Finanzas: Avena, pan, arroz y frijoles

Los estudios de posgrado de mi marido habían sido costosos, de modo que teníamos la esperanza de conseguir un trabajo que nos ayudara a salir de nuestras deudas. Recibimos varias ofertas de trabajo, pero consideramos que la mejor era una plaza de profesorado en Hawái. Sin embargo, cuando llegó el contrato, el salario era inferior a lo que habíamos convenido. Se nos informó que se había implantado una nueva norma, y que la negociación no era una opción. Habíamos tenido un buen sentimiento con respecto al nuevo puesto de trabajo, así que firmamos el contrato de todos modos.

Nos encantó Hawái; a mi marido le gustó mucho su trabajo, y nuestra familia se sintió muy bendecida. Las cosas parecían marchar bien con el pago de la deuda de los préstamos estudiantiles hasta que la compañía de la tarjeta de crédito nos informó que la nueva tasa de interés sería del catorce por ciento en lugar de la tasa actual que teníamos del tres por ciento. Defendimos nuestro caso afirmando que siempre hacíamos nuestros pagos a tiempo y que ya habíamos saldado gran parte de la deuda. Sin embargo, la compañía se mostró inflexible.

Primero, hicimos algunas maniobras financieras y transferimos el saldo a diferentes tarjetas de crédito cuyo interés a corto plazo era del cero por ciento. Luego empezamos a recortar gastos. Redujimos drásticamente el presupuesto de comida, de ropa y de pañales para nuestra familia de siete personas, y vivimos de lo que teníamos en nuestro almacenamiento de alimentos. Todas las mañanas comíamos avena, todas las tardes comíamos pan hecho en casa y todas las noches comíamos arroz y frijoles. No había dinero para lujos tales como la mantequilla, la leche fresca ni el jugo. Después de que pagábamos el diezmo y los gastos básicos, todos nuestros ingresos iban al pago de nuestras tarjetas de crédito.

Seis meses después, habíamos pagado el noventa por ciento de nuestra deuda. El Señor había multiplicado nuestros ingresos de manera milagrosa. Nos fue posible pagar rápidamente la deuda restante, por lo que estamos muy agradecidos. Mi hija todavía se queja de cuando tenía que comer avena cada mañana, pero sé que al pagar el diezmo y obedecer al profeta, fuimos bendecidos económica y temporalmente.

Nombre omitido, Hawái, EE. UU.

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