Es similar a la práctica del siglo XVI de pagar por las indulgencias, pero mucho más fácil, ¡ya que esta es gratis!2 No es de extrañar que la senda ancha esté llena de gente. Esa senda es un recorrido libre de culpas hacia la salvación, aunque, en realidad, es un atajo hábilmente disfrazado que lleva a la destrucción (3 Nefi 14:13).

El albedrío sin responsabilidad es una de las principales doctrinas de los anticristos, ya que su naturaleza es astuta y sus resultados sumamente destructivos.

  1. LA LISTA DE LA ANTIRRESPONSABILIDAD

Veamos una lista de cosas con las que Satanás tienta a las personas para que las digan o hagan a fin de que no  asuman responsabilidad. La lista no es exhaustiva, pero creo que contiene las tácticas más comunes.

  1. Culpar a los demás: Saúl tomó con rebeldía el botín de guerra de los amalekitas; y, cuando Samuel lo afrontó, le echó la culpa al pueblo (véase 1 Samuel 15:21).
  2. Racionalizar o justificar: Saúl luego justificó su desobediencia al afirmar que las ovejas y vacas se habían apartado para “sacrificarlas a Jehová” (1 Samuel 15:21; véase también el versículo 22).
  3. Poner excusas: Hay una gran variedad de
  4. Minimizar el pecado o restarle importancia: Esto es exactamente lo que Nehor defendía (véase Alma 1:3–4).
  5. Ocultar: Es una técnica común para esquivar. Satanás la utilizó con Adán y Eva después de que comieron del fruto prohibido (véase Moisés 4:14).
  6. Disimular: El disimular va de la mano con el ocultar, que es lo que David intentó hacer para encubrir su aventura con Bestsabé (véase 2 Samuel 12:9, 12).
  7. Huir de la responsabilidad: Es lo que Jonás intentó hacer (véase Jonás 1:3).
  8. Abandonar la responsabilidad: Abandonar la responsabilidad es similar a huir de ella. Un ejemplo es cuando Coriantón abandonó su ministerio para ir detrás de la ramera Isabel (véase Alma 39:3).
  9. Negar o mentir: “Y Saúl le dijo… yo he cumplido la palabra de Jehová. Samuel entonces dijo: ¿Pues, qué es este balido de ovejas que suena en mis oídos…?” (1 Samuel 15:13–14).
  1. Rebelarse: Luego, Samuel reprendió a Saúl por rebelión. “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23).
  2. Quejarse y murmurar: Aquel que se rebela también se queja y murmura: “Y se quejaron contra Moisés… todos los hijos de Israel; y… [dijeron]… ¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto!” (Números 14:2).
  3. Buscar a un culpable y enojarse: Estas dos son excusas, como ésta de Laman y Lemuel: “¿Cómo es posible que el Señor entregue a Labán en nuestras manos? He aquí, es un hombre poderoso, y puede mandar a cincuenta, sí, y aun puede matar a cincuenta; luego, ¿por qué no a nosotros?” (1 Nefi 3:31). Satanás la utilizó con Adán y Eva después de que comieron del fruto prohibido (véase Moisés 4:14).  la palabra de Jehová. Samuel entonces dijo: ¿Pues, qué es este balido de ovejas que suena en mis oídos…?” (1 Samuel 15:13–14). rebelión. “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). paralelas, como lo describe Nefi: “Y aconteció que Lamán se irritó conmigo y también con mi padre; y lo mismo hizo Lemuel” (1 Nefi 3:28).
  4. Exigir y sentirse con derecho: “No queremos que nuestro hermano menor nos gobierne. Y aconteció que Lamán y Lemuel me tomaron y me ataron con unas cuerdas, y me maltrataron mucho” (1 Nefi 18:10–11).
  5. Dudar, perder las esperanzas y darse por vencido: “Nuestro hermano está loco… pues no creyeron que yo era capaz de construir un barco” (1 Nefi 17:17–18).
  6. Deleitarse en la autocompasión y hacerse la víctima: “He aquí, hemos padecido en el desierto estos muchos años; y durante este tiempo hubiéramos podido disfrutar de nuestras posesiones y de la tierra de nuestra herencia; sí, y hubiéramos podido ser dichosos” (1 Nefi 17:21).
  7. Ser indecisos o tener aletargamiento espiritual: Lo irónico con ser indeciso es que si uno no toma una decisión a tiempo, el tiempo tomará una decisión por nosotros.
  8. Dejar las cosas para después: Dejar las cosas para después va de la mano de la indecisión. “Mas he aquí, vuestros días de probación ya pasaron; habéis demorado el día de vuestra salvación hasta que es eternamente tarde ya” (Helamán 13:38).
  9. Permitir que el miedo nos domine: También se relaciona con el ocultar: “Y tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra… Y respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente” (Mateo 25:25–26).
  10. Habilitar: Un ejemplo de habilitar o ayudar a que Lamán se irritó conmigo y también con mi padre; y lo mismo hizo Lemuel” (1 Nefi 3:28). alguien a fin de eludir una responsabilidad es cuando Elí no disciplinó a sus hijos por sus graves pecados y el Señor lo reprendió: “¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y… honrado a tus hijos más que a mí…?” (1 Samuel 2:29; véanse también los versículos 22–36).
  1. Si se considera esta lista con Lamán y Lemuel en mente, podemos ver que ellos hacían casi todo lo que hay en ella. Fue esta lista la que destruyó a Lamán y Lemuel, y es sumamente peligrosa.

Si leemos Primer y Segundo Nefi solo podemos imaginarnos lo difícil que fue para la familia de Lehi abandonar su hogar, obtener las planchas de bronce, acampar durante ocho años en el desierto y construir un enorme barco. La responsabilidad que la familia afrontó fue tremenda. No obstante, por difícil que haya sido, “la dificultad es la excusa que la historia nunca acepta”3, como se ilustra de forma gráfica en el caso de Lamán y Lemuel.

Las situaciones difíciles son la prueba de nuestra fe, para ver si seguiremos adelante con un corazón que cree (véase D. y C. 64:34) o con uno que duda (D. y C. 58:29), si acaso. En una situación difícil se revela el carácter de la persona y este se fortalece, como en el caso de Nefi, o se debilita y se corrompe, como en el caso de Lamán y Lemuel, quienes personifican lo que significa ser irresponsable (véase Alma 62:41)

  1. LAS EXCUSAS NO EQUIVALEN A RESULTADOS

Es importante saber que las excusas nunca equivalen a resultados. En el caso de Lamán y Lemuel, con todas las excusas nunca habrían obtenido las planchas de bronce. La razón por la cual Nefi obtuvo las planchas y Lamán y Lemuel no, es porque Nefi nunca acudió a la lista de antirresponsabilidad. Él era un paladín y los paladines no acuden a esa lista. Como dijo el élder David B. Haight del Cuórum de los Doce: “El hombre determinado encuentra la manera, el otro encuentra una excusa”4.

Si la lista de antirresponsabilidad es tan peligrosa, ¿por qué tantos acuden a ella a menudo? Porque el hombre natural es irresponsable por naturaleza y acude a la lista como mecanismo de defensa a fin de evitar la vergüenza, el estrés, la ansiedad, el dolor y las consecuencias negativas de los errores y del pecado. En lugar de arrepentirse para eliminar la culpabilidad, sosiega esta con excusas. Le da un falso sentido el hecho de que la culpa sea del entorno o de otra persona, y por tanto no tiene necesidad de arrepentirse.

La lista de antirresponsabilidad también podría llamarse la lista antife porque para en seco el progreso. Cada vez que Satanás tienta a alguien para que eluda la responsabilidad, esa persona sutilmente renuncia a su albedrío porque ya no está en control ni puede “actuar”. Más bien, se convierte en un objeto sobre el que se actúa y Satanás toma el control de su vida con astucia.

  1. LA DIFERENCIA ENTRE PONER UNA EXCUSA Y DAR UNA RAZÓN

Cabe señalar que de vez en cuando todos fracasamos en nuestro afán de lograr el éxito, así como Nefi y sus hermanos fracasaron en sus dos primeras idas a Jerusalén para obtener las planchas. Sin embargo, los valientes asumen la responsabilidad de sus errores y pecados. Se arrepienten, se levantan y siguen hacia adelante con fe. Quizá den una explicación o un motivo de su fracaso, pero no ponen excusas.

A primera vista, podría parecer como que Adán culpó a Eva cuando dijo: “La mujer que tú me diste”. No obstante, cuando enseguida agregó “y yo comí”, se nos da a entender que asumió la responsabilidad de sus actos y que estaba dando una explicación, no culpando a Eva. Eva, a su vez, dijo: “Y yo comí” (Moisés 4:18–19; véanse también los versículos 17–20; 5:10–11).

  1. EL PODER Y LA RECOMPENSA DE SER RESPONSABLE

Acudir a la lista de antirresponsabilidad es un acto de autotraición, ya que se pierden las esperanzas en uno mismo y en los demás. En las siguientes anécdotas, observen cómo el acudir a la lista de antirresponsabilidad es contraproducente, aun si uno tiene la razón.

  1. Anécdota 1: Responsabilidad al 100 por ciento en el centro de distribución

En 1983, abrí con unos socios una empresa que impartía seminarios sobre gestión del tiempo, y elaboraba y vendía agendas impresas.

Si eran seminarios para empresas, enviábamos a consultores a la sede de estas, para que impartieran el seminario. Antes del seminario, dos empleados de nuestro centro de distribución preparaban y enviaban varias cajas de materiales, con agendas impresas, carpetas y formularios. También se incluía la guía de los participantes que era de unas cien páginas con citas, hojas de ejercicios, gráficos e ilustraciones.

Los dos empleados del centro de distribución enviaban los materiales del seminario diez días antes del mismo. Al momento en que ocurrió el siguiente incidente impartíamos unos 250 seminarios al mes. Debido a la cantidad de envíos, los dos empleados con frecuencia cometían errores, como no enviar cantidades suficientes, omitir ciertos materiales o no hacer el envío a tiempo. Para los consultores, esto se volvió motivo de vergüenza y frustración.

  1. Al presentarse problemas, la división de seminarios me enviaba una queja, ya que yo supervisaba el centro de distribución. Al hablar con esos dos empleados sobre errores y mejoras en el sistema, ellos nunca asumían la responsabilidad de los errores. Siempre culpaban a los demás y decían: “No es culpa nuestra. La división de seminarios llenó mal la solicitud de materiales y nosotros hicimos el envío tal y como ellos lo indicaron. Es culpa de ellos. ¡No nos culpe a nosotros!”. O bien, decían: “Hicimos el envío a tiempo, pero la empresa de encomiendas se retrasó. ¡No nos culpe a nosotros!”. Otra excusa era: “La subsidiaria de las carpetas envió los juegos individuales con errores y los enviamos como se nos entregaron. Es culpa de ellos”. Era como si estos dos empleados nunca eran responsables de los errores, así que seguían cometiéndose.

Entonces sucedió algo crucial. La directora de capacitación de una empresa grande multinacional asistió a uno de los seminarios y nos invitó a impartir un seminario piloto a sus cincuenta ejecutivos. El día del seminario, el consultor llegó, abrió las cajas de materiales y se dio cuenta de que las guías del seminario no estaban. Así que, ¿cómo iban a seguir y tomar notas los participantes? La directora de capacitación se llenó de pánico. Nuestro consultor hizo lo mejor que pudo para que cada participante recibiera un bloc para escribir a lo largo del día y el seminario se ofreció razonablemente bien, a pesar de la falta de guías.

  1. La directora llamó a nuestra división de seminarios llena de vergüenza y de furia, y dijo: “¡Nunca volverán a dar un seminario aquí! ¿Cómo pudieron cometer un error tan vergonzoso e imperdonable con el seminario piloto?”.

El vicepresidente de nuestra división de seminarios me llamó enfadado y dijo: “Esto es el colmo. Vamos a perder una cuenta de un millón de dólares por los errores del centro de distribución. ¡No podemos tolerar ni un error más!”.

Por ser uno de los dueños de la empresa, yo tampoco podía tolerar más errores. Al mismo tiempo, tampoco quería despedir a esos dos padres de familia. Tras pensar en soluciones, decidí implementar un sistema de incentivos para motivar a los dos empleados a ser más cuidadosos. Por cada envío que hicieran correctamente, recibirían un dólar adicional, o sea la posibilidad de recibir 250 dólares más al mes, con la esperanza de que prestaran más atención. No obstante, si cometían un error, una multa de un dólar no era una gran pérdida.

Por lo tanto, agregué dos bonificaciones de 100 dólares si no cometían errores. Por el primer error no solo perdían un dólar, sino la primera bonificación de 100 dólares. Si cometían un segundo error, perdían la segunda bonificación de 100 dólares.

  1. También les dije que si había un error, sin importar donde se produjera, perderían su bonificación, y que ellos eran 100 por ciento responsables de los envíos.

“No es justo”, me respondieron. “¿Qué pasa si la división de seminarios llena incorrectamente la solicitud de materiales, y, sin saberlo, hacemos el envío con los errores de ellos?”

Yo les dije: “Pierden su bonificación. Ustedes son 100 por ciento responsables de que el envío llegue bien”.

“¡No es justo! ¿Y si hacemos el envío a tiempo pero lacompañía de encomiendas se demora?”.  “Pierden su bonificación. Ustedes son 100 por ciento responsables”.

“¡No es justo! ¿Y si la división de carpetas comete errores al preempacar los juegos para los seminarios? ¡No nos pueden culpar de los errores de ellos!”.

“Pierden su bonificación”, les respondí nuevamente. “Ustedes son 100 por ciento responsables de que el envío llegue bien. ¿Me explico?”.

“¡No es justo!”.

“Quizá no parezca justo, pero así es la vida. Ustedes  pierden su bonificación”.

  1. Lo que hice fue eliminar la lista de antirresponsabilidad para que no fuera una opción. Ellos ahora entendían que ya no podían culpar a los demás, poner excusas ni justificar errores, aun si la culpa era de alguien más.

Fue fascinante observar lo que sucedió. Cuando recibían un pedido de la división de seminarios, llamaban a esta para verificar cada artículo del formulario. Asumieron la responsabilidad de corregir todo error que cometiera la división de seminarios. Leían los documentos de la compañía de encomiendas para asegurarse de que tuvieran la fecha de entrega correcta. Marcaban las cajas de los pedidos “una de siete”, “dos de siete”, etc., y escribían en cada una el contenido.

Comenzaron a hacer los envíos tres o cuatro días antes de lo que anteriormente acostumbraban. Unos días antes de un seminario llamaban al cliente para verificar que había recibido el envío y su contenido. Si habían omitido algo, tenían tres o cuatro días de margen para enviar los artículos faltantes por entrega inmediata. Los errores dejaron de cometerse y los empleados comenzaron a recibir bonificaciones mes tras mes. Les cambió la vida el hecho de aprender el poder, el control y la gratificación que se reciben al ser 100 por ciento responsables.

Lo que aprendieron es que al echarles la culpa a los demás entregaban el control del éxito del envío a los demás, como la división de seminarios o la compañía de encomiendas.

También aprendieron que las excusas nos impiden tomar el control de nuestra vida y que es contraproducente culpar a los demás, poner excusas o justificar los errores, ¡incluso si se tiene la razón! Al hacer cualquiera de esas cosas contraproducentes, se pierde el control de los resultados positivos que se buscan en la vida.

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