Sanar heridas ocultas.

Por Jennifer Grace Fallon

Revistas de la Iglesia

Casi todos los adolescentes de la actualidad llegarán a tener contacto con la pornografía para cuando cumplan 18 años de edad. Padres, éstas son algunas medidas que pueden tomar.

En la gran batalla por la ciudad de Cumeni, Helamán habla de sus dos mil sesenta guerreros que “[combatieron] desesperadamente” contra sus enemigos (Alma 57:19). Aunque “ni uno solo de ellos [pereció]” en esa batalla, “no hubo entre ellos uno solo que no hubiese recibido muchas heridas” (Alma 57:25). Muchos de estos soldados adolescentes estaban tan gravemente heridos que se desmayaron debido a la pérdida de sangre.

Esos jóvenes guerreros combatieron en una batalla que sus padres no podían pelear por ellos, y lucharon porque la sociedad en la que vivían estaba bajo ataque. Una guerra igual de horripilante se extiende entre los jóvenes de la actualidad, y por razones similares. Los padres de hoy, al igual que el pueblo de Ammón, no pueden pelear las batallas espirituales de sus jóvenes; no obstante, pueden aprender a reconocer las heridas espirituales que esa guerra causa y armar a sus hijos con el conocimiento y los recursos que necesitarán para sobrevivir.

Enfrentemos los hechos

Algunos estudios demuestran que cerca del cien por ciento de los adolescentes en la actualidad quedarán expuestos a la pornografía para cuando se gradúen de la escuela secundaria, y que la mayoría de esas experiencias ocurrirán a través de internet mientras hagan la tarea escolar1.. En 2008, aproximadamente 9 de cada 10 hombres jóvenes, y casi una tercera parte de las jovencitas, admitieron haber visto pornografía2.. La edad promedio en la que se ven expuestos y en la que se convierte en adicción es la misma: 11 años. Esperamos que esas cifras disminuyan con la influencia del Evangelio; sin embargo, los estudios demuestran que los Santos de los Últimos Días “no son diferentes en lo que respecta a la incidencia ni a la magnitud de las adicciones sexuales”3.. Lamentablemente, el interrogante ya no parece ser si nuestros hijos quedarán expuestos a la pornografía, sino cuándo— y cómo lidiarán con ello. Sin duda, podemos esperar que muchos de nuestros jóvenes salgan heridos en esta batalla, pero eso no significa que perecerán.

A fin de proteger a sus hijos, puede que los padres se dediquen demasiado sólo a buscar lo que se puede y no se puede hacer para que sea seguro usar internet en el hogar. Mark Butler, profesor de vida familiar en la Universidad Brigham Young, reconoce la importancia de proteger nuestros hogares y familias, pero agrega que estas “soluciones tecnológicas son sólo el comienzo de la respuesta. El escudo más importante es el que colocamos sobre nuestro corazón, y ese escudo espiritual se forja y se moldea en el hogar”4.. Si bien el bloqueo de internet y las reglas familiares para el uso de la computadora son críticos y útiles, la adicción a la pornografía muchas veces se adquiere fuera del hogar, en bibliotecas públicas, en las casas de los amigos o en lugares con acceso a internet donde no hay tantas trabas para entrar.

El élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, ha enseñado: “Las reacciones al problema se han enfocado en promulgar reglamentos adicionales y más fuertes; tal vez eso disuada a algunos de una conducta deshonrosa, pero otros se vuelven más creativos en burlarse de la ley. No podría haber nunca suficientes reglas creadas con tanta astucia como para prever y cubrir toda situación… Al fin, sólo la brújula moral interna de cada persona podrá encargarse de tratar eficazmente las causas originales así como los síntomas de la decadencia social”5.. Al final, la mejor defensa que se puede inculcar en los jóvenes es el deseo de una vida virtuosa.

Las señales de la adicción

Nunca seremos capaces de hacer mal uso de nuestro cuerpo físico sin también dañar nuestro espíritu, y esa clase de herida siempre deja cicatrices espirituales.

Los padres que son observadores tal vez puedan detectar la adicción a la pornografía si se fijan en las siguientes señales; sin embargo, debemos advertir que estas señales no necesariamente indican adicción a la pornografía. Si su adolescente exhibe algunos de estos comportamientos, indican un problema más serio que podría incluir el abuso de drogas, la adicción a la pornografía, el acoso escolar o algún otro problema. En cualquier caso, pueden utilizar estas señales como indicio para iniciar un diálogo amoroso y de intervención con sus hijos.

Disminución de la autoestima

Los jóvenes que tienen problemas con la pornografía muchas veces sienten una vergüenza debilitante que degrada su autoestima. Algunas de las señales de la pérdida de autoestima incluyen el mal desempeño en la escuela, la falta de interés en actividades y la falta de disciplina con respecto a las buenas prácticas de salud o los hábitos para dormir.

Aislamiento social

Las adicciones a la pornografía se alimentan en secreto, y tal vez noten que su adolescente se abstiene más de participar del tiempo comparatido en familia y de las actividades sociales. Éste es el indicador más común de que existe un problema con la pornografía. Los adolescentes que pasan una cantidad excesiva de tiempo en sus habitaciones encerrados con llave y que se aíslan de los demás, quizás no sea que simplemente son tímidos; aun cuando se los incluya en situaciones sociales, estos adolescentes muchas veces tienen dificultad para relacionarse con los demás. El aislamiento es mayor a medida que se profundiza la adicción y, con frecuencia, los adolescentes muestran enojo cuando alguien invade su espacio privado. Aquellos que tienen problemas con la pornografía desarrollan un concepto distorsionado de su propia valía y de las virtudes de los demás, y se distancian de las personas que consideran que son más virtuosas porque sienten que son indignos, se avergüenzan y se sienten hipócritas.

Depresión

La depresión es una espada de doble filo porque puede ser el síntoma de una adicción así como el factor desencadenante de ella. Las expresiones constantes de falta de esperanza, el negativismo insistente y la admisión de desamparo pueden ser señales de depresión. Los adolescentes que bromean sobre el suicidio manifiestan depresión. Otras señales de depresión incluyen el comer más o menos de lo normal, no poder dormir o dormir demasiado y el agotamiento físico; básicamente, cualquier cosa que se podría considerar un comportamiento extremo.

Otros indicios de la participación en la pornografía incluyen mayor propensión al enojo, falta de honradez, orgullo e incomodidad o aburrimiento en entornos espirituales.

No es posible mencionar todas las señales de la adicción a la pornografía. Los padres son los que mejor pueden evaluar si sus adolescentes están o no equipados adecuadamente para defenderse contra la pornografía al mantener un diálogo abierto con ellos sobre la sexualidad y sobre su salud emocional y espiritual.

Mi hijo es adicto. ¿Y ahora qué?

El élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Sin embargo, sin importar en qué círculo adictivo uno se encuentre, siempre hay esperanza”, gracias a la expiación de Jesucristo6..

En el fondo, “todas las adicciones son estrategias anormales para afrontar situaciones”, afirma el profesor Butler. Los niños que no hayan aprendido a hacer frente al sentimiento de culpabilidad, la vergüenza, el pesar o el dolor, con frecuencia recurrirán a conductas adictivas a fin de adormecer sus emociones negativas. Incluso las emociones menos graves, tales como el estrés, el aburrimiento o la soledad pueden conducir a conductas adictivas si el niño no aprende a sobrellevarlas.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a establecer estrategias sanas para afrontar las situaciones al modelar ellos mismos ese comportamiento. Las siguientes preguntas podrían ser útiles a fin de evaluar sus propias estrategias para lidiar con los problemas. Cuando se siente estresado, cansado o sin esperanza, ¿se aparta de los demás? ¿Se vale de la diversión para escapar de sus problemas en vez de afrontarlos? ¿Demuestra que la mejor manera de resolver los problemas es confiar en el Padre Celestial, en el Salvador y en las relaciones con los demás?

Los niños deben aprender a reconocer las señales de las heridas espirituales tales como la aflicción, el remordimiento y el dolor, a fin de que puedan convertir su dolor en experiencias de aprendizaje. El dolor emocional no es malo. Alma, hijo, describe los dolores de sus pecados como cosa “intensa” y “amarga” (Alma 36:21); Pedro “lloró amargamente” después de haber negado al Salvador (Lucas 22:62); y Zeezrom se sentía atormentado a causa de “sus iniquidades” (Alma 15:3). Ustedes pueden ayudar a sus hijos a aprender a considerar el dolor no como una emoción horrible que hay que evitar, sino como un maestro que puede ayudarlos a progresar de forma increíble. Alma, Pedro y Zeezrom dejaron que los dolores de sus pecados los impulsaran al arrepentimiento y llegaron a ser embajadores devotos del Evangelio. El ejemplo y la guía que den a sus hijos los ayudará a que ellos aprendan a valorar el arrepentimiento por encima de la adicción.

El presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “…hay una diferencia importante entre la tristeza o el pesar por el pecado que conduce al arrepentimiento y el pesar que conduce a la desesperación.

“El apóstol Pablo enseñó que ‘la tristeza que es según Diosproduce arrepentimiento para salvación… pero la tristeza del mundo produce muerte’ [2 Corintios 7:10; cursiva agregada]. La tristeza según Dios inspira al cambio y a la esperanza por medio de la expiación de Jesucristo. La tristeza del mundo nos desanima, apaga la esperanza y nos persuade a ceder a más tentación…

“El verdadero arrepentimiento tiene que ver con la transformación, no con la tortura o el tormento. Sí, la lamentación sincera y el verdadero remordimiento por la desobediencia son pasos a menudo dolorosos, pero son pasos importantes en el sagrado proceso del arrepentimiento. Sin embargo, cuando la culpa conduce al auto-desprecio o no permite que nos volvamos a levantar, impide nuestro arrepentimiento en lugar de promoverlo”7..

Sus hijos serán capaces de perseverar durante sus heridas espirituales cuando adquieran la visión de una vida virtuosa y la esperanza de tener esa vida. Esa visión se edifica por medio de la oración ferviente y el estudio sincero de las Escrituras a diario8.. El profesor Butler aconseja a los padres: “Mediante el poder de sus ejemplos, creen una visión convincente del gozo, la paz y la felicidad de una vida virtuosa. Hay un largo trayecto entre el deseo de tener una vida virtuosa y el lograrla, pero el deseo es la semilla germinal”. Puede que lleve tiempo para que el deseo por la virtud crezca. El profesor Butler afirma: “El hombre natural es una criatura sumamente resistente y a menudo toma mucho tiempo erradicarla”. Además, si bien la palabra adicción no elimina la responsabilidad por las decisiones, sí significa que los hábitos más nocivos a menudo necesitan intervención paciente y constante (tal como el programa de la Iglesia para recuperarse de las adicciones) a fin de superarlos.

Hay esperanza en el futuro

Al igual que los guerreros de Helamán, a menudo nuestros jóvenes demuestran “[gran] valor” al hacer frente a la maldad (Alma 56:45). Del mismo modo que aquellos guerreros del Libro de Mormón confiaron en la fe de sus padres, nosotros también debemos comunicar nuestro testimonio del Evangelio y nuestra devoción a él a fin de que nuestros jóvenes puedan decir: “No dudamos que nuestras madres [y padres] lo sabían” (Alma 56:48). El Señor ha prometido: “…yo pelearé vuestras batallas” (D. y C. 105:14). A medida que nuestros jóvenes ejerzan fe en la expiación de Jesucristo, llegarán a “[fortalecerse], sí, hasta tener el poder de liberarse” (1 Nefi 1:20).

Para más información y recursos sobre este tema, véase overcomingpornography.org.

Hacer las preguntas correctas

Cuando estén teniendo problemas con la pornografía, la mayoría de los adolescentes se lo dirán a sus obispos antes de decírselo a sus padres porque (1) sus obispos les hacen preguntas directas al respecto y (2) a menudo se sienten incómodos de tener conversaciones con sus padres en las que se sienten vulnerables. Bruce Carpenter, profesor de psicología de la Universidad Brigham Young, recomienda que los padres adquieran la capacidad de tener conversaciones sensibles antes de hacer preguntas directas en cuanto a la pornografía, lo cual podría incluir entablar conversaciones con su hijo adolescente sobre el tema general de la moral y las normas.

A pesar de que el profesor Carpenter afirma que es más provechoso concentrarse en edificar una relación que seguir una lista de preguntas, él sugiere que en las entrevistas regulares que lleve a cabo con su hijo o hija adolescente haga preguntas como las que figuran a la izquierda.

  • ¿Qué actitud tienen tus amigos en cuanto a la sexualidad?

  • ¿Cuál es tu punto de vista en cuanto a las normas de moralidad de la Iglesia?

  • ¿Has tenido alguna vez problemas con la pornografía? ¿Te sentirías cómodo/a de decírmelo si los tuvieras?

  • ¿En qué situaciones consideras que eres más vulnerable?

  • ¿En qué lugares es más factible que veas pornografía?

  • ¿Qué amigos/as te causan mayores problemas al respecto? ¿Cómo te parece que podemos abordar ese problema?

Con mucha frecuencia, los adolescentes se ponen muy incómodos durante esas conversaciones, y es mejor si los padres responden de manera abierta, sensible y sin espíritu de crítica. Los jóvenes estarán menos dispuestos a confesar algo a los padres que respondan de manera sumamente emocional o que tomen medidas disciplinarias injustas9.

Referencias

  1. Véase de John L. Hart, “In Your Family? Undetected, Pornography Invades Homes, Ruins Lives”, Church News, 3 de marzo de 2007; ldschurchnews.com.
  2.  Véase de Jason S. Carroll y otros, “Generation XXX: Pornography Acceptance and Use among Emerging Adults”, Journal of Adolescent Research, 23, Nº 1, 2008: págs. 6–30.
  3.  John L. Hart y Sarah Jane Weaver, “Defending the Home against Pornography”, Church News, 21 de abril de 2007,ldschurchnews.com.
  4.  Mark Butler, de una entrevista con el autor, 2 de agosto de 2013; véase también de Mark H. Butler, Spiritual Exodus: A Latter-day Saint Guide to Recovery from Behavioral Addiction; Boyd K. Packer, “The Shield of Faith”, Ensign,mayo de 1995, pág. 7.
  5.  D. Todd Christofferson, “La disciplina moral”, Liahona, noviembre de 2009, págs. 106–107.
  6.  M. Russell Ballard, “¡Oh ese sutil plan del maligno!”,Liahona, noviembre de 2010, pág. 110.
  7.  Véase de Dieter F. Uchtdorf, “¡Pueden hacerlo ahora!”,Liahona, noviembre de 2013, pág. 56.
  8.  Véase de M. Russell Ballard, “¡Oh ese sutil plan del maligno!”, pág. 108.
  9.  Bruce Carpenter, de una entrevista con el autor, 12 de septiembre de 2013.

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