Por el estudio y por la fe.

Por el élder M. Russell Ballard

Del Quórum de los Doce Apóstoles

Que puedan sentir el gozo y la paz que vienen de saber que, por medio de las enseñanzas que ustedes imparten, han influenciado la vida de uno de los hijos del Padre Celestial y lo han elevado en su camino de regreso a la presencia de Él.

En las palabras que dirigió a los educadores religiosos del Sistema Educativo de la Iglesia, el élder Ballard enseña principios y da consejos que se aplican a todo aquel que enseña en la Iglesia.

En una reunión de capacitación con las Autoridades Generales, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dijo en cuanto a enseñar la doctrina de la Iglesia: “Nunca podemos ser demasiado precavidos. Debemos tener cuidado de no desviarnos [del curso]. En nuestro empeño por ser originales, modernos y diferentes, puede que enseñemos cosas que quizás no estén del todo en armonía con las doctrinas básicas de esta, la Iglesia restaurada de Jesucristo… Es mejor que estemos más alerta… Debemos ser atalayas en la torre”1.

A medida que la educación avanza en el siglo XXI, nuestros maestros tienen que considerar cualquier cambio que deberían hacer en la forma en que se preparan para enseñar, en cómo enseñan y en lo que enseñan, a fin de edificar una fe inquebrantable en la vida de nuestros preciados jóvenes.

Atrás han quedado los días en los que un alumno hacía una pregunta sincera y el maestro respondía: “¡No te preocupes por eso!”. Atrás han quedado los días en los que un alumno expresaba una preocupación sincera y el maestro compartía su testimonio como respuesta para evitar hablar del asunto. Atrás han quedado los días en los que se protegía a los alumnos de la gente que atacaba a la Iglesia.

Afortunadamente, el Señor ha proporcionado este consejo oportuno y eterno a los maestros: “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118).

Eso se aplica de manera especial hoy día, puesto que no todos los alumnos tienen la suficiente fe para afrontar los retos que tienen por delante y porque muchos, mediante internet, ya han sido expuestos a las fuerzas corrosivas de un creciente mundo secular que es hostil a la fe, a la familia y a las normas del Evangelio. Internet está extendiendo su alcance en todo el mundo a casi todos los hogares, y a las manos y las mentes de nuestros alumnos.

Ustedes pueden ayudar a sus alumnos al enseñarles lo que significa combinar el estudio y la fe a medida que aprenden. Para enseñarles, demuestren esa habilidad y ese método en la clase.

El presidente Harold B. Lee (1899–1973) observó:

“Les recuerdo que adquirir conocimiento por la fe no es un camino fácil hacia el aprendizaje; exige un esfuerzo arduo y una lucha constante mediante la fe…

“Aprender por la fe no es tarea para el ocioso. De hecho, alguien ha dicho que tal procedimiento requiere doblegar el alma entera, tomar lo que hay en lo más profundo de la mente humana y vincularlo a Dios; se debe establecer la debida conexión; solo entonces se obtiene el ‘conocimiento por la fe’”2.

El conocimiento mediante la fe producirá un testimonio puro; y un testimonio puro tiene el poder de cambiar vidas, como se ilustra en estas tres breves historias.

Tres historias

Phoebe Carter dejó su casa en Maine, EE. UU., para reunirse con los santos en Ohio, en la década de 1830. Ella recuerda: “Mis amigos se asombraban ante mi decisión, al igual que yo; pero algo me impulsaba a seguir adelante. El dolor de mi madre ante mi partida fue casi más de lo que pude soportar; y de no haber sido por la compañía del Espíritu, al final habría desistido”3.

Phoebe siguió al profeta José Smith y se reunió con los santos en Ohio y más adelante en Utah, donde falleció siendo una fiel Santo de los Últimos Días y esposa, como compañera en yugo igual, del Presidente de la Iglesia, Wilford Woodruff (1807–1898).

Como estudiante universitario, Marion G. Romney (1897–1988) había decidido que no podía servir en una misión debido a la situación económica de su familia. Sin embargo, en una ocasión escuchó hablar al élder Melvin J. Ballard (1873–1939). Una biografía indica: “[Marion] no sabía que el curso de su vida estaba a punto de cambiar completamente en un breve momento”.

La historia continúa: “Por primera vez, Marion… comprendió totalmente lo que era estar bajo la influencia de la inspiración. Una emoción penetrante colmó su alma. Él… nunca se había sentido tan conmovido como en ese momento, escuchando las palabras del más reciente de los Apóstoles…

“El resplandor del rostro del Apóstol y la sinceridad de [su] testimonio lo colmaron de un deseo irresistible de servir en una misión… sabía que los planes para sus estudios superiores debían posponerse”4.

Poco después, Marion viajaba rumbo a Australia, donde sirvió fielmente. Más tarde llegó a ser un poderoso Apóstol y miembro de la Primera Presidencia.

La última historia la contó el presidente Boyd K. Packer (1924–2015), Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, y es sobre el impacto que tuvo un maestro anciano en la vida de William E. Berrett. El maestro, un converso de Noruega, hablaba con dificultad el idioma inglés. A pesar de las limitaciones del maestro, recordó el presidente Packer, el hermano Berrett testificó de su maestro: “podíamos calentarnos las manos al fuego que irradiaba su fe”5.

Más tarde, William se convirtió en el director de Seminarios, Institutos y escuelas de la Iglesia.

Para Phoebe, Marion y William, escuchar un testimonio puro fue el catalizador que les cambió la vida para siempre. Lo mismo puede suceder con aquellos a quienes ustedes enseñen; sin embargo, dadas las realidades del mundo de hoy, un testimonio puro quizás no siempre sea suficiente. Phoebe, Marion y William eran limpios y puros, libres de la pornografía y de lo mundano cuando se sentaron a los pies de misioneros, maestros y líderes inspirados; el Espíritu penetró fácilmente su corazón tierno y puro.

Hoy en día, la historia es muy diferente; algunos de sus alumnos ya han sido infectados por la pornografía y lo mundano antes de llegar a sus clases.

Hace tan solo una generación, el acceso de nuestros jóvenes a la información sobre nuestra historia, doctrina y prácticas estaba limitado básicamente a los materiales impresos por la Iglesia. Pocos alumnos estaban en contacto con interpretaciones alternativas; en su mayoría, nuestros jóvenes vivían una vida protegida.

Nuestro plan de estudios en aquel entonces, aunque bien intencionado, no preparaba a los alumnos para hoy en día, un día en el que los alumnos tienen acceso instantáneo a casi todo lo relacionado con la Iglesia desde todos los puntos de vista posibles. Hoy, lo que ven en sus dispositivos móviles puede ser tanto un desafío para la fe como un promotor de la fe. Muchos de nuestros jóvenes están más familiarizados con Google que con el Evangelio, más en sintonía con internet que con la inspiración, y más interesados en Facebook que en la fe.

Dominio de la doctrina

A la luz de estos desafíos, la Mesa Directiva de Educación recientemente aprobó una nueva iniciativa en Seminario, denominada Dominio de la doctrina. Basado en lo que ya se había hecho en el Dominio de las Escrituras, esta nueva iniciativa se centra en edificar y fortalecer la fe de nuestros alumnos en Jesucristo, y fortificarlos con una mayor capacidad de vivir y aplicar el Evangelio en su vida. Valiéndose de las Escrituras y las palabras de los profetas, aprenderán a saber actuar con fe en Cristo para adquirir conocimiento y comprensión espiritual de Su evangelio, y tendrán la oportunidad de aprender a aplicar la doctrina de Cristo y los principios del Evangelio para afrontar las preguntas y los desafíos que escuchen y vean todos los días entre sus compañeros y en las redes sociales.

Esta iniciativa es inspirada y oportuna; tendrá una maravillosa influencia en nuestros jóvenes. Sin embargo, el éxito del Dominio de la doctrina, y el de todos los otros programas de estudio del Sistema Educativo de la Iglesia, dependerá en gran medida de los maestros.

A la vista de estos desafíos, ¿cuáles son las oportunidades y las responsabilidades que los maestros del Evangelio tienen en el siglo XXI? Obviamente, ustedes, los maestros, deben amar al Señor, Su Iglesia y a sus alumnos; también deben expresar un testimonio puro y sincero con frecuencia. Además, más que en cualquier otro momento de la historia, sus alumnos también tienen que ser bendecidos aprendiendo el contenido y el contexto doctrinal e histórico por medio del estudio y de la fe, acompañado de un testimonio puro, para que puedan lograr una conversión madura y perdurable al Evangelio y establecer un compromiso de por vida con Jesucristo. La conversión madura y perdurable significa que van a “permanecer en el bote y sujetarse” a lo largo de toda su vida6.

Para que ustedes comprendan el contenido y el contexto doctrinal e histórico de las Escrituras y de nuestra historia, tendrán que estudiar de los “mejores libros”, como lo indicó el Señor (D. y C. 88:118). Los “mejores libros” incluyen las Escrituras, las enseñanzas de los profetas y apóstoles modernos, y los mejores estudios académicos SUD disponibles. Mediante sus esfuerzos diligentes para aprender por medio del estudio y de la fe, serán capaces de ayudar a sus alumnos a aprender las habilidades y actitudes necesarias para distinguir entre la información confiable que los elevará y las verdades a medias e interpretaciones incorrectas de la doctrina, la historia y las prácticas, que los desmoralizarán.

Enséñenles acerca de los desafíos a los que se exponen cuando confían en internet para responder preguntas de significado eterno; recuérdenles que Santiago no dijo: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, ¡vaya a Google!” (véase Santiago 1:5).

Las personas sabias no confían en internet para diagnosticar ni para tratar los problemas de salud emocional, mental y física, en especial cuando está en riesgo la vida. En su lugar, acuden a expertos en salud, quienes han recibido capacitación y credenciales de organismos médicos y estatales; y aun así, las personas prudentes buscan una segunda opinión.

Si ese es el camino sensato a seguir al buscar respuestas respecto a problemas de salud emocional, mental y física, cuánto más lo será cuando la vida eterna esté en juego. Cuando algo tiene el potencial de poner en peligro nuestra vida espiritual, nuestras relaciones familiares más preciadas y nuestra membresía en el Reino, deberíamos encontrar líderes de la Iglesia considerados y fieles que nos ayuden; y si fuera necesario, debemos pedir ayuda a aquellos con capacitación, experiencia y formación académica adecuadas.

Eso es exactamente lo que hago cuando necesito una respuesta a mis preguntas que yo mismo no puedo responder; busco la ayuda de mis hermanos del Cuórum de los Doce y de otras personas con conocimiento en los campos de la historia y de la doctrina de la Iglesia.

Los maestros del Evangelio deberían estar entre los primeros —aparte de la familia de los alumnos— en presentar recursos autorizados sobre temas que pueden ser menos conocidos o controversiales a fin de que los alumnos comparen lo que escuchen o lean después con lo que ya se les ha enseñado.

Inmunización espiritual

Vacunamos a nuestros preciados misioneros antes de enviarlos al campo misional a fin de que estén protegidos contra las enfermedades que puedan dañarlos. De manera similar, antes de enviarlos al mundo, vacunen a sus alumnos proporcionándoles una interpretación fiel, profunda y exacta del Evangelio, de las Escrituras, de nuestra historia y de los temas que a veces se malinterpretan.

Para nombrar algunos de esos temas que son menos conocidos o controversiales, me refiero a temas como el matrimonio plural, las piedras videntes, los diferentes relatos de la Primera Visión, el proceso de traducción del Libro de Mormón o el Libro de Abraham, problemas de orientación sexual, la raza y el sacerdocio, o una Madre Celestial.

La tarea de inmunizar a nuestros jóvenes a menudo recaerá sobre los maestros del Sistema Educativo de la Iglesia. Con eso en mente, busquen tiempo para pensar en sus oportunidades y sus responsabilidades.

Los líderes de la Iglesia hoy en día somos plenamente conscientes del acceso ilimitado a la información, y estamos haciendo esfuerzos extraordinarios para proporcionar un contexto y una comprensión precisos de las enseñanzas de la Restauración. Un buen ejemplo de este esfuerzo son los once ensayos sobre Temas del Evangelio en LDS.org7, que proporcionan interpretaciones equilibradas y confiables de los hechos para temas controversiales y desconocidos en cuanto a la Iglesia.

Es importante que conozcan el contenido de esos ensayos. Si tienen preguntas acerca de ellos, por favor, pregunten a alguien que los haya estudiado y los comprenda. En otras palabras, “[busquen] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118) a medida que procuran dominar el contenido de esos ensayos.

También deberían familiarizarse con el sitio web de Los documentos de José Smith8, con la sección de Historia de la Iglesia en LDS.org y con otros recursos de eruditos fieles SUD.

El esfuerzo por lograr la transparencia del Evangelio y la inmunización espiritual por medio de un estudio reflexivo de la doctrina y de la historia, junto con un testimonio ardiente, es el mejor antídoto que tenemos para ayudar a los alumnos a evitar y lidiar con preguntas, dudas y crisis de fe que pudieran afrontar en esta era de información.

A medida que ustedes, los maestros, paguen el precio para comprender mejor nuestra historia, nuestra doctrina y nuestras prácticas —mejor de lo que ya las conocen— estarán preparados para proporcionar respuestas bien analizadas, minuciosas e inspiradas a las preguntas de los alumnos.

Una forma de saber qué preguntas tienen sus alumnos es escucharlos con atención; todos los buenos maestros tienen que ser buenos oyentes. Además de escuchar a sus alumnos, anímenlos a que les hagan preguntas acerca de cualquier tema, en clase o en privado. Una de las preguntas más importantes que sus alumnos podrían hacer es: “¿Por qué?”. Cuando se hace con un sincero deseo de entender, “¿por qué?” es una gran pregunta. Es la pregunta que los misioneros desean que hagan sus investigadores: ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué les ocurren cosas malas a las personas buenas? ¿Por qué debemos orar? ¿Por qué debemos seguir a Cristo? Con frecuencia, las preguntas de “¿por qué?” conducen a la inspiración y a la revelación. Conocer el Plan de Salvación de nuestro Padre Celestial les ayudará a responder la mayoría de las preguntas “¿por qué?”.

Un último comentario en cuanto a responder a las preguntas. Es importante enseñar a sus alumnos que, aunque el Evangelio brinda muchas, si no la mayoría, de las respuestas a las preguntas más importantes de la vida, algunas preguntas no se pueden responder en la mortalidad porque carecemos de la información necesaria para obtener una respuesta adecuada. Como aprendemos de Jacob: “¡He aquí, grandes y maravillosas son las obras del Señor! ¡Cuán inescrutables son las profundidades de sus misterios; y es imposible que el hombre descubra todos sus caminos! Y nadie hay que conozca sus sendas a menos que le sean reveladas” (Jacob 4:8; véase también D. y C. 101:32–34).

Advertencia

Ahora, unas palabras de advertencia: Reconozcan que ustedes pueden llegar a creer, al igual que muchos de sus alumnos, que son expertos en las Escrituras, en la doctrina y en la historia de la Iglesia. Un estudio reciente reveló que “cuanto más creen las personas saber sobre un tema, mayores probabilidades hay de que afirmen comprender más de lo que saben, incluso hasta el punto de fingir conocimiento… e inventar información”9.

Nuestros maestros del Evangelio deben evitar esa tentación, clasificada como exageración. No hay nada de malo en decir: “No sé”; no obstante, una vez que se dice, tienen la responsabilidad de encontrar las mejores respuestas posibles a las preguntas profundas de sus alumnos (véase D. y C. 101:32–34).

Al enseñar a sus alumnos y al responder sus preguntas, déjenme advertirles que no transmitan rumores para promover la fe o que no tienen fundamento, ni creencias o explicaciones obsoletas del pasado con respecto a nuestra doctrina y nuestras prácticas. Siempre es sabio tener como norma el estudiar las palabras de los profetas y apóstoles vivientes; estar actualizado respecto a los asuntos, las normas y las declaraciones actuales de la Iglesia por medio de mormonnewsroom.orgy LDS.org; y consultar obras de eruditos SUD fieles, reconocidos y reflexivos, para asegurarse de que no enseñan cosas que no sean ciertas, o que sean obsoletas, raras o extravagantes.

Los autores del estudio sobre la “exageración” reconocieron que “la tendencia a exagerar, especialmente en quienes se perciben a sí mismos como expertos… podría en realidad disuadir a las personas de instruirse precisamente en aquellos temas en los que se consideran bien informadas”10.

Además de llegar a ser aprendices de toda la vida, también deben hacer aquellas cosas en su vida personal que permitan que el Espíritu Santo obre en su interior. Esas cosas incluyen la oración sincera a diario, el ayuno fiel, el estudio y la meditación regular de las Escrituras y de las palabras de los profetas vivientes, hacer del día de reposo una delicia, participar de la Santa Cena con humildad y siempre recordar al Salvador, adorar en el templo tan a menudo como sea posible y, por último, socorrer a los necesitados, a los pobres y a quienes se sientan solos — tanto a los que están cerca como a los que están al otro lado del mundo.

Para cumplir con sus oportunidades y responsabilidades de forma adecuada, ¡deben practicar lo que predican!

Tengan el valor de buscar el consejo y la corrección de las personas en quienes confían: su cónyuge, los líderes del sacerdocio o sus supervisores; pregúntenles qué pueden mejorar en su discipulado personal. Eviten cualquier cosa que ofenda al Espíritu.

Además, permítanme sugerirles que ocasionalmente tengan una entrevista personal con ustedes mismos y repasen 2 Nefi 26:29–32, Alma 5:14–30, y Doctrina y Convenios 121:33–46. El hacerlo les ayudará a reconocer los tipos de tentaciones que todos podríamos afrontar. Si hay algo que deban cambiar, tomen la determinación de arreglarlo.

Eviten la tentación de cuestionar los motivos de sus compañeros de trabajo; en su lugar, miren en lo profundo de su propio corazón y procuren reconocer cuáles son los deseos y motivos de ustedes; solo entonces el Salvador les puede cambiar el corazón y alinear sus deseos y motivos con los de Él.

La nueva generación tiene que saber, comprender, aceptar y participar en el Plan de Salvación de Dios. Comprender el plan les dará una perspectiva divina por medio de la cual se verán como hijos de Dios, lo cual les proporciona un lente para comprender casi toda doctrina, práctica y norma de la Iglesia.

Los maestros del Evangelio hoy tienen que aceptar la oportunidad y la responsabilidad de enseñar a los jóvenes del siglo XXI los principios correctos sobre el plan, lo que incluye la doctrina divinamente autorizada del matrimonio y la función de la familia, según se definen en la proclamación sobre la familia11.

La doctrina del matrimonio eterno

La doctrina del matrimonio y la familia eternos es una parte crucial del plan de felicidad de Dios. Incluye a nuestras propias familias selladas en el templo como parte de la familia eterna de nuestro Padre Celestial en el Reino Celestial. Debido a que esta doctrina se relaciona directamente con la propia familia de Él y con Sus hijos en espíritu, en Génesis se nos enseña que “varón y hembra los creó” y que Él mandó a nuestro padre Adán y a nuestra madre Eva “[multiplicarse] y henchir la tierra” (véaseGénesis 1:27–28).

Se ha dicho que el plan de felicidad comienza y termina con la familia. De hecho, la familia comenzó en el mundo premortal, donde vivimos como integrantes de la familia de nuestros Padres Celestiales; y al final, los compromisos familiares y los lazos de amor no solo seguirán existiendo, sino que también se propagarán mediante el proceso de procreación (véanse D. y C. 131:1–4; 132:19).

El punto fundamental que lo conecta todo, del cual dependen el plan de Dios y nuestro destino, y en torno a lo cual gira todo lo demás, es Jesucristo. Su sacrificio expiatorio hace posible todas las cosas, entre las que se incluyen (pero no se limitan a) un matrimonio y una familia amorosos, bondadosos y eternos.

El Señor nos enseña que ninguna persona sola, sin importar su rectitud, puede obtener todo lo que nuestro Padre Celestial tiene para Sus hijos. Una persona sola es la mitad de la ecuación, y no puede morar en el grado más alto del Reino Celestial (véanse 1 Corintios 11:11; D. y C. 131:1–4).

Sus alumnos deben entender que el propósito de la mortalidad es llegar a ser más como Dios al obtener cuerpos físicos, ejercitar el albedrío y asumir funciones que antes pertenecían solo a nuestros Padres Celestiales: las funciones de esposo, esposa y padres.

Los profetas nos han asegurado que todos aquellos que sean dignos y que confíen en Jesucristo, pero que no hayan podido ser sellados como matrimonio o tener hijos en esta vida, tendrán esas oportunidades en el mundo venidero.

Enseñen a los jóvenes que en la Iglesia del Señor hay lugar para que todos adoren, sirvan y crezcan juntos como hermanos y hermanas en el Evangelio. Recuérdenles lo que enseñó Lehi; que la meta y la esperanza de Dios para todos Sus hijos se puede resumir de la siguiente manera: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).

El Padre Celestial quiere que aceptemos Su definición del matrimonio y obedezcamos Su primer mandamiento de multiplicarnos y henchir la tierra (véase Génesis 1:28), no solo para cumplir con Su plan, sino también para que sintamos el gozo que se había previsto que Su plan traería a Sus hijos e hijas.

Como educadores de la Iglesia, ayuden a nuestros jóvenes a tener un claro entendimiento del plan de felicidad de Dios, por el cual viene el verdadero gozo a Sus hijos. Ayúdenlos a conocerlo, aceptarlo, a participar en él y a defenderlo. Después de cuarenta años de experiencia como Autoridad General, me preocupa el gran número de nuestros miembros de la Iglesia, jóvenes y mayores, que sencillamente no comprenden el plan de su eterno y divino destino.

De modo que, mis compañeros maestros, debemos procurar y deleitarnos en estas oportunidades de explicar, doctrinal y espiritualmente, la razón por la que creemos que el conocimiento del gran plan de felicidad de Dios contestará la mayoría de las preguntas de tipo “por qué” que se nos puedan hacer. El expresar nuestra creencia en una vida premortal donde vivíamos como hijos en espíritu de un Padre Celestial y una Madre Celestial nos permite explicar por qué se creó esta tierra. Un propósito esencial de esta vida mortal es que podemos duplicar esa experiencia de familia nosotros mismos, solo que esta vez como padres en lugar de únicamente como hijos. Atesoren su comprensión básica de la doctrina y el propósito del plan de nuestro Padre Celestial para nuestra felicidad eterna; y sigan enseñándolo.

Conclusión

De modo que, para concluir y resumir, los puntos de los que he hablado son:

  • Enseñen a los alumnos a combinar el aprendizaje por medio del estudio y de la fe con un testimonio puro.
  • Enseñen a los alumnos a ¡permanecer en el bote y sujetarse!
  • Enseñen a los alumnos a controlar sus dispositivos móviles y a que se centren en estar más conectados con el Espíritu Santo que con internet.
  • Vacunen a los alumnos con las verdades del Plan de Salvación que se encuentran en el evangelio de Jesucristo.
  • Recuerden que “¿por qué?” puede ser una gran pregunta que conduzca al entendimiento del Evangelio.
  • Dominen el contenido de los ensayos sobre Temas del Evangelio.
  • No exageren ni tengan temor a decir: “No lo sé”.
  • Conviértanse en aprendices de toda la vida.
  • Busquen consejo y corrección de aquellos en quienes confían.
  • Consideren tener una entrevista personal de vez en cuando para verificar su propia preparación espiritual, diligencia y efectividad.
  • Enseñen que el plan de felicidad comienza y termina con la familia. Tengan el Plan de Salvación siempre en mente.
  • Enseñen que el matrimonio y la familia proporcionan un gozo perdurable.

Recuerden que la combinación del aprendizaje mediante el estudio, la fe y un testimonio puro produce una conversión verdadera y perdurable. Por encima de todo lo demás, una fe firme en la expiación del Señor Jesucristo es esencial para nuestra fortaleza espiritual y nuestro progreso.

Que puedan sentir el gozo y la paz que vienen de saber que por medio de las enseñanzas que ustedes imparten han influenciado la vida de uno de los hijos del Padre Celestial y lo han elevado en su camino de regreso a la presencia de Él.

Referencias

  1. Reunión de capacitación para Autoridades Generales, Salt Lake City, 29 de septiembre de 1992.
  2. Véase de Harold B. Lee, en Clyde J. Williams, ed.,Teachings of Harold B. Lee,1996, pág. 331.
  3. Véase de Edward W. Tullidge, The Women of Mormondom,< 1877, págs. 411–414.
  4. Véase de F. Burton Howard, Marion G. Romney: His Life and Faith,1988, págs. 62–64.
  5. Boyd K. Packer, “Tributo a los santos del Señor”, Liahona, julio de 1980, pág. 100.
  6. Véase de M. Russell Ballard, “¡Permanezcan en el bote y sujétense!”, Liahona, noviembre de 2014, págs. 89–92.
  7. Véase lds.org/topics/essays
  8. Véase josephsmithpapers.org
  9. Brent W. Webb, “Quest for Perfection and Eternal Life” (Sesión de profesores de la Conferencia anual de la Universidad Brigham Young, 24 de agosto de 2015), pág. 10, speeches.byu.edu; véase también Stav Atir, Emily Rozenweig y David Dunning, “When Knowledge Knows No Bounds: Self-Perceived Expertise Predicts Claims of Impossible Knowledge”, Psychological Science, agosto de 2015, págs. 1295–1303.
  10. En Brent W. Webb, “Quest for Perfection and Eternal Life”, pág. 10.
  11. Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona,noviembre de 2010, pág. 129.

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