El ojo de la fe

Por el élder Neil L. Andersen

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Si seleccionamos y elegimos lo que aceptaremos de la proclamación, nublamos nuestra visión eterna, dando demasiada importancia a nuestra vida aquí y ahora.

Poco antes de Su crucifixión, Jesús fue llevado ante Pilato en el pretorio. “¿Eres tú el Rey de los judíos?”, preguntó Pilato de manera condescendiente. Jesús respondió: “Mi reino no es de este mundo… he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz”.

Pilato le preguntó cínicamente: “¿Qué es la verdad?”.

Hoy en día en el mundo, la pregunta “¿qué es la verdad?” puede ser dolorosamente compleja para las mentes seculares.

Una búsqueda en Google de “¿qué es la verdad?” resulta en más de un millón de respuestas. Disponemos de más información en nuestros teléfonos móviles de la que hay en todos los libros de una biblioteca. Vivimos con una sobrecarga de información y opiniones. Voces tentadoras y seductoras nos acechan por doquier.

Atrapados en la confusión actual, no es de sorprender que muchos se identifiquen con las palabras que Protágoras le dijo al joven Sócrates hace 2500 años: “Lo que es verdad para ti”, dijo él, “es verdad para ti; y lo que es verdad para mí, es verdad para mí”.

La verdad mediante el evangelio restaurado de Jesucristo

Al ser bendecidos con el evangelio restaurado de Jesucristo, nosotros declaramos con humildad que existen ciertas cosas que son total y absolutamente verdaderas. Esas verdades eternas son las mismas para cada hijo e hija de Dios.

Las Escrituras enseñan: “La verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser”. La verdad mira hacia el pasado y hacia el futuro, y expande la perspectiva de nuestro breve presente.

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida”. La verdad nos muestra el camino a la vida eterna, y viene solo mediante nuestro Salvador, Jesucristo. No hay otra manera.

Jesucristo nos enseña cómo debemos vivir y, mediante Su expiación y resurrección, Él nos ofrece el perdón de nuestros pecados y la inmortalidad más allá del velo. Eso es absolutamente verdadero.

Él nos enseña que no es importante si somos ricos o pobres, prominentes o desconocidos, sofisticados o sencillos. En vez de ello, nuestra meta en la mortalidad es buscar fortalecer nuestra fe en el Señor Jesucristo, elegir el bien sobre el mal y guardar Sus mandamientos. Aunque celebramos las innovaciones de la ciencia y la medicina, las verdades de Dios trascienden mucho más allá de esos descubrimientos.

En oposición a las verdades de la eternidad, siempre han existido falsificaciones para apartar a los hijos de Dios de la verdad. Los argumentos del adversario siempre son los mismos. Escuchen esto que se dijo hace 2000 años:

“…no [pueden] saber de las cosas que no ve[n]… No [es] ningún crimen el que un hombre [haga] cosa cualquiera”.

”[Dios no nos bendice, sino que cada persona prospera] según su genio”.

“No es razonable que… tal ser como… Cristo… [sea] el Hijo de Dios”.

“[Lo que ustedes creen es una loca tradición] y un trastorno mental”. ¿Suena como hoy en día, verdad?

Con la restauración del Evangelio, Dios nos ha dado la manera de aprender y conocer verdades espirituales esenciales: las aprendemos por medio de las sagradas Escrituras, de nuestras oraciones personales, de nuestras propias experiencias, del consejo de los profetas y apóstoles vivientes y de la guía del Espíritu Santo, quien nos ayuda a “conocer la verdad de todas las cosas”.

La verdad se ha de discernir espiritualmente

Podemos conocer las cosas de Dios si las buscamos espiritualmente. Pablo dijo: “Nadie conoció las cosas de Dios, a no ser que haya tenido el Espíritu de Dios… porque se han de discernir espiritualmente”.

Contemplen ahora esta obra artística de Michael Murphy. Desde esta perspectiva, difícilmente creerán que se trate de una representación artística del ojo humano. Sin embargo, si observan los puntos desde una perspectiva diferente, apreciarán la belleza de la creación del artista.

De igual modo, nosotros vemos las verdades espirituales de Dios desde la perspectiva del ojo de la fe. Pablo dijo: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Las Escrituras, nuestras oraciones, nuestras propias experiencias, los profetas de nuestros días y el don del Espíritu Santo nos brindan la perspectiva espiritual de la verdad necesaria para nuestra trayectoria terrenal.

La proclamación a través del ojo de la fe

Veamos la proclamación sobre la familia a través del ojo de la fe.

El presidente Gordon B. Hinckley presentó “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” con las siguientes palabras: “Con tanta sofistería que se hace pasar como verdad, con tanto engaño en cuanto a las normas y los valores, con tanta tentación de seguir los consejos del mundo, hemos sentido la necesidad de amonestar y advertir sobre todo ello”.

La proclamación comienza: “Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”.

Estas son verdades eternas. Ni ustedes ni yo somos un accidente de la naturaleza.

Me encantan estas palabras: “En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan”.

Nosotros vivíamos antes de nuestro nacimiento. Nuestra identidad individual está grabada en nosotros para siempre. De maneras que no comprendemos plenamente, nuestro crecimiento espiritual allí, en la vida preterrenal, influye en lo que somos aquí. Nosotros aceptamos el plan de Dios. Sabíamos que en la tierra experimentaríamos dificultades, dolor y pesar. También sabíamos que el Salvador vendría y que, en tanto demostráramos ser dignos, nos levantaríamos en la resurrección, con “aumentada gloria sobre [nuestra] cabeza para siempre jamás”.

La proclamación es clara: “Declaramos que los medios por los cuales se crea la vida mortal son divinamente establecidos. Afirmamos la santidad de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios”.

El plan de nuestro Padre anima a un esposo y su esposa a traer hijos al mundo y nos obliga a hablar en defensa del que no ha nacido.

Los principios de la proclamación están maravillosamente conectados

Si seleccionamos y elegimos lo que aceptaremos de la proclamación, nublamos nuestra visión eterna, dando demasiada importancia a nuestra vida aquí y ahora. Al reflexionar con espíritu de oración sobre la proclamación, mediante el ojo de la fe, comprendemos mejor cómo los principios están hermosamente interconectados, se apoyan el uno al otro y revelan el plan de nuestro Padre para Sus hijos.

¿Debemos realmente sorprendernos cuando los profetas del Señor declaran Su voluntad y algunas personas aún tienen dudas? Por supuesto, algunos rechazan la voz de los profetas de inmediato, pero otras personas meditan con espíritu de oración sus preguntas sinceras, preguntas que se resolverán con paciencia y con el ojo de la fe. Si la proclamación se hubiera revelado en un siglo diferente, seguiría habiendo preguntas, pero serían distintas a las de hoy en día. Uno de los propósitos de los profetas es ayudarnos a resolver preguntas sinceras.

Antes de ser el Presidente de la Iglesia, el presidente Russell M. Nelson dijo: “Los profetas ven con anticipación, ven los dolorosos peligros que el adversario ha colocado o colocará en nuestro camino. Los profetas también prevén las magníficas oportunidades y privilegios que aguardan a quienes escuchan con la intención de obedecer”.

Testifico de la verdad y del poder espiritual de la voz unánime de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce.

El mundo se está apartando

En el transcurso de mi vida, he presenciado un cambio dramático en las creencias del mundo en cuanto a muchos de los principios que se enseñan en la proclamación. Durante mi adolescencia y en los primeros años de casado, muchas personas en el mundo se apartaron de la norma del Señor que llamamos la ley de castidad, que señala que las relaciones sexuales solo deben ocurrir entre un hombre y una mujer legítimamente casados. Cuando tenía entre veinte y treinta y tantos años, muchos abandonaron el principio de brindar protección sagrada al que no ha nacido, y el aborto se volvió más aceptable. En años recientes, muchos se han apartado de la ley de Dios que estipula que el matrimonio es la unión sagrada entre un hombre y una mujer.

Ver como muchos se alejan de los límites que el Señor ha fijado nos recuerda ese día en Capernaúm, cuando el Salvador declaró Su divinidad y, tristemente, “muchos de sus discípulos… ya no andaban con él”.

Entonces el Salvador se volvió a los Doce: “¿También vosotros queréis iros?”.

Pedro respondió:

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

“Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

No todas las situaciones se ajustan a las descritas en la proclamación

Hay muchos jóvenes y personas mayores que son leales y fieles al evangelio de Jesucristo, aun cuando su situación actual no sea precisamente la que se describe en la proclamación sobre la familia: niños cuyas vidas han sido sacudidas por el divorcio; jóvenes cuyos amigos se burlan de la ley de castidad; mujeres y hombres divorciados que han sido heridos profundamente por la infidelidad de su cónyuge; esposos y esposas que no pueden tener hijos; mujeres y hombres cuyo cónyuge no comparte sus creencias en el Evangelio restaurado; mujeres y hombres solteros que por diversos motivos no han podido casarse.

Un amigo mío de hace más de 20 años, a quien admiro mucho, no se ha casado debido a que siente atracción hacia personas de su mismo sexo. Él ha sido fiel a sus convenios del templo, ha desarrollado sus talentos creativos y profesionales, y ha servido noblemente tanto en la Iglesia como a la comunidad. Hace poco él me dijo: “Puedo entender a los que se hallan en mi situación y deciden no guardar la ley de castidad en el mundo en el que vivimos. Sin embargo, ¿no nos pidió Cristo que no seamos ‘del mundo’? Es evidente que las normas de Dios son diferentes a las del mundo”.

Las leyes de los hombres a menudo van más allá de los límites establecidos por las leyes de Dios. Para aquellos que desean agradar a Dios, seguramente necesiten fe, paciencia y diligencia.

Mi esposa, Kathy, y yo conocemos a una hermana soltera que tiene unos cuarenta años; ella es muy talentosa en su vida profesional y sirve valientemente en su barrio. Ella también ha guardado las leyes de Dios. Ella escribió:

“Sueño con el día en el que seré bendecida con un esposo e hijos. Aún lo estoy esperando. A veces, mi situación hace que me sienta olvidada y sola, pero intento no fijarme en lo que no tengo y más bien centrarme en lo que sí tengo y en cómo puedo ayudar a los demás.

“Prestar servicio a mis familiares, en mi barrio y en el templo me ha ayudado. No estoy olvidada ni estoy sola porque formo parte de una familia muy grande, como es el caso de todos nosotros”.

Hay Uno que entiende

Algunos podrán decir: “Usted no entiende mi situación”. Puede que no, pero testifico que hay Uno que sí entiende. Hay Uno que conoce sus cargas por causa de Su sacrificio en el jardín y en la cruz. A medida que lo busquen y guarden Sus mandamientos, les prometo que Él los bendecirá y aligerará las cargas que sean demasiado pesadas para una sola persona. Él les dará amigos eternos y oportunidades de servicio; y lo que es más importante, Él los llenará con el poderoso espíritu del Espíritu Santo y hará descender sobre ustedes su fulgor de aprobación divina. Ninguna elección ni alternativa que nos prive de la compañía del Espíritu Santo o de las bendiciones de la eternidad merece nuestra atención.

Sé que el Salvador vive. Testifico que Él es la fuente de toda verdad que realmente importa y que Él cumplirá todas las bendiciones que ha prometido a quienes guarden Sus mandamientos. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Libro de Mormón

1er Nefi 1 – 2