El servicio misional que yo necesitaba

El autor vive en São Paulo, Brasil.

Soy miembro de la Iglesia, pero igualmente necesitaba a los misioneros.

Cuando cumplí diecisiete años, todos mis amigos se fueron. Se habían mudado lejos, estaban prestando servicio como misioneros o simplemente habían dejado de ser mis amigos. A pesar de que tenía a mi familia, me sentía solo. Me parecía que no tenía ningún apoyo fuera de casa y, aunque lo intentaba, no me sentía cómodo con otras personas.

Un día, los nuevos misioneros asignados a nuestro barrio llegaron a mi casa para presentarse. Nos preguntaron de qué manera nos podían ayudar. A mí no me importaba lo que ellos estaban diciendo porque solo pensaba en lo triste y solitario que me sentía. Entonces los misioneros dijeron que les encantaría que yo les ayudara a enseñar algunas de sus lecciones. ¡Quedé sorprendido! ¿Por qué le pedirían ayuda a alguien que obviamente no estaba en el mejor estado emocional?

Aun así, acepté hacerlo y acudí con ellos a algunas lecciones. Los misioneros no solo ayudaron a las personas a las que enseñaban, sino que también fueron una buena influencia para mí.

Cuando a uno de los élderes lo trasladaron a otra área, me di cuenta de que mi vida había estado mejorando desde que había empezado a pasar tiempo con los misioneros. Tenía mucho en común con el siguiente élder que llegó a nuestra área y seguí pasando tiempo con los misioneros. Ellos me animaron, me enseñaron y me apoyaron; me ayudaron a sentirme mejor en los días difíciles. A pesar de la barrera del idioma y de tener un horario muy ocupado, los misioneros se esforzaron por ayudarme y lograron que yo me diera cuenta de que no estaba solo. El Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo velaban por mí y me estaban ayudando por medio de otras personas.

Cuando el nuevo élder se fue, le di las gracias por ser un instrumento en las manos del Señor para rescatarme. Agradezco que él fuera asignado a esa misión en particular porque fue una bendición para mí.

Antes de eso, casi no tenía ningún deseo de prestar servicio en una misión, pero al observar a esos misioneros, mi deseo de servir aumentó. Partiré a mi misión muy pronto, y espero darlo todo al Señor, tal como esos misioneros lo hicieron.

Antes de que ese primer par de misioneros llegara a mi casa, recuerdo que una noche me sentí solo y oré. Le pedí a Dios con todo mi corazón que me enviara tan solo un amigo para que me ayudara y apoyara. El Señor respondió mi oración de una manera inesperada al mandarme a los misioneros. Sé que Jesucristo vive y que los misioneros son Sus siervos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s