El pasaje de Escrituras correcto en el momento indicado

Allen Hunsaker, Arizona, EE. UU.

Cuando me desempeñaba como capellán auxiliar en el sistema de cárceles del condado de Maricopa, Arizona, EE. UU., visitaba a los detenidos que solicitaban un capellán Santo de los Últimos Días y compartía con ellos un pasaje de las Escrituras y una oración. En una ocasión, una jovencita pidió que se la visitara.

Fui a la sección de la cárcel donde se encontraba y que estaba detrás de varias puertas cerradas con llave. El área de recepción tenía dos mesas estilo cafetería con un banco de cada lado y un escritorio donde había un guardia. Le di al guardia la solicitud, me senté en uno de los bancos y esperé a la joven.

Cuando ella entró al área de recepción, me levanté, la saludé y le sugerí que nos sentáramos a la mesa. Se veía triste y desarreglada, y estaba al borde de las lágrimas. Mientras me hablaba de su situación, consideré qué pasaje de las Escrituras compartir con ella. Escuché atentamente sus inquietudes y, tras revelar las dificultades que había tenido a raíz de varias conductas compulsivas y malas decisiones, me vino a la mente el pasaje de las Escrituras perfecto para ayudarla: Mosíah 3:19.

Abrí el Libro de Mormón en Mosíah 3:19, se lo puse enfrente y le pedí que leyera. Al principio parecía estar un poco contrariada, y empezó a leer con una voz rápida y monótona que parecía expresar molestia por habérsele pedido que leyera un pasaje. Cuando terminó la primera frase, “Porque el hombre natural es enemigo de Dios”, la interrumpí para explicarle el significado de “el hombre natural”. Cuando entendió a lo que se refería, continuó leyendo. Su voz empezó a cambiar de tono gradualmente y leía más despacio a medida que las palabras empezaban a cobrar sentido para ella.

Al comenzar a leer la lista de atributos de un “santo” que son característicos de un niño, bajó aún más la velocidad, y me pude dar cuenta de que estaba absorbiendo el significado de cada atributo detallado en el versículo. Cuando leyó “sumiso, manso, humilde, paciente”, empecé a sentir la influencia del Espíritu a nuestro alrededor. Cuando leyó las palabras “lleno de amor y dispuesto a someterse”, fui testigo de un cambio en ella. Su rostro se iluminó, y su actitud, tono de voz y porte en general parecían haber sido afectados por el Espíritu. Pude ver esperanza conforme el Espíritu le enseñaba lo que esas palabras significaban para ella y la forma en que debía hacer los cambios descritos en el pasaje.

Hice una oración y luego estreché la mano de la jovencita afectuosamente. Salí de la cárcel con un elevado nivel espiritual. Nunca antes había visto un efecto tan inmediato, poderoso y magnífico como resultado de las Escrituras. Conocía el versículo en Mosíah 3:19 porque lo había visto con frecuencia durante mi lectura de las Escrituras, pero nunca antes había entendido la profundidad del impacto que podía llegar a tener en alguien.

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